Litesofía, 18 Octubre 12El hecho me hizo recordar a “Perros callejeros”. La película era fuerte. Mostraba con crudeza el mundo del hampa juvenil y las miserias de los bajos fondos.“El Torete” es un niño aún –quince años-, que se dedica con su “banda” a robar y a matar sin escrúpulos: tirones de bolsos, robo de coches, atracos, reparto de botines…Hasta se hace simpático, porque en el fondo es bueno y no tiene culpa de obrar como lo hace. Es la sociedad la que le empuja a vivir así desde la cuna, en un ambiente hostil, sin padres ni recursos.A mí me recordaba al “Botija”, otro niño como él, de poca suerte en la sociedad. Un reto para los mayores resolver el problema de los perros callejeros, que son peligrosos pero hermanos nuestros.Un reformatorio o una cárcel no resuelven el problema. Hay que limpiar primero la sociedad y ofrecer un ambiente aséptico, limpio, alegre, donde estar, medios para subsistir, trabajo para sentirse útil y un futuro a donde ir.
jueves, 18 de octubre de 2012
El hecho me hizo recordar a "Perros callejeros".
miércoles, 17 de octubre de 2012
Cuando entré en el local...
Litesofía –entre literatura y…-, 17 Octubre 12
Cuando entré en el local, se hablaba de parejas que tuvieron que
casarse rápido, casi niños, sin concluir sus estudios; de padres que
lo pasaban mal por la vergüenza de confesarlo; de que los jóvenes
sentían dolor, rubor y miedo por lo ocurrido; de que había una especie
de acusación tácita en estos trances; casi una recriminación social
sin rebozo.
Para mí –repuse-, fue una situación normal creada por la transición.
En el cambio tuvo que haber, lógico, por la propia inmadurez del
nuevo ente, tropiezos y fracasos con aciertos. El paso de una sociedad
reprimida a otra libre, emancipada, era de tal magnitud, de tal
envergadura, que pasar de la una a la otra sin percances, hubiera sido
un milagro.
Se dio en todos los órdenes –seguí-: en lo político, en lo económico,
en lo social. ¿Qué ocurría en el campo religioso?, ¿en la educación?,
¿en la calle? Convulsiones sísmicas. La vida cambió de signo; y las
personas tuvieron que adaptarse. Desconcertados, era evidente y lógico
que aquí y allá, hubiera sus caídas.
Esos matrimonios eran la consecuencia del cambio a la libertad. Era
que cruzaban un puente miles de personas, y en el tumulto, algunas
caían. ¿Culpas? Quizás fuera mejor hablar de situaciones
desgraciadas. Yo así lo veo –terminé-. Eran víctimas del momento.
Cuando entré en el local, se hablaba de parejas que tuvieron que
casarse rápido, casi niños, sin concluir sus estudios; de padres que
lo pasaban mal por la vergüenza de confesarlo; de que los jóvenes
sentían dolor, rubor y miedo por lo ocurrido; de que había una especie
de acusación tácita en estos trances; casi una recriminación social
sin rebozo.
Para mí –repuse-, fue una situación normal creada por la transición.
En el cambio tuvo que haber, lógico, por la propia inmadurez del
nuevo ente, tropiezos y fracasos con aciertos. El paso de una sociedad
reprimida a otra libre, emancipada, era de tal magnitud, de tal
envergadura, que pasar de la una a la otra sin percances, hubiera sido
un milagro.
Se dio en todos los órdenes –seguí-: en lo político, en lo económico,
en lo social. ¿Qué ocurría en el campo religioso?, ¿en la educación?,
¿en la calle? Convulsiones sísmicas. La vida cambió de signo; y las
personas tuvieron que adaptarse. Desconcertados, era evidente y lógico
que aquí y allá, hubiera sus caídas.
Esos matrimonios eran la consecuencia del cambio a la libertad. Era
que cruzaban un puente miles de personas, y en el tumulto, algunas
caían. ¿Culpas? Quizás fuera mejor hablar de situaciones
desgraciadas. Yo así lo veo –terminé-. Eran víctimas del momento.
martes, 16 de octubre de 2012
Hasta hace bien poco...
Litesofía, 16 Octubre 12
Hasta hace bien poco, si el jueves era festivo, había un puente
fenomenal en Colegios, Institutos y otros Centros educativos. El día
se vislumbraba ya de lejos como de conflicto laboral.
La prensa recordaba a padres y profesores que era día lectivo, pero
los Centros decidían no abrir. Así de sencillo.
Contaban que el miércoles deliberaban los Profesores sobre qué hacer
el viernes. Luego había reuniones con Delegados de alumnos. Y
acordaban que no hubiera Clase.
En el Conservatorio, lo mismo. Tras reuniones y acuerdos, había
consenso: “Viernes puente: No hay más que hablar”. De miércoles a
lunes todos en casa. Un fin de semana largo, para ir al monte o a la
playa.
Este hecho ponía de manifiesto una cosa: que faltaba interés por parte
de niños y de Profesores. Faltaba ética profesional. Faltaba garra,
amor por la enseñanza.
Y si faltaba ilusión, la obra educativa carecía de base. Sin ilusión
por enseñar ni por aprender, faltaba alegría educativa, entrega necesaria para obtener buenos frutos.
lunes, 15 de octubre de 2012
Se acerca el uno de noviembre.
Litesofía, 15 octubre 12
Se acerca el uno de noviembre, día de Todos los Santos. La gente irá
una vez con flores a los cementerios.
Hace ya muchos años, cuando éramos niños nosotros, este día era
pavoroso. Sentíamos miedo como si en cada habitación fuéramos a ver la
sombra de un desaparecido. Nos hacían creer que los muertos salían
este día de sus tumbas.
Recuerdo con pena los años pasados esta noche arrebujados bajo las
mantas, sin poder dormir, contando las horas para ver la luz del nuevo
día. “¡Ya amanece!”, decíamos más sosegados. ¡Qué tranquilidad nos
traía el alba mañanera, como si con ella se esfumaran los temidos
espíritus.
Madrugábamos para ir a Misa –eran tres Misas seguidas las que había
que oír-; nos gustaba asistir a estas misas largas temprano, no tanto
por aliviar a los muertos con ellas según nos explicaban, cuanto por
salir pronto de la tenebrosa casa.
domingo, 14 de octubre de 2012
Enciendo la radio y oigo hablar de...
Litesofía, 14 Octubre 12
Enciendo la radio y oigo hablar de… Los políticos nos invaden. Como si
el mundo dependiera de ellos. Como si fueran el mundo. “Sin nosotros
no sois nada; os proporcionamos bienestar, seguridad”, parecen
decirnos, o nos dicen sin rebozo.
La política nos desborda. Política a todas horas, en el desayuno, en
la comida y en la cena. Los políticos son una plaga que esquilma al
país. Hubo azotes de langosta; hubo epidemias. Hoy tenemos otra plaga:
la de los políticos. No sé si es la peor que ha sufrido la humanidad.
La plaga de los políticos se extiende prodigiosamente, como un tejido
canceroso. Cada vez hay más políticos viviendo de los demás. Las
células incontaminadas resisten lo que pueden, pero la lucha es
insostenible por mucho tiempo. Los hombres trabajadores tienen que
alimentar a la cada vez más abultada legión de políticos, que terminan
por sucumbir.
¿Qué ocurrirá el día en que todos sean políticos, cuando todos se
dediquen a vivir de nadie que trabaje? Y es un hecho que ese día va a
llegar. El porvenir es harto delicado. Si no se ve con tiempo de
poner remedio al azote politiqueril que nos ahoga, el final puede ser
trágico.
¿En qué se diferencian los políticos actuales de aquellos engreídos
señores que apenas dirigían la palabra a los trabajadores? Hoy tenemos
la misma situación: Hombres endiosados que mandan y pobres gentes que
mendigan un empleo. El mundo viviría mejor sin políticos.
A veces, escribir se convierte en una necesidad.
Litesofía, 13 octubre 12
A veces, escribir se convierte en una necesidad. Como todo hábito,
cuando llega su momento, se desea cumplir con la obligación que nos
hemos impuesto. Si fuera salir a correr, sería lo mismo.
Escribir unos minutos cada día hace sentirnos felices por el deber
cumplido. Nada mejor para sentirnos bien que estar conformes con
nosotros. Si yo saliera hoy sin haber escrito algo, sentiría conmigo
la desazón de quien no ha cumplido con su deber.
Leía hace un rato un libro de Alarcón. Decía el novelista: “Hoy voy a
contar lo sucedido a un hombre que vive todavía. Hoy no soy escritor
sino amanuense”. Para Alarcón, según lo que precede, ser escritor es
inventar. Decir lo que ocurre a tu alrededor es ser cronista,
periodista o historiador.
Yo quiero ser escritor, escribir sobre temas que me sugieran otros
comentarios y espoleen mi imaginación. De aquí que un libro que
escribí lo titulara “Crónicas con estrambote”. “Crónicas” sobre
sucesos reales, y “estrambotes”, mi aportación personal.
viernes, 12 de octubre de 2012
¿Por qué nos gustan los viernes?
Litesofía, 12 octubre 12 ¿Por qué nos gustan los viernes? ¿Por qué los lunes nos desagradan? Por el trabajo, sin duda. El lunes tiene días por delante de trabajo; los viernes son vísperas de fiesta. O por lo menos de hacer cada cual lo que le venga en gana, lo suyo y a su aire. Cuando hay una fiesta en medio de semana, el tiempo corre más deprisa, la semana es más simpática. Hay que aprender a ver los lunes con ilusión. Cuando convirtamos los lunes en días alegres habremos cambiado la sociedad. -¿Y cómo realizar el milagro? -Pues, dulcificando el trabajo. -¿Y cómo? -Haciéndolo más ameno. Dando a cada cual su preferido, su auténtico destino, su puesto ilusionado. Cuando el hombre vaya al trabajo como va a una fiesta, cuando le sea tan grato que no lo cambie por otro ni por nada del mundo, todos rendiremos más y nos sentiremos mejor. El problema del trabajo está por revisarse. Estarás conmigo en que así no debe seguir. Injusto en todos los terrenos: Unos trabajan y otros no trabajan; unos lo hacen durante muchas horas y otros durante pocas; unos en tareas duras, y otros en faenas suaves. El reparto del trabajo es de lo más injusto que tenemos. Hay que revisar las estructuras sociales y suavizar los trabajos, humanizarlos, y repartirlos mejor. Cuando el trabajo sea liviano como pluma y grato como caricia, los lunes serán, sin duda, San Lunes. Hoy no, hoy los lunes, para una inmensa mayoría son odiosos, y hasta peligrosos.
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