Litesofía, 13 octubre 12
A veces, escribir se convierte en una necesidad. Como todo hábito,
cuando llega su momento, se desea cumplir con la obligación que nos
hemos impuesto. Si fuera salir a correr, sería lo mismo.
Escribir unos minutos cada día hace sentirnos felices por el deber
cumplido. Nada mejor para sentirnos bien que estar conformes con
nosotros. Si yo saliera hoy sin haber escrito algo, sentiría conmigo
la desazón de quien no ha cumplido con su deber.
Leía hace un rato un libro de Alarcón. Decía el novelista: “Hoy voy a
contar lo sucedido a un hombre que vive todavía. Hoy no soy escritor
sino amanuense”. Para Alarcón, según lo que precede, ser escritor es
inventar. Decir lo que ocurre a tu alrededor es ser cronista,
periodista o historiador.
Yo quiero ser escritor, escribir sobre temas que me sugieran otros
comentarios y espoleen mi imaginación. De aquí que un libro que
escribí lo titulara “Crónicas con estrambote”. “Crónicas” sobre
sucesos reales, y “estrambotes”, mi aportación personal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario