martes, 23 de octubre de 2012

La visita a un Museo es siempre gratificante.


Litesofía, 23 Octubre 12

La visita a un Museo es siempre gratificante. Y más si es un Museo de
Bellas Artes: lugar regio, majestuoso, serio, pletórico de cuadros
notables. En los Museos se respira de otro modo. En ellos se siente el
arte, aunque uno sea profano en la materia.

Estuve en una estancia donde había colgados del techo cientos de
cuadros por restaurar. El sistema era ingenioso y práctico: rieles
paralelos de donde penden cuadros como hojas de libros para ser
observados. Incontables. Para estar viendo cuadros años enteros.

Los Museos, como este de Murcia, deben tener restauradores fijos.
¿Cómo es posible que se amontonen tantas obras sin nadie que las
atienda? Cada pintura requiere un tratamiento distinto: unas que
cuarteadas, otras con agujeros, otras que exigen limpieza o un barniz
protector. Es obligación de autoridades y pueblo en general velar por
este patrimonio cultural que ha recibido.

Un Museo es como una biblioteca. Cada libro es el amigo amable
dispuesto a contarnos algo, a enseñarnos, sin nada a cambio, cuando
mejor nos venga. “Ya me he cansado, te dejo donde estabas”. Y él,
agradecido siempre, como perro faldero, sonríe y agradece la atención.

En el Museo ocurre lo mismo: cada cuadro es como un libro. Nos dice
del arte de su autor, de los inefables gozos del artista; nos habla de
una época, de un estilo. Cada obra es, por decirlo de algún modo, como
un nacimiento que se ofreció de por vida a ser contemplada, rogando
que la cuiden para servir a más personas de recreo.


lunes, 22 de octubre de 2012

Lunes fresco y húmedo.


Litesofía, 22 Octubre 12
Lunes fresco y húmedo. Murcia es propensa a gotas y artritismos. Hay mucha gente con dolores musculares; con esqueletos averiados. Casas que se hunden. Porque dime tú, si se cae el armazón, ¿qué van a hacer las partes blandas? Es como si se llevan la escalera cuando estás subido en ella. Murcia es traidora con los huesos. “Me duele la columna”, se oye decir. “A mí las rodillas”. “A mí los hombros”. Y es que es implacable: cuando la toma con uno, no lo deja ya ni a sol ni a
sombra, ni en primavera ni en verano. Ay, Murcia, Murcia, eres
hermosa y sin entrañas; como las sirenas: atraes y pegas sin piedad.
“Este médico hace milagros”, se dice. Pero el milagro no llega. Los
pies son cada vez más torpes, más lentos, y el mal de huesos, como la carcoma en los muebles, sigue su proceso irreversible, su destrucción despiadada.

viernes, 19 de octubre de 2012

El sermón del cura era como hablar en el desierto.


Litesofía, 19 Octubre, Viernes, Santa Laura.

El sermón del cura era como hablar en el desierto; dijo que hay que
cumplir con el precepto dominical a los que estaban cumpliéndolo; y a
quienes debía dirigirse no estaban: ergo, palabras vanas.
Yo dejaría los sermones en un diálogo familiar, humano, íntimo, para
expresarse la alegría de estar juntos y ayudarse los unos a los otros.
La palabra sermón ya dice claro que sabe a rollo, como dicen los
jóvenes ahora.

Lo de ayer quiso ser distinto: “O somos o no somos. O estamos en la
iglesia o contra la iglesia. Hay que definirse”. Fue un sermón del
pasado, pero efectivo. “Cristo es la vida. Los sarmientos somos
todos”.

Yo, escuchando al prelado, pensaba en la mella que harían sus palabras
en los asistentes. ¿Harían cambiar a los fieles las palabras vibrantes
del Obispo? Las campanas, haciéndose eco de la súplica episcopal,
tocaban alborozadas. “¡Despertad!”, parecían decir.

Para los sacerdotes, nuestra apatía debe ser desesperante. No nos
lanzamos en algaradas callejeras pidiendo apoyo para la Iglesia. La
dejamos fuera de nuestras grandes pasiones, de nuestros arrebatos
furibundos.

Y es que, el señor Obispo lo sabe: Ser o no ser no es la cuestión.
Obrar en cristiano, sí. Eso es lo importante. “Amaos los unos a los
otros”. Con eso bastaría.

jueves, 18 de octubre de 2012

El hecho me hizo recordar a "Perros callejeros".



Litesofía, 18 Octubre 12

El hecho me hizo recordar a “Perros callejeros”. La película era fuerte. Mostraba con crudeza el mundo del hampa juvenil y las miserias de los bajos fondos.

“El Torete” es un niño aún –quince años-, que se dedica con su “banda” a robar y a matar sin escrúpulos: tirones de bolsos, robo de coches, atracos, reparto de botines…

Hasta se hace simpático, porque en el fondo es bueno y no tiene culpa de obrar como lo hace. Es la sociedad la que le empuja a vivir así desde la cuna, en un ambiente hostil, sin padres ni recursos.

A mí me recordaba al “Botija”, otro niño como él, de poca suerte en la sociedad. Un reto para los mayores resolver el problema de los perros callejeros, que son peligrosos pero hermanos nuestros.

Un reformatorio o una cárcel no resuelven el problema. Hay que limpiar primero la sociedad y ofrecer un ambiente aséptico, limpio, alegre, donde estar, medios para subsistir, trabajo para sentirse útil y un futuro a donde ir.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Cuando entré en el local...

Litesofía –entre literatura y…-, 17 Octubre 12

Cuando entré en el local, se hablaba de parejas que tuvieron que

casarse rápido, casi niños, sin concluir sus estudios; de padres que
lo pasaban mal por la vergüenza de confesarlo; de que los jóvenes
sentían dolor, rubor y miedo por lo ocurrido; de que había una especie
de acusación tácita en estos trances; casi una recriminación social
sin rebozo.

Para mí –repuse-, fue una situación normal creada por la transición.

En el cambio tuvo que haber, lógico, por la propia inmadurez del
nuevo ente, tropiezos y fracasos con aciertos. El paso de una sociedad
reprimida a otra libre, emancipada, era de tal magnitud, de tal
envergadura, que pasar de la una a la otra sin percances, hubiera sido
un milagro.

Se dio en todos los órdenes –seguí-: en lo político, en lo económico,

en lo social. ¿Qué ocurría en el campo religioso?, ¿en la educación?,
¿en la calle? Convulsiones sísmicas. La vida cambió de signo; y las
personas tuvieron que adaptarse. Desconcertados, era evidente y lógico
que aquí y allá, hubiera sus caídas.

Esos matrimonios eran la consecuencia del cambio a la libertad. Era

que cruzaban un puente miles de personas, y en el tumulto, algunas
caían. ¿Culpas? Quizás fuera mejor hablar de situaciones
desgraciadas. Yo así lo veo –terminé-. Eran víctimas del momento.

martes, 16 de octubre de 2012

Hasta hace bien poco...

Litesofía, 16 Octubre 12 Hasta hace bien poco, si el jueves era festivo, había un puente fenomenal en Colegios, Institutos y otros Centros educativos. El día se vislumbraba ya de lejos como de conflicto laboral. La prensa recordaba a padres y profesores que era día lectivo, pero los Centros decidían no abrir. Así de sencillo. Contaban que el miércoles deliberaban los Profesores sobre qué hacer el viernes. Luego había reuniones con Delegados de alumnos. Y acordaban que no hubiera Clase. En el Conservatorio, lo mismo. Tras reuniones y acuerdos, había consenso: “Viernes puente: No hay más que hablar”. De miércoles a lunes todos en casa. Un fin de semana largo, para ir al monte o a la playa. Este hecho ponía de manifiesto una cosa: que faltaba interés por parte de niños y de Profesores. Faltaba ética profesional. Faltaba garra, amor por la enseñanza. Y si faltaba ilusión, la obra educativa carecía de base. Sin ilusión por enseñar ni por aprender, faltaba alegría educativa, entrega necesaria para obtener buenos frutos.

lunes, 15 de octubre de 2012

Se acerca el uno de noviembre.

Litesofía, 15 octubre 12 Se acerca el uno de noviembre, día de Todos los Santos. La gente irá una vez con flores a los cementerios. Hace ya muchos años, cuando éramos niños nosotros, este día era pavoroso. Sentíamos miedo como si en cada habitación fuéramos a ver la sombra de un desaparecido. Nos hacían creer que los muertos salían este día de sus tumbas. Recuerdo con pena los años pasados esta noche arrebujados bajo las mantas, sin poder dormir, contando las horas para ver la luz del nuevo día. “¡Ya amanece!”, decíamos más sosegados. ¡Qué tranquilidad nos traía el alba mañanera, como si con ella se esfumaran los temidos espíritus. Madrugábamos para ir a Misa –eran tres Misas seguidas las que había que oír-; nos gustaba asistir a estas misas largas temprano, no tanto por aliviar a los muertos con ellas según nos explicaban, cuanto por salir pronto de la tenebrosa casa.