lunes, 13 de mayo de 2013

Santiago.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 Mayo 2.013
            SANTIAGO
            Santiago, calvo por arriba, pelo blanco por detrás, anciano, se halla sentado con Gundenes, Andacio y Bricio, compañeros de salidas vespertinas, en un huerto del Edén. Miran embobados el planeta Tierra, que se ve a lo lejos, como una manzana  con reflejos azules.
            -¿Qué hiciste tú, compañero, querido Santiago, en tu paso por la mortal morada, para que te recuerden así? -dice Bricio intrigado.
            Santiago suelta la carcajada, sin poderse contener.
            -Sí, sí, ¿qué hiciste, Santiago, para que tu recuerdo perdure y se celebre con fiestas todos los años? -añade Gundenes visiblemente afectado.
            -En cambio, de nosotros nadie se acuerda -sigue Audacio, más encorvado que ninguno-; es que ni saben que existimos.
            Santiago sigue riendo; cada insinuación de sus amigos le hace saltar las lágrimas. Cuando puede hablar, les dice:
            -Vosotros lo que sentís es envidia.
            Ahora son ellos los que ríen. Por fin habla Gundenes por los tres:
            -Te expresas como mortal, amigo; esos pelillos quedaron abajo; aquí nos vemos libres de semejantes ruindades; pero es verdad, querido Santiago, nosotros fuimos como tú y nadie nos recuerda.
            Se oye una campana a lo lejos.
            -¡Cómo se nos pasa el tiempo! -dice Bricio-; volvamos, que nos llaman para pasar lista.
            -¡Volvamos! -dicen a coro los demás. Se levantan de su banco de madera y emprenden el regreso.
            -¡Santiago!
            -Presente.
            -¡Críspulo!
            -Presente.
            -¡Pedro!
            -Presente.
            -Mira, otro de los guapos -susurra Audacio a Bricio al oído.
            -¡Silencio!, ¿quién habla por detrás? -exclama el que pasa lista.
            -¡Aniceto!
            -Presente.
            -¡Antonio!
            -Sí
            -Mira qué original -musita aún Audacio, pegado al oído de Bricio-, ¿quién es Antonio?
            -Otro guaperas,  el niño bonito de las mujeres, como si hubiera resuelto algo alguna vez.
            -¿Sabes lo que te digo Audacio?, mejor que no nos recuerden, que no nos lleven y nos traigan; aquello ya pasó y pasado quede.
            -Dices bien, amigo Bricio,  ¿para qué?
            -¡Bricio!
            -Presente.
            ¡Audacio!
            -Presente.
            -¡José!
            -¡Anda que este si que no!
            -En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, buenas noches y hasta mañana.
            -¡Hasta mañana! -se escucha un clamor celestial que retumba en los espacios.

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