domingo, 28 de abril de 2013

Diccionario.


DICCIONARIO
            En esta habitación se está bien, con fresco natural, que es el mejor que se ha inventado. A mi derecha el diccionario, mudo, esperando siempre que le consulte algo. Qué maravilla poseer un compendio del saber tan al alcance de la mano. Lo que quieras conocer te lo ofrece amablemente, sin resistencia, sin cobrarte nada, hasta diría que agradecido.
Un diccionario tan completo como este, en diez gruesos tomos, es el mejor profesor particular que existe. ¿A quién se le ocurriría primero recoger  las palabras en un libro por orden alfabético? Fue genial su idea. Quizás esta persona, como en otros casos, dejó su invento y se perdió por el foro sin dejar rastro. No me digas que no tuvo importancia.
¿Te imaginas encontrar en los diez tomos de más de mil páginas cada uno, la vida de Cervantes si no estuvieran por orden alfabético? Ahí es nada. Y de esta forma, en pocos segundos, topas con ella: Segundo tomo, página 880, primera columna, abajo: "Príncipe de los ingenios españoles, inmortal autor del Quijote, insigne crítico, poeta y novelista, que como nadie manejó el habla castellana..." ¿Nos damos cuenta de lo que ofrece un buen diccionario enciclopédico?". "Inventario del saber humano", reza en sus páginas primeras. Si yo tuviera que elegir entre todos los libros que me ofrecieran, no me lo pensaba mucho. En ningún otro hallaría tanta materia, tanto saber como en este, fiel amigo, prudente, humilde. Abro al azar por la página 685, hay una tortuga dibujada: "Carey, tortuga de mar, de la familia de los quelónidos..." ¿Quién puede dar más tan generosamente? ¡Qué paciencia la suya!: días, meses, años, aguardando en silencio tu consulta. Cuando te sirve, feliz, imperceptiblemente, te da las gracias.

sábado, 27 de abril de 2013

Herencias. Mafia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 Abril 2.013, sábado lluvioso
Fragmentos
             HERENCIAS
            ¿Has reparado en que cada persona cuando muere deja una herencia espiritual? Algo que dijo, o que hizo, permanece. Ella parte, pero de ella queda un recuerdo, una vivencia.
            Un año es lo mismo. El año pasa, pero queda su historia. De él quedaron hechos importantes, trascendentes muchas veces, que no mueren. Es su herencia espiritual.
            MAFIA
            La mafia la define el diccionario como "Asociación de malhechores que existen en Sicilia". Me refiero a un diccionario de principios de siglo ("Alfonso XIII, actual rey de España"). He leído un artículo sobre la mafia y los narcotraficantes; veo que esa "asociación de malhechores siciliana" de que nos habla el diccionario, se ha extendido a otras naciones y a otros continentes.
El tráfico de droga es un mercado internacional de tal calibre hoy que en él están implicados países de todo el mundo. En su día, los americanos fichados por la policía, llamaron en su auxilio a sus colegas de Sicilia, y éstos operaron aquí con heroína sin despertar sospechas.
De esta forma nació el negocio más grande del siglo, exportando droga a todos los rincones del globo. Los sospechosos eran detenidos, pero la policía se veía impotente para llegar a todas partes; el fuego se hizo devastador en todos los países. La cúpula permanecía escondida y operaba en todos los mercados, abriendo puntos de venta en los sitios más insospechados: hoteles, pizzerías, grandes comercios.
            Seguir la pista hoy de los narcotraficantes se ha convertido en la carrera más apasionante para el cuerpo policial de todo el mundo. Descubrir focos de droga y apresar a los traficantes de heroína es labor primordial de gran parte del planeta.      
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 26 de abril de 2013

Elucubraciones.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 Abril 2.013,  San Marcelino
            ELUCUBRACIONES
            Mi hijo va camino de Panamá. Si miras desde lejos, con los ojos de la imaginación, nuestro planeta gira como un trompo, confiado, alrededor del sol, con otros compañeros, Venus, Marte, Saturno. Nos hemos acostumbrado a verlo como la cosa más natural, si bien da vértigo si lo pensamos despacio.
Viendo con los ojos de la mente nuestro mundo, la Tierra, y mirando ese espacio pequeñísimo llamado España, que emerge de los mares, ¿qué significa desplazarse un avión de España a Centroamérica? Panamá está ahí mismo. De lejos se ven juntas las dos naciones, sin solución de continuidad, como se dice en los libros. Y es que si la Tierra es diminuta, las distancias en ella tienen que ser exiguas por fuerza.
            ¿Y el universo?, ¿cómo ha logrado su perfección tan acabada?, ¿de dónde le viene el impulso que genera movimientos tan precisos?, ¿cómo después de millones de siglos no se ha destruido? La mente se pierde con tales elucubraciones.
Si el sistema solar es una maravilla de perfección, ¿qué me dices de una galaxia? Miles, millones de sistemas como el nuestro. Espanto produce pensarlo. ¿A quién no asombra esta máquina tan perfecta?, ¿quién no se admira de semejante ingenio que nos mantiene?
Y si es de maravilla una galaxia, ¿qué diremos de los miles y millones de galaxias conocidas? ¿Te lo puedes imaginar? Cierra los ojos e intenta abarcar el universo. Marea, ¿verdad?  Los espacios siderales producen vértigo.
            Pero hay algo que nos asombra más, si cabe. Si desconcierta la grandiosidad del universo, ¿cómo nos deja la idea inconcebible de que ser tan descomunal flote en la nada? Porque el mundo, concebido como conjunto de astros, no es un archipiélago sino una isla: un vaso con agua en la que flotan partículas. Gigantesco, descomunal,  grandioso, pero uno.
Y más allá de todo, ¿qué hay? Al final del convoy, ¿qué se encuentra? ¿La nada? ¿Te imaginas el mundo sin ser sostenido? Ahí está el gran misterio del universo: Si es uno, por grande que sea, tendrá que flotar en el vacío. Y eso escapa a nuestras luces.     
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 25 de abril de 2013

Brios.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 25 Abril 2.013
BRIOS
            Antes, a mí me ilusionaba un viaje. Ahora también, pero menos. Los ímpetus  se adormecen. Cuando otros hablan de viajes largos, yo prefiero quedar en casa. Son los años, que nos aquietan y nos duermen en un presente de paz.
Recuerdo que en otro tiempo quedar en casa era motivo de graves preocupaciones para mí: Era como una obligación salir, aunque fuera a ninguna parte.
Con los años nos hacemos moderados en el pensar, en el sentir, en el soñar. Lo que antes nos preocupaba, nos deja indiferentes; lo que alteraba nuestros pulsos, ahora nos resbala; lo que nos hacía ilusión, nos deja fríos.
            ¿Es mejor así?; ¿es peor? No sé. Los ardores juveniles crean sueños; la mesura y el reposo, sin embargo, nos hacen ver la realidad más objetivamente, más real, pero con menos colorido. El joven corre tras un sueño; el mayor vive con menos sueños por los que correr.
Contemplo las golondrinas que pasan cerca, escucho los mil ruidos que me circundan, siento la brisa sobre mi piel, saboreo la tranquilidad que me proporciona esta terraza, lejos del “mundanal”, con un libro entre las manos, y no deseo grandes cosas ni me inquietan otras. Soy feliz así, tranquilo, sin prisas, sin deseos vehementes. Es, quizás, la paz precursora de otra vida.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 24 de abril de 2013

Psicología.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 Abril 2.013
PSICOLOGIA
            Se echa de menos hoy en todos los ambientes una preparación seria para tratar con las personas. En una palabra, descuidamos la Psicología en los centros educativos, la ciencia del comportamiento humano.
Por qué se obra así en tales casos, por que se reacciona como lo hacemos, por qué no nos comprendemos mejor, por qué no escuchamos a los demás, por qué la agresividad, etc.
En la vida diaria, la relación personal es tensa, difícil. No sólo en las profesiones entre compañeros, sino en la calle y en el mismo hogar. Falta preparar a las personas en la ciencia del comportamiento.
El niño pequeño puede quedar traumatizado por un revés que a los mayores pasa inadvertido: El caso de los celos, por ejemplo; el mismo momento de nacer con luces, ruidos y golpes en la espalda, ¿no puede dejar marcado al niño para el resto de su vida?
La Psicología debe entrar en nuestras escuelas como asignatura obligada. Enseñar a comprendernos es fundamental. Saber reaccionar debidamente ante injurias es de extrema necesidad. La Psicología debe enseñarse en la escuela. No basta con saber matemáticas, historia y ciencias naturales: hace falta esa otra ciencia del comportamiento.
            Nuestras acciones obedecen a hechos concretos de nuestra psique. Un niño está triste porque el amigo le abandona por otro; en casa le gritan por verlo serio; el niño se encierra en su habitación; el padre le obliga a que salga; el niño grita. Esta puede ser una entre mil situaciones que se dan a diario en la sociedad en que nos movemos.
Si aprendiéramos de niños a actuar por las causas reales que motivan nuestras acciones, todo sería distinto. Hay que comprenderse, hay que estudiar Psicología. Se echa de menos esta asignatura en los centros educativos.      
                                              
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Nimiedades.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 Abril 2.013,  Día del Libro
NIMIEDADES
            Sigo leyendo a Azorín. Su prosa es delicada, de encaje. Cuenta cosas como un abuelo a su nieto. ¿Siempre sería así don José? Pienso que sí: las personas cambian poco. Azorín sería de pequeño tranquilo, introvertido, amante de la soledad. De joven lo mismo.
Yo lo adivino alto, delgado -cenceño diría él-, pausado, escribiendo pierna sobre pierna en un banco del jardín, o paseando solo, con un bastón en su mano, cortés siempre, educado.
La persona cambia poco con el tiempo. Es una unidad de ser y de  actuar cada persona. Podrá sufrir cambios de fortuna, profesionales, políticos o sociales, debidos a circunstancias del momento. Pero,  como fuera en su niñez, piensa y se gobierna de mayor.
            El libro “María Fontán” quiere tener argumento, pero es todo lo mismo: capítulos cortos, repetitivos, morosos. La vida de María Fontán es absurda, zonza que diría Azorín. Tiene poco sentido una vida tan vacía y al mismo tiempo tan llena de nimiedades. Una amiga, un amigo y un marido que fue marqués.
Las lecturas de Azorín no inquietan ni perturban. Otras más apasionadas, más vivaces, aceleran los pulsos. Baroja es de éstos: un mundo lleno de personas el suyo, con problemas, como una colmena que bordonea en tus oídos.
            El escritor se retrata en sus obras. Ortega, por ejemplo, es inquieto, suficiente, maestro, consciente de su clase superior. Azorín es educado, cortés, sencillo. Baroja, nervioso, desordenado, confuso, sin ley.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 22 de abril de 2013

Epopeya.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 Abril 2.013, lunes , San Cayo –que no callo-.
            EPOPEYA
            ¿No te parece como si fuera la humanidad una “troupe” que tuviera como misión representar una comedia? El escenario, gigantesco, colosal; nosotros, los actores, los justos, señalados previamente. Cuando le toca salir a uno, alguien lo llama, representa su papel y fuera. Un papel siempre corto, modesto, sencillo. Siglos, milenios esperando; le toca el turno y sale a escena; termina su papel y se acabó. La obra en su conjunto debe de ser monumental.
            Los años, los meses, los días, como los actores,  son parte de la comedia. Protagonistas de un instante. Lo mismo que esta mesa donde escribo, que esta silla y que este bloc. De lejos se verá a cada uno, en su momento, aparecer y desaparecer, nacer y perderse, como estrellas fugaces, como puntos escondidos pero necesarios de un tapiz.
            La epopeya universal tendrá que haberla pensado y creado Alguien, como el escenario. Alguien superior, externo y poderoso sobre toda ponderación. ¿Qué fin tendrá la obra? ¿Sólo un capricho de su Creador? Parece pobre fin a tamaña grandiosidad. ¿Nos reunirá luego a cuantos hemos participado para decirnos lo que se propuso? ¿Nos veremos cuantos hemos intervenido para celebrarlo? Tanta obra para no dar fruto, para ser un sueño vano, para quedar en nada, no tiene sentido.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia