martes, 29 de octubre de 2013

El factor suerte.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 29 Octubre 2.013
Fragmento
-Suena el teléfono. Ana, desde Valencia, dice que vendrá el viernes con sus hijas.
-¿A haceros una visita?
-Sí y no: van de paso. Las niñas tienen que competir en Elche el sábado y Murcia les hace de trampolín.
-¿En qué competiciones andan metidas?
-Hacen gimnasia rítmica. Lina es ya medalla de oro y Raquel de plata.
-¡Qué contentos estarán sus padres!
-Además estudian música y hablan inglés.
-De tal palo tal astilla, que el ejemplo vale mucho.
-Tú lo has dicho: la herencia y el ambiente hacen milagros en educación. Luego… a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.
-¿Qué quieres decir?
-Que está el factor suerte, que no sabes cómo llega, por dónde ni en qué medida, y te apoya o te impide seguir en tu camino.
-¡Qué verdad es lo que acabas de decir! Ese factor suerte obra en nosotros más de lo que creemos. Personas que pueden hacer y luego algo se lo impide. Personas que no pueden ni soñar con algo y las circunstancias le hacen que lo consiga.
-No son los méritos, es el hado misterioso que permite alcanzar lo inalcanzable o no conseguir lo que estaba al alcance de la mano. “¿Cómo ha sido posible?”, decimos luego, y casi nos asustamos de que haya ocurrido. Una serie de factores se han conjurado para dar un resultado que no se esperaba o para impedir lo que estaba tan cerca.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 28 de octubre de 2013

Lotería.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 Octubre 2.013

-Murcia, lunes, día espléndido por donde lo mires. ¿Pensarán lo mismo algunos andaluces que yo me sé? La jueza Aido tiene la vista puesta en los negocios turbios que se cocieron por estas tierras durante años, y no deja de imputar a gentes que amasaron grandes fortunas.

Con este introito o prefacio, me pregunto: “¿Vale la pena ser rico robando?”. El amante de lo ajeno sufre dos males a la vez: La conciencia no lo deja reposar, sabiendo que ha despojado a otros de lo que les pertenecía, y, quizás, con el expolio ha dejado a una familia en la pobreza más severa. Y, por otro lado, ¿podrá dormir en paz sabiendo que la Justicia lo busca? Será un sinvivir, una tensión constante, pensar que lo puedan coger en cualquier momento y en cualquier lugar. Vale más ser pobre sin miedos ni temores, que  rico de otra forma.

¿Y si te toca la Lotería, Aurelio?

-Pienso que tampoco: Te pueden raptar a un hijo, te puedes dar al juego y a la bebida… Yo en su día escribí un Cuento sobre este tema, que titulé: “El cuponazo”, A una familia humilde, trabajadora, feliz en su escasez, la Lotería los cambió a peor: al padre le dio por jugar en los casinos; la madre, con amistades nuevas, conoció ambientes comprometidos; el hijo cayó en la droga. Un desastre.

Hasta que al borde de peligrar la nave, el padre tuvo una revelación, y en un arrebato valiente, reunió a la familia para decirle: “¡Ha sido nuestra perdición!; vivíamos felices y el premio nos quitó la dicha que  teníamos. Voy a dar el dinero del premio a la Iglesia para que lo reparta a los pobres”.

Otro caso, este real, fue el de un amigo de mis hijos. La Primitiva dejó a sus padres muchos millones de pesetas, que repartieron entre los hijos. Julio, que así se llamaba nuestro joven. aficionado a los deportes, se puso en manos de un socio para abrir un macroclub donde aprendieran a manejar la moto, la bicicleta y otros medios competitivos. En menos de un año se vio involucrado en juicios con su socio, con bancos y con abogados.

Como no sabía desenvolverse en estos ambientes, sin saber cómo, se encontró tan apurado que a punto estuvo de acabar en la cárcel, y sin un duro.. Nos confesó un día a mi familia que el premio fue para él una experiencia triste y amarga que no quisiera repetir.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 27 de octubre de 2013

Manolo Escobar. Presos etarras.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 Octubre 2.013

            Manolo Escobar
La noticia se dio ayer por todos los medios: el cantante Manolo Escobar había muerto. El pobre se pasó la vida buscando un carro, que le robaron, y murió sin encontrarlo. “¿Dónde estará mi carro?”. “¿Dónde estará mi carro?”.
San Pedro lo recibió riendo en el Cielo:
-Descansa ya, Manolo, y deja de buscar el carro que perdiste. Te lo guardaba yo aquí para que siguieras cantando, que he sido un forofo de la copla.
-¡Hombre de Dios!, ¿qué me cuentas? ¿Cómo lo iba a encontrar? Si quieres, amado Pedro, como tiempo no nos va a faltar, luego te canto por las noches canciones mías como si fueran serenatas.
-Nos llevaremos a Santa Eduvigis, que es otra admiradora tuya.
-¿Y si el Jefe nos regaña?
-Hará la vista gorda, Manolo, que cuando pasaba y veía tu carro en la puerta esperando que vinieras, me guiñaba un ojo.


De “Mis diálogos con Benedicto XVI”

Presos etarras
            -¿Cómo ve usted, don Benedicto, el problema de la excarcelación de los presos etarras?
-Tema espinoso el que me planteas, Francisco; peliagudo, embarazoso, comprometido. No quería llegar a él, pero ya que me preguntas, te diré que los etarras son hermanos nuestros.
-Pero que han matado, don Benedicto.
            -Siguen siendo hermanos nuestros.
            -¿No apoya usted a las víctimas del terrorismo? Sabrá que para el domingo se prepara una manifestación de protesta por la liberación de algunos prisioneros.
            -Sí, lo sé, y me duelen estos actos, que nadie en su sano juicio mata a un hermano. Cuando alguien mata, Francisco, es que está loco; y como desequilibrado, más que a la cárcel debía de ir a un sanatorio o a un centro de salud. Ya te lo dije en otra ocasión: “No hay malvados, hay enfermos”.
            -Entonces, ¿ve bien que salgan de la cárcel estos presos que mataron, santidad?
            -No veo bien que mataran, Francisco, ni que sigan encarcelados.
-¿Qué decidan los jueces?
-Los jueces, pobres, no saben qué aplicar: si justicia, según la Constitución, u obediencia a los que gobiernan. Es un caos nuestro sistema judicial, Francisco: no es culpable por aplicar la Ley, ni deja de serlo por aplicarla mal.
-Sea más explícito, don Benedicto, por favor.
-No olvides que soy Papa hasta que muera. Y siendo Jesucristo en la Tierra, no puedo ser partidario de la Ley del Talión.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Memorias.


José Federico de Carvajal fue Presidente del Senado cuando Franco acababa de morir. Ha escrito sus Memorias a los ochenta años, y Planeta se las quiere publicar. Que eso de las Memorias se vende mucho. 
Como otros que fueron en la vida pública –políticos, artistas de cine, de la canción, toreros, futbolistas…-, no se resigna a quedar callado en casa, y dice: “Allá van mis Memorias: voy a contar quién fui”. 
Este Carvajal, que fue Presidente del Senado cuando ganaron los socialistas con Felipe González, confiesa que no quiso estudiar; que le producía náuseas oír la palabra escuela; si lo obligaban, saltaba por la ventana o se hacía el muerto para no ir. Y luego, por dos gritos dados a tiempo, ocupó puestos de responsabilidad.
Cuando he leído sus confesiones he pensado otra vez que los políticos son un grupo social aparte: No pueden ser políticos y otra cosa, como el médico, el abogado o el  maestro. Tiene perfiles claros, precisos, desde siempre  y allá donde se encuentre.
En las personas hay dos vidas independientes, ajenas entre sí. Cada una es un mundo, a veces antagónico,  que vive en la misma persona, pero se rige con otras leyes. Creo que están por estudiarse mejor estos campos que conviven en nosotros.
                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

viernes, 25 de octubre de 2013

Huelga.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 25 Octubre 2.013

-Ayer fue en España un día de huelgas, Manolo.
-¿Y qué pedían los huelguistas?
-Los estudiantes protestan por la llamada Ley Wert.
-¿Tan mala es esa Ley, Julián? ¿Qué les hace protestar de esa manera?
-Que les iba bien hacer carreras sin estudiar y ahora se les pide estudiar para hacer carreras.
-Normal que se les haga hincar los codos, como se dice vulgarmente, para aprobar, y no que pasen de Curso sin ir a Clase.
-No es otra cosa, Manolo. Hacía falta que un Ministro se atara los machos y saliera a la palestra, como otro don Quijote, a decir: “¡Basta, hasta aquí hemos llegado!”, y les cantara las cuarenta con una Ley que exige estudiar o irse a buscar otro trabajo, tan digno siempre como el primero. ¿Y a usted, qué le parece, don Benedicto?
-Que el Ministro debe seguir adelante, a pesar de las huelgas.
-Es que hay Política de por medio, don Benedicto.
-Efectivamente: los que más ruido hacen son los que quieren cambiar el Gobierno. Para ellos esta Ley es solo un pretexto. Los que no hacen ruido están en sus casas y son mayoría.



          Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 24 de octubre de 2013

Recuerdos de Pamplona.

Recuerdos de Pamplona    -A mi hija-
   Si no supiera que estoy aquí, por los ruidos que me llegan de la calle y el sol que cruza la ventana, diría que sigo en Murcia. Dije que íba a sentir dejar esta ciudad y creo que será así. Esta comodidad no tiene parangón. Vaya por delante que en Murcia diría lo mismo. Y en Jumilla, y en Valencia, y en Alicante. Ergo, deduzco que la paz se lleva dentro, va con uno.
        He pensado en los políticos que viajan a diario. Donde vayan, tendrán habitaciones como ésta, incluso mejores, pero esta paz que yo siento no irá con ellos con ansiedades, con miedos, con dudas por resolver.
Yo diría que es feliz el que se adapta a lo que tiene, según naturaleza. Dos personas pueden tener lo mismo y una ser feliz y la otra desgraciada.                                              
Una campana llama a Misa. Su sonido es parecido al que oigo en Murcia. No quiero levantar la vista por si viera enfrente la torre de San Antolín. Ayer fuimos a una capilla de la Clínica de Navarra. Como hay tantos enfermos y tantos familiares de los mismos, el cupo de fieles para celebrar la Eucaristía está asegurado siempre.
Ofició un sacerdote filipino, acompañado de acólitos negros. Los miembros de la Obra tienen en su comportamiento un sello especial, un señorío que se palpa. Si todo el mundo fuera de la Obra, la Tierra sería una casa señorial, como un palacio. Me fijé un día en los frailes de Santa Ana y pensé que si el mundo fuera  franciscano no habría pobres, porque se conformarían con poco. Con los miembros de la Obra pienso que serían nobles hasta en la pobreza.
   San Francisco y San Josemaría, fundadores de ambas congregaciones, paseando por el cielo se dirán: “Yo quise que se amaran en la penuria. que fueran novios de la pobreza”. Y San Josemaría diría al de Asís: “Yo pensé más en la grandiosidad; el señorío puede estar en todas las situaciones de la vida”. Y en eso se distinguen: en que los unos son felices en sus conventos, con sayales y sandalias, y los otros con trajes, corbata, y grandes iglesias de recias paredes.
He ido con Lina a la Facultad. En el camino está la Ermita con la Virgen del Amor Hermoso, una talla preciosa de la Señora, con el Niño a su lado subiendo por entre libros. Debe de ser un símbolo para alumnos y profesores. “No pasa nadie sin detenerse a saludar”, me había dicho mi hija. Esperando a Lina, comprobé lo que me dijo: Nunca estaba sola.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 23 de octubre de 2013

Nombres.

Nombres
-Estoy leyendo “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret”, de Martín Descalzo. Este libro  – tres tomos-, me lo regaló don Francisco Sarabia. En cierta ocasión fuimos a Albudeite, su pueblo, y visitamos la iglesia. Había allí una imagen del Cristo en la Cruz que me impresionó. Debe de seguir allí como estaba entonces. Lo curioso de este Cristo es que va andando. Yo no había visto nunca otro igual. Luego, en Murcia, le hice una poesía y se la di a mi amigo Sarabia. Debió de entregársela a la Hermandad de la Virgen de los Remedios, de Albudeite. Y dicha Hermandad, por lo visto, se creyó en el deber de obsequiarme.
Yo leí esta obra cuando me la entregó don Francisco, y quizás la leyera otras veces; es una joya de libro por el trabajo de consulta que supondría al autor, don José Luis. Y por lo que enseña de los tiempos de Jesús. He leído esta tarde que el nombre era para los hebreos sumamente importante, y que era el padre de la criatura el que lo imponía. Había nombres que se correspondían con patriarcas y profetas –Jacob, Daniel, etc.-; con héroes nacionales, o tomados de la misma naturaleza –Raquel, que significaba oveja; Débora, abeja; Yona, paloma… y así.
Recordé a mi sobrina  que me dijo que el nombre va tan pegado a la persona que  no puede ser otro. Algo así como que forma parte de la misma. La Virgen cuando cogió a su Hijo por primera vez lo llamó Jesús. Recordó sin duda las palabras del ángel: “Concebirás un hijo al que llamarás Jesús”.
¿Nacemos todos con un nombre o, por el contrario, el nombre es independiente de la persona? Con el uso tal vez va formando parte, se va adhiriendo, como un guante a la mano, y luego parece que otro no puede suplantarlo. Tendré que hablar de nuevo con Lina a ver qué razones tiene para su teoría. Lo cierto es que a mí me costaría lo suyo llamar a Pascual por Francis o a Ángel por Miguel. Son ya sus nombres como parte de ellos mismos.
Si las cosas no tuvieran nombre, y a la mesa la llamáramos cama, y a un gato, perro, imagínate el embrollo. “Detrás de la silla”, y no sabríamos dónde mirar. En cambio es fácil encontrar lo que se busca si sabes que se encuentra en la ventana porque no se te ocurre mirar en el lavabo.
Con el tiempo nos acostumbramos a que la mano es la mano y el pie es el pie, que el ojo es el ojo y la oreja es la oreja. Es la función del lenguaje: expresar lo que pensamos para que otro lo sepa. Este lenguaje a los tres años ya está formado y, sin esfuerzo, el niño lo  utiliza con los demás. Y esto de tal manera que sin saber escribir hay personas mayores que lo hablan perfectamente.
Es una maravilla si lo piensas comprobar que nos comunicamos con las palabras interviniendo tantos elementos en la misma, como la lengua, los labios, los dientes, el paladar, y que para cada fonema tienen que cambiar de forma y de lugar. Y, sin embargo, lo conseguimos desde pequeños. ¿No ves ahí un milagro? El lenguaje si te fijas es uno de los grandes portentos de la naturaleza. Ningún animal posee ese medio de expresión. Se entienden entre ellos pero no hablan. Sólo el hombre es capaz de decir: “Deja ese libro encima de la mesa”. ¿Tú crees que otro ser que no sea el hombre es capaz de semejante perfección?
Cambiar el nombre de las cosas nos llevaría a la mayor revolución que pudiera darse. Sí, ya sé que existen otros idiomas: inglés, francés, zulú, pero en ellos, en cada uno de ellos, existe el mismo problema. Estoy deseando hablar con mi sobrina a ver cómo explica lo de los nombres que llevamos puestos.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia