jueves, 1 de agosto de 2013


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 julio 2.013  -Fragmento-

¡Cómo se agradece volver a la casa de uno! Cuando te haces a un sitio, donde todo lo tienes a mano –tu rincón para escribir, tus libros para leer, tu sillón para la tele…-, y te vas de viaje, aunque solo sea para un día, a la vuelta tu corazón se alegra. Miras los cuadros, las fotos, los libros, el mobiliario, como amigos que no ves en mucho tiempo. No sé si a ti te pasará lo mismo. Suena la hora en el reloj de enfrente; su sonido, familiar,  parece un saludo cariñoso.

¿Qué será si dejas la casa donde has vivido de niño para el resto de tu vida?  Comprendo “la morriña” de los que cruzan el Atlántico para residir en América. ¡Cómo recordarán su barrio, las rías y los prados verdes que servían de pasto a sus animales! ¡Cómo volverían, aunque fuera solo un instante, a ver sus casas, a oír las campanas de la iglesia, o a jugar otra vez como cuando eran pequeños!

En las guerras pasadas, hubo niños que quedaron huérfanos y recogidos por familias extranjeras. Como el tiempo es el mismo en todas partes, aquellos niños se hicieron hombres. ¡Cuántos recuerdos guardarían de  sus pueblos y, sobre todo, de sus padres y amigos!

No sé de quién partió la idea, pero aquellos niños acudieron a la llamada de volver a España durante unas breves vacaciones. Me hizo pensar mucho si aquellos hombres, que partieron de niños, celebrarían la vuelta o, por el contrario, lamentarían haber roto el vaso de sus sueños; si la medida adoptada fue un sentimiento de cariño o la crueldad más refinada que se pudo tomar.

Yo escribibí un Cuento sobre el tema: Un Maestro que pasó unos años de su juventud en un pueblo, lejos de su casa, quiere volver cuando es mayor y está casado. Un día se decide y viaja al pueblo donde espera encontrar a unas amigas con las que bailaba en las fiestas. Como todo lo ve cambiado y distinto, desea volver apenas llega. Ve que la vida es irreversible y que lo pasado no existe.

Guardaba con ilusión cartas que recibía de una amiga especial, pensando que nadie en su casa conocía el secreto. Y hasta ¿quién sabe si el viaje lo hacía pensando en ella? En el último tramo de su largo viaje, por una conversación fortuita, sabe que la señora que lo acompaña, “terriblemente vieja y fea”, según él, es la joven que viene a buscar.

Cuando llega a casa, libre de un peso que llevara años encima, su mujer le dice: “Esta carta la recibiste ayer”. Y él, feliz, abraza a su mujer y echa la carta al fuego sin abrir. 
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Ordenadores.


ORDENADORES

El ordenador es una máquina complicada, que da lo que antes le has metido. Pero una máquina al fin. Eso sí, parece imposible que responda como lo hace, como si hablara: Menús, Sistemas operativos, Procesadores de texto, Writting assistant…
           
Pertenecer a una raza de sabios, como la nuestra, nos enorgullece; formar parte de una estirpe de delincuentes, nos sonroja. Y es el caso que ambas colectividades viven juntas. Hay tales diferencias entre sus elementos que cuesta trabajo creer que todos sean humanos. Fisiológicamente serán lo mismo; espiritualmente sentirán igual; mentalmente se encuentran a distancias astronómicas.

 Quien es capaz de crear un ingenio como el ordenador, o de hacer el bien por el bien mismo, está del que no distingue un círculo de un cuadrado, o del que atropella a otro por hacerle daño, a tal distancia que no se pueden ver.

            Si esto que digo es evidente, ¿qué consecuencias se derivan? En primer lugar se me ocurre que en la vida social, por bien de todos, deberían gobernar los más capacitados, nunca los ignorantes. ¿No es triste que el voto del sabio sea barrido por dos ceporros de campeonato?

            En una sociedad inteligente, ahora que se mide la inteligencia como se pesan los garbanzos, solo los buenos y avispados deberían ocupar los puestos de responsabilidad, de dirección, de producción, de mando. No significa que se denigre al de talla intelectual más baja, sino que se gobierne mejor y que, por ende, los resultados sean mejores. ¿No sería absurdo que el alumno enseñara al profesor?, ¿que el necio dijera al sabio lo que tiene que hacer?
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Cumpleaños de Don Blas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 julio 2.013 –fragmento-

Oímos Misa en la Residencia de ancianos, con las monjas que los cuidan, y don Blas en el altar.
Don Blas está delicado: apenas puede hablar y menos moverse. Piensas que en cualquier momento se va a caer al suelo.
Una hermanita de la casa, siempre atenta y vigilante, ha comunicado a los fieles que hoy cumple don Blas setenta y nueve años.
Finiquitada la Misa, he pasado a la sacristía a felicitarlo. Al fin y al cabo fuimos amigos de niños, jugamos juntos a la pelota, y corrimos por la calle de Lerma,  donde sus padres tenían el horno que les daba de comer.
-¡Felicidades, Blas! –le he dicho-. Yo cumplí hace unos días los ochenta. ¡Ánimo!
-No, si ánimos tengo; lo que me faltan son fuerzas –me ha sonreído.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Grafoterapia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 Julio 2.013, San Federico
GRAFOTERAPIA

            Escucho música de Plácido Domingo, quien estuvo enfermo hace unas semanas. Su voz es prodigiosa. Nació en Madrid el año 1941, pero pronto -a los diez años- marchó a Méjico, donde estudió y vivió. Es un especialista de la ópera.
            Mi fe en la grafología es grande, en los rasgos que dimanan del cerebro cuando se escribe y manifiestan el carácter. La persona se revela con signos externos y la escritura no puede quedarse fuera.
¿Cómo va a ser lo mismo una letra armónica que una letra enrevesada?; ¿cómo va a ser igual un grafismo anguloso que otro curvo?; ¿cómo no va a decirnos una firma la condición de su dueño?
Sí, la grafología expresa cualidades innegables de la persona. Ya en el siglo XVII, un italiano escribió un libro que tituló: "El arte de conocer al que escribe por el examen de una carta".
Pero quien bautizó a la criatura con el nombre que lleva hoy, fue un francés del siglo XIX: "Sistema de Grafología". Aunque tuvo que pasar algún tiempo para que se creara el primer método sistemático de grafología. Por tanto, es reciente el parto, si bien sus orígenes no lo sean tanto.
Plácido dice: "Yo seré tu primer hombre, tú mi última mujer... ". Bien por Plácido, mi admirado Plácido Domingo.
            Es curioso, pero existe la grafoterapia. ¿Que qué pretende la grafoterapia?  Cambiar el carácter de la persona corrigiendo su letra. Es decir, partiendo al revés. Por la letra se sabe cómo es uno. Cambiando ciertos caracteres de la escritura, uno puede cambiar su modo de ser.
Algo así como la teoría del psicólogo Sergi: "Si río, estaré contento". El proceso es el mismo con la letra: yo cambio este rasgo y estaré cambiando mi carácter. Curioso. La grafoterapia no tiene aún la divulgación de otras materias como la músicoterapia, por ejemplo.
            "Voy a intentar con mi voz conquistar el amor de una reina..." Muy bonito, Plácido.

