viernes, 31 de mayo de 2013

Etapas.


            229      ETAPAS
            En la familia hay unas etapas -pocas- que se suceden con matemática precisión: a) Se funda un hogar con el matrimonio; b) Nacen los hijos; c) Se educan estos hijos; d) Los hijos se separan de los padres, fundan su propio hogar y emprenden su propia vida; e) Los padres, solos, cumplida su misión de procrear y educar, se pierden por el foro. En la fase c), los padres deben mostrar a los hijos, como alumnos en prácticas, cuanto les vaya a ser útil luego; en la e) el foro quiere decir esperar en alguna parte..., pues eso.

jueves, 30 de mayo de 2013

Maridajes.

 Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 Mayo 2.013, San Fernando
            MARIDAJES
            Yo tengo un alma que no muere y un cuerpo que morirá. Mi cuerpo es la envoltura, la vasija, el recipiente. Dentro va mi alma que no sufre pero soporta los alifafes de su envoltura. No sólo soporta y acepta sino que los respeta y alivia en lo posible. Le ha tocado en suerte ese cuerpo de por vida y, como en el matrimonio, deben ambos formar unidad y ayudarse en los contratiempos. No es resignación la postura adecuada; debe ser convicción de que son el uno para el otro por voluntad superior.
            Mi alma y mi cuerpo forman un maridaje indisoluble. Los dos son uno y se ayudan en simbiosis perfecta. El cuerpo recibe consejos del alma; y ésta, por su parte, ve, oye, viaja y conoce a través de su cuerpo. ¿Cabe el divorcio en esta unión? Sí, pero con la separación los dos se destruirían. Un alma que sienta aversión por el cuerpo que le tocó en suerte por enfermo, deforme o feo, siempre andará triste, mohína,  apenada. Un cuerpo que no atienda los consejos de su compañera, vivirá desaseado, solo y triste. El hombre y la mujer nacieron para vivir juntos y ayudarse mutuamente. El cuerpo y el alma lo mismo.

   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Sigue lloviendo.

Aquí corté la hebra Sigo a las siete de la tarde. Como dijo Mónica, el tiempo es inestable: igual sale el sol que llueve. Mamá está preparada para que una compañera la recoja. Esta vez van al Limonar. Lo habré contado. En una ocasión íbamos al Llano unos amigos a pasar unos días de Ejercicios, y llovió tanto en el camino que tuvimos que parar debajo de un puente. El limpiaparabrisas al máximo y no podíamos ver la carretera.
Ahora  sigue lloviendo. ¿Será una broma del santo encargado de mandar la lluvia? Si supiera, le pedía al Señor que lo cambiara. Que en la vida y en el más allá, hay que ser serios en lo que hagamos. Un médico es uno en la consulta y otro en su casa; un profesor no debe comportarse igual delante de los niños que a solas con su mujer; un portero de fútbol no debe dejar pasar el balón si puede pararlo. Y un encargado del Altísimo para llover la Tierra, no puede jugar a llover cuando salen las procesiones, cuando cenan los huertanos en el Malecón o van al Limonar unas mujeres de Ejercicios.
-Tiene que haber Democracia, Leonardo, y no molestar al vecino si no hace falta.
-Nunca, Froilán, debemos incordiar a nadie y menos perjudicar. Que estas lluvias a destiempo, y más acompañadas de granizo, pueden acarrear la ruina de una familia o de un pueblo. Si es graciosillo el encargado, por no llamarlo de otro modo, y descarga cuando la uva está de coger, o los melocotones,, los albaricoques o las peras, en unos minutos se lleva el trabajo de un año. ¡Vaya gracia! Yo si pudiera, llamaba al Dueño del mundo y le pedía que cambiara al santo de las lluvias y las tormentas, que ya está bien. Si estas mujeres no val al Limonar, pueden ir otro día; pero las bromas frutales son más serías. 


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Estribos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 29 Mayo 2.013, San Félix
            ESTRIBOS
            Debemos controlar los nervios. Cuando se pierden "los estribos" se pueden cometer acciones que luego nos pesaría haberlas hecho. Las personas emocionales, excitables, sobre todo, deben llevar mucho cuidado. La vida de relación es difícil si no nos controlamos. Hasta dentro de la familia hay que cuidar que no se suelten los nervios. Aunque nos toque perder, debemos contenernos. A veces es difícil. El manojo de nervios pugna por soltarse y saltar. Pero debemos seguir sujetándolo con fuerza. Si te provocan, huye; si te molestan, suelta la carcajada; si te fastidian, disimula; si te joroban, da la espalda. Lo último es dejar los nervios sueltos, dejarse llevar por ellos. La verdadera diplomacia es mantenerse sereno, dueño y señor, con los nervios bien amarrados.
            La sociedad hoy ofrece mil situaciones conflictivas a cada paso: el vecino que grita, la música que molesta, la palabra que compromete, la propiedad que se cuestiona, que si has mirado así, que si has dejado de mirar... Difícil andar por el mundo con los nervios templados. Y sin embargo poco tan importante como "no perder los estribos" en la casa, en la calle, en la oficina, en la escuela, en el bar, en el campo.
            Cuando se aprende a dominar los nervios, cuando uno es dueño de si, pasado el conflicto que podía desatarlos, nos alegramos infinito de haber salido airosos del trance. En ese dominio o abandono puede estar la diferencia entre las personas. ¿Tú has visto conducir un coche por quien no domina el volante? Lo mismo ocurre con nosotros. Un coche debe ser totalmente gobernado por su conductor, no al revés. Si el coche te lleva a ti, el desastre es previsible. La persona que no se controla a voluntad es como llevar un coche sin mandar en él.
            ¿Se enseña en la escuela a controlar los nervios? Me temo que no. Se aprende por experiencia. Otra asignatura pendiente. El control de nuestros nervios es importantísimo en la vida de relación. Saber pasar, saber afrontar serenos situaciones difíciles, es de capital importancia.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 28 de mayo de 2013

Sara.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 Mayo 2.013, San Emilio
            SARA
            Ahora que se habla tanto de abortos, me acuerdo de mi gata cuando tenía gatitos. No salía del leñero donde la poníamos con su cría. Los cachorrillos, blancos y negros, crecían por momentos. Ella, satisfecha, les dejaba mamar cuanto quisieran. No pasaba por cabeza humana que fuera a hacerles daño a sus hijos. Jugaba con ellos, les dejaba jugar entre sí, pero estaba pendiente siempre de que nadie les hiciera mal o de que alguien pudiera quitárselos. El instinto animal era tan fuerte como la inteligencia que le faltaba.
            Sara no tenía un gato que mirara por ella. La pobre se tenía que valer por sí sola. Los gatos machos cumplían su función de engendrar y se perdían. Las hembras, con la semilla en el cuerpo, llevaban su cruz y su ventura sin compañía. Tenía que buscar sola su alimento, que estar sola en el parto, y hasta defender a sus crías cuando llegaban, de posibles depredadores. El padre no aparecía. Los gatos machos no son padres; sólo inseminadores circunstanciales, pero padres, como ellas madres, no lo son. Mi gata Sara engendraba nuevas vidas en solitario con sudores de muerte. Era su sino, por lo visto.
            En la especie humana, el sentido de la maternidad es distinto. El hombre y la mujer se eligen con el oculto y recóndito deseo de crear vida. Ambos se sienten comprometidos en el largo peregrinaje de la procreación y educación de sus hijos. El varón procura a la mujer compañía, defensa y alimento entre otras atenciones. Ya no es "ahí te quedas y que tengas suerte". Es otra forma de obrar, de hacer, de ser padre, en suma.  Comparte la maternidad.
            En el mundo animal, el oficio de madre lo asume solo la hembra. Pero, en los seres humanos, el varón colabora de tal manera en criar a los hijos, que bien puede adquirir el título de segunda madre. Así que en los abortos que, por desgracia, se producen cada día, yo me pregunto: “Dónde están los padres que no defienden a sus hijos como les corresponde?”.    
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 27 de mayo de 2013

Daudet.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 mayo 2.013
            DAUDET
Estoy leyendo un libro que mi hija me compró un día allende la frontera pirenaica, "Lettres de mon moulin", de Alfonso Daudet, célebre novelista francés como bien sabes, del siglo XIX.
            Daudet nació en Nimes, y pronto fue a París, donde, por lo visto, pasó más hambre que el perro de un ciego, que suele decirse. La necesidad le hizo aguzar el ingenio y escribir novelas y cuentos que fueron muy celebrados. Disfrutó en vida de fama, cosa que no todos consiguen, así como de placeres sin cuento. A su muerte fue muy llorado, y su nombre quedó en la historia como personaje de leyenda.
            La pregunta que yo me hago es si Daudet hubiera escrito sus obras si no hubiera pasado necesidad. ¿Fue su ingenio o fue el hambre quien le llevó a crear sus dramas inmortales? ¿O acaso los dos? Porque sin talento no hubiera escrito, y sin necesidad tal vez se hubiera abandonado. ¿O fue el Destino quien hizo que se unieran ingenio y necesidad para escribir sus libros?
¿Tuvo algún mérito Daudet? Que esa es otra. ¿Fue propiamente el creador de sus cuentos, de sus historias, o fue más bien el instrumento de que se valió el Destino para dejarnos sus obras? Puestas así las cosas, llego al más radical de los fatalismos.  Todos los escritores darían lo que estuviera en sus manos por encontrar motivos interesantes que narrar.
Cervantes encontró a su personaje aventurero; Daudet tropezó con un molino abandonado desde el que escribió sus famosas cartas. -Ce sont les lapins qui ont été étonnés... Depuis si longtemps qu'ils voyaient la porte fermée, les murs..." Creo sinceramente que el que escribe topa un día con su tema, asunto o argumento inmortal. Como el estudioso de la Física que un día descubre una ley que le hace famoso.
            El escritor es algo así como el cazador o el pescador. Provisto de rifle y cartuchos o de caña y anzuelo, deportivamente, sin desesperos, cuando menos se cata salta una buena pieza... si ha de saltar. Si no es de saltar, ni con anzuelo de oro, ni con escopeta de platino y piedras preciosas incrustadas. Si el escritor es corto de ingenio, vivirá soñando con piezas de alto calado en sus pescas o cacerías, pero lo más seguro es que no conciba nada fulgurante que lo sobrepase en el tiempo.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 25 de mayo de 2013

Cela.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 25 Mayo 2.013, Sábado, San Beda el Venerable
CELA
            "No se preocupe, Señora, diré que he sido yo". La frase se aplica a Cela, don Camilo, que, a este paso, va a ser otro Quevedo –don Francisco: “Su Majestad escoja”, “¿A qué puerta llama su Majestad que no le respondan?”, etc., etc.
Se cuenta que estaba en una reunión solemne, grave, distinguida, y tuvo ganas de ventosear. Como eso don Camilo, por lo visto, se lo encontraba fácil, hizo un ruido descomunal, tan fuerte que la concurrencia se quedó mirando a donde él estaba.
Entonces don Camilo, ni corto ni perezoso, sin inmutarse, miró a la dama que tenía a su lado y, con voz sonora, soltó la inclemente frase: "No se preocupe, Señora, diré que he sido yo". ¿Te imaginas el sofoco de la susodicha dama?
  Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 24 de mayo de 2013

Músicas.


          Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 Mayo 2.013
            MUSICAS
Los jóvenes y la música forman un solo cuerpo. ¿Qué sería hoy de la música sin jóvenes, o qué sería de los jóvenes sin la música? Orquestas actúan en terrazas y salas de fiesta; cientos de grupos pululan por el ancho mundo. En la cresta de la fama hay menos, y en llegar a esos puestos de privilegio, está la ilusión de los que viven de la canción.
            Los jóvenes de hoy no han conocido el mundo sin música. Desde los Beatles a Julio Iglesias y otros divos por el estilo, siempre han escuchado ruido, guitarras y canciones por todas partes. La música los ha formado y conformado..
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Aznar.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 Mayo 2.013, jueves
Fragmento

-Ayer encendí la tele y estaba hablando Aznar, presidente que fue de España hace unos años.
-Y que dejó de serlo por el golpe del “Once Eme”. ¿Y qué decía ahora?
-Unos periodistas le preguntaban por el futuro de España: “¿Qué va a pasar, don José María? ¿Cómo ve la crisis que tenemos? ¿Usted qué medidas tomaría si fuera Presidente? ¿Se va a separar Cataluña?”. Y él, como un oráculo, decía que la situación era mala pero que él cuando fue Presidente dio trabajo y no hubo sobres con sobresueldos.
-Querría nadar y guardar la ropa.
-Pero entre líneas se dejaba ver a un Aznar deseoso de volver a la Política. “Pues mire usted…”, repetía con sonrisa que trataba de esconder, “yo creo que con mayoría absoluta se podía hacer más de lo que estamos viendo”. Y los periodistas, pillos ellos, seguían hurgando en las heridas y haciendo comparaciones. “Pues, mire usted, si me llamaran…, ¿quién sabe? Pero les toca a ellos dar el paso, no a mí”. Y en sus ojillos se traslucía el amor al cargo que tuvo.

Por los años finales del pasado siglo, yo dediqué muchos ratos a la Política. Fruto de ellos fue mi libro: “PP o PSOE, tú decides”. Con fecha 17 de octubre del 1.994, página 64, escribí: “Catalanismo.- En Barcelona no quieren hablar en castellano. En el País Vasco, tres cuartos de lo mismo. En el fondo, lo que no quieren es ser españoles. Para ellos su país es su país y basta, y su lengua el catalán o el vasco. Si pudieran tenían fronteras con el resto de España. ¿Qué nos importan los aragoneses, los andaluces o los extremeños?...”.

En la página 207 del mismo libro, se lee: “Murcia con Aznar:
-¿Has visto, Ana, qué recibimiento en Murcia? Más de 20.000 personas, qué éxito, Murcia es nuestra.
-Era impresionante ver tantas banderas y escuchar: “¡Aznar, Aznar, Presidente, Presidente!”. En la vida había visto nada igual.
-No pensaba decírte, Ana, lo que sentí allí. Dios me quiere para Presidente de todos los españoles. No sé cómo explicarte lo que me pasó: tuve la corazonada, la certeza, de que Dios me lo decía. Fue como una luz, como un relámpago. En medio de las aclamaciones, con la plaza llena hasta los topes, vi una luz que me lo decía. Siento escalofrío al recordarlo.
-Que sueñas con la Moncloa, querido…

Y ahora, a los veinte años, veo que todo sigue lo mismo, un Aznar soñando con ser Presidente y creyendo ser la solución a los problemas económicos y sociales de España. Pero… agua pasada no mueve molino, señor Aznar, la vida es irreversible y su turno ya pasó.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Ortopedia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 Mayo 2.013. Sta. Rita de Casia
ORTOPEDIA
            La protagonista era una joven como tú. En un accidente pierde el habla y todo recuerdo del pasado. Hasta le amputan una pierna por debajo de la rodilla. Poco a poco recupera la memoria, el habla y la habilidad para desenvolverse con una pierna ortopédica. Luego viene la moraleja, la segunda parte de la película. La chica se enamora de un joven apuesto y hace horas extra de recuperación sin que nadie se entere. Se da cuenta de que es su problema y que a ella toca resolver. Tanto empeño pone que llega a manejar su pierna ortopédica como si fuera propia, hasta el extremo de que monta a caballo, en bici, corre y juega sin que nadie adivine que es coja.
El médico le enseñó muy pronto que debía asumir su defecto con entereza: "Debes decirlo cuanto antes a tus nuevos amigos, como si tal cosa, y no esperar a que lo descubran ellos; así verás quién te acepta por ti; quien no te reciba por un trozo menos de pierna, no vale la pena en tu vida". Con estas ideas va por el mundo, y a las primeras llantinas y desilusiones siguen momentos de logros y de alegrías. Se casa y vive feliz. Tan feliz que quiere hacer felices a los demás como ella, y con tal fin se coloca en un Centro de mutilados para ayudarles a insertarse en la sociedad. Nadie mejor que ella para infundirles valor, alegría y ganas de vivir. Cuando les habla por vez primera no se creen que es coja. "Qué fácil habla el sano con el enfermo", dijo uno. Entonces le descubrió su tocón de madera y le hizo tocar para que se convenciera.
            Cuántos en la vida real pueden aprender de esta película que nuestros males, con buena voluntad, se pueden vencer; y que, en último extremo, aceptar la voluntad de quien dirige nuestra vida es lo mejor para nosotros. Que no debemos rebelarnos ante pequeños contratiempos, que el Señor, quizás, los pone para hacernos bien. Mi filosofía es la siguiente: "Esto creo que es bueno y lucho por alcanzarlo; si no lo consigo debo alegrarme: no era lo mejor para mi". Leí una vez un cuento sencillo pero profundo del uruguayo José Enrique Rodó: Un niño juega con un búcaro a sacar notas de música dándole con el dedo; luego lo llena de arena y el vaso compacto ya no suena como antes. El niño, que debía tener alma de filósofo, piensa un momento y, en lugar de romper la vasija que antes le proporcionaba bellos sonidos, coloca una flor de tallo largo en forma de maceta o pensil, y la pasea orgulloso por la casa como un trofeo conseguido en un combate colosal.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 21 de mayo de 2013

Casualidad.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 Mayo 2.013, martes
            CASUALIDAD
            La casualidad nos deja a veces perplejos. Que vayas al teatro en Madrid no tiene nada de particular; que a la misma función vaya un amigo tuyo por su cuenta, casi tampoco; pero que a los dos, y sólo a los dos, os toque un premio en una rifa, ya es casualidad. Que estés en Francia no tiene importancia hoy; que preguntes a un señor que pasa dónde hay un museo, tampoco; pero que este señor sea español y de tu mismo pueblo, ya es casualidad. Para mí la casualidad es el destino que juega con nosotros. "¡Qué casualidad!", exclamamos cuando vemos a una persona que buscamos en una multitud. "¡Qué casualidad!", decimos cuando topamos con la solución de algo. "¡Qué casualidad, tocarme la lotería!".
            Hay detrás de toda casualidad algo extraño y misterioso que actúa sin que nos demos cuenta. Vemos el resultado y nos sorprende, pero apenas reparamos en el fenómeno taumatúrgico del asunto. El tema de la casualidad entra en la materia ultrasensorial de la catalepsia, de la hipnosis, de la clarividencia, de la adivinación; en el terreno de la parapsicología, de los sueños y del más allá. Un mundo que está ahí,  que nos sacude con violencia, y que no podemos comprender.
            La telepatía es un hecho de la vida corriente, y, sin embargo, espera su turno. Juega a ofrecerse y a ocultarse. El hombre sabe que es un hecho cierto, que lo ha experimentado, pero se le escapa como el humo. No es materia de disección y análisis. Es inaccesible todavía. Con la casualidad ocurre como con la telepatía o la premonición. No llegamos a saber qué la produce, qué hay detrás de la misma, aunque sepamos que existe. Yo pienso en alguien y en seguida me encuentro con esa persona. "¡Qué casualidad!", me digo. Pero detrás de esa casualidad hubo algo misterioso que la produjo, algo que provocó la coincidencia de pensar en una persona y que esa persona se encontrara allí.
            Nos vamos acostumbrando a ver como natural lo que está fuera de toda comprensión. Puede ser que pronto podamos entender estos hechos y hasta conducirlos como ha ocurrido con la corriente eléctrica.
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 20 de mayo de 2013

Gatos.


    Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 Mayo 2.013
            GATOS
            Si no lo hubiera visto no me lo habría creído, pero como lo observé en todos sus pormenores, no tengo más remedio que aceptar los hechos. Podría pasar por una historia de ficción, y hasta titularse: "Los gatos que se resistían a morir". El hecho ocurrió como sigue:
 La gata, a punto de parir, maullaba por el patio. Su panza parecía un balón;  la metimos en el coche y la llevamos con nosotros al chalé.
            Cerca del mediodía, oímos los inconfundibles maullidos de gatos recién nacidos. "¿Dónde están?", nos preguntamos. En seguida dimos con la madriguera. La gata había buscado un lugar seguro para dar a luz a sus cachorros: la gatera. No la podíamos ver ni menos tocar, mas los gemidos gatunos llegaban fuera con asombrosa nitidez.
            La siesta fue de órdago. Miguel y yo por nuestra cuenta, cuando los demás dormían, nos propusimos alcanzar los gatos. Con un escoplo y un martillo quisimos quitar la trampilla que daba a la gatera. ¿Es que podíamos? Ruidos y golpes de sepulturero en una tumba. "¿Echamos un cubo de agua desde arriba". Ni por esas. Los pobres animales sufrían resignados las avenidas, pero resistían el asedio con ejemplar heroísmo. "Otro cubo y nada". Seguimos con la piqueta. Por fin la losa se movió. "Ya son nuestros", dijimos triunfantes y sudorosos.
            Los gatitos, pegados a su madre, parecían frutos colgados de un árbol. Cuatro cachorros como lombrices chupaban del vientre de su madre. Con cuidado los colocamos en un cajón.
            La tragedia se cocía en nuestras mentes. Subimos un cubo con agua, al que arrojamos dos gatitos indefensos arrancados de su madre. Luego, lejos, fuera de la valla, hicimos un hoyo donde enterrarlos. A la vuelta de tan lúgubre faena, triste por dentro por más que quería disimular, exclamé suspirando: "Todo ha terminado".
            Al día siguiente, temprano, cuando desayunábamos, escuchamos unos maullidos lastimeros y nos miramos sorprendidos. Subimos al leñero. En el cajón permanecía la gata con sus dos cachorrillos pegados a sus castigadas ubrecillas. No era de allí de donde procedían los quejidos. Venían de más arriba, de fuera de la valla, justo de donde se habían enterrado a los otros la tarde anterior. Corrimos allí. Entre tierra y piedras gateaban dos minúsculos animales desenterrados. Sus maullidos llegaban al alma. Se resistían a morir, se aferraban a la vida con uñas y dientes. Casi con miedo, los cogimos del cuello como hacen las gatas con sus hijos, y los colocamos junto a sus hermanos. La gata los lamió y los limpió mientras que se ofrecía para darles el alimento.
            No podíamos creer lo que veíamos. ¿Qué había ocurrido? La tierra seguía aplastada como quedara el día anterior. No había señales. Yo dije fuerte para que me oyeran todos: La vida es un don que no procede de nosotros, y debemos respetarla.  
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 18 de mayo de 2013

Relevos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 Mayo 2.013, víspera valenciana
RELEVOS
El día último de cada mes es para mí un día de despedida. No sé si a ti te pasa lo mismo, pero en esa fecha veo a un amigo que se marcha. Igual me ocurre con los años. El último de diciembre es un día triste para mí. Iba a decir y digo -no me resisto a ello- que cada día por la noche es otro amigo que me deja.
¿Reparamos en estos compañeros? Un día tiene entidad propia, no es nunca como el vecino, es él y sólo él, no hay dos iguales. Pero a fuerza de vivir con ellos, los confundimos. Sí, cada veinticuatro horas hay un real relevo, un nuevo invitado.  Llega y quedamos indiferentes, sin despedir al que se va ni darle la bienvenida al que llega.
Podríamos decir luego: "Con el acompañante del veinte de enero me ocurrió tal cosa". Es una referencia para fijar nuestros hechos cotidianos, nuestra historia personal. Son como armarios. Cada día es un armario para guardar nuestras acciones. ¿Se servirá Dios luego de ellos para ver nuestro paso por la tierra? "Este vacío, este vacío, este sucio, este sin nada de valor". ¿Mirará el Señor estos armarios a la hora de juzgarnos?
            -Pero, ¿en qué quedamos, los días son compañeros o baúles para guardar cosas?
            -Lo uno y lo otro. Cumplen esa doble función: estos buenos amigos -ángeles celestiales-, guardan todo lo habido y por haber. ¿Pensamos que el Señor nos lleva minuciosamente controlados?: Un Comandante nos acompaña cada año. A su servicio hay doce Capitanes, uno para cada mes. Y cada Capitán dispone de treinta Sargentos.
            Resumiendo: Por cada año de nuestra vida hay pendientes de nosotros: un Comandante, doce Capitanes y trescientos sesenta y cinco Sargentos. Todo lo archivan. Hasta los pensamientos más ocultos quedan registrados. Inmenso ejército para vigilar nuestra vida, para archivar nuestros actos y pensamientos.
            Al final, cada ejército se presenta ante el trono del Señor con el sujeto que va a ser juzgado. El Coronel recibe de sus Comandantes los registros que estos reciben de sus Capitanes y Sargentos. Todo lo presenta al sumo Juez, que observa al reo. El Juicio es inapelable.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 17 de mayo de 2013

Baúl de recuerdos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 Mayo 2.013

Murcia, las siete, donde ayer. Mis amigas del tiempo dormirán felices: sus pronósticos se cumplen a rajatabla. En plena primavera hace un tiempo invernal: llueve, nieva y hace frío. ¿Qué está pasando?
-Si la atmósfera hablara, diría: “Nada de particular, humanos, que en todas las familias hay contratiempos; vosotros a lo vuestro, que no es poco atender, y a no meter las narices en casa ajena”.
-Ayer me bañaba en Inacua y saludé a un compañero: “¿Cómo estás?”, le dije. “Yo bien, ¿y tú?”, me contestó. Le confesé que me levanto con dolor de hombro. Se rio para decirme que a él unos días le duele una cosa y otros días otra, pero que no hace caso; que había visto que su propio cuerpo era su mejor aliado: el dolor desaparecía solo. “Lo último es ir al médico a contarle mis alifafes y que me mande píldoras, que si me alivian el dolor me fastidian el estómago”, dijo al final. 
-Es que este mes que viene cumplo ochenta años –seguí. Y él me confesó que era mayor que yo:
-Pues yo he cumplido ochenta y tres; nací en el año treinta del siglo pasado. Tú nacerías en el treinta y tres.
-Efectivamente –le dije-, en tiempos de la República. Sentí alivio sabiendo que me las había con alguien mayor que yo. Recordé los versos de Campoamor: “…viendo –que otro sabio iba cogiendo –las hierbas que él arrojó”.
Y recordé a Rosa, que iba a casarse y la idea monopolizaba su magín: “Buenos días, Rosa”, la saludó su vecina. Y ella le respondió: “Mañana me caso”. “He dicho buenos días”, siguió la vecina. Y Rosa, que solo pensaba en lo suyo, siguió: “Una vez tenía que ser”.

Este recuerdo sin duda me llega de alguna parte del cerebro en que guardo mis objetos personales. El cerebro debe ser como un baúl donde vamos depositando cosas. Y el dueño echa mano sin darse cuenta, si hay algo que necesita.
-O se ofrece generosamente y te muestra lo que buscas. Hay una relación estrecha entre el cerebro y la persona que lo posee, que se entienden hasta sin hablar. Y esa puede ser la prueba: “Busco tal cosa”. “Aquí la tienes”. Porque fuera del cerebro estoy yo.
-Deben ser compartimentos del mismo cerebro, Julián. Lo que llamas “yo” debe ser una parte que reside más allá. Serán vecinos como las naciones del globo. Ninguna está fuera del planeta, siendo tan diversas unas de otras.
-Eso explica que haya personas cultas pero poco inteligentes y al revés, personas inteligentes e incultas.
-¿Qué explicaría lo que manifiestas?
-Que una parte del cerebro sería para la cultura y otra distinta para la inteligencia. Que no es lo mismo ser una persona culta que ser inteligente. La primera puede recordar bien lo que ha visto u oído y la otra razonar mejor los problemas.
-Vienen a ser como la vista del alma: una ve poco y otra ve con claridad.
-Sí, sí, es cierto… 

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 16 de mayo de 2013

Fornel.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 Mayo 2.013, Jueves.
FORNEL
            Como el butano se acabó y estábamos en el campo, recurrimos al fornel. A los que no lo sepan les diré que el fornel es un hornillo de hierro, con patas, que sirve para cocer alimentos. Nuestras abuelas lo usaron en sus cocinas y muchas de nuestras madres también. Encendían carbón y a calentar las ollas colocadas encima. Luego se retiraron porque el petróleo trajo otro tipo de hornillo que duró hasta que el butano lo desplazó.
            El fornel hace mirar el tiempo retrospectivamente: fornel, hornillo de petróleo, cocina de butano, cocina eléctrica. Y ello en el brevísimo tiempo de tres generaciones. Nuestros hijos recogen los avances de la técnica iniciados por sus abuelos. Y nosotros en medio, como en la cima de un tejado separando las dos vertientes. Hemos tenido ese privilegio: conocimos la vida rudimentaria de nuestros padres y presenciamos la vida muelle de nuestros hijos. Los primeros ni sospecharon lo que se avecinaba; los segundos ni se imaginan otro modo de vivir. Nosotros, en la arista del diedro, vemos asombrados los dos mundos opuestos.
            Generalizando, yo diría que el siglo XIX preparó el XX, y el XX ha preparado el XXI. La vida fue monótona, sin grandes sobresaltos, hasta el siglo XIX. Fuera de algunos inventos, alejados una eternidad, la vida transcurría de centuria en centuria de igual forma. Milenios hubo sin cambios de ningún tipo en la aburrida vida planetaria.
Pero llegó el siglo XIX y como un volcán que entrara en erupción, comenzó a explosionar por todas partes. La luz, el teléfono, el avión, la máquina de vapor, el tren, etc., dieron pie a que otros inventos se sucedieran en cadena. No hubo campo que no revisara sus estructuras. El mundo se conmovió. Conocer por radio lo que se decía a miles de kilómetros era cosa de brujas; hablar a través de unos hilos, increíble; utilizar máquinas en la industria, insospechado. "¿A dónde vamos a llegar?", se preguntaban asombrados. "¿Qué nos toca ver ahora?". Los hombres estarían perplejos ante tal cúmulo de noticias que les llegaba. "¡Que vamos a volar como los pájaros, tío Celedonio!". Y el tío Celedonio, sonriendo, diría: "A este paso, me lo creo!".
            El siglo XX fue ordenando tales inventos, obteniendo resultados prácticos en la industria. La luz eléctrica daba mucho de sí; proliferaron los aparatos eléctricos; el mundo cambiaba con rapidez. No había rincón ni actividad que no se vieran abordados por el cambio. El siglo XX fue el siglo de las aplicaciones prácticas a la vida ordinaria de cuanto se descubrió en el anterior. Un siglo, pues, agitado y convulso. Con un símil fácil, yo diría que en una casa vacía o con parco mobiliario, se entró toda clase de enseres, sofisticados aparatos, máquinas desconocidas. En el siglo XX, repuestos del asombro, el hombre se dedicó a ordenar la casa. Y el siglo XXI será de gozar a pierna suelta de la casa.
            Yo tengo fe en el porvenir, lleno de comodidades. Serán sus habitantes los más afortunados. El siglo XIX inventó; el siglo XX ordenó; el siglo XXI disfrutará. Tengo fe en el porvenir, fe ciega. Un mundo feliz aguarda a las generaciones nuevas.           Los que vivimos a caballo entre el pasado y el futuro, observamos mejor que nadie la diferencia. Pero hay una duda que nos asalta: ¿Fueron menos felices los hombres del siglo XIX encontrando que los del XXI serán teniendo?; ¿fueron menos dichosos los hombres del siglo XX disponiendo que lo serán los venideros disfrutando de lo que van a encontrar? Esa pregunta deben plantearse en serio los hombres. Para mí que "encontrar" es alucinante, "ordenar" es maravilloso, "vacar" es nefasto. Quién sabe si la perdición se encuentre en la abundancia; si el mal esté en tenerlo todo sin necesidad de buscarlo. Ahí puede encontrar nuestro siglo su desgracia, triste paradoja, en su infinito bienestar. Ahí debe centrar su atención para no caer en las redes del hedonismo, del hastío y del aburrimiento, como una trampa mortal.     
Francisco Tomás Ortuño, Murcia 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Meteorología.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 Mayo 2.013, San Isidro

Murcia, las siete y media. Coinciden mis amigas meteorólogas en que tenemos por delante unos días malos, pérfidos, en su campo. En román paladino, que van a bajar las temperaturas y va a llover en toda España. Creo que fue Alejandra la que dijo que hasta puede granizar en algunas regiones y que la nieve puede aparecer en alturas inferiores a los mil metros.
-¡Vaya panorama, Aurelio! En Madrid, como son las fiestas de San Isidro, su patrón, estarán preparados: “¡Tú a mí no me la das, que habrá verbenas llueva o no llueva, granice o no granice, que la experiencia es madre de la cierncia! ¡Estaría bien que me cogieras desprevenido! Tenemos a cubierto nuestras vides y otros frutos del campo con paraguas, y las terrazas de la ciudad con grandes plásticos, por si amanecieras graciosillo y quisieras gastarnos una broma”, se dirán.
-¿Qué le habremos hecho para querer mandarnos un correctivo? Veo que no nos entendemos con los santos “aguaceriles” y “graniceros”, con lo fácil que sería decir las cosas claras en una reunión. “No nos gusta esto, humanos, lo preferimos así”. Que hablando se entiende la gente. Y no tener que adivinar su pensamiento para obrar en consecuencia. Parece que estemos en guerra. ”¡No hagáis fiestas!”. Y nosotros las cambiaríamos por otra cosa. Pero que llegue la festividad y empiece a llover, no me parece de recibo.
-¿Qué pasa en Murcia?, lo mismo. Llega la Semana Santa y agua va; llegan las fiestas de los Huertos, cuando la gente sale a cenar morcillas al Malecón, y bajan las temperaturas. Es que se pasan.
-¿Y con Sevilla? ¿Qué ha hecho Sevilla para tratarla tan mal? Si la Feria, agua que se lleve río abajo las casetas; si Semana Santa, guerra contra las imágenes con tirachinas.
-Pero los meteorólogos no se merecen nada, que ellos son meros anunciadores de lo que dice el Meteosal: “¡Aguas vienen!”, “Fríos intensos se avecinan!”, “¿Por fin calor!”. Ellos son intermediarios, como traductores entre chinos y españoles: “Dice que te compra la producción de coches a cambio de abrir tiendas sin impuestos”. “Dile que conforme si no son más de mil”. Y se estrechan la mano. ¿Qué se merece el que traduce de los acuerdos?
-Creo que más de lo que se piensa, que si es torpe o gracioso el traductor y da gato por liebre, puede hacer o deshacer lo que haya en juego. Supongamos que el chino quiere hacer un trueque o canje con España y el intérprete dice que “nones” donde debe decir “de acuerdo”: deshace el trato.
Y en la meteorología lo mismo: si dice el Meteosat que va a lucir el sol y van a subir las temperaturas y la meteoróloga dice lo contrario, la arma bien armada reteniendo en sus casas a posibles consumidores en playas o plazas hoteleras.
-Bueno, nos hemos apartado del tema.
-Creo que no, Panfilio, que todo es uno y lo mismo. Para mí que los delegados celestiales en mandar lluvias, piden un soborno. Como en su paso por la Tierra estaban acostumbrados a doblar la mano por detrás, a “poner el cazo” dicho vulgarmente, para pedir un aumento en la operación, les quedó el recuerdo y siguen en sus trece.
-¿Y qué pretenden?
-Que se les dé una propina.
-¿Y para qué? ¿Qué van a hacer ellos con una propina?
-No olvides que en el Cielo hay almas inocentes, aniñadas, y obran en consecuencia. ¿A qué niño no le gusta un caramelo? Querrán que hablen de ellos, que los lleven en lenguas, que verán que a unos los agasajan con dádivas y cirios y a ellos ni los nombran.
-Será eso, Mauricio, que no sabemos lo que se cuece arriba.
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia