Litesofía, 27 sept. 12 El verano termina bien, que las relaciones con los que viven cerca son delicadas. Me inclino por guardar distancias, incluso con los familiares, que nunca se sabe por dónde puede saltar la liebre, y ya me entiendes. La amistad es cosa de dos, pero cada uno con su circunstancia compleja y difícil de adivinar. Tú, en un momento determinado, te sientes bien y actúas en consecuencia; pero no sabes cómo está la otra parte. Supongamos que en la relación de dos personas se dan todas las situaciones favorables para un acercamiento positivo. Aún así, se deben de tomar precauciones y no extralimitarse. Como digo, es difícil conocer el entorno, las circunstancias -familiares, sociales, personales, profesionales- que nos envuelven y muchas veces nos determinan a obrar de la manera más insospechada. Digamos, en definitiva, que es un triunfo terminar bien el verano con quienes nos hemos relacionado. La vida social se convierte, pues, en diplomacia social, en política social. Y llamo diplomacia social a saber vivir con la gente a la distancia justa –sin sobrepasarse-, y a decir aquello que no se pueda interpretar nunca con doblez. Difícil es ser buen amigo, prudente amigo de todos. Es el arte de la política social, que no la hipocresía, el disimulo o la mentira. Simplemente la bondad, la sinceridad y la prudencia extremas en las palabras.
martes, 9 de octubre de 2012
El verano termina bien.
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