martes, 18 de diciembre de 2012

Mi tío Jesús.


Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 18 diciembre 12, Martes.
A mi amigo don Jesús PÉREZ GALERA, médico
MI TIO JESÚS
Jesús Loncán Navarro era hijo de don José Loncán Mur, Teniente de la Guardia Civil, aragonés de origen. Una hermana de Jesús Loncán, fue mi abuela. Don José fue destinado en su día a la Casa Cuartel de Jumilla,  y allí se conocieron mi abuelo José María Ortuño Gallar y mi abuela Trinidad Loncán Navarro, naciendo del matrimonio mi madre Lina Ortuño Loncán. 

Con mi tío Jesús viví cuatro años en Elche de la Sierra. Era formidable. Como Don Quijote, idealista y luchador por deshacer entuertos. Sentía como un caballero de la corte del rey Arturo.

Mi tío llegó a saber algo de todo: era sastre de profesión, pero albañil de talla, músico de categoría, alfarero vocacional... Yo admiraba, sobre todo, su faceta de escritor. Escribió la historia de Elche de la Sierra, que yo le pasaba a máquina.

Solía preguntarme el nombre de las cosas. Se sorprendía de que todo, absolutamente todo, tuviera un nombre.  "¿Quién pudiera conocer el nombre de las cosas que existen, hasta de lo más insignificante", solía decir.  Creo que en ello cifraba su mayor dicha: Las partes de un motor, los minerales, las flores, los peces,  cualquier objeto.

Eran deseos vehementes, sueños apasionados, como de un niño ante un escaparate el día de Reyes. Su enorme pasión por saber, le hizo palpar sus carencias. Para suplir en parte su ignorancia, se compró un valioso Diccionario.

            Compruebo, como mi tío Jesús, que nuestros conocimientos son escasos. Que apenas sabemos nada. Que vivimos en la ignorancia más supina que nadie pueda imaginar. No ya ignorancia de la vida, de la mente o del espacio, sino ignorancia de las ciencias que creemos conocer.

La memoria es pobre, la inteligencia escasa, la voluntad débil. Con Sócrates podemos cantar a coro: “Sólo sé que no sé nada, nada, nada”. Aunque nos podemos consolar pensando: “Si no sabemos nada, ya sabemos algo”.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Paciencia. Submarinos. Colegios.


Litesofía –entre lite y filo-, 17 diciembre 12
Fragmentos

            PACIENCIA
            ¿Maestro con título? Sí, pero, sobre todo, con paciencia y amor. ¿Qué buscamos con este niño? Que sepa leer. Pues paciencia y amor. "Mamá". "Repite". “Mamá”. "Ahora yo: Mamá". "Dí conmigo": “Mamá”. "Yo primero: mamá". "Ahora te toca a ti". "Vamos a leer. Yo primero y tú después, como si fueras el eco: Mi pelota”, “mi pelota". “Mi pelota bota”. “Aquí dice que mi pelota bota”. Ríen los dos. "Vamos a dejarlo; mañana más".

            SUBMARINOS
            La atmósfera es un mar de aire. Nosotros vivimos en el fondo. Y construimos casas pegadas a las rocas. No podemos salir de ahí,  a construir fuera; sólo  en lo más profundo. Miramos hacia arriba. ¿Qué habrá más allá? Ay, vanidades humanas: somos como peces que quisieran saber qué hay fuera del mar. En el intento perecerían.    

            COLEGIOS
            El niño necesita de Colegios grandes, casi ciudades ad hoc, donde se muestren actividades de todo tipo: música, lengua moderna, dibujo, electricidad, carpintería, mecánica... una gama de trabajos y saberes donde esté representado el mundo del adulto. Enseñanza completa.
En la enseñanza media, los alumnos dejarían ese amplio campo de actividades para profundizar en saberes más concretos: ciencias, letras, agricultura, sanidad...
En la enseñanza superior, el objetivo sería dominar un tema a la perfección: historia, medicina, derecho, dibujo, botánica…
            Creo que la enseñanza debe ser amplísima en su base para ir reduciéndose conforme se avanza en edad. Primero, de todo pero elemental; después, menos pero con más intensidad. El niño debe tener la oportunidad de conocer mucho; él mismo se encargará de apartar lo que no sea suyo.
La enseñanza debe ser como un cono, como una pirámide: base amplia y cúspide reducida.

Por favor.


Litesofía, 16 diciembre 12
A mi sobrina Ana Tomás Lozano

POR FAVOR

No me pidas que cocine
porque “se lleva”;
ni que friegue la vajilla,
ni que lave camisetas,
ni que cosa los botones
de mi chaqueta.

No me lo pidas, mujer,
Por más que en otros lo veas,
Ni que abrillante los muebles,
ni que barra la escalera,
ni que lustre los zapatos,
ni que prepare la mesa.

Y no es que lo vea mal,
Que sé que es de la pareja
desde criar a los hijos
hasta acudir a las fiestas...
¿Qué ha de parecerme mal?
lo veo muy bien, que lo sepas.

Mas no me pidas, mujer,
porque se lleva,
llevar el pelo muy largo,
ni arillos en las orejas,
que entonces, siendo yo niño,
allá por los años treinta,


que los hombres cocinaran,
que plancharan o barrieran,
no podía imaginarse,
no cabía en la cabeza,
y yo no puedo cambiar
tan fácil, aunque quisiera,

por más que a ti te gustara...
yo quiero que lo comprendas,
sería como cambiar
mi propia naturaleza:
Lo que se aprende de niño
a fuego en el alma queda.

No me pidas que cocine
porque se lleva.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Un Belén.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 diciembre 2012
Un Belén 
Cuento que dedico a mi hija Lina Mª Tomás Pastor

-Mamá hace  el Belén, como otros años, en la galería. ¡Cómo goza ella colocando las figuras!
-¿Va a poner la mula y el buey?
-Lo primero. Este año en los Belenes no faltan estos animales.
-¿Y eso?
-Dijo el Santo Padre que en ninguna parte del Evangelio había leído que fueran un buey y una mula a adorar al Niño. Que era de suponer que si nació Jesús en un establo, hubiera cerca bueyes y mulas. Pero que era más literatura que historia real.
Y sobra que dijera eso el Papa para que otros se encargaran de añadir: “Ha dicho Benedicto XVI que sobran el buey y la mula de los  belenes”.
Ya no hubo más de qué hablar. Los fabricantes de figuras belenísticas pensaron prescindir de sus moldes y fabricar más estrellas, reyes y nacimientos con el Niño, la Virgen y San José.
Mas en la polémica acalorada se vio lo que ya se sabía: que basta que una cosa se prohíba para desearla más. Desde entonces no salía un Belén de fábrica que no tuviera bien visibles una mula lustrosa y un buey manso al lado del Niño.

-¿Diría el Papa lo que dijo por fomentar la producción de estas figuras?
Un pariente suyo fabricaba belenes por herencia familiar. Y un día, preocupado, le dijo al Papa: “Primo, disminuyen los pedidos de Belenes alarmantemente, sobre todo las figuras de la mula y el buey”.
Y el Papa, listo como él solo y psicólogo nato, se sonrió y lanzó su especie: “En el Nacimiento no hubo mula ni buey”. Sabía lo que decía y la reacción que iban a tener sus palabras.
Pronto su pariente le escribió eufórico: “¡Milagro, primo, milagro! He tenido que ampliar el negocio, sobre todo para hacer mulas y bueyes. No damos abasto ni de día ni de noche toda la familia. Si antes éramos dos en la fábrica, desde que hablamos, ni con veinte somos bastantes”.
Benedicto XVI volvió a sonreír sin que nadie se apercibiera. Solo San Francisco de Asís, creador del primer Belén de la historia, le guiñó un ojo  a través de las nubes para aprobar la genial idea que había tenido.
Los enemigos de los belenes se frotaron las manos cuando supieron que el mismo sucesor de Pedro había “prohibido” los Nacimientos en las casas con figuras de terracota.
Y viendo que desde entonces se multiplicaron como el milagro de los panes y los peces, se reunieron en Asamblea para estudiar el hecho milagroso.
A la Asamblea acudió un tránsfuga disfrazado, comisionado por la Iglesia, quien al final de la reunión dijo: “En las cosas de Dios el hombre no puede decidir; ha de aceptar lo que Él quiere, y en su nombre lo que ordena el Vicario de Cristo. Veamos en la mula y el buey la voluntad de que se sigan haciendo Belenes en los hogares para conmemorar el Nacimiento de Jesús”.
Y la reunión se disolvió sin más.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Atropellos y superventas.


