Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 Mayo 2.013, San Isidro
Murcia, las siete y media. Coinciden mis amigas meteorólogas en que tenemos por delante unos días malos, pérfidos, en su campo. En román paladino, que van a bajar las temperaturas y va a llover en toda España. Creo que fue Alejandra la que dijo que hasta puede granizar en algunas regiones y que la nieve puede aparecer en alturas inferiores a los mil metros.
-¡Vaya panorama, Aurelio! En Madrid, como son las fiestas de San Isidro, su patrón, estarán preparados: “¡Tú a mí no me la das, que habrá verbenas llueva o no llueva, granice o no granice, que la experiencia es madre de la cierncia! ¡Estaría bien que me cogieras desprevenido! Tenemos a cubierto nuestras vides y otros frutos del campo con paraguas, y las terrazas de la ciudad con grandes plásticos, por si amanecieras graciosillo y quisieras gastarnos una broma”, se dirán.
-¿Qué le habremos hecho para querer mandarnos un correctivo? Veo que no nos entendemos con los santos “aguaceriles” y “graniceros”, con lo fácil que sería decir las cosas claras en una reunión. “No nos gusta esto, humanos, lo preferimos así”. Que hablando se entiende la gente. Y no tener que adivinar su pensamiento para obrar en consecuencia. Parece que estemos en guerra. ”¡No hagáis fiestas!”. Y nosotros las cambiaríamos por otra cosa. Pero que llegue la festividad y empiece a llover, no me parece de recibo.
-¿Qué pasa en Murcia?, lo mismo. Llega la Semana Santa y agua va; llegan las fiestas de los Huertos, cuando la gente sale a cenar morcillas al Malecón, y bajan las temperaturas. Es que se pasan.
-¿Y con Sevilla? ¿Qué ha hecho Sevilla para tratarla tan mal? Si la Feria, agua que se lleve río abajo las casetas; si Semana Santa, guerra contra las imágenes con tirachinas.
-Pero los meteorólogos no se merecen nada, que ellos son meros anunciadores de lo que dice el Meteosal: “¡Aguas vienen!”, “Fríos intensos se avecinan!”, “¿Por fin calor!”. Ellos son intermediarios, como traductores entre chinos y españoles: “Dice que te compra la producción de coches a cambio de abrir tiendas sin impuestos”. “Dile que conforme si no son más de mil”. Y se estrechan la mano. ¿Qué se merece el que traduce de los acuerdos?
-Creo que más de lo que se piensa, que si es torpe o gracioso el traductor y da gato por liebre, puede hacer o deshacer lo que haya en juego. Supongamos que el chino quiere hacer un trueque o canje con España y el intérprete dice que “nones” donde debe decir “de acuerdo”: deshace el trato.
Y en la meteorología lo mismo: si dice el Meteosat que va a lucir el sol y van a subir las temperaturas y la meteoróloga dice lo contrario, la arma bien armada reteniendo en sus casas a posibles consumidores en playas o plazas hoteleras.
-Bueno, nos hemos apartado del tema.
-Creo que no, Panfilio, que todo es uno y lo mismo. Para mí que los delegados celestiales en mandar lluvias, piden un soborno. Como en su paso por la Tierra estaban acostumbrados a doblar la mano por detrás, a “poner el cazo” dicho vulgarmente, para pedir un aumento en la operación, les quedó el recuerdo y siguen en sus trece.
-¿Y qué pretenden?
-Que se les dé una propina.
-¿Y para qué? ¿Qué van a hacer ellos con una propina?
-No olvides que en el Cielo hay almas inocentes, aniñadas, y obran en consecuencia. ¿A qué niño no le gusta un caramelo? Querrán que hablen de ellos, que los lleven en lenguas, que verán que a unos los agasajan con dádivas y cirios y a ellos ni los nombran.
-Será eso, Mauricio, que no sabemos lo que se cuece arriba.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia