jueves, 1 de agosto de 2013


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 julio 2.013  -Fragmento-

¡Cómo se agradece volver a la casa de uno! Cuando te haces a un sitio, donde todo lo tienes a mano –tu rincón para escribir, tus libros para leer, tu sillón para la tele…-, y te vas de viaje, aunque solo sea para un día, a la vuelta tu corazón se alegra. Miras los cuadros, las fotos, los libros, el mobiliario, como amigos que no ves en mucho tiempo. No sé si a ti te pasará lo mismo. Suena la hora en el reloj de enfrente; su sonido, familiar,  parece un saludo cariñoso.

¿Qué será si dejas la casa donde has vivido de niño para el resto de tu vida?  Comprendo “la morriña” de los que cruzan el Atlántico para residir en América. ¡Cómo recordarán su barrio, las rías y los prados verdes que servían de pasto a sus animales! ¡Cómo volverían, aunque fuera solo un instante, a ver sus casas, a oír las campanas de la iglesia, o a jugar otra vez como cuando eran pequeños!

En las guerras pasadas, hubo niños que quedaron huérfanos y recogidos por familias extranjeras. Como el tiempo es el mismo en todas partes, aquellos niños se hicieron hombres. ¡Cuántos recuerdos guardarían de  sus pueblos y, sobre todo, de sus padres y amigos!

No sé de quién partió la idea, pero aquellos niños acudieron a la llamada de volver a España durante unas breves vacaciones. Me hizo pensar mucho si aquellos hombres, que partieron de niños, celebrarían la vuelta o, por el contrario, lamentarían haber roto el vaso de sus sueños; si la medida adoptada fue un sentimiento de cariño o la crueldad más refinada que se pudo tomar.

Yo escribibí un Cuento sobre el tema: Un Maestro que pasó unos años de su juventud en un pueblo, lejos de su casa, quiere volver cuando es mayor y está casado. Un día se decide y viaja al pueblo donde espera encontrar a unas amigas con las que bailaba en las fiestas. Como todo lo ve cambiado y distinto, desea volver apenas llega. Ve que la vida es irreversible y que lo pasado no existe.

Guardaba con ilusión cartas que recibía de una amiga especial, pensando que nadie en su casa conocía el secreto. Y hasta ¿quién sabe si el viaje lo hacía pensando en ella? En el último tramo de su largo viaje, por una conversación fortuita, sabe que la señora que lo acompaña, “terriblemente vieja y fea”, según él, es la joven que viene a buscar.

Cuando llega a casa, libre de un peso que llevara años encima, su mujer le dice: “Esta carta la recibiste ayer”. Y él, feliz, abraza a su mujer y echa la carta al fuego sin abrir. 
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Ordenadores.


ORDENADORES

El ordenador es una máquina complicada, que da lo que antes le has metido. Pero una máquina al fin. Eso sí, parece imposible que responda como lo hace, como si hablara: Menús, Sistemas operativos, Procesadores de texto, Writting assistant…
           
Pertenecer a una raza de sabios, como la nuestra, nos enorgullece; formar parte de una estirpe de delincuentes, nos sonroja. Y es el caso que ambas colectividades viven juntas. Hay tales diferencias entre sus elementos que cuesta trabajo creer que todos sean humanos. Fisiológicamente serán lo mismo; espiritualmente sentirán igual; mentalmente se encuentran a distancias astronómicas.

 Quien es capaz de crear un ingenio como el ordenador, o de hacer el bien por el bien mismo, está del que no distingue un círculo de un cuadrado, o del que atropella a otro por hacerle daño, a tal distancia que no se pueden ver.

            Si esto que digo es evidente, ¿qué consecuencias se derivan? En primer lugar se me ocurre que en la vida social, por bien de todos, deberían gobernar los más capacitados, nunca los ignorantes. ¿No es triste que el voto del sabio sea barrido por dos ceporros de campeonato?

            En una sociedad inteligente, ahora que se mide la inteligencia como se pesan los garbanzos, solo los buenos y avispados deberían ocupar los puestos de responsabilidad, de dirección, de producción, de mando. No significa que se denigre al de talla intelectual más baja, sino que se gobierne mejor y que, por ende, los resultados sean mejores. ¿No sería absurdo que el alumno enseñara al profesor?, ¿que el necio dijera al sabio lo que tiene que hacer?
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Cumpleaños de Don Blas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 julio 2.013 –fragmento-

Oímos Misa en la Residencia de ancianos, con las monjas que los cuidan, y don Blas en el altar.
Don Blas está delicado: apenas puede hablar y menos moverse. Piensas que en cualquier momento se va a caer al suelo.
Una hermanita de la casa, siempre atenta y vigilante, ha comunicado a los fieles que hoy cumple don Blas setenta y nueve años.
Finiquitada la Misa, he pasado a la sacristía a felicitarlo. Al fin y al cabo fuimos amigos de niños, jugamos juntos a la pelota, y corrimos por la calle de Lerma,  donde sus padres tenían el horno que les daba de comer.
-¡Felicidades, Blas! –le he dicho-. Yo cumplí hace unos días los ochenta. ¡Ánimo!
-No, si ánimos tengo; lo que me faltan son fuerzas –me ha sonreído.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Grafoterapia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 Julio 2.013, San Federico
GRAFOTERAPIA

            Escucho música de Plácido Domingo, quien estuvo enfermo hace unas semanas. Su voz es prodigiosa. Nació en Madrid el año 1941, pero pronto -a los diez años- marchó a Méjico, donde estudió y vivió. Es un especialista de la ópera.
            Mi fe en la grafología es grande, en los rasgos que dimanan del cerebro cuando se escribe y manifiestan el carácter. La persona se revela con signos externos y la escritura no puede quedarse fuera.
¿Cómo va a ser lo mismo una letra armónica que una letra enrevesada?; ¿cómo va a ser igual un grafismo anguloso que otro curvo?; ¿cómo no va a decirnos una firma la condición de su dueño?
Sí, la grafología expresa cualidades innegables de la persona. Ya en el siglo XVII, un italiano escribió un libro que tituló: "El arte de conocer al que escribe por el examen de una carta".
Pero quien bautizó a la criatura con el nombre que lleva hoy, fue un francés del siglo XIX: "Sistema de Grafología". Aunque tuvo que pasar algún tiempo para que se creara el primer método sistemático de grafología. Por tanto, es reciente el parto, si bien sus orígenes no lo sean tanto.
Plácido dice: "Yo seré tu primer hombre, tú mi última mujer... ". Bien por Plácido, mi admirado Plácido Domingo.
            Es curioso, pero existe la grafoterapia. ¿Que qué pretende la grafoterapia?  Cambiar el carácter de la persona corrigiendo su letra. Es decir, partiendo al revés. Por la letra se sabe cómo es uno. Cambiando ciertos caracteres de la escritura, uno puede cambiar su modo de ser.
Algo así como la teoría del psicólogo Sergi: "Si río, estaré contento". El proceso es el mismo con la letra: yo cambio este rasgo y estaré cambiando mi carácter. Curioso. La grafoterapia no tiene aún la divulgación de otras materias como la músicoterapia, por ejemplo.
            "Voy a intentar con mi voz conquistar el amor de una reina..." Muy bonito, Plácido.

Fórmulas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 Julio 2.013, Miércoles, San Alejo
FORMULAS
            Un amigo de la infancia vino a verme un día con unos rollos de papel. En ellos  había escrito fórmulas sobre la gravitación y teorías que le habían llevado, según afirmaba, veinte años de intenso trabajo. No me decidí a catalogarlo como genio o como iluso; había que conocer mejor su contenido.
            La tentación de figurar en la lista de inventores, es muy grande en algunas personas. Darían una fortuna por ser aclamados como tales. Otro amigo me dijo en cierta ocasión que había compuesto una poesía. Lo felicité. Mi sorpresa fue mayúscula cuando la encontré en un libro con la firma de otro autor. Y es que no se resignaba a no escribir poesías y recurrió al plagio.
            La mente es un mosaico de casos diversos patológicos. Bien, lo que se dice bien, son pocas las cabezas que puedan presumir de estarlo. Lo normal es la desviación en más o en menos de lo justo. ¿Quién no tiene una manía? ¿Quién no tiene miedos infundados? ¿Quién no se cree lo que no es en realidad?
Y en ese abanico de patologías está el de los que tienen necesidad vital de presumir ante los otros. Si no pueden por medios naturales, recurren al engaño. Que hay que decir que un soneto de Lope es suyo, pues lo dice y tan feliz; que tiene que copiar un libro de Einstein para decir que es suyo, lo copia y en paz.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Bichos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 Julio 2.013, Miércoles, San Cristóbal
BICHOS
            Dos bichos fueron apresados y colocados en una misma caja. Cuando se vieron solos, sin conocer la suerte que les correría, pasearon meditabundos a lo largo y ancho de su prisión. De pronto, uno de ellos la emprendió a mamporros con su compañero. Éste se defendió como pudo, y en nada estuvo que terminaran mal, si antes no hubiera dicho: "Basta, amigo, no seamos insensatos: dejemos de pelear sin ningún provecho; pues ¿qué ganamos tú y yo destruyéndonos? Mejor será que veamos la forma de encontrar una salida a nuestro encierro en lugar de pelearnos como enemigos".
            Moraleja: En la vida ocurre a veces que las personas se destruyen en lugar de ayudarse como amigos, sólo por el orgullo de llamarse vencedores.
            Los fabulistas encontrarían temas a porrillo para sus fábulas: "A un panal de rica miel", "Subió una mona a un nogal", La cigarra y la hormiga", "La lechera"... Cuánto gozarían Samaniego, Iriarte, Esopo, buscando temas para sus fábulas. Deporte sano y divertido en la república de las letras, sin duda.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Efluvios.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 Julio 2.013
EFLUVIOS
            En la casa quedamos mamá y yo. Los demás volaron. Mamá anda ocupada con unos cuadros: que si son grandes, que si compra bálsamo de copaiba. Ahora se va al mercado  de Verónicas. La casa parece un olivo que cobijara de noche a muchos pájaros: por la mañana salen de estampida. Sólo quedo yo, como guardando el nido.
           
Hay dos tipos de ocupaciones, ¿te habías fijado?: la de los que trabajan y la de los que miran trabajar. Me explico: Aquí, por ejemplo, los demás se ocupan en algo; yo observo lo que hacen. Es otro tipo de trabajo. En un campo de fútbol, los jugadores van a lo suyo, que es meter goles; el público los ve correr.

            Los ruidos de las máquinas llegan hasta mí. Los albañiles trabajan. Mi vecino en su puerta los ve trabajar. Su mente se ocupa en lo que hacen otros. Los filósofos griegos harían lo mismo: observar y pensar. Mi vecino puede ser un filósofo de nuestro tiempo. Yo, quizás, otro. Si mi mente tuviera una ocupación fuera de mí, yo no podría pensar que en el mundo hay dos clases de ocupaciones: la de los que trabajan y la de los que miran trabajar.

            Los cuerpos materiales flotan sobre los inmateriales. Como los peces en el agua. ¿Tú habías reparado en ello? Otro resultado de mi trabajo. No hay vacíos entre los seres. Formamos una sola cosa. Si yo me cambio de lugar, desplazo algo para poder moverme. Y el movimiento no cesa porque nos cambiamos continuamente.

            ¿Tú sabes que hay un mundo invisible a nuestro alrededor –energía, ondas, efluvios- por el que vuelan nuestros pensamientos y sentimientos? A través de estas ondas mi pensamiento me traspasa y llega a otro; y mi dolor y mi alegría se contagian a través de estos fluidos invisibles. En este mundo inmaterial que nos rodea, hay elementos que deciden nuestro comportamiento. Es otro fruto de mi trabajo de observador.
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Tengo en mi mesa de trabajo...


Tengo en mi mesa de trabajo un calendario que me trajo mi hija de Roma hace un año, con el que fuera Papa Benedicto XVI. Cada mes se muestra de  forma distinta. Dialogamos a menudo. Hoy hemos hablado nuevamente.

Murcia, las siete. Hola, don Benedicto, le veo cambiado; como hemos cambiado de mes, su imagen ya no es la misma. Ahora es Luglio –Julio- y de alzar los brazos ha pasado a juntar las manos y a tener la mirada un tanto preocupada.

¿En qué pensaba, don Benedicto? ¿Era cansancio por enfermedad o era otro tipo de fatiga? No me lo dice, pienso, porque son secretos que debe guardar, pero yo creo que su mirada es de hastío, viendo la condición de la curia romana que lo acompañaba.

 ¿Por qué dejó la lucha a otro más joven para que lo relevara? En una palabra, ¿por qué tiró la toalla? Es lo que le digo, don Benedicto, son muy mayores cuando empiezan su Pontificado. Yo ponía por Ley que ningún Cardenal aspirante a Papa pasara de sesenta; y si me apura, de los cincuenta.

Su mayor enemigo, Satanás, su único enemigo, necesita arrestos y fuerzas para combatirlo. Y un hombre de ochenta años no los tiene. Puede pensar que con la oración basta, o con buenas razones, pero el demonio es falso, hipócrita, y hace ver una cosa por otra con tal de salirse con la suya.

En la vida terrenal, don Benedicto XVI, la oración no basta, las buenas palabras no convencen; hace falta energía, valor y fuerza. ¿Se acuerda del Rey Ramiro el Monje? Pues eso. “Ordeno que hagáis tal cosa”. Y los cortesanos se reían. Hasta que pensó en la Campana de Huesca, que no hace falta que se la recuerde.

-Basta, Francisco, alguna razón sí tienes, pero no te contesto. Las cosas de Dios son de otra naturaleza. No me comprenderías si te esgrimo razones divinas.

-Yo solo conozco razones humanas, porque vivimos aquí; y hasta que no vivamos en el Cielo son las leyes que nos rigen. ¿Se acuerda que hasta Jesús echó del templo a latigazos a los mercaderes? Luego será otra cosa, pero aquí no basta con ser buenos.

-Vamos a dejarlo, compañero, que entramos en un diálogo de sordos. Solo te añadiré, para que reflexiones, que “El amor mueve el sol y las estrellas” y que “Dios permite la adversidad, pero ayuda a enfrentarnos a ella”.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Feliz cumpleaños.


1 julio 2.013

Santana, lunes, las once. ¡Cuántas cosas que contar de ayer! Y todas buenas. Lo mejor será empalmar con el sábado, cuando escribí: “Luego te cuento el final”.

La casa fue tomada de arriba abajo como otras veces: Lina, Ana, Francis, Sofía, Gabriel, Laura... Y el domingo con los frailes a las doce: medio convento era nuestro.

Martín, dueño del restaurante Pío XII, nos recibió a las dos en punto para sewrvirnos la comida. En los grandes salones había otros grupos numerosos procedentes de Alicante o la Región de Murcia.

La cocina fenomenal en cantidad y calidad. Saben por experiencia cómo atender a los clientes y lo que prefieren estos: libertad y fuera protocolos; o sea, sentirse como en la propia casa. El denominador común es comer bien y si es preciso cantar entre plato y plato.
A nosotros nos pusieron una mesa redonda, grande, para diez niños: Alba, Miguel Ángel, Sofía, Fran, Lina, Laura, Ana, Pablo, Jaime y Francisco. Y otra alargada, rectangular, para mayores: Pascual, Toñi, Gabriel, Isabel, Raquel, Ana, Lena, Francis, abuela Pascuala, el de los ochenta, la tía Lina, Miguel y María José. Un caballero con una señorita servían las mesas: cervezas, vinos, cocacolas, helados, entremeses, carnes y pescados a discreción.

En un salón aparte se ponía una “peli” de dibujos para los niños que prefirieran mirar pantalla entre bocado y bocado. Y tras el café, Francis, que había preparado una película familiar, nos reunió a todos en el bonito teatro, para que viéramos “Recuerdos de los Ochenta” con la boda de los abuelos y prolegómenos de la familia cuando los hijos iban creciendo.  

Creo que fue del agrado general, sobre todo para los niños, que vieron en la pantalla a sus padres cuando eran como ellos son ahora. Y sería también del agrado de mis nueras, que miraban ensimismadas a sus maridos cuando vestían pantalón corto.

No he dicho que la nota singular en la comida la proporcionó Ana con la pantallita del ordenador.

-Explica esa nota singular, que a mí no me queda claro.

-Ana, previsora ella siempre, había preparado lo justo y necesario para que su esposo ocupara su sitio en el grupo estando como estaba en Panamá de las Américas.

-¿Y eso fue posible? Si nuestros padres levantaran la cabeza…

-Y nosotros mismos. Vemos cosas que por nuevas es la primera vez que se ven en la historia. Ana colocó a su marido junto a ella, aunque de forma virtual. Encendió el ordenador y en la pantalla salió Ángel, uno más entre nosotros. “Empezad, que ya estamos todos”, dijo. Ángel y Ana se lo pasaron de cháchara durante toda la comida.

Yo los observaba, viendo cómo se reían como los otros comensales. Y hasta, no lo pensaba decir, se besaban por la pantalla. Ángel era uno más en el grupo. Estaba muy bien ocupando su sitio al lado de su esposa y de sus hijas. También en el teatro.

Al finalizar la película, Gabriel leyó una Poesía que la abuela Pascuala había escrito para el abuelo en su ochenta cumpleaños:

A MI ESPOSO

No sé si llamarte Abuelo,
Capitán o Patriarca
De una nave que diriges
Y está llena de esperanza.

Hasta el puerto que nos lleves
Iremos juntos contigo,
Como faro que ilumina
A tus nietos y a tus hijos.

¡Qué bien que llevas el barco,
Mi Capitán de medallas,
De quijotescos ensueños,
Como el que tú tanto amas!

El timón que tú diriges
Con tantos años por mar
Llevado con sabio acierto,
Siempre queriendo enseñar.

Aunque las olas se encrespen
Y las nubes se oscurezcan,
Has sido el hombre sereno,
El artista y el poeta.

Y en los días transcurridos
Entre sonetos y cantos,
La prosa no ha detenido
Tu compromiso diario.

Que las musas te acompañen
A desentrañar la tierra,
Para buscar las verdades,
Para escribir cosas bellas.

Siguiendo tus enseñanzas
De pedagogo y buen padre,
Te ofrecemos la corona
Que mereces por ser grande.


TU ESPOSA


Fue muy aplaudido hasta por el panameño, que vivía intensamewnte todos los momentos de la fiesta; animado quizás por los constantes “Mi vida” y “Cariño” con que lo nombraba su mujer.

El Abuelo de los Ochenta, respondió con otra Poesía que había preparado para la ocasión. El título “Gacias” lo resumía: “A todos en general – os quiero decir que os quiero…”.

GRACIAS

A mi mujer y a mis hijos,
A mis nueras y a mis nietos,
Y a mis nietas, claro está,
Y, si existiera, a mi yerno,
Pero Dios no lo ha querido,
Y Él sabrá por qué lo ha hecho,
A todos en general,
Os quiero decir que os quiero,
Y que hoy, en especial,
me apetece agradeceros
que celebréis en Santa Ana
los OCHENTA del abuelo.

Que si digo la verdad,
Ni yo mismo me lo creo;
Pero hago cuentas y miro,
Estudio, analizo y veo
Que del año treinta y tres
Del pasado novecientos
Al trece de los presentes
Van ochenta años enteros;
Y el tiempo no es una cosa
Que se pierda en el trayecto,
Como las aguas de un río:
ahora salgo, ahora entro.
Uno por uno pasaron
De mi niñez a ser viejo,
Como pasan los de todos,
Como pasarán los vuestros:
Vamos en el mismo tren,
Con el mismo movimiento.

Gobernaba la República
El día de mi nacimiento:
Azaña, Maura, Lerroux,
Albornoz y Caballero,
Se incendiaban las iglesias,
se profanaban los templos,
y por si fuera esto poco,
se quitaban a sus dueños
Las tierras que cultivaban
Con sacrificio y esmero,
Como ahora un tal Gordillo
Y su socio Cañamero,
Con una panda de amigos
Que Intentan volver a hacerlo.

Fui a la escuela de don Ángel,
Extraordinariol Maestro:
¡Cómo te marca tu vida
La vida de tu Maestro!
Seguí con el Instituto:
Don Máximo, don Baldomero,
Doña Marina, don Juan,
Don Ambrosio, don Ausencio…
Y al final quiso mi padre
Que estudiara Magisterio,
Cuando yo soñaba hacer…
O Medicina o Derecho.

