domingo, 20 de octubre de 2013

Ahorro.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 Octubre 2.013 
Ahorro 
-Nuestros padres, Julián, nos inculcaron la virtud del ahorro. Aún oigo al mío decir: “¡Hay que ahorrar para cuando no haya!”. Lo contrario de lo que ahora se hace: gastar y gastar aunque no se tenga.
-Si no se tiene, poco se podrá gastar.
-Pues se gasta, Julián. ¿Tú crees que los que hacen Cruceros tienen para pagarlos? Pues no, piden al Banco. ¿Y el que compra un piso? Lo mismo. Automóviles, chalés, joyas… todo a base de préstamos.
-De ahí la crisis que padecemos. Cuando los Bancos dejaron de prestar, se hundió la economía de muchísimas familias. Cuando los Bancos reclamaron los pagos de las letras, se descubrió la mentira de los que tanto presumían. No sé si en la historia se conoce otra época tan nefasta.
-¿A qué crees tú que algunas familias no conocieron esa urgente necesidad?
-No poco al consejo de los padres: “Apaga las luces si no las necesitas”; “guarda lo que no haga falta gastar”; “usa sólo lo necesario”, etc., y mucho a la mujer.
-¿Tiene algo que ver la mujer con la Economía?
-Más de lo que crees, Julián. Antes se decía que “hay mujeres que de un duro hacían una peseta y que otras de una peseta hacían un duro”. La mujer, antes y ahora, no lo dudes, hace o deshace la casa.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

viernes, 18 de octubre de 2013

Siniestros.

Cuando haces un Seguro, te dan a firmar unos papeles con letra grande, donde lees: “Todo lo ocasionado por las lluvias y los vientos queda incluido en esta póliza”.  Y tú, feliz, preguntas: “¿Dónde tengo que firmar?”. 
Luego hay tormentas y se hunde media casa. Llamas al Seguro, viene un señor, y le dices:
-Mire lo que me hizo la lluvia y lo que rompió el viento. Y él te enseña la letra pequeña del Contrato, y se sonríe:
-Esto no está cubierto.
-¿Por qué? -le dices tú preocupado.
-Lea, lea: “Sólo se repararán los daños ocasionados por vientos de más de cien kilómetros por hora y en días impares”. Y éste fue de ochenta y el día catorce.
-Pero es que tiró mi casa y la tengo asegurada. el viento me ha dejado sin vivienda.
-Y yo me quedé sin abuela. Adiós y a leer la letra pequeña antes de firmar.
-Yo creía, yo creía…
-Usted no creía nada, usted quería aprovecharse.
-Usted perdone, la próxima vez, no quiera Dios que la haya, leeré la letra menuda.
-Mucha incultura es lo que hay en España.
-No, si yo sé leer, pero esa letra, como no tenía a mano una lupa, no la leí.
-Pues leyendo que es gerundio.
-Sí, claro, tiene usted razón.

                                                                                 Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 17 de octubre de 2013

Insectos.


Insectos –fragmento-
   -Vamos a estudiar las cigarras, Roberto; apostémonos aquí y saca el catalejo. Estos insectos tampoco usan la voz para cantar, y son los mejores músicos del mundo entre los insectos.  
   Y con un verano es suficiente para descubrir que poseen unas placas en el tórax que al contraerse y relajarse producen su canto. Aprenden que hay unas mil quinientas especies de cigarras; que su canto se puede oír a quinientos metros de distancia, y que con el canto se comunican entre sí.
   Así, por ejemplo, que los machos le dicen a las hembras que están por sus huesos, y ellas les responden que de acuerdo, o que se vayan a otra parte con viento fresco. Como son casi infinitos los sonidos distintos que sacan con las placas del tórax, la naturaleza las ha provisto de un lenguaje casi tan perfecto como el humano.
   -¿Y cómo lo aprenderán siendo insectos?
   -Ah, ni ellas lo saben, pero es así. Que quiere decir que tiene hambre, canta de una manera; que quiere decirle a su pareja si la acompaña a dar un paseo, canta de otra. Como puede variar tanto el sonido… piensa que puede llegar a seiscientos los movimientos o frecuencia por segundo.
   -Hay una araña que te quiere atrapar y me parece que no con buenas intenciones. Y mueve sus placas a cien vibraciones por segundo y se lo ha dicho. Y la otra, que ha recibido el mensaje, corre que se las pela, habiéndole dicho antes: “Gracias, luego nos vemos”.
   -Es curioso el mundo de los insectos.
   -Luego estudiaremos los animales de la selva, Roberto, que ese mundo es tan extraño o más que el de los insectos.
   -Pero más peligroso, que en un descuido pueden acabar contigo y adiós experimentos, que no somos mofetas para ahuyentarlos como tú sabes.
   -O estudiamos los microbios. Ahora con los microscopios electrónicos, que te aumentan miles y miles de veces el tamaño, se puede conocer un infusorio como a una persona: cómo nace, cómo vive, cómo se reproduce y hasta cómo piensa.
   -Siendo tan pequeño un virus, ¿podrá relacionarse con otros virus?
   -Estudiaremos la forma que tienen de multiplicarse, que entran a saco en un cuerpo humano y lo liquidan igual que las pirañas.
   -¡Qué miedo!
   -Y lo peor es que actúan con total impunidad; como creen que nadie los ve, se piensan que el mundo es suyo.
   -Y pensamos que somos los únicos que existimos. Si pudiéramos llegar a un pacto con ellos…
   -A vigilar toca, que no nos tomen de aperitivo.
                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 16 de octubre de 2013

Déjate llevar.

  No te adelantes a los planes de Dios. Tú observa y espera, que en saber esperar está la sabiduría.
Cuántos no tienen paciencia, habiendo como hay una voz oculta que nos dirige. Hay un paso lento, pero seguro, que tenemos que seguir. Las mayores catástrofes ocurren cuando no nos ajustamos a esa voz que nos marca la  naturaleza humana.
Felices los que no se precipitan. “Déjate llevar”, sería la consigna más sabía para los apresurados. Hasta da gracias si no es lo que quieres aquello que te llega: Piensa que es lo mejor, que es lo que correspondía.


Francisco Tomás Ortuño. Murcia 

martes, 15 de octubre de 2013

La hormiga.

  Cuando supe que Alfonso X, llamado el Sabio, había dicho orgulloso: “Si Dios me hubiera consultado a mí sobre el orden del universo, le hubiera dado unas cuantas ideas”, me sonreí. ¿Qué le hubiera dicho el vanidoso rey a Dios que estaba mal? ¿El Sol?, ¿la Tierra?, ¿el Universo?
   Es algo así como la hormiga que se instalara sobre la piel de un elefante y pretendiera dirigirlo. Lo más sensato sería aceptar el movimiento del paquidermo y dejarse llevar. ¿En qué podemos alterar el mundo que nos lleva, don Alfonso?

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 14 de octubre de 2013

Salvador García Jiménez.

   ¿Cómo se llamaba este autor que inventó una máquina y retrocedió a los tiempos de Jesucristo? ¡Qué fácil le resultaría así seguir sus pasos y decir lo que quisiera! Con su máquina del tiempo inventaba otra vida de Jesús y decía que jugaba con sus hermanos o que tuvo una novia.
   Salvador con su libro me lo recuerda: A la Virgen de las Maravillas, que tanto se venera en Cehegín, la trasladan de un taller napolitano a España, y cuenta –la Virgen- lo que oye y ve en el camino. Luego la compran unos franciscanos y la llevan a Cehegín.
   La idea es buena para un escritor como Salvador García, que sabe expresar tan bellamente lo que dice, y que, al mismo tiempo, su loca fantasía aprovecha los recuerdos de su infancia con los frailes. Si no fueron todo lo buenos que él hubiera deseado, le pueden hacer decir a la imagen lo que él quiera que diga.
   Y ahí está el peligro de su obra. Supongamos que dice la Virgen que fray Gerundio de Campazas confiesa en voz alta que siente odio por el padre superior. Como el novelista puede decir lo que quiera, parece que es verdad lo que dice. Cuánta gente se fía de los medios: “¿Cómo va a ser mentira si lo dice la tele?”. Y en estos casos lo mismo: “Si lo dice la Virgen es que es verdad”.
   El mismo Cervantes, maestro de novelistas, escribía capítulos del Quijote con hechos reales vistos por él. ¿Qué fue si no el traslado de unos restos que viera don Miguel y luego llevara a su novela? ¿No se aprovecha de su huida de Argel con Zoraida para inventar historias que no existieron?
   No debe extrañarnos que Salvador García escriba la historia de la Virgen de las Maravillas a su modo, sin pensar que “alguien” pueda sentirse ofendidos. El que se crea capaz que coja papel y pluma y escriba otro libro con milagros de la Virgen, como hizo Berceo. Pero eso no está al alcance de cualquiera. Te felicito, Salvador. Sigue en esa línea, que sólo saben y pueden los verdaderos maestros de la pluma y del pensamiento.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

domingo, 13 de octubre de 2013

Golondrinas.


Murcia, las ocho otra vez, aquí de nuevo, oyendo las golondrinas que pasan cerca buscándose la vida con los insectos.
-Es su desayuno, Eustaquio, ¿o es que las golondrinas no desayunan?
-Pobres insectos, como otros Jonases en el vientre de la ballena.
-¿Te refieres al profeta Jonás, que fue devorado por una ballena y arrojado después?
-Al mismo; pero aquel volvió a la vida, como Jesús o como Lázaro; en cambio, estos insectos no lo cuentan luego. Es tan cruel la vida en el reino animal como en el de los hombres: los unos viven a costa de los otros.
-Y todo por comer, Raúl; ¡qué cambio si Dios nos hubiera hecho de otro modo!; solo con que se pasara de esa urgente necesidad de comer, la vida sería otra.
-¿Tú crees? Si no fuera por comer sería por otra cosa. ¿O es que el hombre solo vive para comer? Entonces, Eustaquio, sería por tener una casa más grande o un coche más caro. Somos así, comamos o no comamos.
-Pero las golondrinas pasarían de tragarse a los mosquitos que deambulan tranquilos por el aire.
-Inés, ¿damos un paseo matinal?
-No, Raúl, que hay golondrinas y miran con perversas intenciones.
-¿Cómo iba a ser lo mismo? O en la selva la leona:
-¡Salgamos de este lugar, amor, que huelo a cazadores furtivos!
-Es condición aquí en la Tierra la de matar por lo más nimio. Ya mató a los inocentes quien tú sabes por miedo a ser destronado…