Litesofías entre literatura y filosofía-, 14 diciembre 12
Fragmentos
            ATROPELLOS
            Sin pretenderlo, escuché una conversación chocante, sorprendente. Una conversación que entre nosotros, españoles, puede ser paradigmática.
Uno hablaba de sus hijos; otro comentaba un viaje. No guardaba relación lo que decía cada uno. Cada cual, atropelladamente, iba a lo suyo. Como metralla, palabras y palabras disparadas al rostro del contrario.
Yo, árbitro improvisado, juez de la contienda, seguía paso a paso las incidencias del encuentro. Vi que los dos se abocaron sus cuitas, quedando satisfechos; pero ninguno supo de qué hablaba su interlocutor.
La despedida fue como sigue: "En fin, los hijos tienen estas cosas", por una parte. "Creo que volveremos otro año", por la otra. Y quedaron tan amigos.
           
            SUPERVENTAS
            El cine estaba lleno de niños y de padres. Era una venta disfrazada. Si quieres, una venta refinada.
Antes, los libreros exponían sus artículos en escaparates y aguardaban. Luego abordaron al cliente en su casa, en el hotel, en la oficina. Hasta fueron a los colegios, con obsequio incluido a los maestros.
Lo de ayer fue más: un ambiente cómodo -el cine-, un público seleccionado –padres y niños-, y una película con mensajes: "La educación del niño es necesaria", "El niño es lo primero", "Los padres no tienen tiempo". 
Y, ¡zas!, en el momento justo, luces en la sala y a ofrecer la mercancía. Señoritas elegantes abordaban a los papás con libros para vender y hojas para firmar. Ventas en firme. 
El cine se convirtió en un supermercado, donde los clientes, aturdidos, diría que hipnotizados, compraban libros sin excepción.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Hay personas agradables y personas que no lo alcanzan.


LITESOFÍAS –entre literatura y filosofía-, 13 diciembre 12, Santa Lucía
            Fragmentos

ALEGRIA
            Hay personas agradables y personas que no lo alcanzan. Cada persona es un poco como nace y un mucho como se hace.
No hablar bien de uno mismo, por ejemplo, es cosa que agrada; no hablar mal de otro, satisface sobremanera.
Hay que llenarse de alegría. "Quiero a todo el mundo", debe ser nuestro lema.  Ir pertrechados de amor, y llevar optimismo a todas partes.

            MADRUGAR
            No sé si habrá estadísticas sobre este caso, pero me atrevería a afirmar que los hombres que triunfan son madrugadores.
 La naturaleza brinda las primicias al que se levanta primero; el que viene después recoge la noticia de segunda mano. Es como quien llega a la reunión ya empezada y espera que le cuenten lo tratado.
            Los animales, obrando por instinto, se acercan más a lo natural que algunos hombres: Ni se acuestan a media noche ni se levantan a mediodía.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El mundo de los niños es singular.


LIBERTAD
            El mundo de los niños es singular. No tratar al niño como niño es forzar su naturaleza infantil, o romperla. Cuando en la escuela hay silencio absoluto impuesto por el maestro, pienso que los muelles están tensos, prestos a saltar al menor descuido. El silencio conseguido con el ¡chist! a cada instante, o la amenaza del castigo, habla bien claro de disciplina artificial. Lo opuesto al silencio que nace del trabajo, de la misma quietud creadora.
            Si a los niños les mandas que estén calladoss, ya se obtiene un silencio artificial. Si les ordenas que estén sentados, o leyendo un libro, ya estás creando otro silencio artificial. El niño no puede estarse quieto, como le digamos los mayores. Su naturaleza se rebela. Si por miedo al castigo no se mueve, su quietud es forzada, antinatural y  deformante.
            Dejemos libre al niño, que esté sentado o de pie, que juegue o que lea, solo o acompañado; veremos que pronto se ocupa en algo, pero en algo escogido por él mismo. Entonces se produce un silencio de taller, otro silencio. Esta es la disciplina que ha de buscarse, la que nace de la libertad y se desarrolla libremente, sin miedos ni tensiones.