sábado, 7 de diciembre de 2013

Murmurar.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 diciembre 2.013, viernes
Murmurar
Baltasara –nombre ficticio- habla mucho; demasiado quizás. Las personas deben cuidar en extremo lo que dicen, que las palabras pueden hacer daño. Son nuestros pensamientos y sentimientos los que afloran en el lenguaje, y debemos mirar mucho si conviene airearlos.
 Callar es siempre una virtud. Hablar más de lo debido, necedad. Baltasara dijo cosas que rayaban en la calumnia: que si esta chica pasaba las horas en la discoteca; que si fulano se divorció dos veces; que si…
La murmuración es siempre odiosa: revela podredumbre interior. La calumnia es peor aún. Murmurar es exponer a los demás defectos de nuestros semejantes; calumniar es inventarlos, decir falsedades de ellos.
Baltasara debiera callar lo que reparte como semilla lanzada al aire. Lo cristiano es buscar remedio en secreto; no divulgarlo como vulgar pregonero.
Es canallesco y ruin hablar de esta guisa de nadie; como ruin y canallesco escucharlo sin rebelarse. Lo correcto ante la maledicencia sería protestar: “¡No sigas, por favor, que estás murmurando!”.
Cuánta irresponsabilidad en los comentarios de corrillos. “¿Te has enterado…?”. “¿No sabes que…?”. Hay que obrar con amor, amiga Baltasara,   sin que nadie se entere, no destruir sin piedad con ropas de comentario.
MURMURACIÓN

Tiré una piedra al azar
Sin saber dónde tiraba,
Y a un pájaro que pasaba
La piedra vino a matar.
Lo mismo suele pasar
A los que van murmurando,
Que por doquier van tirando
con la mejor intención,
sus buenas piedras que son
mortales de cuando en cuando.


                                                                       Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

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