Tengo en mi mesa de trabajo un calendario que me trajo mi hija de Roma hace un año, con el que fuera Papa Benedicto XVI. Cada mes se muestra de forma distinta. Dialogamos a menudo. Hoy hemos hablado nuevamente.
Murcia, las siete. Hola, don Benedicto, le veo cambiado; como hemos cambiado de mes, su imagen ya no es la misma. Ahora es Luglio –Julio- y de alzar los brazos ha pasado a juntar las manos y a tener la mirada un tanto preocupada.
¿En qué pensaba, don Benedicto? ¿Era cansancio por enfermedad o era otro tipo de fatiga? No me lo dice, pienso, porque son secretos que debe guardar, pero yo creo que su mirada es de hastío, viendo la condición de la curia romana que lo acompañaba.
¿Por qué dejó la lucha a otro más joven para que lo relevara? En una palabra, ¿por qué tiró la toalla? Es lo que le digo, don Benedicto, son muy mayores cuando empiezan su Pontificado. Yo ponía por Ley que ningún Cardenal aspirante a Papa pasara de sesenta; y si me apura, de los cincuenta.
Su mayor enemigo, Satanás, su único enemigo, necesita arrestos y fuerzas para combatirlo. Y un hombre de ochenta años no los tiene. Puede pensar que con la oración basta, o con buenas razones, pero el demonio es falso, hipócrita, y hace ver una cosa por otra con tal de salirse con la suya.
En la vida terrenal, don Benedicto XVI, la oración no basta, las buenas palabras no convencen; hace falta energía, valor y fuerza. ¿Se acuerda del Rey Ramiro el Monje? Pues eso. “Ordeno que hagáis tal cosa”. Y los cortesanos se reían. Hasta que pensó en la Campana de Huesca, que no hace falta que se la recuerde.
-Basta, Francisco, alguna razón sí tienes, pero no te contesto. Las cosas de Dios son de otra naturaleza. No me comprenderías si te esgrimo razones divinas.
-Yo solo conozco razones humanas, porque vivimos aquí; y hasta que no vivamos en el Cielo son las leyes que nos rigen. ¿Se acuerda que hasta Jesús echó del templo a latigazos a los mercaderes? Luego será otra cosa, pero aquí no basta con ser buenos.
-Vamos a dejarlo, compañero, que entramos en un diálogo de sordos. Solo te añadiré, para que reflexiones, que “El amor mueve el sol y las estrellas” y que “Dios permite la adversidad, pero ayuda a enfrentarnos a ella”.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia
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