miércoles, 17 de octubre de 2012

Cuando entré en el local...

Litesofía –entre literatura y…-, 17 Octubre 12

Cuando entré en el local, se hablaba de parejas que tuvieron que

casarse rápido, casi niños, sin concluir sus estudios; de padres que
lo pasaban mal por la vergüenza de confesarlo; de que los jóvenes
sentían dolor, rubor y miedo por lo ocurrido; de que había una especie
de acusación tácita en estos trances; casi una recriminación social
sin rebozo.

Para mí –repuse-, fue una situación normal creada por la transición.

En el cambio tuvo que haber, lógico, por la propia inmadurez del
nuevo ente, tropiezos y fracasos con aciertos. El paso de una sociedad
reprimida a otra libre, emancipada, era de tal magnitud, de tal
envergadura, que pasar de la una a la otra sin percances, hubiera sido
un milagro.

Se dio en todos los órdenes –seguí-: en lo político, en lo económico,

en lo social. ¿Qué ocurría en el campo religioso?, ¿en la educación?,
¿en la calle? Convulsiones sísmicas. La vida cambió de signo; y las
personas tuvieron que adaptarse. Desconcertados, era evidente y lógico
que aquí y allá, hubiera sus caídas.

Esos matrimonios eran la consecuencia del cambio a la libertad. Era

que cruzaban un puente miles de personas, y en el tumulto, algunas
caían. ¿Culpas? Quizás fuera mejor hablar de situaciones
desgraciadas. Yo así lo veo –terminé-. Eran víctimas del momento.

martes, 16 de octubre de 2012

Hasta hace bien poco...

Litesofía, 16 Octubre 12 Hasta hace bien poco, si el jueves era festivo, había un puente fenomenal en Colegios, Institutos y otros Centros educativos. El día se vislumbraba ya de lejos como de conflicto laboral. La prensa recordaba a padres y profesores que era día lectivo, pero los Centros decidían no abrir. Así de sencillo. Contaban que el miércoles deliberaban los Profesores sobre qué hacer el viernes. Luego había reuniones con Delegados de alumnos. Y acordaban que no hubiera Clase. En el Conservatorio, lo mismo. Tras reuniones y acuerdos, había consenso: “Viernes puente: No hay más que hablar”. De miércoles a lunes todos en casa. Un fin de semana largo, para ir al monte o a la playa. Este hecho ponía de manifiesto una cosa: que faltaba interés por parte de niños y de Profesores. Faltaba ética profesional. Faltaba garra, amor por la enseñanza. Y si faltaba ilusión, la obra educativa carecía de base. Sin ilusión por enseñar ni por aprender, faltaba alegría educativa, entrega necesaria para obtener buenos frutos.

lunes, 15 de octubre de 2012

Se acerca el uno de noviembre.

Litesofía, 15 octubre 12 Se acerca el uno de noviembre, día de Todos los Santos. La gente irá una vez con flores a los cementerios. Hace ya muchos años, cuando éramos niños nosotros, este día era pavoroso. Sentíamos miedo como si en cada habitación fuéramos a ver la sombra de un desaparecido. Nos hacían creer que los muertos salían este día de sus tumbas. Recuerdo con pena los años pasados esta noche arrebujados bajo las mantas, sin poder dormir, contando las horas para ver la luz del nuevo día. “¡Ya amanece!”, decíamos más sosegados. ¡Qué tranquilidad nos traía el alba mañanera, como si con ella se esfumaran los temidos espíritus. Madrugábamos para ir a Misa –eran tres Misas seguidas las que había que oír-; nos gustaba asistir a estas misas largas temprano, no tanto por aliviar a los muertos con ellas según nos explicaban, cuanto por salir pronto de la tenebrosa casa.

domingo, 14 de octubre de 2012

Enciendo la radio y oigo hablar de...


Litesofía, 14 Octubre 12

Enciendo la radio y oigo hablar de… Los políticos nos invaden. Como si
el mundo dependiera de ellos. Como si fueran el mundo. “Sin nosotros
no sois nada; os proporcionamos bienestar, seguridad”, parecen
decirnos, o nos dicen sin rebozo.

La política nos desborda. Política a todas horas, en el desayuno, en
la comida y en la cena. Los políticos son una plaga que esquilma al
país. Hubo azotes de langosta; hubo epidemias. Hoy tenemos otra plaga:
la de los políticos. No sé si es la peor que ha sufrido la humanidad.

La plaga de los políticos se extiende prodigiosamente, como un tejido
canceroso. Cada vez hay más políticos viviendo de los demás. Las
células incontaminadas resisten lo que pueden, pero la lucha es
insostenible por mucho tiempo. Los hombres trabajadores tienen que
alimentar a la cada vez más abultada legión de políticos, que terminan
por sucumbir.

¿Qué ocurrirá el día en que todos sean políticos, cuando todos se
dediquen a vivir de nadie que trabaje? Y es un hecho que ese día va a
llegar. El porvenir es harto delicado. Si no se ve con tiempo de
poner remedio al azote politiqueril que nos ahoga, el final puede ser
trágico.

¿En qué se diferencian los políticos actuales de aquellos engreídos
señores que apenas dirigían la palabra a los trabajadores? Hoy tenemos
la misma situación: Hombres endiosados que mandan y pobres gentes que
mendigan un empleo. El mundo viviría mejor sin políticos.

A veces, escribir se convierte en una necesidad.


Litesofía, 13 octubre 12 A veces, escribir se convierte en una necesidad. Como todo hábito, cuando llega su momento, se desea cumplir con la obligación que nos hemos impuesto. Si fuera salir a correr, sería lo mismo. Escribir unos minutos cada día hace sentirnos felices por el deber cumplido. Nada mejor para sentirnos bien que estar conformes con nosotros. Si yo saliera hoy sin haber escrito algo, sentiría conmigo la desazón de quien no ha cumplido con su deber. Leía hace un rato un libro de Alarcón. Decía el novelista: “Hoy voy a contar lo sucedido a un hombre que vive todavía. Hoy no soy escritor sino amanuense”. Para Alarcón, según lo que precede, ser escritor es inventar. Decir lo que ocurre a tu alrededor es ser cronista, periodista o historiador. Yo quiero ser escritor, escribir sobre temas que me sugieran otros comentarios y espoleen mi imaginación. De aquí que un libro que escribí lo titulara “Crónicas con estrambote”. “Crónicas” sobre sucesos reales, y “estrambotes”, mi aportación personal.

viernes, 12 de octubre de 2012

¿Por qué nos gustan los viernes?


Litesofía, 12 octubre 12
¿Por qué nos gustan los viernes? ¿Por qué los lunes nos desagradan?
Por el trabajo, sin duda. El lunes tiene días por delante de trabajo;
los viernes son vísperas de fiesta. O por lo menos de hacer cada cual
lo que le venga en gana, lo suyo y a su aire. Cuando hay una fiesta en
medio de semana, el tiempo corre más deprisa, la semana es más
simpática.

Hay que aprender a ver los lunes con ilusión. Cuando convirtamos los
lunes en días alegres habremos cambiado la sociedad.
-¿Y cómo realizar el milagro?
-Pues, dulcificando el trabajo.
-¿Y cómo?
-Haciéndolo más ameno. Dando a cada cual su preferido, su auténtico
destino, su puesto ilusionado. Cuando el hombre vaya al trabajo como
va a una fiesta, cuando le sea tan grato que no lo cambie por otro ni
por nada del mundo, todos rendiremos más y nos sentiremos mejor.

El problema del trabajo está por revisarse. Estarás conmigo en que
así no debe seguir. Injusto en todos los terrenos: Unos trabajan y
otros no trabajan; unos lo hacen durante muchas horas y otros durante
pocas; unos en tareas duras, y otros en faenas suaves. El reparto del
trabajo es de lo más injusto que tenemos. Hay que revisar las
estructuras sociales y suavizar los trabajos, humanizarlos, y
repartirlos mejor.

Cuando el trabajo sea liviano como pluma y grato como caricia, los
lunes serán, sin duda, San Lunes. Hoy no, hoy los lunes, para una
inmensa mayoría son odiosos, y hasta peligrosos.

jueves, 11 de octubre de 2012

Las ocho y media, oyendo a Kraus en el equipo.


Litesofía, 10 agosto 12
Las ocho y media, oyendo a Kraus en el equipo: “Aragón la más
famosa…”. Ayer en el baño dije a Juan, profesor en el Conservatorio:
“Donde hay música no puede haber nada malo”. Le gustó tanto la cita
cervantina que dijo que iba a anotarla. “Valencia, al sentir como
perfume…”. El día camina como un animal de carga que lleva a sus lomos
el universo. “Quisiera que me quisieras, pero si no puede ser…”.
¡Quién pudiera detener el carro que nos lleva! ¿Habrá un botón en
alguna parte escondido, que pueda detenerlo? ¿Y si, por azar, un niño
atolondrado tropieza en su carrera y diera con él?”. “¿Quién ha
sido?”. “¿Cómo fue?”. “¿Qué sabio ha dado con la tecla?”. Y, desde ese
momento, el mundo se detuviera como un tren en la estación.
¡Cuántos inventos son así, que por casualidad saltaron a la palestra y
desde entonces se conocieron y se atribuyeron al primero que los vio,
al que pasaba más cerca.