Insectos –fragmento-
…
-Vamos a estudiar las cigarras, Roberto; apostémonos aquí y saca el catalejo. Estos insectos tampoco usan la voz para cantar, y son los mejores músicos del mundo entre los insectos.
Y con un verano es suficiente para descubrir que poseen unas placas en el tórax que al contraerse y relajarse producen su canto. Aprenden que hay unas mil quinientas especies de cigarras; que su canto se puede oír a quinientos metros de distancia, y que con el canto se comunican entre sí.
Así, por ejemplo, que los machos le dicen a las hembras que están por sus huesos, y ellas les responden que de acuerdo, o que se vayan a otra parte con viento fresco. Como son casi infinitos los sonidos distintos que sacan con las placas del tórax, la naturaleza las ha provisto de un lenguaje casi tan perfecto como el humano.
-¿Y cómo lo aprenderán siendo insectos?
-Ah, ni ellas lo saben, pero es así. Que quiere decir que tiene hambre, canta de una manera; que quiere decirle a su pareja si la acompaña a dar un paseo, canta de otra. Como puede variar tanto el sonido… piensa que puede llegar a seiscientos los movimientos o frecuencia por segundo.
-Hay una araña que te quiere atrapar y me parece que no con buenas intenciones. Y mueve sus placas a cien vibraciones por segundo y se lo ha dicho. Y la otra, que ha recibido el mensaje, corre que se las pela, habiéndole dicho antes: “Gracias, luego nos vemos”.
-Es curioso el mundo de los insectos.
-Luego estudiaremos los animales de la selva, Roberto, que ese mundo es tan extraño o más que el de los insectos.
-Pero más peligroso, que en un descuido pueden acabar contigo y adiós experimentos, que no somos mofetas para ahuyentarlos como tú sabes.
-O estudiamos los microbios. Ahora con los microscopios electrónicos, que te aumentan miles y miles de veces el tamaño, se puede conocer un infusorio como a una persona: cómo nace, cómo vive, cómo se reproduce y hasta cómo piensa.
-Siendo tan pequeño un virus, ¿podrá relacionarse con otros virus?
-Estudiaremos la forma que tienen de multiplicarse, que entran a saco en un cuerpo humano y lo liquidan igual que las pirañas.
-¡Qué miedo!
-Y lo peor es que actúan con total impunidad; como creen que nadie los ve, se piensan que el mundo es suyo.
-Y pensamos que somos los únicos que existimos. Si pudiéramos llegar a un pacto con ellos…
-A vigilar toca, que no nos tomen de aperitivo.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia
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