Fórmulas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 Julio 2.013, Miércoles, San Alejo
FORMULAS
            Un amigo de la infancia vino a verme un día con unos rollos de papel. En ellos  había escrito fórmulas sobre la gravitación y teorías que le habían llevado, según afirmaba, veinte años de intenso trabajo. No me decidí a catalogarlo como genio o como iluso; había que conocer mejor su contenido.
            La tentación de figurar en la lista de inventores, es muy grande en algunas personas. Darían una fortuna por ser aclamados como tales. Otro amigo me dijo en cierta ocasión que había compuesto una poesía. Lo felicité. Mi sorpresa fue mayúscula cuando la encontré en un libro con la firma de otro autor. Y es que no se resignaba a no escribir poesías y recurrió al plagio.
            La mente es un mosaico de casos diversos patológicos. Bien, lo que se dice bien, son pocas las cabezas que puedan presumir de estarlo. Lo normal es la desviación en más o en menos de lo justo. ¿Quién no tiene una manía? ¿Quién no tiene miedos infundados? ¿Quién no se cree lo que no es en realidad?
Y en ese abanico de patologías está el de los que tienen necesidad vital de presumir ante los otros. Si no pueden por medios naturales, recurren al engaño. Que hay que decir que un soneto de Lope es suyo, pues lo dice y tan feliz; que tiene que copiar un libro de Einstein para decir que es suyo, lo copia y en paz.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Bichos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 Julio 2.013, Miércoles, San Cristóbal
BICHOS
            Dos bichos fueron apresados y colocados en una misma caja. Cuando se vieron solos, sin conocer la suerte que les correría, pasearon meditabundos a lo largo y ancho de su prisión. De pronto, uno de ellos la emprendió a mamporros con su compañero. Éste se defendió como pudo, y en nada estuvo que terminaran mal, si antes no hubiera dicho: "Basta, amigo, no seamos insensatos: dejemos de pelear sin ningún provecho; pues ¿qué ganamos tú y yo destruyéndonos? Mejor será que veamos la forma de encontrar una salida a nuestro encierro en lugar de pelearnos como enemigos".
            Moraleja: En la vida ocurre a veces que las personas se destruyen en lugar de ayudarse como amigos, sólo por el orgullo de llamarse vencedores.
            Los fabulistas encontrarían temas a porrillo para sus fábulas: "A un panal de rica miel", "Subió una mona a un nogal", La cigarra y la hormiga", "La lechera"... Cuánto gozarían Samaniego, Iriarte, Esopo, buscando temas para sus fábulas. Deporte sano y divertido en la república de las letras, sin duda.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Efluvios.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 Julio 2.013
EFLUVIOS
            En la casa quedamos mamá y yo. Los demás volaron. Mamá anda ocupada con unos cuadros: que si son grandes, que si compra bálsamo de copaiba. Ahora se va al mercado  de Verónicas. La casa parece un olivo que cobijara de noche a muchos pájaros: por la mañana salen de estampida. Sólo quedo yo, como guardando el nido.
           
Hay dos tipos de ocupaciones, ¿te habías fijado?: la de los que trabajan y la de los que miran trabajar. Me explico: Aquí, por ejemplo, los demás se ocupan en algo; yo observo lo que hacen. Es otro tipo de trabajo. En un campo de fútbol, los jugadores van a lo suyo, que es meter goles; el público los ve correr.

            Los ruidos de las máquinas llegan hasta mí. Los albañiles trabajan. Mi vecino en su puerta los ve trabajar. Su mente se ocupa en lo que hacen otros. Los filósofos griegos harían lo mismo: observar y pensar. Mi vecino puede ser un filósofo de nuestro tiempo. Yo, quizás, otro. Si mi mente tuviera una ocupación fuera de mí, yo no podría pensar que en el mundo hay dos clases de ocupaciones: la de los que trabajan y la de los que miran trabajar.

            Los cuerpos materiales flotan sobre los inmateriales. Como los peces en el agua. ¿Tú habías reparado en ello? Otro resultado de mi trabajo. No hay vacíos entre los seres. Formamos una sola cosa. Si yo me cambio de lugar, desplazo algo para poder moverme. Y el movimiento no cesa porque nos cambiamos continuamente.

            ¿Tú sabes que hay un mundo invisible a nuestro alrededor –energía, ondas, efluvios- por el que vuelan nuestros pensamientos y sentimientos? A través de estas ondas mi pensamiento me traspasa y llega a otro; y mi dolor y mi alegría se contagian a través de estos fluidos invisibles. En este mundo inmaterial que nos rodea, hay elementos que deciden nuestro comportamiento. Es otro fruto de mi trabajo de observador.
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia