Litesofia –entre literatura y filosofía-, 26 agosto 12 Fragmento … Un matrimonio prepara los papeles para su divorcio. No se entienden. Aquel fuego que creían tener cuando se casaron, se había apagado, y todo les molestaba. Lo que él hacía o decía, ella lo veía mal; y al revés lo mismo. Él tiene un amigo, al que le cuenta lo que le ocurre. El confidente, queriendo ayudarle, le da unos consejos que debe seguir a rajatabla. Ella ve raro que un día le regale flores. “A mí con flores, ¿qué significa esto?”. Otro día que prepare el café y se lo ofrezca tras la comida. Ella, con prisa, no se lo toma y lo mira con desprecio al salir. El marido quiere tirar la toalla y así se lo hace saber a su amigo: “No puedo seguir, no puedo continuar”. “¡Sigue!”, es el consejo, “no has hecho más que empezar”. Ella, a falta de cariño en casa, lo encuentra en un médico joven del hospital donde trabaja. “Tener a una persona que se preocupe de ti –lo dice por el médico casado que busca distraerse con ella- es de agradecer”, le cuenta a una compañera, que sabe de sus devaneos extramatrimoniales. Y más consejos y más desprecios, hasta que al fin… Siempre se ha dicho que nos regimos las personas por el corazón o por la cabeza. Pero creo que pocos se dan cuenta de que esa víscera cordial y el mundo del razonamiento tienen vida independiente. Yo puedo amar o no amar. Pero no puedo querer porque me conviene, o no querer porque es más conveniente. Me temo que los reyes de la historia, cuando los padres concertaban el matrimonio conveniente para unir dos coronas, fueron poco felices. ¡Cuántos fracasos matrimoniales habría por no seguir las razones imperiosas del corazón! El príncipe Felipe, presunto rey de España, un día se casó con Leticia, periodista ella. En esos matrimonios se encuentra quizás la verdadera felicidad de una pareja.
jueves, 11 de octubre de 2012
Un matrimonio prepara los papeles para su divorcio.
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