jueves, 12 de diciembre de 2013

Miedos.

Miedos
            Marañón hablaba de un miedo cósmico. El hombre siente miedo al vacío y necesita compañía para sentirse protegido. Esta tranquilidad no se la proporciona el vecino que pasa y no mira; tampoco muchas personas que lo desconocen. El espíritu detecta cuándo está acompañado y cuándo no lo está.  
Se habla de soledad en compañía. Se puede estar solo entre miles de personas, y se puede estar acompañado con un buen amigo. Un vecino bueno vale más, en este sentido, que cien parientes lejanos. La compañía es necesaria para sentirse bien, para no tener ese miedo del que hablaba Marañón.  
La muerte de los padres es algo más que perder a personas queridas. Es perder un apoyo que nos sostiene. Si se es niño, la pérdida puede ser mortal. Nadie puede llenar su vacío ni con las más íntimas de las uniones. Su alma siente  miedo. Un miedo trascendente sin aparente justificación.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Destino.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 11 diciembre 2.013

Destino

¿Quién prepara mi camino? ¿Quién dirige mis pasos? ¿Mi Razón, Dios, el Destino? No lo sé; pero es indudable que “Alguien”, “Algo”, dispone las cosas para que sucedan, para que sobrevengan. Yo, luego, me asombro de que hayan ocurrido, y casi vislumbro a ese personaje misterioso que va delante preparando mi futuro.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 10 de diciembre de 2013

Una copa.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 diciembre 2.013
Una copa
Encima del armario hay una copa. Me la concedieron en un Certamen de Poesía. La copa irá dando tumbos con el tiempo, porque no es un papel que pueda perderse entre las hojas de un libro.
-“Esta copa la ganó el papá en un Concurso”, dirá uno de mis hijos. “¿Quién se la lleva? ¿La rifamos?”.  E irá a parar a la casa de uno de ellos.
-“Esta copa la ganó tu abuelo en un Concurso de Poesía”, dirán luego a mis nietos. Y la copa se irá arrinconando en el cuarto de cosas inservibles.
“¿De dónde saldría “esto”, que parece un frutero?”. Y con la chatarra irá al pudridero común de la localidad, a perderse en el reino del olvido, destino fatal de las cosas de este mundo.

                                                                                    Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 9 de diciembre de 2013

Absurdo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 diciembre 2.013, día festivo sin serlo, lunes disfrazado de domingo.
Absurdo
“Hemos de aprovechar lo que tenemos, hasta lo más pequeño, y no pensar tanto en lo que deseamos tener”, pensé. Luego leí en una Revista: “¡Cuántas veces la felicidad se encuentra en lo más próximo, en lo que tenemos y no en los grandes sueños de riqueza, de gloria o de fama”. Venía a decir lo mismo: el hombre que se siente satisfecho con lo que tiene es feliz. Es absurdo buscar uno mismo su  desequilibrio vital con deseos que producen desorden interior e infelicidad.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 8 de diciembre de 2013

Serpas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 diciembre 2.013
Serpas
Acabo de leer un libro sobre el origen de la aviación. Me imagino cuánto gozarían los hermanos Wright –Wilbur y Orbille- con su Flyer haciendo pruebas en solitario; era la ilusión de sus vidas desde que arreglaban bicicletas  en un modesto taller de Dayton.
He leído la historia de un Serpa –cargadores en las expediciones al Himalaya- que soñó con llegar antes que nadie a la cima del Everest. Es asombroso ver cómo, tras varias tentativas, lo consigue.
Se trata de Tenzing, montañero de Nepal, que acompañó a suizos e ingleses para terminar él y su inseparable amigo Hillary con la gloria de la conquista del techo del mundo (29 de mayo de 1953). “Hillary sacó su cámara fotográfica, yo desaté las cuatro banderas que llevaba; y Hillary me tomó una fotografía. Le hice señas de que yo tomaría la suya, pero él, por razones que ignoro, me dijo que no con la cabeza. Lo que más sentí cuando nos aprestábamos a descender fue la gran presencia de Dios. Le di las gracias”.
Los hermanos Wright soñaron con volar y lo lograron; los amigos Tenzing-Hillary quisieron con ilusión alcanzar su meta y lo consiguieron. Y es que el misterioso sueño que nos mueve a cada uno señala caminos de dicha si vamos por él y terrenos de tristeza si lo dejamos.
El tema de las vocaciones es el tema de los sueños. Hay que respetar inclinaciones naturales: Hay que dejar obrar a la maestra naturaleza.

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia  

sábado, 7 de diciembre de 2013

¡Hay que hablar!

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 diciembre 2.013
¡Hay que hablar!
-En la Obra ocupan bien el tiempo; han visto que hay muchos minutos en un día.
-Mil cuatrocientos cuarenta, ni uno más ni uno menos.
-¡Menudo arsenal! Repartiéndolos bien, sacan para leer, para rezar, para trabajar, para dormir, para todo. A otros se les escapa por entre las manos.
-Más de mil cada día y les falta tiempo… ¡Son listos estos “obreros”.
-Es bueno que las cosas se digan, Jenaro. Hasta Jesús dijo a sus discípulos: “Id a predicar por todo el mundo”, que era como decir: “Id por los pueblos diciendo lo que habéis visto: Anda por encima de las aguas, cura a los enfermos, multiplica los panes y los peces, resucita a los muertos…”. ¿Tú crees que si los que vieron estas cosas se hubieran callado, nosotros las sabríamos? Hay que hablar. Si San Josemaría hizo el milagro de multiplicar el tiempo para que un día diera para tanto, hay que decirlo. “No tengo tiempo”, se oye. ¡Sí lo tienen, Jenaro! ¡Que hagan lo que hizo el Fundador!
-¿Qué hizo el Fundador?
-Un horario; simplemente un horario. O mejor, un minutario: “Me levanto a las siete; de siete a siete y cuarto, desayuno; de siete y cuarto a siete y media, lectura; de siete y media a ocho…”. Verías cuántas cosas te salen.
-Voy a probar desde mañana.
-Prueba y verás, que resulta hasta divertido. Muy cómodo decir: “No tengo tiempo”, cuando lo tienes de sobra. Hay que gritar por el mundo la doctrina para que se conozca. ¿Tú crees que si los amigos del Maestro no dicen lo que vieron hubiera llegado a nosotros el milagro de la resurrección de Lázaro, o la suya propia, que fue la madre de nuestra fe?
-¿La madre de nuestra fe?
-Sí, Jenaro, que el Señor quiso dejar para el final el milagro de los milagros: su Resurrección y Ascensión a los Cielos, lo que no dejaba duda de su paso por la Tierra y al mismo tiempo de que era Hijo de Dios. Si luego los que le acompañaban se hubieran callado, ¿quién lo hubiera sabido? Hay que hablar, hay que pregonar lo que queremos que se sepa. Si San Josemaría dijo que el hombre podía ser santo donde trabajara, que había tiempo para rezar cuando otros no lo encontraban, y dijo cómo hacerlo, habrá que decirlo.
-¿Y quién fue San Josemaría?
-Un sacerdote como fueron los apóstoles. Este sacerdote dejó su pensamiento escrito en libros por si luego alguien decía que nunca había dicho tal cosa. Ató bien los cabos. Con todo, nos dejó la misión de comunicar su pensamiento a los que vinieran después, de llevar su evangelio a todas partes. Así, pues, hay que hablar, Jenaro, hay que contar la verdad.
Francisco Tomás Ortuño,  Murcia  

Murmurar.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 diciembre 2.013, viernes
Murmurar
Baltasara –nombre ficticio- habla mucho; demasiado quizás. Las personas deben cuidar en extremo lo que dicen, que las palabras pueden hacer daño. Son nuestros pensamientos y sentimientos los que afloran en el lenguaje, y debemos mirar mucho si conviene airearlos.
 Callar es siempre una virtud. Hablar más de lo debido, necedad. Baltasara dijo cosas que rayaban en la calumnia: que si esta chica pasaba las horas en la discoteca; que si fulano se divorció dos veces; que si…
La murmuración es siempre odiosa: revela podredumbre interior. La calumnia es peor aún. Murmurar es exponer a los demás defectos de nuestros semejantes; calumniar es inventarlos, decir falsedades de ellos.
Baltasara debiera callar lo que reparte como semilla lanzada al aire. Lo cristiano es buscar remedio en secreto; no divulgarlo como vulgar pregonero.
Es canallesco y ruin hablar de esta guisa de nadie; como ruin y canallesco escucharlo sin rebelarse. Lo correcto ante la maledicencia sería protestar: “¡No sigas, por favor, que estás murmurando!”.
Cuánta irresponsabilidad en los comentarios de corrillos. “¿Te has enterado…?”. “¿No sabes que…?”. Hay que obrar con amor, amiga Baltasara,   sin que nadie se entere, no destruir sin piedad con ropas de comentario.
MURMURACIÓN

Tiré una piedra al azar
Sin saber dónde tiraba,
Y a un pájaro que pasaba
La piedra vino a matar.
Lo mismo suele pasar
A los que van murmurando,
Que por doquier van tirando
con la mejor intención,
sus buenas piedras que son
mortales de cuando en cuando.


                                                                       Francisco Tomás Ortuño,  Murcia