lunes, 3 de junio de 2013

Galenos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 2 Junio 2.013
            GALENOS
            El cuerpo humano es la materia de los médicos. Conocerlo es su deber. Ardua empresa, ya que su complejidad es enorme. A tanto llega su dificultad que ha sido necesario hacerle un mapa. Ha habido que dividirlo en partes. Los médicos cada vez abarcan una parte más reducida de su totalidad: el ojo, el corazón, el páncreas, el estómago...
            Nuestro cuerpo está formado por cien billones de células. ¿Y nos asombra que en el planeta estemos seis o siete mil millones de personas? Las células de nuestro cuerpo son un ejemplo a imitar por cualquier sociedad humana. Todas miran por la supervivencia del cuerpo, por su bien general. ¡Qué democracia tan perfecta! Tejidos, órganos, aparatos... Asombroso el mundo celular de nuestro cuerpo.
            Sólo me bastan para creer en Dios dos cosas innegables: el universo y yo. Mi cuerpo tan asombroso nadie puede haberlo fabricado; el universo, tan grande, pide a Dios para existir. ¿Qué sea Dios?, no lo alcanzo; pero que existe, no hay duda. ¿Que el cuerpo, que se gobierna tan sabiamente, se hizo solo? ¿Que los astros, que durante millones de años giran con matemática precisión, se hicieron solos? Ese universo y yo mismo reclaman, sin lugar a dudas, a un ser superior que llamamos Dios, a quien nuestra mente no puede captar.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 1 de junio de 2013

Palacios.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 1 Junio 2.013, San Viernes
            PALACIOS
            San Lorenzo, el santo de la parrilla, fue un mártir español del siglo III. Felipe II mandó construir el monasterio de San Lorenzo del Escorial en 1563, por su victoria sobre los franceses, seis años antes, en la batalla de San Quintín. -San Quintín fue otro mártir del siglo III, como San Lorenzo, que renunció a su elevada clase por el cristianismo-. Felipe, con los humos de la victoria, dijo un día: "Hagamos una ermita para rezar yo cuando sea viejo". Y le hicieron el palacio más suntuoso de la historia en la sierra del Guadarrama, a pocos kilómetros de Madrid. Cuatrocientos años después, Franco dijo algo parecido y se construyó cerca el Valle de los Caídos, que tampoco es reducido ni humilde.
            En la historia figuran unos cuantos nombres como estos -Felipe II, Franco-, pero se olvida a los que vivieron con ellos que realizaron sus caprichos. Ahí es nada: "Haced El Escorial", "Construid el Valle de los Caídos". Como antes las Pirámides de Egipto. Técnicos, ingenieros, arquitectos, matemáticos, obreros, al servicio de un antojo descomunal. Como si en la casa no existiera más que el padre. El rey durante su mandato absorbe la vida nacional. De 1556 a 1598, Felipe II; de 1936 a 1975, Franco. Todo lo ocurrido en España en esos años se les adjudica a ellos por su bella cara. Y si es Felipe va que va, pero si es un Carlos II aún es peor.
            Estoy leyendo la vida revuelta y desordenada de Lucrecia Borgia. La familia valenciana de los Borgia no era muy ejemplar que digamos, a pesar de los Papas y Cardenales que dio a la Iglesia; sin embargo anuló en su tiempo -entre los siglos XV y XVI, cuando se descubre América- a otros personajes ejemplares y probos, dignos de mejor recuerdo. La historia, vista de lejos, recoge sólo unos pocos nombres y unos cuantos sucesos. Sé que es imposible recogerlos todos, pero podía ser más justa arrinconando nombres de personas que no hicieron más que bulto, y aireando otros que fueron ejemplares. 
            ¿Qué mérito tuvo Felipe II con la obra del Escorial? ¿Fue suya la idea?, ¿puso él una sola piedra? Pero allí queda su nombre cosido al monasterio como único realizador. Los que escriben libros de historia podían ser más originales y no copiar "ad pedem litterae" lo que ya otros escribieron antes. ¿Es que Franco hizo el Valle de la montaña? Ni por pienso. Pero Franco irá pegado por los siglos de los siglos a la monumental basílica.
            Los hombres-masa, tantos y tantos que componen el tejido de la vida cotidiana -jardineros, albañiles, torneros, agricultores, maestros, cocineros, sastres- se pierden como llegaron en el anonimato. Son como la humilde violeta, que pasa a la sombra de todas las vanidades. La historia está formada por lo que no se ve, por lo que no se dice. La gran historia, la verdadera historia se encuentra en los pequeños sucesos de la vida ordinaria.

viernes, 31 de mayo de 2013

Etapas.


            229      ETAPAS
            En la familia hay unas etapas -pocas- que se suceden con matemática precisión: a) Se funda un hogar con el matrimonio; b) Nacen los hijos; c) Se educan estos hijos; d) Los hijos se separan de los padres, fundan su propio hogar y emprenden su propia vida; e) Los padres, solos, cumplida su misión de procrear y educar, se pierden por el foro. En la fase c), los padres deben mostrar a los hijos, como alumnos en prácticas, cuanto les vaya a ser útil luego; en la e) el foro quiere decir esperar en alguna parte..., pues eso.

jueves, 30 de mayo de 2013

Maridajes.

 Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 Mayo 2.013, San Fernando
            MARIDAJES
            Yo tengo un alma que no muere y un cuerpo que morirá. Mi cuerpo es la envoltura, la vasija, el recipiente. Dentro va mi alma que no sufre pero soporta los alifafes de su envoltura. No sólo soporta y acepta sino que los respeta y alivia en lo posible. Le ha tocado en suerte ese cuerpo de por vida y, como en el matrimonio, deben ambos formar unidad y ayudarse en los contratiempos. No es resignación la postura adecuada; debe ser convicción de que son el uno para el otro por voluntad superior.
            Mi alma y mi cuerpo forman un maridaje indisoluble. Los dos son uno y se ayudan en simbiosis perfecta. El cuerpo recibe consejos del alma; y ésta, por su parte, ve, oye, viaja y conoce a través de su cuerpo. ¿Cabe el divorcio en esta unión? Sí, pero con la separación los dos se destruirían. Un alma que sienta aversión por el cuerpo que le tocó en suerte por enfermo, deforme o feo, siempre andará triste, mohína,  apenada. Un cuerpo que no atienda los consejos de su compañera, vivirá desaseado, solo y triste. El hombre y la mujer nacieron para vivir juntos y ayudarse mutuamente. El cuerpo y el alma lo mismo.

   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Sigue lloviendo.

Aquí corté la hebra Sigo a las siete de la tarde. Como dijo Mónica, el tiempo es inestable: igual sale el sol que llueve. Mamá está preparada para que una compañera la recoja. Esta vez van al Limonar. Lo habré contado. En una ocasión íbamos al Llano unos amigos a pasar unos días de Ejercicios, y llovió tanto en el camino que tuvimos que parar debajo de un puente. El limpiaparabrisas al máximo y no podíamos ver la carretera.
Ahora  sigue lloviendo. ¿Será una broma del santo encargado de mandar la lluvia? Si supiera, le pedía al Señor que lo cambiara. Que en la vida y en el más allá, hay que ser serios en lo que hagamos. Un médico es uno en la consulta y otro en su casa; un profesor no debe comportarse igual delante de los niños que a solas con su mujer; un portero de fútbol no debe dejar pasar el balón si puede pararlo. Y un encargado del Altísimo para llover la Tierra, no puede jugar a llover cuando salen las procesiones, cuando cenan los huertanos en el Malecón o van al Limonar unas mujeres de Ejercicios.
-Tiene que haber Democracia, Leonardo, y no molestar al vecino si no hace falta.
-Nunca, Froilán, debemos incordiar a nadie y menos perjudicar. Que estas lluvias a destiempo, y más acompañadas de granizo, pueden acarrear la ruina de una familia o de un pueblo. Si es graciosillo el encargado, por no llamarlo de otro modo, y descarga cuando la uva está de coger, o los melocotones,, los albaricoques o las peras, en unos minutos se lleva el trabajo de un año. ¡Vaya gracia! Yo si pudiera, llamaba al Dueño del mundo y le pedía que cambiara al santo de las lluvias y las tormentas, que ya está bien. Si estas mujeres no val al Limonar, pueden ir otro día; pero las bromas frutales son más serías. 


