martes, 14 de mayo de 2013

Vaivenes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 Mayo 2.013
VAIVENES
            El viento mueve las copas de los pinos. ¿Es producido por el cambio de la luna? Luna, sol, viento, calor, frío; el hombre vive inmerso en un agitado mundo de fenómenos, si bien se adapta a sus vaivenes como los mismos camaleones: Que hace frío, se abriga; que hace calor, al mar. Se ha acostumbrado a los cambios atmosféricas y no se inmuta.
            Que no se inmuta es mucho decir. No se libra de su influencia por más que quiera esconderse. Es parte de la naturaleza y le afectan sus mutaciones más de lo que cree. El viento transforma su carácter; el calor le produce malestar. Y es que el hombre es química por donde lo mires. El hombre es un compuesto celular. Las reacciones, inevitables, en cadena, producidas por agentes externos o internos, conmueven su sensibilidad, sus sentimientos, su vida entera. La máquina compensa las faltas con hormonas, las sobras con anticuerpos. Si la convulsión es grande, hasta que se adapta al nuevo estado, el cuerpo sufre lo indecible.
            ¿Está en mí ser de otro modo? Llego a la conclusión de que uno es inevitablemente la consecuencia de estas reacciones corporales, aquello que la suerte le depara: una combinación feliz, produce bienestar; un desgraciado encuentro funcional, produce ira, furia, enojo. Disculpo, pues, a los que pierden los papeles, o los estribos, en algún momento de su vida. ¿Qué impulso le llevó a no razonar bien, a ver de otra manera lo evidente, a ver gigantes en molinos? Una reacción orgánica adversa.
            Si todo se reduce a carbono, oxígeno, hidrógeno, calcio, litio, nitrógeno y otros elementos más del mundo mineral, salta otra pregunta: ¿Cómo se produce la vida?, ¿qué hace que una roca no se mueva y se desplace un insecto?, ¿dónde está la diferencia?, ¿qué misterioso ingrediente le proporciona la facultad de moverse, de sentir, de crecer y multiplicarse? Porque debe estar en alguna parte, debe residir en algo. Un mineral está muerto y no se multiplica, ni se inmuta, ni se mueve si lo tocas; no así una ameba, ser protozoario, que tiene las características del ser vivo por rudimentario que sea. La Biología debe saberlo. ¿Cómo empieza la vida?, ¿dónde?, ¿en qué se diferencia un átomo de una célula?
            Si algo produce la vida, vegetal o animal, si una sustancia química produce lo que llamamos vida, ¿qué ocurre con el cerebro que además piensa, siente, desea y ama?, ¿de qué naturaleza es el cerebro?, ¿qué tiene el cerebro para pensar?; si se compone de células –diez mil millones según los entendidos-, ¿qué tienen éstas que las otras no poseen? La neurona no puede ser una simple célula y menos un compuesto de átomos y de moléculas. La neurona es que piensa. ¿Cómo puede pensar un compuesto químico? Si se analiza en el laboratorio una neurona, ¿se observa en ella algo distinto al carbono, al oxígeno, o a otros elementos materiales? Porque si no es así, debemos concluir que en la neurona y en los tejidos, hay componentes de otra naturaleza, inmateriales, que producen el pensamiento.
            Ramón y Cajal, histólogo universal y premio Nobel, nos podría decir si viviera lo que descubrió con el microscopio. Pero me temo que en su siglo como hoy, la ciencia se rinde al misterio de la vida. Estudiar con sofisticados aparatos la materia es una cosa; llegar un paso más allá, a lo que no es materia, a la vida, es otro cantar. La biología se ocupa de los seres vivos; pero, ¿cómo estudia la biología a los seres vivos? ¿Los clasifica y agrupa según diferencias o igualdades? Si es así, no llega al meollo de la cuestión. Si no dice cómo y por qué se produce la vida, no dice gran cosa; si no explica qué hace posible que una célula piense, dice bien poco. Hasta que no se sepa por qué los animales sienten y por qué las personas piensan, no sabremos nada de nosotros mismos. Reducirlo todo a materia es salirse por la tangente.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 13 de mayo de 2013

Santiago.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 Mayo 2.013
            SANTIAGO
            Santiago, calvo por arriba, pelo blanco por detrás, anciano, se halla sentado con Gundenes, Andacio y Bricio, compañeros de salidas vespertinas, en un huerto del Edén. Miran embobados el planeta Tierra, que se ve a lo lejos, como una manzana  con reflejos azules.
            -¿Qué hiciste tú, compañero, querido Santiago, en tu paso por la mortal morada, para que te recuerden así? -dice Bricio intrigado.
            Santiago suelta la carcajada, sin poderse contener.
            -Sí, sí, ¿qué hiciste, Santiago, para que tu recuerdo perdure y se celebre con fiestas todos los años? -añade Gundenes visiblemente afectado.
            -En cambio, de nosotros nadie se acuerda -sigue Audacio, más encorvado que ninguno-; es que ni saben que existimos.
            Santiago sigue riendo; cada insinuación de sus amigos le hace saltar las lágrimas. Cuando puede hablar, les dice:
            -Vosotros lo que sentís es envidia.
            Ahora son ellos los que ríen. Por fin habla Gundenes por los tres:
            -Te expresas como mortal, amigo; esos pelillos quedaron abajo; aquí nos vemos libres de semejantes ruindades; pero es verdad, querido Santiago, nosotros fuimos como tú y nadie nos recuerda.
            Se oye una campana a lo lejos.
            -¡Cómo se nos pasa el tiempo! -dice Bricio-; volvamos, que nos llaman para pasar lista.
            -¡Volvamos! -dicen a coro los demás. Se levantan de su banco de madera y emprenden el regreso.
            -¡Santiago!
            -Presente.
            -¡Críspulo!
            -Presente.
            -¡Pedro!
            -Presente.
            -Mira, otro de los guapos -susurra Audacio a Bricio al oído.
            -¡Silencio!, ¿quién habla por detrás? -exclama el que pasa lista.
            -¡Aniceto!
            -Presente.
            -¡Antonio!
            -Sí
            -Mira qué original -musita aún Audacio, pegado al oído de Bricio-, ¿quién es Antonio?
            -Otro guaperas,  el niño bonito de las mujeres, como si hubiera resuelto algo alguna vez.
            -¿Sabes lo que te digo Audacio?, mejor que no nos recuerden, que no nos lleven y nos traigan; aquello ya pasó y pasado quede.
            -Dices bien, amigo Bricio,  ¿para qué?
            -¡Bricio!
            -Presente.
            ¡Audacio!
            -Presente.
            -¡José!
            -¡Anda que este si que no!
            -En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, buenas noches y hasta mañana.
            -¡Hasta mañana! -se escucha un clamor celestial que retumba en los espacios.

viernes, 10 de mayo de 2013

Espiga.


Litesofía –entre leteratura y filosofía-, 10 Mayo 2.013, viernes
ESPIGA
            Cuando de pequeño te dicen que un melocotonero es un albaricoquero, o que una mata de melones es de calabazas, siempre las confundirás, que tal fuerza tienen las primeras impresiones de la vida. Sabiendo esto, qué bueno sería llevar a los niños al campo, a mostrarles plantas, hojas, frutos y animales con sus verdaderos nombres. No decirles que toda especie vegetal que tiene tronco es un árbol ni que todo arbusto es una mata. Que luego, cuando tenga mala enmienda, verán un pino, olmo, álamo, chopo, olivo, granado o palmera, y a todos nombrarán con el mismo apelativo. A muchos nos ocurre que no distinguimos la espiga de cebada de la del trigo en el sembrado, por no haber tenido la suerte de que alguien de pequeños nos lo hubiera enseñado.
            Con los animales, lo mismo: Que alguien mostrara a los niños una granja, para distinguir siempre una paloma de una perdiz, un conejo de una liebre, una oca de un pato, un cuclillo de un jacamar. No digamos los insectos, que después te serían familiares, y así te ves condenado a llamar gusanos o bichos a todo cuanto se mueve si es pequeño, por no conocer su nombre.
            Yo de mayor sentí vergüenza de mi ignorancia, lo confieso con humildad; no sabía lo que era un grillo, una langosta, un alacrán o un escorpión. Y culpo de ello a mis maestros, que nunca me llevaron al campo. Recitaba, eso sí, los ríos de Europa y los reyes de España; pero ver un animal, ni en pintura. Hasta que ya por mi cuenta, me introduje en el fascinante mundo de las plantas y los animales a cubrir en parte el tremendo páramo de mi alma.
Por si a ti te ocurrió lo mismo y después no reparaste por tu cuenta el yerro, te describiré unos cuantos de estos seres que a mí me trajeron de cabeza hasta bien tarde por no haberlos aprendido cuando debí hacerlo:
            grillo: insecto de 1'5 a 2'5 cm., cuatro alas, color negro o pardo; con las alas produce un canto particular, sobre todo de noche.
            chicharra: nombre que se da en algunos lugares a la cigarra.
            cigarra: insecto de 4 cm., color verdoso amarillo, cabeza gruesa y ojos salientes; en tiempo de mucho calor produce un ruido estridente y monótono con un aparato muy complicado de su abdomen.
            langosta: insecto de color gris amarillento, de 2 a 4 cm. de largo, cabeza gruesa, antenas finas, tres pares de patas -el tercero muy robusto, a propósito para saltar-,agudos dientes, devora todas las plantas de provincias enteras, especialmente las mieses.       
            alacrán: color amarillento, 6 - 8 cm., dos grandes patas maxilares parecidas a las tenazas de los cangrejos; aguijón venenoso; la picadura produce un dolor inaguantable y hasta la muerte: "Si te pica el alacrán, llama al cura y al sacristán", dice un proverbio.
            sapo: batracio de 8 - 9 cm., color verde pardusco, es inocente y come insectos; se libra de sus enemigos hinchándose de aire una capa de piel como una bola.
            rana: batracio de color verde con manchas negras y tres rayas pajizas en toda su longitud; 5 - 7'5 cm.; piel lisa y lustrosa y dedos palmeados; cabeza grande y ojos saltones; anda dando saltos; su carne es un manjar delicado.
            lagarto: reptil muy común en España, de 25 - 30 cm.; boca grande con agudos dientes; cuerpo casi cilíndrico y cola larga cónica; cuatro patas cortas con cinco dedos de afiladas uñas; piel con laminillas a manera de escamas  -blancas en el vientre y verde-amarillo-azul en el resto-; inofensivo y muy útil por la cantidad de insectos que devora.
            lagartija: diminutivo de lagarto, 7 - 9 cm.; asustadiza, vive por escombros y paredes.
            salamandra: cuerpo alargado, cola larga, cuatro patas laterales, piel sin escamas de color negro con manchas amarillas, inofensiva, huidiza, casi sorda y ciega; se alimenta de insectos y lombrices. La salamandra puede ser acuática y terrestre: la acuática se denomina tritón y la terrestre salamanquesa.
            Podríamos seguir con más ejemplos, pero la idea está ahí, y basta.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Termómetros.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 Mayo 2.013, jueves
TERMOMETROS –fragmento-
             Los termómetros van a reventar. ¿Quién vio primero que el mercurio se dilataba y pensó en marcar los grados  de calor? Hoy quedó superado el invento con la electrónica, pero todos conocemos el clásico termómetro para saber la temperatura ambiental o la fiebre  que tenemos.
            Pues si, fue por el siglo XVII cuando el holandés Drebbel inventó el aparato, y tuvo que pasar tiempo para que se perfeccionara. Primero era aire lo que se dilataba; luego alcohol; después agua. Farenheit, en 1720 pensó que la dilatación regular del mercurio hacía de este metal lo más indicado para el termómetro. Y así quedó. Luego todo fue hacer cambios accidentales.
            Antes de inventarse el termómetro, la gente diría: "Hoy hace más calor que ayer". Pero no podía decir: "Hoy hace justo la mitad de calor que ayer". Medir con precisión el calor atmosférico o corporal fue como reducir al enemigo o cronometrar el tiempo.
            Es de admirar cómo el hombre fue inventando cosas para vivir mejor, por su  curiosidad y su capacidad creadora. Aunque no hubiera querido, hubiera inventado: en su inevitable madurez, la razón investigaba y él aplicaba sus descubrimientos.
            Los orígenes del hombre serían de poquísimas necesidades. Una de estas primeras necesidades sería construir armas para defenderse de los animales. Cuando tuviera frío, pensaría en cubrirse el cuerpo y en hacerse viviendas.
Con el calor, lo mismo: “Deseo estar a veinticinco grados y tres décimas". El calor ha sido domesticado. A voluntad. Más ya no puede hacerse. El frigorífico moderno, el aire acondicionado en todas sus modalidades, es la perfección suma en el campo de la térmica.
            ¿Estaría en los cálculos del Creador que el hombre hiciera y deshiciera a su antojo sin provocar enfados en la cúpula? 
Francisco Tomás Ortuño. Escritor, Murcia

miércoles, 8 de mayo de 2013

Teléfono.


 Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 Mayo 2.013, miércoles, San Acacio
            TELEFONO
            Misterio del teléfono: se marcan unos números y línea dispuesta para hablar. Yo no sé si Graham Bell, hace poco más de un siglo, pensaba que su invento iba a revolucionar el mundo. ¿Pensó que llegaría a tanto su engendro?
En el cuento "Adiós, Cordera", Clarín culpa a los hilos del teléfono de muchos males. Eran algo así como el símbolo del cambio de la vida sencilla de antes a la complicada que les toca vivir a unos niños. “Por estos hilos corren palabras y tratos de las personas, como demonios, que movilizan a los tranquilos moradores de los pueblos”.
Qué duda cabe que el teléfono es uno de los grandes revolucionarios de nuestro tiempo: sin él yo no hubiera hablado con mi hija a dos mil kilómetros de distancia.
Con la perfección del teléfono se llegó al uso, al abuso y al mal uso del mismo: Quiénes se duermen colgados del aparato sin pensar si su interlocutor dispone de tiempo para escucharlo; quiénes cuentan historias sin venir a cuento; quiénes se divierten llamando a desconocidos; los hay que piden rescate por un secuestro, etc. De estas argucias estaría en ayunas su inventor.
¿Y los políticos? ¿Cuál de ellos podría estar sin el suyo particular en su despacho? Hasta que apareció el "pinchazo". Hoy los políticos hablan con miedo de que otros escuchen sus conversaciones, o las graben. Son pruebas que se presentan en los juicios: "Es que tengo grabada la conversación".
Y a lo mejor son cintas manipuladas, trucadas, pruebas falsas, que todo es posible con el dichoso teléfono. Puesta la ley, puesta la trampa. Todo se desvirtúa. Nacido el invento, nacido su sucedáneo, y tú me entiendes.
Francisco Tomás Ortuño,
Doctor por la Universidad de Murcia

martes, 7 de mayo de 2013

Torbellino.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 Mayo 2.012
TORBELLINO
            ¿Cuándo termina el desarrollo humano? Cualquiera diría que hasta la muerte se está desarrollando. Yo no me precipitaría en la respuesta. Es más, diría que hasta  los veinte años.
El cuerpo hasta los veinte es un río precipitándose en cascada; un volcán en erupción. ¡Plaf!, pistoletazo de salida y vida en formación, revuelta vida, sin sosiego, hasta verse coronando la veintena.
Es el desarrollo como un globo que recibe aire y va tomando la forma que tenía de antemano. Lo triste es que tiene que aceptar lo que se encuentra, lo que es, lo que venía a ser.
Arriba se detiene un punto, como el cohete, y en seguida a desinflarse, a deshacerse lentamente, hasta su fin.
   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 6 de mayo de 2013

Hogar.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 maryo 2.013
HOGAR
            ¡Qué feliz estaba la novia! Como una paloma blanca, iba y venía entre los invitados. ¡Qué alegría en sus ojos! Yo pensé para mí: "¿Piensa en lo que significa este momento de su vida?”. Va a formar un hogar; y ahora depende de ella, en gran medida, que ese hogar se realice, fructifique y sea un éxito.
Era, o la vi, como a la artista que prepara materiales para pintar un cuadro: lo serio empezaba entonces. No era un final la boda, sino un comienzo. Era ahora cuando la mano de la mujer comenzaría a mover pinceles y colores. Si trabajaba con arte y con tesón, podría crear una obra maestra; si, por el contrario, pensaba que la boda era el fin de su matrimonio, su obra sería un fracaso".
            ¿Piensa la novia en el altar en la etapa que empieza con su boda? ¿Piensa en el compromiso que adquiere? ¿Piensa que tras los oropeles del convite se abre la verdadera etapa de educar a unos hijos que van a llegar?
Francisco Tomás Ortuño, Murcia