martes, 11 de marzo de 2014

Lulú.

Lulú 

Salí esta mañana a la calle. En el Jardín de la Pólvora conocí a un señor amable, que paseaba con un perrito muy mono: una mascota peluda de unos veinte centímetros. Lo llevaba sujeto con una cadena. El perrito, color canela, parecía una bola. “¡Qué perro tan lindo!”, le dije a su dueño. “¿De qué raza es?”. El hombre, orgulloso y feliz, me dijo, parándose: “Es un lulú de Pomerania, región de Polonia”. Hablamos más de una hora. Yo, por mi parte, le conté que tuve un caniche, y que era inteligente. Nos despedimos como viejos amigos.

                                                                                 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 8 de marzo de 2014

Cuaresma.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 marzo 2014, viernes, Santas Perpetua y Felicidad 
Fragmento
Cuando iba a empezar a escribir, sonó el teléfono. Era mi hijo para decirnos que su mujer había salido bien de su intervención.
-¿Es que la han operado?

-De unos ganglios en la garganta -tumor pequeño que se forma en los tendones- que le molestaban al hablar. Aunque no eran graves para la dueña de tan molestos vecinos, mejor la intervención a que ha sido sometida, que muerto el perro se acabó la rabia. En ciertos casos hay que enfrentarse al mal sin pensarlo y cuanto antes mejor, que los ganglios no son de uno y lo conveniente es extirparlos y tirarlos a la basura.

No así en otros casos como las amígdalas, que están ahí para cumplir una función. Cuando mis hijos eran pequeños, había un médico cerca de casa, don Fulgencio, que soñaba por lo visto con quitar las amígdalas a los niños. Con mi familia se ensañó: empezó por uno y acabó con el último. ¡Qué mal rato les hacía pasar! Les introducía la mano en la boca y la sacaba llena de sangre con una almendra carnosa –de ahí el nombre- en su mano.
Recuerdo bien que Francisco Amós no podía andar de la clínica a Cánovas 90, donde vivíamos. Lo llevé a coscaletas y lo primero que dijo en el hall del edificio, antes de coger el ascensor, fue: “¡Qué bruto!”. Era lo menos y más educado que podía decir un niño de doce años ante tamaña crueldad.
Era el último. Si llega a quedar otro lo hubiera impedido a toda costa. Pensé luego, ya tarde, como dicen que piensan los españoles, que ninguna falta hacía quitarles las anginas, que si estaban ahí era por algo. Pero lo de Toñi es otra cosa. Que te cures pronto te deseamos todos.

-¿No vas a recordar que ha sido Miércoles de Ceniza?
-Memento homo… dice el cura al que impone la ceniza en la cabeza.

-¿Y qué quiere decir?

-Le recuerda que en polvo se convertirá. Con ese día empieza la Cuaresma: cuarenta días hasta Semana Santa. Tiempo de sacrificios y promesas que cumplir. Mi abuelo era fumador empedernido y durante estos cuarenta días no fumaba. Suponía un gran sacrificio para él. En algunas iglesias se practica el ayuno solidario, consistente en compartir la comida con los que no la tienen.

-¿Y tú qué vas a hacer en la Cuaresma?

-Los mayores de ochenta estamos exentos de ayunos y abstinencias.

-Te leo lo que dice San Mateo en 4, 1-11: “Jesús fue al desierto y después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches sintió hambre”. El demonio se le acercó y le dijo: “Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Pero Jesús le contestó: “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces el diablo lo llevó a la Ciudad Santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: “Si eres hijo de Dios, tírate abajo que los ángeles te sostendrán en sus manos”. Y Jesús le dijo: “También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”. Después el diablo lo llevó a una montaña y mostrándole los templos del mundo, le dijo: “Todo esto te daré si postrado ante mi me adoras”. Entonces le dijo el Señor: “¡Vete, Satanás, porque está escrito: Solo a Dios adorarás y a Él solo darás culto”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles y le sirvieron”.
Según Lucas, Jesús entró en Jerusalén llorando. Sabía muy bien lo que le esperaba detrás de aquellas palmas y aclamaciones”.
  