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Estribos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 29 Mayo 2.013, San Félix
            ESTRIBOS
            Debemos controlar los nervios. Cuando se pierden "los estribos" se pueden cometer acciones que luego nos pesaría haberlas hecho. Las personas emocionales, excitables, sobre todo, deben llevar mucho cuidado. La vida de relación es difícil si no nos controlamos. Hasta dentro de la familia hay que cuidar que no se suelten los nervios. Aunque nos toque perder, debemos contenernos. A veces es difícil. El manojo de nervios pugna por soltarse y saltar. Pero debemos seguir sujetándolo con fuerza. Si te provocan, huye; si te molestan, suelta la carcajada; si te fastidian, disimula; si te joroban, da la espalda. Lo último es dejar los nervios sueltos, dejarse llevar por ellos. La verdadera diplomacia es mantenerse sereno, dueño y señor, con los nervios bien amarrados.
            La sociedad hoy ofrece mil situaciones conflictivas a cada paso: el vecino que grita, la música que molesta, la palabra que compromete, la propiedad que se cuestiona, que si has mirado así, que si has dejado de mirar... Difícil andar por el mundo con los nervios templados. Y sin embargo poco tan importante como "no perder los estribos" en la casa, en la calle, en la oficina, en la escuela, en el bar, en el campo.
            Cuando se aprende a dominar los nervios, cuando uno es dueño de si, pasado el conflicto que podía desatarlos, nos alegramos infinito de haber salido airosos del trance. En ese dominio o abandono puede estar la diferencia entre las personas. ¿Tú has visto conducir un coche por quien no domina el volante? Lo mismo ocurre con nosotros. Un coche debe ser totalmente gobernado por su conductor, no al revés. Si el coche te lleva a ti, el desastre es previsible. La persona que no se controla a voluntad es como llevar un coche sin mandar en él.
            ¿Se enseña en la escuela a controlar los nervios? Me temo que no. Se aprende por experiencia. Otra asignatura pendiente. El control de nuestros nervios es importantísimo en la vida de relación. Saber pasar, saber afrontar serenos situaciones difíciles, es de capital importancia.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 28 de mayo de 2013

Sara.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 Mayo 2.013, San Emilio
            SARA
            Ahora que se habla tanto de abortos, me acuerdo de mi gata cuando tenía gatitos. No salía del leñero donde la poníamos con su cría. Los cachorrillos, blancos y negros, crecían por momentos. Ella, satisfecha, les dejaba mamar cuanto quisieran. No pasaba por cabeza humana que fuera a hacerles daño a sus hijos. Jugaba con ellos, les dejaba jugar entre sí, pero estaba pendiente siempre de que nadie les hiciera mal o de que alguien pudiera quitárselos. El instinto animal era tan fuerte como la inteligencia que le faltaba.
            Sara no tenía un gato que mirara por ella. La pobre se tenía que valer por sí sola. Los gatos machos cumplían su función de engendrar y se perdían. Las hembras, con la semilla en el cuerpo, llevaban su cruz y su ventura sin compañía. Tenía que buscar sola su alimento, que estar sola en el parto, y hasta defender a sus crías cuando llegaban, de posibles depredadores. El padre no aparecía. Los gatos machos no son padres; sólo inseminadores circunstanciales, pero padres, como ellas madres, no lo son. Mi gata Sara engendraba nuevas vidas en solitario con sudores de muerte. Era su sino, por lo visto.
            En la especie humana, el sentido de la maternidad es distinto. El hombre y la mujer se eligen con el oculto y recóndito deseo de crear vida. Ambos se sienten comprometidos en el largo peregrinaje de la procreación y educación de sus hijos. El varón procura a la mujer compañía, defensa y alimento entre otras atenciones. Ya no es "ahí te quedas y que tengas suerte". Es otra forma de obrar, de hacer, de ser padre, en suma.  Comparte la maternidad.
            En el mundo animal, el oficio de madre lo asume solo la hembra. Pero, en los seres humanos, el varón colabora de tal manera en criar a los hijos, que bien puede adquirir el título de segunda madre. Así que en los abortos que, por desgracia, se producen cada día, yo me pregunto: “Dónde están los padres que no defienden a sus hijos como les corresponde?”.    
Francisco Tomás Ortuño, Murcia