jueves, 24 de octubre de 2013

Recuerdos de Pamplona.

Recuerdos de Pamplona    -A mi hija-
   Si no supiera que estoy aquí, por los ruidos que me llegan de la calle y el sol que cruza la ventana, diría que sigo en Murcia. Dije que íba a sentir dejar esta ciudad y creo que será así. Esta comodidad no tiene parangón. Vaya por delante que en Murcia diría lo mismo. Y en Jumilla, y en Valencia, y en Alicante. Ergo, deduzco que la paz se lleva dentro, va con uno.
        He pensado en los políticos que viajan a diario. Donde vayan, tendrán habitaciones como ésta, incluso mejores, pero esta paz que yo siento no irá con ellos con ansiedades, con miedos, con dudas por resolver.
Yo diría que es feliz el que se adapta a lo que tiene, según naturaleza. Dos personas pueden tener lo mismo y una ser feliz y la otra desgraciada.                                              
Una campana llama a Misa. Su sonido es parecido al que oigo en Murcia. No quiero levantar la vista por si viera enfrente la torre de San Antolín. Ayer fuimos a una capilla de la Clínica de Navarra. Como hay tantos enfermos y tantos familiares de los mismos, el cupo de fieles para celebrar la Eucaristía está asegurado siempre.
Ofició un sacerdote filipino, acompañado de acólitos negros. Los miembros de la Obra tienen en su comportamiento un sello especial, un señorío que se palpa. Si todo el mundo fuera de la Obra, la Tierra sería una casa señorial, como un palacio. Me fijé un día en los frailes de Santa Ana y pensé que si el mundo fuera  franciscano no habría pobres, porque se conformarían con poco. Con los miembros de la Obra pienso que serían nobles hasta en la pobreza.
   San Francisco y San Josemaría, fundadores de ambas congregaciones, paseando por el cielo se dirán: “Yo quise que se amaran en la penuria. que fueran novios de la pobreza”. Y San Josemaría diría al de Asís: “Yo pensé más en la grandiosidad; el señorío puede estar en todas las situaciones de la vida”. Y en eso se distinguen: en que los unos son felices en sus conventos, con sayales y sandalias, y los otros con trajes, corbata, y grandes iglesias de recias paredes.
He ido con Lina a la Facultad. En el camino está la Ermita con la Virgen del Amor Hermoso, una talla preciosa de la Señora, con el Niño a su lado subiendo por entre libros. Debe de ser un símbolo para alumnos y profesores. “No pasa nadie sin detenerse a saludar”, me había dicho mi hija. Esperando a Lina, comprobé lo que me dijo: Nunca estaba sola.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 23 de octubre de 2013

Nombres.

Nombres
-Estoy leyendo “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret”, de Martín Descalzo. Este libro  – tres tomos-, me lo regaló don Francisco Sarabia. En cierta ocasión fuimos a Albudeite, su pueblo, y visitamos la iglesia. Había allí una imagen del Cristo en la Cruz que me impresionó. Debe de seguir allí como estaba entonces. Lo curioso de este Cristo es que va andando. Yo no había visto nunca otro igual. Luego, en Murcia, le hice una poesía y se la di a mi amigo Sarabia. Debió de entregársela a la Hermandad de la Virgen de los Remedios, de Albudeite. Y dicha Hermandad, por lo visto, se creyó en el deber de obsequiarme.
Yo leí esta obra cuando me la entregó don Francisco, y quizás la leyera otras veces; es una joya de libro por el trabajo de consulta que supondría al autor, don José Luis. Y por lo que enseña de los tiempos de Jesús. He leído esta tarde que el nombre era para los hebreos sumamente importante, y que era el padre de la criatura el que lo imponía. Había nombres que se correspondían con patriarcas y profetas –Jacob, Daniel, etc.-; con héroes nacionales, o tomados de la misma naturaleza –Raquel, que significaba oveja; Débora, abeja; Yona, paloma… y así.
Recordé a mi sobrina  que me dijo que el nombre va tan pegado a la persona que  no puede ser otro. Algo así como que forma parte de la misma. La Virgen cuando cogió a su Hijo por primera vez lo llamó Jesús. Recordó sin duda las palabras del ángel: “Concebirás un hijo al que llamarás Jesús”.
¿Nacemos todos con un nombre o, por el contrario, el nombre es independiente de la persona? Con el uso tal vez va formando parte, se va adhiriendo, como un guante a la mano, y luego parece que otro no puede suplantarlo. Tendré que hablar de nuevo con Lina a ver qué razones tiene para su teoría. Lo cierto es que a mí me costaría lo suyo llamar a Pascual por Francis o a Ángel por Miguel. Son ya sus nombres como parte de ellos mismos.
Si las cosas no tuvieran nombre, y a la mesa la llamáramos cama, y a un gato, perro, imagínate el embrollo. “Detrás de la silla”, y no sabríamos dónde mirar. En cambio es fácil encontrar lo que se busca si sabes que se encuentra en la ventana porque no se te ocurre mirar en el lavabo.
Con el tiempo nos acostumbramos a que la mano es la mano y el pie es el pie, que el ojo es el ojo y la oreja es la oreja. Es la función del lenguaje: expresar lo que pensamos para que otro lo sepa. Este lenguaje a los tres años ya está formado y, sin esfuerzo, el niño lo  utiliza con los demás. Y esto de tal manera que sin saber escribir hay personas mayores que lo hablan perfectamente.
Es una maravilla si lo piensas comprobar que nos comunicamos con las palabras interviniendo tantos elementos en la misma, como la lengua, los labios, los dientes, el paladar, y que para cada fonema tienen que cambiar de forma y de lugar. Y, sin embargo, lo conseguimos desde pequeños. ¿No ves ahí un milagro? El lenguaje si te fijas es uno de los grandes portentos de la naturaleza. Ningún animal posee ese medio de expresión. Se entienden entre ellos pero no hablan. Sólo el hombre es capaz de decir: “Deja ese libro encima de la mesa”. ¿Tú crees que otro ser que no sea el hombre es capaz de semejante perfección?
Cambiar el nombre de las cosas nos llevaría a la mayor revolución que pudiera darse. Sí, ya sé que existen otros idiomas: inglés, francés, zulú, pero en ellos, en cada uno de ellos, existe el mismo problema. Estoy deseando hablar con mi sobrina a ver cómo explica lo de los nombres que llevamos puestos.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 21 de octubre de 2013

Caza.

Caza
-¿Cómo se le ocurriría? ¿Lo sabría su mujer?
-Ella estaba en Grecia saludando a su familia.
-¡Qué racha, el pobre, por nadie pase!: Una hija que se separa, un yerno que hace negocios sucios, un nieto que se da un tiro… y él que se va a Botswana a cazar búfalos…
-¿No eran elefantes?
-Caza mayor, Adelfo: elefantes, búfalos, muflones… ¿qué más da? Para mí que el Rey es un enfermo, Julián.
-¿Enfermo?
-Sí, enfermo reprimido, que no pudiendo hacer lo que cree que debería hacer, se va a donde no lo vean a pegar tiros, aunque sea a pacíficos paquidermos.
-Puede ser así, que pienso que en muchos maltratos de pareja ocurre lo mismo. Tienen que hacer el papel que no quisieran en su casa y salen por peteneras.
-¿Tú crees que a don Juan Carlos no le ocurre eso? Primero con su padre, que no gobernó; luego él, en democracia, que no manda como quisiera. Por nadie pase. Cuántas mañanas se levantará dando puñetazos en una mesa o gritando. Y, claro, como no puede desahogarse, coge el avión y la escopeta y se va a Botswana a pegar tiros.
-Vete unos días a Grecia, Sofía, que yo me voy a cazar si no quieres que haga algo peor”. Sí, seguro que ha sido él quien le ha dicho que se vaya.
-Es que, Adelfo, cada uno debe ser él mismo. Si a un médico no le dejan tratar una enfermedad, no es médico; si a un juez le obligan a dictar sentencia en contra de su voluntad, no es un juez; si al Rey le obligan a callar cuando él tomaría medidas, explota un día y se va a Botswana.

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

domingo, 20 de octubre de 2013

Galápagos.

186)  Galápagos
  -He visto a mi amigo Luis. Viene al pueblo a reunirse, como otros años, con su familia. Yo creí que nadie lo había pensado, y hasta lo escribí con aires de innovador: “¿Por qué no se juntan los hermanos con sus hijos una vez cada año?”. Y ahora veo que lo hace mi amigo.
-Todo está pensado, Rubén. Hoy, más que nunca, es necesario, que las distancias familiares son grandes y los cambios frecuentes.
-¿A qué cambios te refieres?
-Antes apenas se movían las familias y los altibajos socioeconómicos eran inapreciables; pero ahora…: “Este, por un viento favorable, es rico”. “Aquel, en cambio, de nadar en la abundancia, almuerza en comedores de Auxilio Social”.
-Yo pensaba que era para hablar de la salud.
-Es un capítulo importante pasar lista: “Rosa murió en febrero”, “Luis se volvió a casar”, “Antonia pereció en un crucero,”. “Raúl se fue a Alemania”.
En este punto, Venancio pregunta:
-¿A qué se fue Raúl tan lejos?
-Nadie lo sabe -le contesta Luis-, que las cabezas son insondables. Tú crees que piensan lo que dicen y luego ves que hacen lo contrario. No te puedes fiar, que llevamos con nosotros más conchas que un galápago: enseñamos una cara y obramos con otra.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

Ahorro.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 Octubre 2.013 
Ahorro 
-Nuestros padres, Julián, nos inculcaron la virtud del ahorro. Aún oigo al mío decir: “¡Hay que ahorrar para cuando no haya!”. Lo contrario de lo que ahora se hace: gastar y gastar aunque no se tenga.
-Si no se tiene, poco se podrá gastar.
-Pues se gasta, Julián. ¿Tú crees que los que hacen Cruceros tienen para pagarlos? Pues no, piden al Banco. ¿Y el que compra un piso? Lo mismo. Automóviles, chalés, joyas… todo a base de préstamos.
-De ahí la crisis que padecemos. Cuando los Bancos dejaron de prestar, se hundió la economía de muchísimas familias. Cuando los Bancos reclamaron los pagos de las letras, se descubrió la mentira de los que tanto presumían. No sé si en la historia se conoce otra época tan nefasta.
-¿A qué crees tú que algunas familias no conocieron esa urgente necesidad?
-No poco al consejo de los padres: “Apaga las luces si no las necesitas”; “guarda lo que no haga falta gastar”; “usa sólo lo necesario”, etc., y mucho a la mujer.
-¿Tiene algo que ver la mujer con la Economía?
-Más de lo que crees, Julián. Antes se decía que “hay mujeres que de un duro hacían una peseta y que otras de una peseta hacían un duro”. La mujer, antes y ahora, no lo dudes, hace o deshace la casa.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

viernes, 18 de octubre de 2013

Siniestros.

Cuando haces un Seguro, te dan a firmar unos papeles con letra grande, donde lees: “Todo lo ocasionado por las lluvias y los vientos queda incluido en esta póliza”.  Y tú, feliz, preguntas: “¿Dónde tengo que firmar?”. 
Luego hay tormentas y se hunde media casa. Llamas al Seguro, viene un señor, y le dices:
-Mire lo que me hizo la lluvia y lo que rompió el viento. Y él te enseña la letra pequeña del Contrato, y se sonríe:
-Esto no está cubierto.
-¿Por qué? -le dices tú preocupado.
-Lea, lea: “Sólo se repararán los daños ocasionados por vientos de más de cien kilómetros por hora y en días impares”. Y éste fue de ochenta y el día catorce.
-Pero es que tiró mi casa y la tengo asegurada. el viento me ha dejado sin vivienda.
-Y yo me quedé sin abuela. Adiós y a leer la letra pequeña antes de firmar.
-Yo creía, yo creía…
-Usted no creía nada, usted quería aprovecharse.
-Usted perdone, la próxima vez, no quiera Dios que la haya, leeré la letra menuda.
-Mucha incultura es lo que hay en España.
-No, si yo sé leer, pero esa letra, como no tenía a mano una lupa, no la leí.
-Pues leyendo que es gerundio.
-Sí, claro, tiene usted razón.

                                                                                 Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 17 de octubre de 2013

Insectos.


Insectos –fragmento-
   -Vamos a estudiar las cigarras, Roberto; apostémonos aquí y saca el catalejo. Estos insectos tampoco usan la voz para cantar, y son los mejores músicos del mundo entre los insectos.  
   Y con un verano es suficiente para descubrir que poseen unas placas en el tórax que al contraerse y relajarse producen su canto. Aprenden que hay unas mil quinientas especies de cigarras; que su canto se puede oír a quinientos metros de distancia, y que con el canto se comunican entre sí.
   Así, por ejemplo, que los machos le dicen a las hembras que están por sus huesos, y ellas les responden que de acuerdo, o que se vayan a otra parte con viento fresco. Como son casi infinitos los sonidos distintos que sacan con las placas del tórax, la naturaleza las ha provisto de un lenguaje casi tan perfecto como el humano.
   -¿Y cómo lo aprenderán siendo insectos?
   -Ah, ni ellas lo saben, pero es así. Que quiere decir que tiene hambre, canta de una manera; que quiere decirle a su pareja si la acompaña a dar un paseo, canta de otra. Como puede variar tanto el sonido… piensa que puede llegar a seiscientos los movimientos o frecuencia por segundo.
   -Hay una araña que te quiere atrapar y me parece que no con buenas intenciones. Y mueve sus placas a cien vibraciones por segundo y se lo ha dicho. Y la otra, que ha recibido el mensaje, corre que se las pela, habiéndole dicho antes: “Gracias, luego nos vemos”.
   -Es curioso el mundo de los insectos.
   -Luego estudiaremos los animales de la selva, Roberto, que ese mundo es tan extraño o más que el de los insectos.
   -Pero más peligroso, que en un descuido pueden acabar contigo y adiós experimentos, que no somos mofetas para ahuyentarlos como tú sabes.
   -O estudiamos los microbios. Ahora con los microscopios electrónicos, que te aumentan miles y miles de veces el tamaño, se puede conocer un infusorio como a una persona: cómo nace, cómo vive, cómo se reproduce y hasta cómo piensa.
   -Siendo tan pequeño un virus, ¿podrá relacionarse con otros virus?
   -Estudiaremos la forma que tienen de multiplicarse, que entran a saco en un cuerpo humano y lo liquidan igual que las pirañas.
   -¡Qué miedo!
   -Y lo peor es que actúan con total impunidad; como creen que nadie los ve, se piensan que el mundo es suyo.
   -Y pensamos que somos los únicos que existimos. Si pudiéramos llegar a un pacto con ellos…
   -A vigilar toca, que no nos tomen de aperitivo.
                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia