miércoles, 10 de octubre de 2012

De pequeño, dormí una noche casa de Perico.

Litesofía, 17 septbre. 12
Fragmento

De pequeño, dormí una noche casa de Perico, mi mejor amigo entonces.
No sé por qué sus padres lo dejaron solo, y quisieron que yo lo
acompañara. Esa noche no la he olvidado, con el misterio de sus luces
encendidas, y el simple hecho de estar solos dos niños en una casa tan
grande.

En la habitación de los padres, en la mesita de noche, había un
paquete de cigarros. Eran cigarros “Ideales”, de papel amarillo.
Nosotros que los vimos nos pusimos a fumar. Fue algo instantáneo.
Encendimos y tragamos humo, tosimos y casi nos ahogamos.

Perico iba al campo con sus padres. Tenía una mula torda que tiraba de
un carro con toldo azul. Los sábados, cuando volvía, yo le ayudaba a
entrar los arreos a su casa. Y sobre todo, la mula a la cuadra. Cómo
me gustaba verla beber agua en un cubo y tocarla hasta donde alcanzaba
con mis manos. Era mansa y me miraba con sus ojos grandes como si me
conociera. Su padre preparaba un pienso y lo echaba en el pesebre.
Recuerdo el olor de la cuadra como si lo llevara encima, como el ruido
que hacía el animal cuando comía.

Pepa, la madre de mi amigo, era grande, pechugona, sus piernas más
bien finas y excesivamente largas. Algunas veces jugábamos a las bolas
en el patio de su casa. Si perdía su hijo, jugaba ella hasta que nos
ganaba las bolas que había perdido. Luego nos mojaba una rebanada de
pan con vino y decía: “Salid a la puerta a comeros la merienda”.

Un día Perico se cayó de una mesa y se rompió el brazo derecho, casi a
la altura del codo. Su madre lo llevó a Turpín, un carnicero, a que lo
curara. Le puso unas tablillas tan fuerte que le dejaron una señal
para toda la vida. El médico luego le dijo a la madre: “Señora, cuando
a mí se me rompen los zapatos, voy a un zapatero”. Estuvo tiempo
levantando pesas y haciendo ejercicios; escribía con la mano
izquierda. Cuando la mano vino a lo suyo era ambidiestro.

1 comentario:

  1. Puede que si de pequeño coges un cigarrillo por travesura y das una calada, y tragas el humo y sientes que te ahogas... puede que no vuelvas a fumar en tu vida.

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