jueves, 11 de octubre de 2012

Un matrimonio prepara los papeles para su divorcio.


Litesofia –entre literatura y filosofía-, 26 agosto 12
Fragmento
…
Un matrimonio prepara los papeles para su divorcio. No se entienden.
Aquel fuego que creían tener cuando se casaron, se había apagado, y
todo les molestaba. Lo que él hacía o decía, ella lo veía mal; y al
revés lo mismo.
Él tiene un amigo, al que le cuenta lo que le ocurre. El confidente,
queriendo ayudarle, le da unos consejos que debe seguir a rajatabla.
Ella ve raro que un día le regale flores. “A mí con flores, ¿qué
significa esto?”. Otro día que prepare el café y se lo ofrezca tras la
comida. Ella, con prisa, no se lo toma y lo mira con desprecio al
salir.
El marido quiere tirar la toalla y así se lo hace saber a su amigo:
“No puedo seguir, no puedo continuar”. “¡Sigue!”, es el consejo, “no
has hecho más que empezar”.
Ella, a falta de cariño en casa, lo encuentra en un médico joven del
hospital donde trabaja. “Tener a una persona que se preocupe de ti –lo
dice por el médico casado que busca distraerse con ella- es de
agradecer”, le cuenta a una compañera, que sabe de sus devaneos
extramatrimoniales.
Y más consejos y más desprecios, hasta que al fin…

Siempre se ha dicho que nos regimos las personas por el corazón o por
la cabeza. Pero creo que pocos se dan cuenta de que esa víscera
cordial y el mundo del razonamiento tienen vida independiente. Yo
puedo amar o no amar. Pero no puedo querer porque me conviene, o no
querer porque es más conveniente.

Me temo que los reyes de la historia, cuando los padres concertaban el
matrimonio conveniente para unir dos coronas, fueron poco felices.
¡Cuántos fracasos matrimoniales habría por no seguir las razones
imperiosas del corazón! El príncipe Felipe, presunto rey de España, un
día se casó con Leticia, periodista ella. En esos matrimonios se
encuentra quizás la verdadera felicidad de una pareja.

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