Estuve en Teruel, en Elche,
En Cehegín… ¡Cuántos recuerdos,
Porque tenía veinte años,
De mi vida los comienzos!
Y por pasarlos tan bien,
Tan distraído, se fueron
Para nunca más volver,
Si no volando, corriendo.

Una boda y unos hijos,
Todos sanos, todos buenos,
Tan buenos como su madre,
Tan sanos por el ejemplo
Que en la casa recibían
Siempre y en todo momento,
Que el ejemplo para un niño
Siempre fue el mejor Maestro.

Con cariño y con afanes,
Sin darnos cuenta crecieron,
Estudiando las carreras
Que ellos mismos eligieron:
Químico, Economista,
Profesores e Ingeniero.
Y encontraron las mujeres,
Las mejores que existieron,
Que en sus planes el Señor
Disponía para ellos:
Toñi, María José, Ana,
Y hasta Lena de muy lejos.
Que los designios de Dios
Siempre fueron un secreto.

Y el tiempo sin detenerse…
Los nietos iban naciendo,
Desde Gabriel a Francisco,
Y a la par iban creciendo:
Isabel, Alba, Raquel,
Lina, Laura… y ya me pierdo,
Que me pasa lo de aquel
Que le llamaban abuelo,
Y exclamaba: “Si él lo dice
Es que estará en lo cierto”.
Y así, como si tal cosa,
Trece van…  por el momento.

Y me dio por escribir
Poesías, libros, cuentos,
Para engañarme a mí mismo:
Por si caía en el juego,
Y pensaba, distraído,
Que así no pasaba el tiempo;
Y que seguía en activo
Gobernando y disponiendo.
De mi casa, de mi vida,
Como legítimo dueño.
Pensaba mi subconsciente
Me eternizaba en el tiempo,
Pero el tiempo se reía
De mis argucias y sueños.

Mil gracias te doy, Señor,
Por tanto bien que me has hecho:
Por llegar a los ochenta,
Y celebrar este encuentro
Familiar donde los haya,
Con mis hijos, con mis nietos;
Con mis nietas y con  Lina
Sin el arrimo de un yerno;
Con mi Señora, que es única,
No hay dos en el mundo entero,
Y Tú lo sabes muy bien,
Que la conoces por dentro,
Y que yo la buscaría
Si reencarnara de nuevo.

Y como no tengo prisa,
Te pido ya, al mismo tiempo,
Que celebremos más años...
Hasta los cien por lo menos.
Que de verdad te lo digo:
Mejor que aquí no me encuentro.
Y para ver otras cosas
Ya tiempo, Señor, tendremos.
Te lo digo de verdad
Yo mucha prisa no tengo . Tenemos la Eternidad
Para enseñarme tu Cielo.

 Francisco Tomás Ortuño

                                                          
Cuando supe que Ana iba el próximo miércoles a Panamá a juntarse con su esposísimo, no pude menos que exclamar delante de todos: “Te pago el viaje”. Y en un sobre –como los de Bárcenas- le di mil euros, que fueron quizás los que más a gusto he dado en mi vida.

De vuelta al chalet del Roalico, mis nietos con sus padres se bañaron en la piscina. ¡Qué de gritos y de risas en el agua! Hasta Miguel Ángel, Fran, Alba y Sofía chapoteaban como los mayores. Pero los que más gritaban eran sin duda Francisco, Jaime y Pablo: ¿Pensarían, tan aficionados que son, en el partido España – Brasil de la medianoche? Luego me lo dirán. Aunque mejor que se durmieran, que encajaron los españoles un tres a cero que no le dejarían dormir después.

Después del baño fue el turno de la tortada que Pedro había preparado con un 80 bien visible arriba para que el abuelo apagara las velas. Y con la tarta los regalos: unas gafas de sol, un bolígrafo con estuche, un móvil moderno, discos y no sé qué más.

Creo que doy cuenta, a grandes rasgos, de lo que sucedió ayer celebrando “Los ochenta del Abuelo”, para recuerdo de los que vayan llegando a los mismos.
Murcia, dos de julio de 2.013  Francisco Tomás Ortuño