martes, 9 de octubre de 2012

El Colegio va a abrir sus puertas.


Litesofía, 18 sept. 12 Fragmento … El Colegio va a abrir sus puertas. Cientos de niños llenarán las aulas. Unos por primera vez, otros ya veteranos. Los Profesores esperan que el telón se alce para empezar la función. Sencillez en todo; esta es la clave. Si no, puede ocurrir que descuidemos lo principal –el niño, la enseñanza- por cosas secundarias. Maestro, niños y objetivos a lograr. No perder de vista lo que se pretende. Vamos a meternos en la cabeza de una vez por todas que la escuela no es la universidad. En la escuela se debe aprender lo básico, y se debe aprender a estudiar, con unos niveles mínimos por alcanzar. La escuela debe ser eso: ejemplo de vida social, donde no caben palabras malsonantes ni gestos de pesimismo. El niño aprende a ser persona allí, y lo que vea y haga, será luego de mayor. La escuela debe renovarse. El niño debe sentirse allí bien, feliz. El maestro debe ser un amigo y un padre con todos. La escuela debe ser un modelo de sociedad, donde se practiquen las virtudes y no se adviertan los males que haya fuera. Sencillez, amor, alegría, ambiente grato. Sacudid, maestros, ahora que empieza el curso, vuestras tristezas, vuestros temores; quedaos sólo con las ansias de vivir que habéis de transmitir, con el optimismo que habéis de generar en los niños, con el amor que habéis de llevar a sus almas.

Fuimos temprano al monte por caracoles.


Litesofía, 19 sept.12
Fragmento
…
Fuimos temprano al monte por caracoles. Había llovido y el terreno
estaba húmedo, como abonado para tenerlos. Cerca de nuestra casa, hay
una loma que los cría en abundancia. Los hombres que se dedican a
buscarlos lo saben. Luego los venden en la plaza.

La caza del caracol -¿se le puede llamar caza?- es atractiva. Es una
fiesta sin duda madrugar y salir al monte en busca de este molusco.
Para los que desconocen el pasatiempo, les diré que deben preparar una
bolsa o cesto donde echarlos y ponerse un buen calzado para andar.

Yo lo paso bien cogiendo caracoles. Sólo el hecho de buscarlos tiene
su encanto. La vista siempre baja, próxima, mirando sobre todo las
atochas y los romeros. Monte arriba, muy despacio, midiendo los pasos,
se les oye: un leve crujido cerca hace mirar; una ligerísima vibración
debida a la caída de una china, también.

Yo tengo mi lema para estas ocasiones: “El que haya de ser para mí, me
está esperando”. Hay otras personas cerca que buscan con ahínco.
Confieso que mi búsqueda es un tanto despreocupada. Ahora bien, cuando
encuentro un ejemplar, me alegro. Me acerco despacio y lo recojo con
cierta morosidad. Creo que debo recogerlo. Si no lo hiciera, para mí
sería como dejar abandonado un herido en la carretera. “Éste es mío”,
me digo, “me está esperando desde el principio de los siglos”,
canturreo feliz.

Es divertido coger caracoles como lo hago yo, sin prisas,
deportivamente. Ocho piezas, diez, una docena. A lo sumo, quince
caracoles. Hay quien dice haber cogido cincuenta, sesenta, y hasta
cien en una mañana. Yo no busco apenas, me los encuentro, salen al
paso. ¡Qué alegría encontrar dos juntos a la vez! “¡Hola, parejita!,
¿me estabais esperando?”. Y parecen esponjarse y sonreír cuando me
acerco. Bonita fiesta la de salir al monte cuando ha llovido.

Son las nueve de la mañana, pero en mi vida son...


Litesofía, 22 septbre. 12: UNA HORA SON CINCO AÑOS
Fragmento

Son las nueve de la mañana, pero en mi vida son... A ver, a ver: de
las siete que me levanto a las once que me acuesto hay dieciséis
horas; la vida de una persona dura ochenta años. Los cincuenta de una
vida se corresponden con diez horas de un día: Ochenta es a dieciséis
como cincuenta es a diez. Clarísimo. Ergo, desde las siete de la
mañana, los cincuenta años se corresponden con las cinco de la tarde.

En esta proporción de dieciséis horas del día y ochenta años de vida,
cada hora del reloj equivale a cinco años. Puede ser interesante no
perder de vista nuestra hora biológica, porque cada día es la viva
representación de nuestra vida. Decir que son las diez de la mañana es
hablar de hora de trabajo; hablar de las trece es hablar de fuerza, de
madurez: son los treinta de la persona.
En los cincuenta, se encuentra la persona, como digo arriba, en las
cinco de la tarde. ¿Qué sugiere esta hora? Pues que se lleva un largo
recorrido hecho; que el tiempo de la juventud quedó atrás; que el sol
está a punto de ponerse; que es hora de balances; que es hora de
descanso; que las sombras se adivinan por doquier; que es hora de
recoger el fruto.

Las cinco de la tarde, con todo, es bella todavía; tiene cierto calor
que gratifica. Es hora singular para pensar en lo que hemos hecho y
dónde estamos. Es hora importante como todas, única, singular, en la
historia maravillosa de un día.

Si hacemos números resulta que una hora equivale a cinco años; o lo
que es igual, sesenta minutos igual a sesenta meses; cada minuto
equivale a un mes; un año son, pues, doce minutos. El que pasa de los
ochenta, las once de la noche, ya cubrió la etapa de su vida; pasar de
las once de la noche es estar adormilado o dando cabezadas.

No es posible que una máquina piense o sienta.


Litesofía, 23 septbre. 12

No es posible que una máquina piense o sienta, por muy sofisticada que
sea. Nunca dirá ¡ay! si se cae, ni se reirá de un chiste.
Hay quien dice que el hombre es una máquina, pero esto no es cierto.
El hombre piensa, siente y ama, cosas que escapan a los más perfectos
aparatos construidos por el hombre.
Hay un algo que los diferencia, que nunca podrá ser inventado: la
razón, los sentimientos. Un algo que falta en toda máquina y que
faltará siempre: lo espiritual.

Una computadora calcula al segundo cuántas son ocho por nueve; pero
necesita que antes el hombre haya dispuesto así su complicado
mecanismo. Es un efecto de la disposición previa de unas piezas.
La radio, la televisión, el vídeo, maravillas de la luz, de las ondas,
de la física. Pero no pasa de ahí. El hombre es todo eso y algo más.
¿Cómo podría una máquina juzgar los pensamientos de los otros?

Hay que ser políticos...


Litesofía, 24 sept.12
Fragmentos
…
Hay que ser políticos cuando tratamos con gente: enfrentarse
esgrimiendo razones intocables, no es político; gritar cuando las iras
lanzan rayos, no es político. Yo aconsejaría espacio a las
discusiones: el tiempo apacigua los ánimos y hasta resuelve problemas
sin palabras.
…

He leído una comedia de Jardiel Poncela titulada “Cuatro corazones con
freno y marcha atrás”. Un sabio inventa el modo para que el hombre no
muera. Cinco personas están en el secreto, con lo que pasan del siglo
viendo a los demás –hijos, nietos, amigos- envejecer y morir. Se
cansan tanto que abominan del invento y quieren ser otra vez mortales.

¿Será verdad que la vida sería un fastidio si no acabara? ¿Está tan
delicadamente bien hecha que hasta en la muerte hay perfección? ¿Qué
sería de nosotros si no tuviéramos que morir? ¿Lucharíamos por
conseguir algo o caeríamos en el más aburrido de los hastíos?

El periódico confirmó...


Litesofía, 25 sept. 12

El periódico confirmó la decisión del Gobierno de prohibir los
trabajos para casa a los niños. Los Profesores pusieron el grito en el
cielo.

Era de esperarse la medida. La lógica hizo ver que los trabajos para
el niño fuera del Colegio, era como exigir a un albañil seguir obrando
tras su jornada de trabajo.

Otra medida ministerial fue la de acabar con los Exámenes. No tenían
objeto, por cuanto el Profesor a lo largo del Curso sabía lo que daba
de sí cada alumno. A la Escuela se iba a aprender y no a examinarse.

La Escuela debe ser un centro de trabajo, libre de tensiones, donde
cada niño aprenda según su propia capacidad, sin tener que
avergonzarse de sus propias limitaciones, de ser más lento para
comprender.

Escribir un poco cada día...


Litesofía, 26 septbre. 12
Fragmentos
…
Escribir un poco cada día, a modo de diario, como es costumbre en mí,
aparte de ser un grato pasatiempo, puede servir, como las fotos, de
recuerdo para saber cómo éramos antes y en qué ocupábamos nuestro
tiempo.

Hay personas que coleccionan sellos, o llaveros, o monedas. Yo
colecciono hechos, trozos de vida. El fin es quizás el mismo, aunque
esta ocupación, para mí, es superior a las otras.

…
Mi gran ilusión sería que estas hojas que escribo sirvieran, con el
paso de los años, para reunir a mis hijos con sus familias, en este
mismo lugar, donde tantos recuerdos habrían de encontrar de sus años
de la infancia.

Y en ese encuentro, que dedicaran unos minutos a leer de este diario.
Si esta idea se cumpliera, mi pasatiempo de hoy habría servido de
mucho más de lo esperado.