lunes, 4 de marzo de 2013

Convencer. Campanea. Caminos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 Marzo 2.013
Fragmentos
CAMINOS
Las personas pueden ser buenas y malas. Las buenas no pueden ser sino
buenas. De las malas, unas consiguen ser buenas por méritos propios
-luchan, se vencen-; otras no lo consiguen, o no lo intentan siquiera.
Las buenas son así desde que nacen: pasan por el mundo haciendo bien
sin proponérselo. Son ángeles tutelares en la tierra, modelos, que
señalan caminos a seguir. El mérito está en las personas que se
esfuerzan por mejorar y lo consiguen, en las que luchan contra natura
por hacer el bien. Ahí está el gran merecimiento.
Buenos y malos, virtuosos y malvados. Lo socialmente importante, creo,
es procurar motivaciones atractivas, fascinantes, a los que nacieron
diabólicos, que les atraiga luchar por ser de otro modo.

132 CAMPANEA
El reloj campanea las ocho. El día apenas tiene luz. Es uno de los
más raquíticos del año. El viento, cuando aparece, aventa las
campanadas con facilidad. Un día y otro, una semana, un mes, un año;
vuela el tiempo, y nosotros aquí, viéndolo pasar, sin poder hacer nada
por detenerlo. El son de las campanas de la iglesia llegan a ráfagas
hasta mí. Su voz es fría, gélida, como el ambiente. Tocan a Misa. Irán
algunas personas que madrugan por sistema, o que duermen poco.

133 CONVENCER
Leí en "Cómo ganar amigos" que un médico se puso enfermo cuando tuvo
que hablar en público. Enfermo de miedo. No pudo ni abrir la boca. Lo
cual le hizo pensar, y, por si volvía a repetirse, se preparó en el
arte -bonito y delicado- de hablar en público. Pronto destacó en este
campo y era llamado a dar conferencias en distintos medios.
Había de aprenderse a hablar en las escuelas, de hablar en público,
de exponer puntos de vista y de sentirse cómodos ante un auditorio.
Las discusiones las suelen ganar los que hablan mejor o los más
preparados en estas lides.
Los políticos tienen que ser maestros en oratoria. O dicen bien, o no
convencen. Y eso lo saben ellos. En el decir está la fuerza de sus
argumentos; en expresarse bien, el secreto de su triunfo. Hasta lo
falso, con buenas palabras, parece verdad. Si dos personas discuten,
gana el que con más rotundidad se expresa.
No le demos vueltas, hay que enseñar a hablar, hay que enseñar a
discutir, hay que enseñar a convencer.

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