jueves, 11 de octubre de 2012

Las once, oyendo el reloj de Grúas Andaluza.


Litesofía, 12 agosto 12

Las once, oyendo el reloj de Grúas Andaluza, que es uno de mis
preferidos, aunque no lo diga, para que no se enfaden los demás, y se
rebelen: “Ahora no damos la hora, que la dé tu favorito”. ¿Tú crees
que los relojes no tienen alma? Yo creo que sí, que los relojes como
los libros, piensan y hablan entre ellos:
-A mí nunca me sacan y al que tengo a mi lado… ¿qué tendrá que yo no
tenga?, me gustaría saberlo.
Un día le dice:
-Hola compañero, ¿cómo te llamas? Siempre juntos y no nos conocemos.
-Yo soy “El Fundador del Opus”, ¿y tú?
-Yo “Crónicas Informales”.
-Veo que te sacan poco.
-En cambio a tí… ¿qué tienes para que te lean tanto?
-No sé, pero voy de mano en mano, ahora con uno, luego con otro...
Cosa de humanos: igual la toman luego contigo y a mí me dejan
descansar.
-¿Sabes una cosa? que a veces siento envidia; me gustaría ser yo el
preferido. Cuando alguien se acerca pienso: “Éste me va a coger”, pero
llega y te saca a ti.
-¿Será el título lo que les atrae?
-Algo será, que lo he pensado; por el nombre van a ti y no a mí.
-Debe de ser eso, que muchos tienen nombres atractivos que poco dicen
de lo que llevan dentro y los sacan también; si pudiera cambiar el
mío…
-¿Y qué pondrías en lugar de Crónicas?
-Algo así como ´La manera de no morir´ o ´Conmigo al Cielo´. No te
quepa duda que al libro lo sacan por el título que lleva en un noventa
por ciento.
-O por la propaganda que tiene. Hoy con la televisión, basta que lo
anuncien un par de veces para que la gente lo busque.
-Eso debe ser, amigo, que pocos leen por juicio propio sino por lo que
dicen otros. Somos así en todo: si hay dos niños y uno se llama Juan y
otro Aristófanes, enseguida éste atrae la atención de los que miran.
“¿Por qué no me miran a mí?”, se pregunta Juan. Hasta que cae en la
cuenta de que es por el nombre. “¿Por qué no me pondrían a mí
Nabucodonosor?”. Pero ya es tarde. “Es como el cuento del Conde
Lucanor: “¿Por qué te obedecen a ti y a mí no?”. Y le dijo la fórmula.
Y cuando quiso aplicarla en su casa, le dijo su mujer: “Eso se hace el
primer día; luego ya es tarde”.
-Es curioso, no había caído en el detalle, que parece que no tiene
importancia pero sí la tiene.
-¡Toma!, ¡como que es el ser o no ser! Ya viene uno, ya se acerca, ya
observa, ya lee los lomos… A ver si esta vez…
Pero no, como de costumbre, saca de su sitio al vecino.

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