martes, 27 de mayo de 2014

Correo postal.

26 mayo 14
Murcia, las nueve, en el comedor.
En el buzón, ayer, había una carta de Chile. Era de nuestra prima Emilia, monja de clausura en un convento de la América latina.
Empieza así su carta: “Copiapó, 30 de abril 2014. Mis queridísimos primos, Paco y Pascuala, ¡aleluya, el Señor ha resucitado, aleluya!”. Lo primero que me llama la atención es la fecha: 30 de abril y estamos a 26 de mayo.
¡Cómo han cambiado las comunicaciones! ¿Quién escribe cartas hoy, cuando está el teléfono móvil, que habla con la persona como si estuviera a tu lado? ¡Qué revolución!
Francis me dijo, recibida que hubo mi Litesofía por Internet: “¿De verdad que acertaste el resultado del partido? Nosotros probamos con unas “porras”, pero ninguno dio en la diana: Pascual 2-1; Miguel 1-2; Ángel 2-0, y yo 2 a 2”.

Y es que con el “guasap” o como venga en llamarse, hablan entre ellos como si estuvieran en una habitación alrededor de una mesa. Igual da que uno esté en Australia, otro en Panamá, otro aquí y en Japón el otro. Dentro del Planeta, todo es uno y lo mismo.
Lo comentaba con mi mujer: “No tiene sentido hoy mantener un teléfono fijo en Santana. Si te llaman cuando tú no estás, llamada perdida; y si estás puedes atender la llamada con el teléfono móvil.
Poco futuro tiene el teléfono fijo. Cada persona llevará su móvil en el bolsillo como lleva el reloj de pulsera para ver la hora. Y las cartas postales tres cuartos de lo mismo: ¿quién va a escribir una carta sabiendo que la van a leer al mes siguiente?
En su carta dice también: “Hace una semana  tuvimos la alegría de la canonización de dos grandes Papas, tan queridos de todos por tanto bien que han aportado a la Iglesia y al mundo entero. Pudimos ver el acto por la televisión”.
Querida prima, no tiene sentido hoy escribir una carta como hace años, existiendo los móviles y el internet. Es tanto como ir a Roma a la canonización, o a Portugal a ver un partido de fútbol, teniendo a mano el televisor. 
La vida avanza y tenemos que seguir a su ritmo si no queremos quedarnos atrás. Sé que es difícil, prima, seguir la marcha de la vida actual, cuando cada día aparece algo nuevo; pero las cartas, prima, debemos asumirlo como una obligación.
Francisco Tomás Ortuño
Doctor por la Universidad de Murcia  


lunes, 26 de mayo de 2014

La Copa de Europa.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 mayo 2014
Fragmentos
Dedicado a mi nieto Gabriel Tomás Muñoz
24 mayo 14
     Santana de Jumilla, las siete y media de la mañana, sábado. El sol viene despacio por el Carche. Hoy para muchos es un día histórico: dos equipos españoles se juegan una Copa. Infantil si quieres, pero ayer cientos de coches partieron de España a presenciar el encuentro de esta tarde, a las nueve menos cuarto, en un campo lisboeta.
     Yo, por Miguel y por mi nieto, con el corazón en la mano, quisiera que gane el Atlético de Madrid; con la cabeza, me decanto por el equipo blanco. Si tuviera que dar un pronóstico, diría un cuatro a uno. Y pienso que sería razonable, ya que el Atlético de Madrid acaba de proclamarse Campeón de Liga, y en la vida hay que saber compartir…
25 mayo 14
      -¿No vas a decir nada del partido de ayer?
     -Te cuento: El ambiente era fenomenal, lleno hasta la bandera, con los Reyes, Presidentes y Políticos de todos los colores. Yo veía que fallaba en mi pronóstico, porque cinco minutos antes del final, el resultado era de un gol a cero para los jugadores de Simeone. ¡Cómo sufrían los madridistas, incluido Rajoy, viendo que su equipo no colaba el gol del empate y que el partido tocaba a su fin.
     Y la verdad es que el acoso era tremendo: allí no había más que medio campo, o mejor un cuarto y una portería. Hasta Casillas vino en ayuda de los suyos. Pim, pam, pum, fuera: el balón no entraba de milagro. ¿Tú has visto imanes de polos opuestos cómo se repelen?  Algo así eran los palos de la portería rojiblanca: no había manera de que el balón entrara.
     Ya se pensaba que debía de ser así por un destino fatal, hostil y perverso, cuando de pronto el balón entró en la portería de un testarazo de Sergio Ramos. ¡Qué salto dio Florentino! El Rey, que dormitaba, se asustó de los gritos. “¿Qué pasa, Sofía, qué pasa?”. “¡Un gol, Juan, un gol que han colado!”.
     Medio campo se calló, y el otro medio saltó gritando no creyendo lo que acababa de suceder. El milagro se producía,  el hechizo se vino abajo, y la realidad se impuso. Con los abrazos y los gritos de júbilo se llegó al final.
     Llegada la prórroga, los atléticos tiraron la toalla, mantenida milagrosamente ochenta minutos de partido. Pronto vino el segundo tanto; luego el tercero, y por fin el cuarto, llegando así a mi pronóstico, que era lo más lógico pese a Miguel, a Gabriel y a los miles que soñaban como ellos que el Atlético de Madrid sería el vencedor.
                             Francisco Tomás Ortuño, Murcia


viernes, 23 de mayo de 2014

Sentimientos que brotan del alma.

Litesofía –entre filosofía y literatura-, 23 mayo 2014, viernes, San Eusebio

A mi hijo Miguel Tomás Pastor, del Atlético de Madrid

Murcia, viernes, las ocho, en mi retiro o camarín.
Haciendo mi gimnasia podal esta mañana, no sabría decir por qué, mi cabeza jugaba de nuevo con unos versos. ¿Es que actuará de manera cíclica como las estaciones? Tras una larga sequía métrica, vuelvo a buscar rimas y metros como antes.

Escribo mi parto, que los hijos no son para dejarlos abandnados en el camino y que las aves rapaces se los coman.
Dice así:

A mi mujer, en puertas de celebrar nuestras Bodas de Oro:

Para medir distancias,
Existe el metro;
Para medir el frío,
Está el termómetro.

En cambio, si deseo
Saber, querida,
Lo mucho que te quiero,
No hay medida.

-No me parece mal, que lo mismo harían en su momento Campoamor, Bécquer o Núñez de Arce.

-O yo mismo. Recuerdo que me acostaba con un papel y un boli en la mesita por si tenía que anotar alguna parida que surgiera a medianoche. Que el poeta es como una parturienta que, de pronto, cuando no lo espera, nace el hijo de sus entrañas. Así me ocurrió con otros poemillas:

-¡Qué grato pasatiempo
Me brinda la poesía:
Mis pensamientos
Del mar de mi cerebro,
Afloran cada día
Y yo los pesco.

-Aparte esa fiebre por contar sentimientos que brotan del alma, ¿qué tienes nuevo para contar?

-Hoy, Quirino, la palma se la lleva el fútbol. Mañana es la final de la “Champion League”, en Portugal, entre dos equipos españoles, y no quieras saber la pasión que eso despierta aquí.

-¿Qué equipos son, Venancio?

-Los dos grandes de la capital de España: El Real Madrid contra el Atlético, los merengues y los rojiblancos. “¿Qué habrá después?”, se preguntan los políticos.

-¿No hay elecciones al Parlamento Europeo?

-Pero la gente pasa de las elecciones. Donde esté el fútbol… He oído decir que pocos saben quién es el Presidente de la Comunidad europea ni si sirve para algo. En cambio, ¿quién no sabe que Diego Costa está siendo tratado en Suiza con placenta de caballo?

-¿Será de yegua, Venancio.

-¿Y qué más da que sea de yegua o de caballo? ¿Quién no conoce las alineaciones y suplentes del equipo que juega el sábado en Lisboa?

-¿Irán muchos españoles al país vecino a ver el encuentro?

-Miles de coches, Quirino, circulan ya por las carreteras. Por una entrada se paga en la reventa hasta tres mil euros. Por una habitación de mala muerte, lo que te pidan.
-¡Qué locura, Venancio! ¿Es que se han vuelto locos de repente los españoles? ¿Cómo se explica que haya crisis para comer y un paro fenomenal y que oigas que más de treinta mil españoles se van a desplazar a ver el partido?
-España es así, Quirico; somos diferentes. Cervantes nos dejó en el Quijote el mejor retrato. No se ha podido hacer otro mejor: Un loco, simpático, de imaginación desbordante, que ve gigantes en unos molinos de viento y sueña con la princesa Dulcinea del Toboso siendo una labradora común de la Mancha.

                    Francisco Tomás Ortuño,
                    Doctor por la Universidad de Murcia  


jueves, 22 de mayo de 2014

¿Olmo, álamo, chopo?

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 mayo 2014, jueves, Sta. Rita

¿Olmo, álamo, chopo?
           
Cuando de pequeño te dicen que un melocotonero es un albaricoquero, o que una mata de melones es de calabazas, siempre las confundirás, que tanta fuerza tienen las primeras impresiones. Sabiendo esto, qué bueno sería mostrar a los niños plantas, hojas, frutos y animales con sus nombres. No decirles que toda especie vegetal que tiene tronco es un árbol ni que todo arbusto es una mata. Que luego verán un pino, olmo, álamo, chopo, olivo o granado, y a todos nombrarán con el mismo apelativo.

            Con los animales, lo mismo: Mostremos a los niños animales para que  distingan siempre una paloma de una perdiz, un conejo de una liebre, una oca de un pato, un cuclillo de un jacamar. No digamos los insectos, que después te serían familiares, y te ves condenado a llamar gusanos o bichos a todo cuanto se mueve si es pequeño.
           
Yo de mayor sentí vergüenza de mi ignorancia, lo confieso con humildad; no sabía lo que era un grillo, una langosta, un alacrán o un escorpión. Y culpo de ello a mis maestros, que nunca me llevaron al campo. Recitaba, eso sí, los ríos de Europa y los reyes de España; pero ver un animal, ni en pintura. Hasta que ya por mi cuenta, me introduje en el fascinante mundo de las plantas y los animales a cubrir en parte el tremendo páramo de mi alma.

Por si a ti te ocurrió lo mismo y después no reparaste el yerro, te describiré unos cuantos de estos seres que a mí me trajeron de cabeza hasta bien tarde:

            grillo: insecto de 1'5 a 2'5 cm., cuatro alas, color negro o pardo; con las alas produce un canto particular, sobre todo de noche.
            chicharra: nombre que se da en algunos lugares a la cigarra.
            cigarra: insecto de 4 cm., color verdoso amarillo, cabeza gruesa y ojos salientes; en tiempo de mucho calor produce un ruido estridente y monótono con un aparato muy complicado del abdomen.
            langosta: insecto de color gris amarillento, de 2 a 4 cm. de largo, cabeza gruesa, antenas finas, tres pares de patas -el tercero muy robusto, a propósito para saltar-, agudos dientes, devora todas las plantas de provincias enteras, especialmente las mieses.       
            alacrán: color amarillento, 6 - 8 cm., dos grandes patas parecidas a las tenazas de los cangrejos; aguijón venenoso; la picadura produce un dolor inaguantable y hasta la muerte: "Si te pica el alacrán, llama al cura y al sacristán", dice un proverbio.
            sapo: batracio de 8 - 9 cm., color verde pardusco, es inocente y come insectos; se libra de sus enemigos hinchándose de aire una capa de piel como una bola.
            rana: batracio de color verde con manchas negras y tres rayas pajizas en toda su longitud; 5 - 7'5 cm.; piel lisa y lustrosa y dedos palmeados; cabeza grande y ojos saltones; anda dando saltos; su carne es un manjar delicado.
            lagarto: reptil muy común en España, de 25 - 30 cm.; boca grande con agudos dientes; cuerpo casi cilíndrico y cola larga cónica; cuatro patas cortas con cinco dedos de afiladas uñas; piel con laminillas a manera de escamas  -blancas en el vientre y verde-amarillo-azul en el resto-; inofensivo y muy útil por la cantidad de insectos que devora.
            lagartija: diminutivo de lagarto, 7 - 9 cm.; asustadiza, vive por escombros y paredes.
            salamandra: cuerpo alargado, cola larga, cuatro patas laterales, piel sin escamas de color negro con manchas amarillas, inofensiva, huidiza, casi sorda y ciega; se alimenta de insectos y lombrices. La salamandra puede ser acuática y terrestre: la acuática se denomina tritón y la terrestresalamanquesa.
            Podríamos seguir con más ejemplos, pero la idea está ahí, y basta.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 21 de mayo de 2014

Tiempo.

Litesofía –entre filosofía y literatura-, 21 mayo 2014
Fragmento

Murcia, miércoles, las ocho y media, en mi escritorio. Aparentemente, un día como los demás. Digo aparentemente porque Brasero y demás hombres –y mujeres- del tiempo, anuncian lluvias y borrascas generalizadas: “Tiempo inestable y bajada de temperaturas”.
Aquí y ahora, que es lo más fiable, el cielo es azul, la ropa tendida no se mueve, y el fresco de la mañana se agradece. ¿Qué venga luego?, no lo sé; aunque daría tiempo a tomar medidas en un hipotético cambio; que el tiempo meteorológico no es traidor: avisa para que te vayas preparando.

No es como los volcanes, los terremotos o los tsunamis, que se presentan de golpe y ¡zas! muerte ven por este. Como ocurrió con el Vesubio, en Nápoles, por los años sesenta de  nuestra Era cristiana, que enterró a las ciudades de Pompeya y Herculano, dejando a sus habitantes en actitudes diversas de la vida cotidiana.

Pasados muchos años y desenterrados que fueron los cadáveres, se vio que no escaparon con miedo a lo que se les venía encima, sino que fue un instante que no les dio tiempo a pensar: donde y como les cogió, así y allí se quedaron.

De la cuesta, dice el Calendario que vamos por el escalón sin retorno número 141 y que nos quedan por subir 224.

El Pensamiento es de Unamuno: “El progreso consiste en el cambio”, él sabrá por qué lo dijo. ¿Pensaría que la vida es como un enorme paquidermo que no cesa de caminar? Indudablemente se cambia constantemente, aunque no siempre se progresa.

Celebran su santo los que se llaman Valente, Paterno, Teobaldo y muchos más. ¿Por qué no se asigna una hora para cada uno? Así los que se llaman Paterno podrían decir: “Mi santo se celebra el 21 de mayo, de nueve a diez de la mañana; y los llamados Teobaldo: “Mi santo es el 21 de mayo de cuatro a cinco de la tarde. Menos temporalidad, pero más intensidad en la celebración. Más igualdad, que llega San José y nadie se acuerda de San Apolonio.

                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia


Peces.

Litesofía -entre literatura y filosofía-, 20 mayo 2014, martes, San Bernardino de Siena

A mi hermano Amós Tomás Ortuño

Peces  -fragmento-

   El domingo, en el camino de vuelta a casa, cruzando la pasarela sobre el río, sujeta por gruesos cables de acero, vi que un señor mayor pescaba con caña.  Me detuve a su lado. “¿Pican?”, le pregunté. Abajo solo se veían patos nadando o tomando el sol en pequeños islotes. “De vez en cuando”, me respondió atento. Luego siguió: “Ya me iba, pero voy a pescar otro para que lo vea”.

   De una cesta sacó el cebo, lo pinchó en el anzuelo, al final de un hilo largo de la caña de pescar y lo lanzó al agua. “No esperaba ver una pesca tan a lo vivo!, pensé. Enseguida vimos que se movía el extremo de la caña. “¡Ya han picado!”, dijo el hombre contento. Recogió el hilo suavemente y vi que de las aguas del río salía un pez tan grande como mi brazo.

-¡Pobre animal! -exclamé.

-Puede estar fuera del agua más de una hora -dijo el pescador.

-¿Es que lo va a soltar de nuevo? -dije aliviado.

-Sí, estos peces no se comen; el agua puede estar contaminada.

Pudimos verlo de cerca. Nos miraba asustado y suplicando que le quitáramos el anzuelo de su boca. Mi compañero se enfundó la mano izquierda con una bolsa de plástico, cogió el pescado por la barriga, me pidió que tirara del hilo mientras que él ayudándose de una cucharilla lo libraba del alambre que tenía clavado en su boca.

   En la operación se habían congregado varias personas con niños viendo cómo el animal se revolvía inquieto. “¡Qué hermosa es la libertad!”, pensé. El pescador lanzó de nuevo el pez al agua y lo vimos nadar, veloz, con la corriente como huyendo del mismo demonio, a contar, quizás, a sus amigos la aventura.

   En mi camino, recordé que los peces son vertebrados, que respiran por branquias, que su cuerpo fusiforme tiene escamas, que su corazón se halla debajo de la cabeza junto al aparato respiratorio y que el número de especies es superior a veinte mil.

   Los primeros cristianos  empleaban la figura del pez para conocerse porque pez en griego era Ikhthius y su acróstico daba “Hijo de Dios Salvador” –Iesus – Khristos – Theos – Vios – Soter.

   Hace muchos años, cuando mis hijos eran pequeños,  compré una caña de pescar. Ninguno la quiso y menos se utilizó, por cuanto suponía sacar del agua a los peces para morir. La caña de pescar la colgamos en la pared de la casa del monte, donde permanece,  como un adorno o recuerdo de nuestra estancia un verano en la playa del Mar Menor.

   Faltaba lo que vi el domingo en la pasarela, sobre el río Segura, para aborrecer este instrumento de tortura o de muerte. No se me va de la cabeza el gesto del pobre pez pidiendo clemencia. Pendía en el aire, como un malhechor, queriendo soltarse, suplicando que lo dejaran en libertad. Lo vi llorar, Godofredo. En sus ojos vi el dolor, la rabia y el miedo que sentía.    

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Termómetros.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 mayo 2014, lunes

TERMOMETROS

            ¿Quién vio primero que el mercurio se dilataba y pensó en marcar los grados  de calor? Hoy quedó superado el invento con la electrónica, pero todos conocemos el clásico termómetro para saber la temperatura ambiental o la fiebre  que tenemos.
            Pues si, fue por el siglo XVII cuando el holandés Drebbel inventó el aparato, y tuvo que pasar tiempo para que se perfeccionara. Primero era aire lo que se dilataba; luego alcohol; después agua. Farenheit, en 1720 pensó que la dilatación regular del mercurio hacía de este metal lo más indicado para el termómetro. Y así quedó. Luego todo fue hacer cambios accidentales.
            Antes de inventarse el termómetro, la gente decía: "Hoy hace más calor que ayer". Pero no podía decir: "Hoy hace justo la mitad de calor que ayer". Medir con precisión el calor atmosférico o corporal fue como reducir al enemigo o cronometrar el tiempo.
            Es de admirar cómo el hombre fue inventando cosas para vivir mejor, por su  curiosidad y su capacidad creadora. Aunque no hubiera querido, hubiera inventado: en su inevitable madurez, la razón investigaba y él aplicaba sus descubrimientos.
            Los orígenes del hombre serían de poquísimas necesidades. Una de estas primeras necesidades sería construir armas para defenderse de los animales. Cuando tuviera frío, pensaría en cubrirse el cuerpo y en hacerse viviendas.
Con el calor, lo mismo: “Deseo estar a veinticinco grados y tres décimas". El calor ha sido domesticado. A voluntad. Más ya no puede hacerse. El frigorífico moderno, el aire acondicionado en todas sus modalidades, es la perfección suma en el campo de la térmica.
            ¿Estaría en los cálculos del Creador que el hombre hiciera y deshiciera a su antojo sin provocar enfados en la cúpula? 


Francisco Tomás Ortuño,  Murcia