jueves, 19 de diciembre de 2013

El hombre.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 diciembre 2.013
El hombre
Durante milenios, la Tierra vivió tranquila, en una serenidad cósmica absoluta.  Siglos de calma, de sincronización total. Un día apareció la vida. Hubo un ligero sobresalto, para mirar algo desacostumbrado. Fue como levantar las orejas el perro ante el ruido impreciso de unas hojas.
Pero pronto, la vida vegetal se acopló a la Naturaleza. Formó parte de ella como invitado agradecido. Todo siguió igual. Diría que hasta la Tierra se alegró. Fue el adorno que faltaba de unas flores a la casa, de unos árboles y prados verdes, para asombro de otros astros, grises y pardos, de color tierra.
Y luego, tras siglos y milenios sucesivos, la Naturaleza tuvo otro desliz. ¿Cómo fue? Nadie se lo explica, pero el animal se vio en la Tierra. La aparición de esta clase de vida fue sin duda el hecho más trascendente de millones de años. El Planeta se sobresaltó de nuevo. Frunció otra vez el entrecejo. Cuando vio que se movía libremente, por si, lo miró con curiosidad.  
La nueva vida se reprodujo, respetando lo que encontrara. La Naturaleza volvió a cerrar los ojos. Criaturas extrañas, al fin, pero que no le hacían daño. Seres raros que permitían dormir como antes. Hasta llegó el Planeta, en sus descansos de sueño, a sentirse agradecida, más segura y acompañada, por estos nuevos inquilinos.
Flores y animales divertidos. Colores y juegos de circo. La casa se adornaba y crecía caprichosamente en tierra firme, por aire y por mar. Legión de seres se multiplicaban a placer. Y el mundo seguía sin más complicaciones. No sabía que su único enemigo, el hombre, estaba a punto de nacer.

                                                                                    Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pensando.

Pensando
Estoy pensando en las parejas de hoy, Saturio. Dos se casan y tienen hijos. Con las mismas, se descasan y los hijos se reparten: “Estos para ti y este, que pesa más, para mí”. El padre descasado vuelve a casarse con madre descasada. La pareja emparejada tiene más hijos, y hasta el hijo del primer matrimonio, en las horas de trabajo de los padres, tiene un hijo con la hija de la segunda esposa. Si queda juventud, aún puede complicarse más la mescolanza familiar y se vuelve a los tiempos en que el fin primordial del matrimonio era la procreación indiscriminada.
Sigo pensando: “¿Qué relación hay entre los hijos de un padre con los de madres distintas? ¿Cómo debe llamarse a los hijos que nacen de varios padres? ¿Y si el hijo de su padre tuviera un hijo con la madre que entró a su casa para ocupar el puesto de la madre separada?
No me aclaro con este embrollo, barullo, enredo o jerigonza, Saturio. Con lo fácil que era antes, o después de los primeros tiempos paradisíacos. Quiero decir cuando dos se casaban para siempre y los hijos eran ni más ni menos que hermanos.
-Son los tiempos nuevos, Petronio. En la medicina, los primeros médicos eran “generales”: médicos para todo. Luego se fueron separando: del corazón, del hígado, de los huesos… En la enseñanza, lo mismo: de ser “maestros de niños” se pasó a ser de parvulitos unos, otros de primaria y otros de secundaria. Y en la abogacía, de resolver cualquier asunto se pasó a distinguir el tipo de problema, el género o la especie.
-Una de estas clases a resolver por los letrados fue la de uniones y desuniones en las parejas, y me temo que no de las más fáciles de resolver. Cada caso es más peliagudo que el anterior. ¿A quién dar la razón? ¿Cómo apaciguar los ánimos de fieras que quieren devorarse? Estos abogados, que se llaman matrimonialistas, se enfrentan a casos sin  solución.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 17 de diciembre de 2013

Belenes.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 diciembre 2.013, martes.

Fragmento

Murcia, las doce. Amanece el día nublado; algo fresco el ambiente. Diría, con Ramón, en una greguería, que se levanta puesto de sombrero.
Mamá, indiferente al tiempo, coloca las figuras del Belén. Luego, en enero, las quitará de nuevo para guardarlas hasta el año que viene. ¡Cómo goza mamá haciendo su Belén! Ayer lo empezó con sus nietos Alba, Miguel Ángel, Sofía y Fran; hoy lo termina sola. La afición belenística con mamá está asegurada en la familia.

En el Palacio Episcopal, situado como sabes, en la Plaza del Cardenal Belluga, ya han montado el Belén, como otros años, para que niños y mayores pasen a verlo. Yo estuve ayer, y la cola de papás con sus hijos era interminable, para ver la Cueva y el Niño, La Virgen y San José, los Reyes en sus camellos, el Ángel, la Estrella, el buey y la mula, los pastores con el ganado…

Cuando estuve de Maestro en Jumilla, donde antes fuera de niño con don Ángel, hicimos un belén original. En una zona del aula, detrás de la escalera, pusimos tierra en el suelo. Y sobre la tierra, figuras que los niños llevaron de sus casas: mulas, reyes, camellos y un Nacimiento. Cada niño señalaba la suya y decía: “¡Esa es mía!”.  Con lo que yo les contara, era suficiente para llevar a nuestra Escuela el ambiente navideño que correspondía.

Seguro que aquellos niños, hoy mayores y hasta abuelos, lo recuerdan. “¡Dios se hizo hombre y nació en un pueblecito llamado Belén!”. Figuras desparramadas y bancales con hortalizas. Era para los niños que lo hicieron el belén más fascinante y maravilloso que existiera. Pasados muchos años, saludé a uno de aquellos niños y le dije: “¿Te acuerdas de nuestra Escuela?”. Y enseguida me dijo: “¿Se acuerda del Belén que hicimos?”.
¡Qué imaginación la de los niños!  De una casita de cartón hacen un castillo; de una cueva un palacio.  Sé que mis hijos y mis nietos se acordarán siempre de los belenes que la abuela les hacía cada año con las figuras que guarda en cajas tan primorosamente.
¿No somos nosotros también…
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 16 de diciembre de 2013

Lotería.

Litesofía -entre literatura y filosofía-, 16 diciembre 2.013, lunes, Sta. Adelaida

Lotería
Anteayer, sábado, compré Lotería de Navidad. Como quiero que la suerte me busque a mí y no al revés, le dije a la administradora de San Julián: “Deme el número que quiera”. Compré diez décimos, que comparto con mis hijos.

En Jumilla, cuando yo era niño, había un ciego que vendía “iguales” y cantaba: “Al que no le echa no le toca”, repitiendo la cantinela por las calles. Y llevaba razón: es poco probable que toque la Lotería, pero posible: A uno le tiene que tocar. Cuando no puede tocar es cuando no se juega.

La tradición se mantiene año tras año, anhelando ser el agraciado, soñando con el premio. ¡Cuántas historias reales habrá de la Lotería! Que si se perdió el décimo premiado; que si se fugó a una isla del Caribe; que si dos compartían un número y cuando tocó el gordo, el que lo llevaba dijo que era solo suyo…

Yo escribí un Cuento, creo que te lo dije, que titulé “El Cuponazo”. Cambió tanto la familia a peor, que el hombre, asustado, dio lo que le quedaba a la Iglesia para que lo repartiera a los pobres. Fue como que hubiera entrado el demonio en su casa con la fortuna llovida del cielo.

Sería curioso saber realmente cómo influyen estos premios en las familias de los “afortunados”. A lo peor, todo lo que reluce no es oro. Y pensamos que es una suerte conseguir el Gordo de Navidad cuando puede ser un desastre que hunda tu casa.

Me gustaría conocer cien casos cogidos al azar de familias que ese veintidós de diciembre beben champán y se abrazan unos con otros. ¿En qué porcentaje seguirán felices a los pocos años de recibir el premio? ¿Cuántos pensarán que hubiera sido mejor que no les hubiera tocado?

Pero bueno, decir esto ahora es incitar a no jugar, es gafar la fiesta. La Lotería forma parte de la Navidad y hay que continuar con la tradición de las bolitas, de los bombos y los niños de San Ildefonso. ¡Qué prueba más grande de filantropía, de amor a los hermanos, sería donar el premio a Cáritas, por ejemplo!  

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 15 de diciembre de 2013

Plauto.

Plauto
En puertas de unas elecciones catalanas, he creído conveniente dedicar mi Litesofía de hoy a esta consideración, por si alguien no lo sabe:
La lengua es un ser vivo, como tú y como yo, que nace, se reproduce y muere. Rastreando en el pasado, llegamos a una lengua antiquísima, EL ARIO O INDOEUROPEO, que dio lugar a otras lenguas como el Indo, Albanés, Céltico, Eslavo,  Griego, Itálico… Del Itálico nacieron el Latín, el Osco, el Úmbrico… Y del Latín proceden el Español, el Francés, el Portugués, el Italiano, el Rumano…
El Español, con el descubrimiento de América, a finales del siglo XV, salta el Océano Atlántico, para incorporarse en Sudamérica menos en Brasil, en Centroamérica, en el sur de América del norte –Méjico-, y hasta en Filipinas cuando “el sol no se ponía en los dominios” de Felipe II.
Hay un parentesco indudable entre las lenguas: El Griego y el Itálico son lenguas hermanas; el Latín procede del Itálico y es madre del Español, etc.
El imperio romano hablaba el latín: -Virgilio, Horacio, Cicerón, Ovidio…-. Pero este imperio era tan grande -podía llamar al Mediterráneo “Mare nostrum”-, era tan descomunal que sus tierras estaban alejadas peligrosamente y el habla de sus habitantes comenzó a cambiar. Así fueron naciendo lenguas derivadas del latín que no se parecían: español, francés, portugués, italiano o rumano.
El primer monumento que ha llegado hasta nosotros en lengua castellana fue “El Cantar de Mío Cid”. Es, según Menéndez Pidal, del año 1140 y canta los hechos del Cid Campeador, en tiempos de Alfonso VI. Consta de tres partes: Destierro del Cid, Las bodas de sus hijas –doña Elvira y doña Sol con los condes de Carrión- y La afrenta de Corpes. Pertenece al Mester de juglaría y se compone de largas series de versos asonantados, de catorce sílabas divididos en hemistiquios (7  más 7 sílabas). Obra anónima, aunque al final diga: “Qui me scripsit scribat semper cum domino vivat, Per Abbat lo escribió”.
                                 Mio Cid Roy Díaz por Burgos entróve,
                                 En sue compaña sesaenta pendones;
                                 Exien lo veer mugieres e varones,
                                 Burgueses e burguesas, por las siniestras sone,
Plorando de los ojos, tanto avíen el dolore,
                                 De las sus bocas todos dizían una razóne:
                                 “¡Dios qué buen vassallo, si oviesse buen señore!”…
Del siglo XIII es Berceo. Gonzalo de Berceo es el primer poeta de lengua castellana que  ha llegado a nosotros. Debió morir en la segunda mitad del siglo XIII. Él mismo nos dice:
                                 Gonzalvo fue su nommem qui fizo este tratado
                                 En Sant Millan de suso fue de ninnez criado
                                 Natural de Berceo, on Sant Millan fue nado
                                 Dios guarde la su alma del poder del pecado.
Escribió vidas de santos: Santo Domingo de Silos, San Millán de la Cogolla y Santa Oria. Obras dedicadas a la Virgen: Loores de nuestra Señora, Duelo de Nuestra Señora en el día de la Pasión de su Hijo y Milagros de Nuestra Señora. Además: El martirio de San Lorenzo, El Sacrificio de la Misa, Los signos que aparecerán antes del Juicio, y otros.
                                 Era en una tierra un homne labrador,
                                 Que usaba la reia más que otra labor;
                                 Más amaba la tierra que non al Criador;
                                 Era de muchas guisas ome revolvedor.
                                 Fazie una nemiga, faziela por verdat,
                                 Cambiaba los mojones por ganar eredat;
                                 Façíe a tosas guisas tuerto e falsedad,
                                 Avíe mal testimonio entre su vecindad…
En la prosa, Alfonso X el Sabio, que marca los orígenes de la prosa en lengua castellana: Crónica general -Historia de España hasta Fernando III-; Grande e General Estoria –intento de historia universal-; Loor de España –exaltación nacional-; Las partidas-quiere robustecer la autoridad real-; Libros de ajedrez –costumbres de su tiempo-; etc., etc.
Del siglo XIV es Don Juan Manuel, con ideas ya sobre el estilo: “Un buen estilo se caracteriza por su sobriedad…”. Escribe sobre el gobierno de los pueblos. Concibe a España como un todo presidido por Castilla. Admite la autoridad suprema del Pontífice, que debe estar en relación estrecha con el Emperador (“deben ser muy avenidos”): El Libro de los Estados, Libro del  Caballero et del Escudero, El Libro de Patronio o del Conde Lucanor -colección de apólogos con los que el joven Lucanor es aconsejado por su ayo Patronio-.
Siglo XIV: El Arcipreste de Hita –El Libro de Buen Amor: Tiene al propio Arcipreste como protagonista, el cual narra sus amoríos, a los que ayuda Trotaconventos, vieja sin moral:
                                 El dinero quebranta las cadenas dañosas,
                                 Tira çepos e grillos, presiones peligrosas;
                                 El que non da dineros, échanle las esposas:
                                 Por todo el mundo faze cosas maravillosas.
                                 El faze caballeros de necios aldeanos,
                                 Condes e ricos omes de algunos villanos;
                                 Con el dinero andan todos omnes lozanos,
                                 Quantos son en el mundo le besan hoy las manos.
   ¿Para qué seguir con “El siglo de Oro” de las letras españolas”? Cervantes, Lope de Vega, Tirso, Alarcón, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz…

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 14 de diciembre de 2013

Equilibrios.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 diciembre 2.013
Equilibrios
            Mi equilibrio orgánico me produce paz. Mi equilibrio orgánico es la fuente  de mi buen juicio; el motor de mis acciones virtuosas. De mi equilibrio orgánico dimana cuanto hago, pienso y digo de acuerdo con la ley moral.
Lo triste es que no está en mí guardar ese equilibrio. A veces obro en contra de mis deseos, porque no se mantiene ese equilibrio debido a imponderables que me superan: un cambio de tiempo,  un accidente temporal…  

                                                                                    Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 13 de diciembre de 2013

Calendario.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 diciembre 2.013, Sta. Lucía
Calendario
Fragmento
A mi hija, Lina Mª Tomás Pastor

-Junto al reloj, tengo, desde ayer, dos almanaques: uno agonizante, moribundo; otro flamante, sin estrenar, con el Papa Francisco, sonriente, presidiendo la habitación.
-A mí me abandonas, pues –me dice quejumbroso Benedicto XVI.
-¿Cómo puedes decir eso, amigo mío? Seguiremos juntos, como hasta ahora, y veremos lo que sucede a nuestro alrededor.
-El muerto al hoyo y el vivo al bollo -sigue.
-Tú y yo nos daremos ánimos cuando veamos cosas que no nos gusten, Benedicto.
-Y cuando Dios nos llame, partiremos y en paz -termina.
-Que el Papa Francisco batalle lo que tenga que batallar hasta que pase el testigo. Nosotros a ver y a comentar, sabiendo que lo que digamos no pasará de aquí.
-He oído que van a nombrar al Papa Francisco “Hombre del Año”.
-Podían esperar, Benedicto; no sea que sus glorias se deban a ti. ¿Te conté que un niño no aprendía a leer como otros niños, que cada uno tiene sus tiempos de despertar, y el padre, exasperado, lo mandó con otro maestro, y a las pocas sesiones el niño se soltó a leer?
-¿Y qué pasó, Francisco?
-Para el padre, el mérito estaba en el nuevo profesor; pero lo cierto es que el mayor merecimiento fue del primero.
-La gloria solo es de Dios, Francisco, que marca los tiempos en que deben ocurrir las cosas. Hay una serie de circunstancias que determinan que algo parezca nuevo y que una persona recoja el premio que pueda haber. Eso le ha ocurrido a mi sucesor Francisco, tocayo tuyo. Sobra que haya dicho que todos somos una familia para que hayan visto en él a otro Jesús. Dios se vale de momentos críticos para encender el fuego. Solo a posteriori, se ven las intenciones divinas y cuanto se deriva de ellas. ¿Quién conoce lo que Dios quiere de cada uno de nosotros? Por eso no debemos juzgar a nadie, que el pensamiento de Dios es inescrutable.
-¡Cómo celebro platicar contigo, Benedicto. ¿Cómo me preguntas si voy a abandonarte? Seguiremos juntos este año que acaba y el que va a empezar.
-Dios dispondrá lo que corresponda.
-El año finiquita mal: los Sindicatos a juicio, los catalanes enfrentados, los reyes difamados… ¿Qué traerá el nuevo año, Benedicto?
-Solo Dios lo sabe.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia