jueves, 30 de mayo de 2013

Sigue lloviendo.

Aquí corté la hebra Sigo a las siete de la tarde. Como dijo Mónica, el tiempo es inestable: igual sale el sol que llueve. Mamá está preparada para que una compañera la recoja. Esta vez van al Limonar. Lo habré contado. En una ocasión íbamos al Llano unos amigos a pasar unos días de Ejercicios, y llovió tanto en el camino que tuvimos que parar debajo de un puente. El limpiaparabrisas al máximo y no podíamos ver la carretera.
Ahora  sigue lloviendo. ¿Será una broma del santo encargado de mandar la lluvia? Si supiera, le pedía al Señor que lo cambiara. Que en la vida y en el más allá, hay que ser serios en lo que hagamos. Un médico es uno en la consulta y otro en su casa; un profesor no debe comportarse igual delante de los niños que a solas con su mujer; un portero de fútbol no debe dejar pasar el balón si puede pararlo. Y un encargado del Altísimo para llover la Tierra, no puede jugar a llover cuando salen las procesiones, cuando cenan los huertanos en el Malecón o van al Limonar unas mujeres de Ejercicios.
-Tiene que haber Democracia, Leonardo, y no molestar al vecino si no hace falta.
-Nunca, Froilán, debemos incordiar a nadie y menos perjudicar. Que estas lluvias a destiempo, y más acompañadas de granizo, pueden acarrear la ruina de una familia o de un pueblo. Si es graciosillo el encargado, por no llamarlo de otro modo, y descarga cuando la uva está de coger, o los melocotones,, los albaricoques o las peras, en unos minutos se lleva el trabajo de un año. ¡Vaya gracia! Yo si pudiera, llamaba al Dueño del mundo y le pedía que cambiara al santo de las lluvias y las tormentas, que ya está bien. Si estas mujeres no val al Limonar, pueden ir otro día; pero las bromas frutales son más serías. 


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

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