Litesofía -entre literatura y filosofía-, 8 marzo 2014
SORPRESAS -fragmento-
He dicho muchas veces que la vida es una carrera de obstáculos: salvas uno y viene otro de camino. También como una hoja de papel en blanco cada día: tienes que escribirla o pasarlo para saber lo que contiene.
-¿A qué viene este exordio o preámbulo?
-¿Quién me iba a decir a mí que llamaría mi hijo hace un momento desde Valencia?
-¿Qué Ángel ha venido de Panamá?
-No me pidas más detalles que no los sé; pero, como dice el refrán: lo que hoy no se sabe con cuartos, mañana se conoce de balde”. Hemos hablado y no sé cuándo llegó, para cuánto tiempo, ni por qué ha venido. ¿Para un fin de semana o weekend que dicen los ingleses, me parece una locura; para no volver, demasiada suerte.
-Luego me lo cuentas.
-¿Conoces la historia de Eugenia de Montijo? Esta española nació en Granada en 1826, y estudió en París. Estaba con una amiga, en un balcón, viendo desfilar las tropas, cuando el emperador Napoleón III se detuvo para contemplar tanta belleza junta en una mujer. Ella, sorprendida, le correspondió con una risa, y le sostuvo la mirada. Lo que no esperaría la granadina es que el emperador le preguntara: “¿Por dónde se sube al balcón?”. La carcajada de la joven lo desarmó, y la respuesta más todavía: “Por la vicaría, señor”.
Napoleón debió seguir el desfile con otros pensamientos desde entonces. Desconozco los pasos intermedios de que se valió el Destino, pero el caso es que se casaron pronto y Eugenia de Montijo fue la emperatriz de los franceses. ¿Quién le iba a decir que viendo el desfile de las tropas se estaba labrando su porvenir. Tenía que pasar la hoja que tocaba para saber la historia que seguía.
Con Ángel y su vuelta de Panamá, todo me lo espero desconociendo lo que sigue. Entra en el misterio de la sorpresa. Todo y nada, poco y mucho, cualquier cosa.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia
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