miércoles, 10 de octubre de 2012

Cuando creyeron que haciendo tres escuelas...


Litesofía, 10 oct. 12
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Cuando creyeron que haciendo tres escuelas de otras tres próximas, y
poniendo en una a los mayores, en otra a los medianos y en la tercera
a los más pequeños, se había dado con la solución al problema de la
enseñanza, empezó el trajín.

Tuvo que ser un listo el que pensara: “¡Eureka!, ya está, ¿cómo no se
ha visto antes?”. Y todo fue rodar la bola y hacerse grande, cada vez
mayor, hasta llegar a lo que hoy tenemos.

Primero fue separar a los niños por edades; después por conocimientos;
luego por su inteligencia. Ya estaba la escuela convencional rota.
“No, escuelas no, Colegios grandes con muchas aulas”. Ya estaba la
solución definitiva.

Muchas aulas y muchos maestros. “Aquí los niños de cuatro años, aquí
los de cinco, los de seis, los de siete…”. Tampoco. “Vamos a poner
aquí los de nivel mental medio, aquí los que no dan la talla, aquí los
listos…”. Ya está.

Pero ¿qué pasa que no funciona tampoco? Que pronto se rompe la
igualdad lograda. “No, señores”, habla otro listo, “la escuela debe
ser con muchos controles y zapatazo a quien no consiga superar las
pruebas.

Ya está: Promociones. Esa es la palabra. Hay que promocionar sólo a
los que superen los controles y las pruebas. A los demás se condena a
repetir un año por torpes. Y los sabios, alrededor de una mesa, con
humeantes cafés y puros descomunales, piensan en su contribución a la
ciencia.

Los niños, mientras, ajenos a lo que se cocía, iban de aquí para allá,
cargados de libros, abrumados con tantos deberes, sin comprender del
todo a qué iban a la escuela ni qué significado tenía lo que oían en
sus casas sobre enseñanza, deberes, evaluaciones, promociones,
repeticiones y gaitas.

Los padres no saben bien su papel de padres en el colegio. Forman
parte del tinglado confuso y complejo que tenemos. Como sus hijos, no
saben qué hacer ni a dónde acudir. A veces se pasan y a veces no
llegan. Exigen sin saber qué y no piden cuando deben pedir.

Todo un triste caos escolar. ¿Qué entienden ellos de un Consejo
escolar, de una Junta Económica, de una programación? Y opinan y
discuten, cuando debían agruparse alrededor de los maestros de sus
hijos, alentarlos y defenderlos.

1 comentario:

  1. Pero a pesar de todo, la escuela, el instituto, funciona, porque los profesores, los padres, las instituciones, están empeñados en que funcione.

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