Litesofía –entre literatura y filosofía-, 29 Mayo 2.013, San Félix
ESTRIBOS
Debemos controlar los nervios. Cuando se pierden "los estribos" se pueden cometer acciones que luego nos pesaría haberlas hecho. Las personas emocionales, excitables, sobre todo, deben llevar mucho cuidado. La vida de relación es difícil si no nos controlamos. Hasta dentro de la familia hay que cuidar que no se suelten los nervios. Aunque nos toque perder, debemos contenernos. A veces es difícil. El manojo de nervios pugna por soltarse y saltar. Pero debemos seguir sujetándolo con fuerza. Si te provocan, huye; si te molestan, suelta la carcajada; si te fastidian, disimula; si te joroban, da la espalda. Lo último es dejar los nervios sueltos, dejarse llevar por ellos. La verdadera diplomacia es mantenerse sereno, dueño y señor, con los nervios bien amarrados.
La sociedad hoy ofrece mil situaciones conflictivas a cada paso: el vecino que grita, la música que molesta, la palabra que compromete, la propiedad que se cuestiona, que si has mirado así, que si has dejado de mirar... Difícil andar por el mundo con los nervios templados. Y sin embargo poco tan importante como "no perder los estribos" en la casa, en la calle, en la oficina, en la escuela, en el bar, en el campo.
Cuando se aprende a dominar los nervios, cuando uno es dueño de si, pasado el conflicto que podía desatarlos, nos alegramos infinito de haber salido airosos del trance. En ese dominio o abandono puede estar la diferencia entre las personas. ¿Tú has visto conducir un coche por quien no domina el volante? Lo mismo ocurre con nosotros. Un coche debe ser totalmente gobernado por su conductor, no al revés. Si el coche te lleva a ti, el desastre es previsible. La persona que no se controla a voluntad es como llevar un coche sin mandar en él.
¿Se enseña en la escuela a controlar los nervios? Me temo que no. Se aprende por experiencia. Otra asignatura pendiente. El control de nuestros nervios es importantísimo en la vida de relación. Saber pasar, saber afrontar serenos situaciones difíciles, es de capital importancia.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia
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