Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 Julio 2.013
EFLUVIOS
En la casa quedamos mamá y yo. Los demás volaron. Mamá anda ocupada con unos cuadros: que si son grandes, que si compra bálsamo de copaiba. Ahora se va al mercado de Verónicas. La casa parece un olivo que cobijara de noche a muchos pájaros: por la mañana salen de estampida. Sólo quedo yo, como guardando el nido.
Hay dos tipos de ocupaciones, ¿te habías fijado?: la de los que trabajan y la de los que miran trabajar. Me explico: Aquí, por ejemplo, los demás se ocupan en algo; yo observo lo que hacen. Es otro tipo de trabajo. En un campo de fútbol, los jugadores van a lo suyo, que es meter goles; el público los ve correr.
Los ruidos de las máquinas llegan hasta mí. Los albañiles trabajan. Mi vecino en su puerta los ve trabajar. Su mente se ocupa en lo que hacen otros. Los filósofos griegos harían lo mismo: observar y pensar. Mi vecino puede ser un filósofo de nuestro tiempo. Yo, quizás, otro. Si mi mente tuviera una ocupación fuera de mí, yo no podría pensar que en el mundo hay dos clases de ocupaciones: la de los que trabajan y la de los que miran trabajar.
Los cuerpos materiales flotan sobre los inmateriales. Como los peces en el agua. ¿Tú habías reparado en ello? Otro resultado de mi trabajo. No hay vacíos entre los seres. Formamos una sola cosa. Si yo me cambio de lugar, desplazo algo para poder moverme. Y el movimiento no cesa porque nos cambiamos continuamente.
¿Tú sabes que hay un mundo invisible a nuestro alrededor –energía, ondas, efluvios- por el que vuelan nuestros pensamientos y sentimientos? A través de estas ondas mi pensamiento me traspasa y llega a otro; y mi dolor y mi alegría se contagian a través de estos fluidos invisibles. En este mundo inmaterial que nos rodea, hay elementos que deciden nuestro comportamiento. Es otro fruto de mi trabajo de observador.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia
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