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 6 de marzo de 2014

Daños colaterales.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 marzo 2014, miércoles, San Bernardo
Murcia, miércoles, las siete de la mañana, sereno el día, azul el cielo.
-Hablas mucho del tiempo; ¿no ves que estamos en invierno? Si fuera julio, otro gallo cantaría. Si es hablar por no callar, bien; pero como cosa preocupante, acepta que no lo es. Cada cosa en su tiempo.
-Cierto, Julián, que lo verdaderamente preocupante es que la Tierra gire alrededor del Sol a más de mil kilómetros por hora, y lo veamos normal. Y así miles y miles de años sin cambiar su rumbo ni un centímetro. Nos hemos acostumbrado a ver natural ir volando en este obús y ni le hacemos caso. Y así toda la vida, desde que nacemos, con la luna arriba y las estrellas más allá, a millones de años luz. Eso sí que es para quitar el sueño, y no que aquí unos días haga frío y otros calor. El milagro está más allá de la estratosfera, o aquí en la vida de los seres que viven con nosotros. Un infusorio, por ejemplo, fíjate si es pequeño, tiene más importancia vital que el viento que podamos tener nosotros.
-No me sueltes más Soflamas, Venancio, que se te va la lengua y no sabes parar. Que ya tuve bastante el otro día con tus Metaplasmos.
-Ah, sí, los fenómenos fonéticos por adición o sustracción de letras en las palabras.
-Sí, sí, eso, pero basta, que me pusiste la cabeza como un tambor.
-¿En qué se diferencia adición de adicción?
-¿Es que no es lo mismo?
-Pues no, besugo, que adición es una suma y adicción es un hábito que se adquiere por repetición de actos, como adicción a las drogas o adicción al juego. ¿Y qué es ahorcar los hábitos?
-¡Vaya por Dios! ¿Los hábitos se cuelgan?
-Dejar un oficio para tomar otro. Hay personas que habiendo tomado un oficio por vocación, luego ven que se han equivocado y “ahorcan los hábitos”, que es que cambian de trabajo.
-Pues se lo podían pensar bien antes de entrar y luego antes de salir, que en el cambio pueden hacer daño a otras personas, o “daños colaterales” que se llaman. 
-De eso cabría hablar mucho, Julián, que en los gustos no manda uno y es fácil cambiar. Uno contrae matrimonio creyendo que no hay pareja que se le iguale a la suya, y pasado un tiempo, todos o todas le gustan menos la que tienen.
-Y en este caso del matrimonio, ¿qué cabe hacerse?
-Depende, Julián. Hay dos opciones: la cristiana, que es para siempre; y la otra, que ve mejor divorciarse.
-Y tú, ¿cómo lo ves?, ¿qué piensas que es mejor?, ¿con qué opción te quedas?
-En una profesión que no te guste, te sentirás mal y rendirás menos que en otra que te ilusione. En el matrimonio, para lo bueno como para lo malo, juntos hasta la muerte.
-Pero si juntos no pueden estar…
-Hasta en esos casos, Julián. Los hijos no se merecen nada y son los que sufren las consecuencias o daños colaterales.
-Pero si no se pueden ver o padecen de halitosis…
-No hay mal que no se pueda llevar si antes se prometieron amor eterno.
-¿Aunque él vaya borracho todos los días a casa?
-En las enfermedades del cuerpo se busca remedio. En estas lo mismo. Con buena voluntad se pueden curar.
-Pero si no pueden…
-Que vean la forma de poder por sus hijos; ellos verán la mejor manera.
-Pero…
-No hay peros que valgan, Julián; menos “ahorcar los hábitos”, todo puede servir. ¿Ves en los curas? Por los daños colaterales, que rectifiquen si se equivocaron; pero en los matrimonios, que sean uno para todo hasta el fin.
-Es que si…
                       Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Carnaval.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 marzo 2014, jueves.

Murcia, jueves, las diez y media. El tiempo ha cambiado a mejor, las nubes se han ido a otra parte, el viento se ha calmado, y la temperatura subió unos grados. Vengo de la calle y la gente pasea como si fuera verano. “No hay mal que cien años dure”, dice un refrán.

-Ni mal que por bien no venga.

-He entregado en Mapfre un escrito reclamando una factura de mil quinientos euros que pagué al fontanero. Lo más probable es que no lo atiendan, pero por probar que no quede.
Y vengo de una Copistería para encargar los libros del año 2013, que llevan por título “Diálogos con Benedicto XVI”. Uno abarca de Enero a Junio y otro de Julio a Diciembre.

En Inacua, el martes pasado, anteayer, las monitoras, vestidas de Carnaval, parecían odaliscas turcas. Recordamos muchos que era esa fiesta.

-Fiesta grande en Brasil, en las Islas Canarias, en Águilas y en pueblos de segunda fila, que en las fiestas como en el fútbol, hay equipos de primera división, equipos de segunda
y otros que juegan sin que nadie lo sepa.

En Jumilla, cuando yo era pequeño, se celebraba bastante el Carnaval: la calle del Calvario se llenaba de máscaras,  que decían: “¡Hola, Juan, que no me conoces!”. Y si insistía era que buscaba otra cosa. El tal Juan la acompañaba y hasta la invitaba a beber.

Había sus frustraciones a veces: Sé de uno que pasó la tarde invitando a una máscara a tomar copas y luego, por la noche, se quitó la careta y era… ¡su abuela!

Y sé de otro, mi amigo Felicito, que lo invité a conocer la fiesta en mi pueblo y se enroló con una máscara de la que no consiguió que se destapara el rostro. Quedaron en verse por la noche en el baile del Casino, pero ella no acudió.
Cuánto lo sintió mi amigo, que me lo recordaba siempre que nos veíamos por Elche de la Sierra, donde yo ejercía de Maestro y él de piloto en la base aérea de Albacete.
A los mucgos años, en una fiesta multitudinaria, se me acercó una dama y me dijo: “¿Cómo está tu amigo Felicito?”. Me confesó ser ella la que pasó con él una tarde de carnaval.

Este hecho me dio pie para escribir un Cuento con el Carnaval de fondo: Un joven pasa la tarde con una moza vestida de carnaval y un antifaz que impide ver su cara. Al despedirse, la joven le entrega a su acompañante una foto y la dirección de su amiga.
El joven al día siguiente va a la dirección que le dejara y al entrar en la casa ve el retrato que llevaba, más grande, en la pared. Salió una señora y él preguntó por su amiga. La señora, señalando con la vista el retrato que había enfrente, musitó entre sollozos; “Murió el año pasado”. “No puede ser, yo estuve ayer con ella”.
Y aquí me quedo con el Cuento, que como con las películas no se debe revelar el final.

A mí, de niño, me pintaron la cara con azulete; pienso que todos me reconocerían. Yo creyendo que era una máscara como las otras, le dije a mi vecina: “¡María, que no me conoces!”. Y ella, en su papel, me miró muy atenta y al final me dijo: “¿Quién será esta máscara?”. Yo entonces me acerqué más y le dije: “Soy Paco el de Lina”.

Hubo años que estuvieron prohibidos los carnavales por el peligro de ir con la cara tapada y que alguien pudiera  tomar represalias por hechos ocurridos en la reciente Guerra Civil.
De hecho, cuando levantaron la mano y los permitieron, aunque vigilados, entraron a una casa unas máscaras y dejaron a uno sentado en un sillón: “No te muevas de aquí”, le dijeron, “hasta que volvamos”. Y luego los dueños de la casa vieron que estaba muerto.

 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 4 de marzo de 2014

Putin.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 marzo 2014
-Murcia, las diez y media, en mi escritorio. Las campanas de la iglesia llaman a Misa. En cambio Putin llama a la guerra.
 -¿Qué me dices?
-Como te cuento: este hombre de las Rusias tiene por lo visto mal dormir y lo primero que se le ocurre, cuando amanece, es disponer a sus huestes para tomar Crimea.
-¿No es de Ucrania esta península del mar Negro?
-De Ucrania es, Luis, como son de España Barcelona y Madrid, Andalucía y el País Vasco.
-¿Entonces?
-Obama, Presidente de los Estados Unidos de América, alarmado, se lo advirtió ayer: “Putin, Putin, que te veo venir; saca tu ejército de Crimea o “habremus” guerra. Las cosas no se hacen así, invadiendo por la fuerza a los más débiles. No, Putin, las grandes potencias deben apoyar a los pequeños, no tomarlos como rehenes.
El mundo ha cambiado, Putin: las guerras deben ser obsoletas, de otro tiempo; aunque veo que para ti siguen siendo tan actuales como las mundiales del siglo pasado o las guerras del medievo.
No sigas por ese camino, Putin, que te pudiera pesar: desde que Bin Laden destruyó las Torres Gemelas de Nueva York, mis Estados están preparados para cualquier sorpresa que pueda venir de donde menos se piense. ¿Tú crees que por la cara vas a invadir un país sin que tenga consecuencias?
Hoy, Putin, con los medios informáticos, vemos lo que ocurre en Sebastopol igual que lo que pasa en Panamá, en Sudáfrica o en Florida. ¿Qué digo?, hasta lo que piensan nuestros antípodas. Por eso, Putin, piensate mejor lo que quieres hacer, que vemos tus intenciones.
¿No ves que Estonia, Letonia, Lituania  y otras naciones que fueron rusas ya no lo son ni quieren serlo, porque se ven libres de un yugo que no deseaban? Pues deja que sigan siendo lo que ellos desean, que la libertad, como dijo Cervantes es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, que por ella se debe aventurar la vida, y nadie debe obligar por la fuerza de las armas a ser lo que no se quiere.
En la vida, amigo Putin, lo que vale es la Democracia, que es la libertad de hacer lo que uno quiere, sin obedecer a caudillos prepotentes. Métetelo en la cabeza, Putin: en una nación, como en una familia, no se deben imponer ideas sino respetar la voluntad de sus miembros.          

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 3 de marzo de 2014

Invitados. Grupos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 1 marzo 2014, sábado, S. Félix
Fragmentos
INVITADOS
Hay pueblos donde mandan forasteros. Personas que llegaron, se afincaron,  y escalaron puestos hasta alcanzar el podio del dirigismo político, social y económico. Yo veo a estas personas, usurpando terrenos que no les corresponde; como viviendo de prestado, o fuera de lugar. Encuentro la situación extraña. Estas personas, para mí, no debían de estar donde están. O estar, pero callados, con el permiso de los indígenas, sin opción al estrellato.
Es humillante para los nacidos dentro, que otras personas vengan de fuera a decirles lo que tienen que hacer. Una situación parecida a la que se produjera si en nuestra casa mandaran los vecinos, o si en España hubiera un gobierno inglés. Algo repugna de esta situación. No es normal que quienes debían sentirse agradecidos por la acogida que se les dispensa, sin voz ni voto en sus problemas, estén ahí, arriba, ordenando lo que hay que hacer. Sencillamente humillante.
          GRUPOS
            La fauna humana es variadísima. Cada persona es diferente. Siete mil millones de especies en el mundo. No me refiero al aspecto físico o externo, que salta a la vista, me refiero a la manera de ser, al carácter, al temperamento.
Hay grupos semejantes, que reaccionan de forma parecida ante los mismos estímulos; son los grupos que conocemos de Heyman-Le Senne, de Krestmer, de Young, de Hipócrates, etc.: nerviosos, sentimentales, coléricos, apasionados... Pero iguales, lo que se dice iguales, nadie es igual a otro.
            Hay personas que obran por que los vean. Me explico: personas que quieren que los demás los admiren. Se desviven por hacer cosas, no tanto por hacerlas como porque los demás hablen de ellos.
Esta forma de ser es positiva, ya que, por una razón u otra, conciben, engendran y obran. No soportan pasar desapercibidas: quieren ser enfocadas, que se diga de ellas. Y en ese afán, en esa locura de figurar, se multiplican, llegan al límite de sus posibilidades.
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Metaplasmos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 marzo 2014

Murcia, las siete, el aire, cansado de correr toda la noche, se ha dormido. No hagamos ruido, que las fieras dormidas no molestan. A los instintos les pasa lo mismo, Bastián: no hay que despertarlos, y que sigan durmiendo como si no existieran.
-¿Cómo se escribe dormiendo o durmiendo? Se escribe despierto. Es broma, Eladio. ¿Todos tenemos instintos?
Todos, Bastián, pero en unos están dormidos y en otros están despiertos.
-¿No será que en algunos son más traviesos que en otros?
-No, Bastián, los instintos son los mismos, pero hay personas que luchan más que otros por calmarlos.
-No me convences, Eladio; yo conozco a personas que apenas tienen que luchar contra esas alimañas que moran en nosotros, porque son más débiles. Creo que los instintos varían en las personas.

-Como no te voy a convencer, cambiemos de tercio en un ángulo llano: Bastián por Sebastián es una aféresis gramatical, ¿lo sabías?
-¿Cómo dices, Eladio?
-Al fenómeno de suprimir letras al principio, como Bastián por Sebastián, se llama aféresis. Si suprimes letras en mitad de la palabra, como navidad por natividad, se llama síncopa. Si al final, se llama apócope, como san por santo. También se da el caso contrario: añadir letras al principio, como amoto o arradio por moto y radio, y se denomina prótesis; si en medio, mercedora por mecedora, recibe el nombre de epéntesis; si al final se llama paragoge: huéspede por huésped, felice por feliz.
En los verbos, se da con frecuencia en el pretérito indefinido: vinistes por viniste, amastes por amaste, dijistes por dijiste.
En el futuro imperfecto de indicativo y en el potencial simple de muchos verbos ha nacido una “d” epéntica, o, mejor, ha cambiado una letra por otra. Si te fijas, en el verbo tener, el futuro es tendré en lugar de teneré; y el potencial simple “tendría” en lugar de “tenería”. El verbo modelo de la segunda conjugación es “temer” cuyo futuro es temeré, temerás, temerá, temeremos, temeréis, temerán, y el potencial o condicional: temería, temerías, temería, etc. Lo mismo te podría decir del verbo “salir”: saldré por saliré y saldría por “salería”, etc. cuyo modelo es partir: partiré, partirás… y partiría, partirías… O de aprender: aprenderé por apreneré.
-Curiosa la Gramática y difícil de dominar la lengua.
-¿Qué será para un extranjero? Yo cuando veo a una persona que habla una lengua extranjera como la propia me descubro, la admiro.
-Ese problema no cuenta para los que tienen madre de otro país, como es el caso de tus nietos Sofía y Fran. Estos niños empiezan a estudiar cuando nacen, que aprender a hablar en dos idiomas es estudiar una carrera cuando otros no pueden hacerlo.
-¡Qué suerte la de estos niños!

Debo aclararte, Bastián, como doctor en Lengua que soy, que a la adición de sonidos se llama “Fenómenos fonéticos por adición”, lo mismo que en la sustracción de letras se llama: “Fenómenos fonéticos por sustracción”. Antes se llamaron “Figuras de dicción” o ·Metaplasmos”.
Fue a partir del siglo XVI cuando se tiende a añadir una “s” paragógica a la segunda persona del singular del pretérito indefinido: cogistes por cogiste; partistes por partiste. Este vicio se fue extendiendo por todas partes donde se hablaba español. Y que muchas palabras latinas, al pasar al castellano perdieron letras: palomo de columbus (síncopa); y muchos casos de apócope, perdiendo las consonantes finales.
-Basta, Eladio, que el rollo se pasa de claro a negro negrísimo.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia