domingo, 13 de octubre de 2013

Golondrinas.


Murcia, las ocho otra vez, aquí de nuevo, oyendo las golondrinas que pasan cerca buscándose la vida con los insectos.
-Es su desayuno, Eustaquio, ¿o es que las golondrinas no desayunan?
-Pobres insectos, como otros Jonases en el vientre de la ballena.
-¿Te refieres al profeta Jonás, que fue devorado por una ballena y arrojado después?
-Al mismo; pero aquel volvió a la vida, como Jesús o como Lázaro; en cambio, estos insectos no lo cuentan luego. Es tan cruel la vida en el reino animal como en el de los hombres: los unos viven a costa de los otros.
-Y todo por comer, Raúl; ¡qué cambio si Dios nos hubiera hecho de otro modo!; solo con que se pasara de esa urgente necesidad de comer, la vida sería otra.
-¿Tú crees? Si no fuera por comer sería por otra cosa. ¿O es que el hombre solo vive para comer? Entonces, Eustaquio, sería por tener una casa más grande o un coche más caro. Somos así, comamos o no comamos.
-Pero las golondrinas pasarían de tragarse a los mosquitos que deambulan tranquilos por el aire.
-Inés, ¿damos un paseo matinal?
-No, Raúl, que hay golondrinas y miran con perversas intenciones.
-¿Cómo iba a ser lo mismo? O en la selva la leona:
-¡Salgamos de este lugar, amor, que huelo a cazadores furtivos!
-Es condición aquí en la Tierra la de matar por lo más nimio. Ya mató a los inocentes quien tú sabes por miedo a ser destronado…

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