miércoles, 8 de enero de 2014

Cambios.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 Enero 2.014
Cambios
            En las personas ocurre como en los atardeceres: no vemos el cambio de la luz a la oscuridad. Pero si nos encerramos en una habitación a media tarde y salimos unas horas después, apreciamos la diferencia. En las personas sucede lo mismo: Los años dejan huella de su paso por nosotros, nos guste o no nos guste.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 7 de enero de 2014

Premios.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 enero 2.014
Premios
            ¿Premio o castigo? ¿Autoritarismo o tolerancia? Difícil decidir cuál es el mejor sistema de gobierno. Unas veces parece mejor uno, luego se piensa en el opuesto.
            ¿No será que en un Estado maduro se deba utilizar el diálogo y en otro más inmaduro, se deba utilizar la fuerza?

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

sábado, 21 de diciembre de 2013

Diferencias.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 diciembre 2.013, sábado, Sta. Yolanda
Diferencias
Entre los pueblos sigue habiendo diferencias. Hay religiones y lenguas diversas para pensar en una gran familia, en la familia humana.
Bien es verdad que hay rasgos comunes que los agrupa, que los distingue del resto, pero hablar del género humano como de una gran familia sigue siendo una utopía.

                                                                     Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 20 de diciembre de 2013

Optimismo.

Litesofía entre literatura y filosofía-, 20 diciembre 2.013
Optimismo
Está en nosotros cambiar el signo de las cosas? ¿Podemos hacer que lo feo sea hermoso; lo desagradable, agradable; lo violento, apacible? Estoy pensando como James y Sergi, toda una teoría psicológica; como Copérnico con los astros, o como Kant con el pensamiento. James pensó que podemos sentir como deseamos, como queremos. Yo pienso como él.
      Hay que llenarse de alegría. Ese es el secreto. Se lo inyectaría a mis nietos, a los amigos, a todo el mundo. Hay que llenarse de alegría. Es el caso de los optimistas, que todo lo ven de color de rosa: “Hoy tengo para mi un día nuevo; presiento que será hermoso, alegre; no podrá ser de otra forma”.
“Saldré de casa rebosante de felicidad, saludaré eufórico a cuantos vea, querré a cuantos me tropiece, sentiré alegría de respirar aire fresco, empezaré mi trabajo orgulloso. Seguro que el día será redondo para mí”.
Hay que llenarse de alegría, de ideas felices,, de momentos de triunfo para sentirse bien. El mundo y la vida es de los que piensan así. Yo quisiera encontrar la frase que  solo al enunciarla me cambiara, que solo al pronunciarla me llenara de contento.
Hay que buscar esa frase, ese talismán que nos transforme. Puede ser, por ejemplo: "Soy plenamente feliz". Puede ser otra parecida. Cuando la encuentres,  repítela, ámala. Toda tu persona sentirá sus efectos y todo tú irás cambiando a lo que ella dice.    

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 19 de diciembre de 2013

El hombre.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 diciembre 2.013
El hombre
Durante milenios, la Tierra vivió tranquila, en una serenidad cósmica absoluta.  Siglos de calma, de sincronización total. Un día apareció la vida. Hubo un ligero sobresalto, para mirar algo desacostumbrado. Fue como levantar las orejas el perro ante el ruido impreciso de unas hojas.
Pero pronto, la vida vegetal se acopló a la Naturaleza. Formó parte de ella como invitado agradecido. Todo siguió igual. Diría que hasta la Tierra se alegró. Fue el adorno que faltaba de unas flores a la casa, de unos árboles y prados verdes, para asombro de otros astros, grises y pardos, de color tierra.
Y luego, tras siglos y milenios sucesivos, la Naturaleza tuvo otro desliz. ¿Cómo fue? Nadie se lo explica, pero el animal se vio en la Tierra. La aparición de esta clase de vida fue sin duda el hecho más trascendente de millones de años. El Planeta se sobresaltó de nuevo. Frunció otra vez el entrecejo. Cuando vio que se movía libremente, por si, lo miró con curiosidad.  
La nueva vida se reprodujo, respetando lo que encontrara. La Naturaleza volvió a cerrar los ojos. Criaturas extrañas, al fin, pero que no le hacían daño. Seres raros que permitían dormir como antes. Hasta llegó el Planeta, en sus descansos de sueño, a sentirse agradecida, más segura y acompañada, por estos nuevos inquilinos.
Flores y animales divertidos. Colores y juegos de circo. La casa se adornaba y crecía caprichosamente en tierra firme, por aire y por mar. Legión de seres se multiplicaban a placer. Y el mundo seguía sin más complicaciones. No sabía que su único enemigo, el hombre, estaba a punto de nacer.

                                                                                    Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pensando.

Pensando
Estoy pensando en las parejas de hoy, Saturio. Dos se casan y tienen hijos. Con las mismas, se descasan y los hijos se reparten: “Estos para ti y este, que pesa más, para mí”. El padre descasado vuelve a casarse con madre descasada. La pareja emparejada tiene más hijos, y hasta el hijo del primer matrimonio, en las horas de trabajo de los padres, tiene un hijo con la hija de la segunda esposa. Si queda juventud, aún puede complicarse más la mescolanza familiar y se vuelve a los tiempos en que el fin primordial del matrimonio era la procreación indiscriminada.
Sigo pensando: “¿Qué relación hay entre los hijos de un padre con los de madres distintas? ¿Cómo debe llamarse a los hijos que nacen de varios padres? ¿Y si el hijo de su padre tuviera un hijo con la madre que entró a su casa para ocupar el puesto de la madre separada?
No me aclaro con este embrollo, barullo, enredo o jerigonza, Saturio. Con lo fácil que era antes, o después de los primeros tiempos paradisíacos. Quiero decir cuando dos se casaban para siempre y los hijos eran ni más ni menos que hermanos.
-Son los tiempos nuevos, Petronio. En la medicina, los primeros médicos eran “generales”: médicos para todo. Luego se fueron separando: del corazón, del hígado, de los huesos… En la enseñanza, lo mismo: de ser “maestros de niños” se pasó a ser de parvulitos unos, otros de primaria y otros de secundaria. Y en la abogacía, de resolver cualquier asunto se pasó a distinguir el tipo de problema, el género o la especie.
-Una de estas clases a resolver por los letrados fue la de uniones y desuniones en las parejas, y me temo que no de las más fáciles de resolver. Cada caso es más peliagudo que el anterior. ¿A quién dar la razón? ¿Cómo apaciguar los ánimos de fieras que quieren devorarse? Estos abogados, que se llaman matrimonialistas, se enfrentan a casos sin  solución.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 17 de diciembre de 2013

Belenes.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 diciembre 2.013, martes.

Fragmento

Murcia, las doce. Amanece el día nublado; algo fresco el ambiente. Diría, con Ramón, en una greguería, que se levanta puesto de sombrero.
Mamá, indiferente al tiempo, coloca las figuras del Belén. Luego, en enero, las quitará de nuevo para guardarlas hasta el año que viene. ¡Cómo goza mamá haciendo su Belén! Ayer lo empezó con sus nietos Alba, Miguel Ángel, Sofía y Fran; hoy lo termina sola. La afición belenística con mamá está asegurada en la familia.

En el Palacio Episcopal, situado como sabes, en la Plaza del Cardenal Belluga, ya han montado el Belén, como otros años, para que niños y mayores pasen a verlo. Yo estuve ayer, y la cola de papás con sus hijos era interminable, para ver la Cueva y el Niño, La Virgen y San José, los Reyes en sus camellos, el Ángel, la Estrella, el buey y la mula, los pastores con el ganado…

Cuando estuve de Maestro en Jumilla, donde antes fuera de niño con don Ángel, hicimos un belén original. En una zona del aula, detrás de la escalera, pusimos tierra en el suelo. Y sobre la tierra, figuras que los niños llevaron de sus casas: mulas, reyes, camellos y un Nacimiento. Cada niño señalaba la suya y decía: “¡Esa es mía!”.  Con lo que yo les contara, era suficiente para llevar a nuestra Escuela el ambiente navideño que correspondía.

Seguro que aquellos niños, hoy mayores y hasta abuelos, lo recuerdan. “¡Dios se hizo hombre y nació en un pueblecito llamado Belén!”. Figuras desparramadas y bancales con hortalizas. Era para los niños que lo hicieron el belén más fascinante y maravilloso que existiera. Pasados muchos años, saludé a uno de aquellos niños y le dije: “¿Te acuerdas de nuestra Escuela?”. Y enseguida me dijo: “¿Se acuerda del Belén que hicimos?”.
¡Qué imaginación la de los niños!  De una casita de cartón hacen un castillo; de una cueva un palacio.  Sé que mis hijos y mis nietos se acordarán siempre de los belenes que la abuela les hacía cada año con las figuras que guarda en cajas tan primorosamente.
¿No somos nosotros también…
Francisco Tomás Ortuño, Murcia