jueves, 22 de mayo de 2014

¿Olmo, álamo, chopo?

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 mayo 2014, jueves, Sta. Rita

¿Olmo, álamo, chopo?
           
Cuando de pequeño te dicen que un melocotonero es un albaricoquero, o que una mata de melones es de calabazas, siempre las confundirás, que tanta fuerza tienen las primeras impresiones. Sabiendo esto, qué bueno sería mostrar a los niños plantas, hojas, frutos y animales con sus nombres. No decirles que toda especie vegetal que tiene tronco es un árbol ni que todo arbusto es una mata. Que luego verán un pino, olmo, álamo, chopo, olivo o granado, y a todos nombrarán con el mismo apelativo.

            Con los animales, lo mismo: Mostremos a los niños animales para que  distingan siempre una paloma de una perdiz, un conejo de una liebre, una oca de un pato, un cuclillo de un jacamar. No digamos los insectos, que después te serían familiares, y te ves condenado a llamar gusanos o bichos a todo cuanto se mueve si es pequeño.
           
Yo de mayor sentí vergüenza de mi ignorancia, lo confieso con humildad; no sabía lo que era un grillo, una langosta, un alacrán o un escorpión. Y culpo de ello a mis maestros, que nunca me llevaron al campo. Recitaba, eso sí, los ríos de Europa y los reyes de España; pero ver un animal, ni en pintura. Hasta que ya por mi cuenta, me introduje en el fascinante mundo de las plantas y los animales a cubrir en parte el tremendo páramo de mi alma.

Por si a ti te ocurrió lo mismo y después no reparaste el yerro, te describiré unos cuantos de estos seres que a mí me trajeron de cabeza hasta bien tarde:

            grillo: insecto de 1'5 a 2'5 cm., cuatro alas, color negro o pardo; con las alas produce un canto particular, sobre todo de noche.
            chicharra: nombre que se da en algunos lugares a la cigarra.
            cigarra: insecto de 4 cm., color verdoso amarillo, cabeza gruesa y ojos salientes; en tiempo de mucho calor produce un ruido estridente y monótono con un aparato muy complicado del abdomen.
            langosta: insecto de color gris amarillento, de 2 a 4 cm. de largo, cabeza gruesa, antenas finas, tres pares de patas -el tercero muy robusto, a propósito para saltar-, agudos dientes, devora todas las plantas de provincias enteras, especialmente las mieses.       
            alacrán: color amarillento, 6 - 8 cm., dos grandes patas parecidas a las tenazas de los cangrejos; aguijón venenoso; la picadura produce un dolor inaguantable y hasta la muerte: "Si te pica el alacrán, llama al cura y al sacristán", dice un proverbio.
            sapo: batracio de 8 - 9 cm., color verde pardusco, es inocente y come insectos; se libra de sus enemigos hinchándose de aire una capa de piel como una bola.
            rana: batracio de color verde con manchas negras y tres rayas pajizas en toda su longitud; 5 - 7'5 cm.; piel lisa y lustrosa y dedos palmeados; cabeza grande y ojos saltones; anda dando saltos; su carne es un manjar delicado.
            lagarto: reptil muy común en España, de 25 - 30 cm.; boca grande con agudos dientes; cuerpo casi cilíndrico y cola larga cónica; cuatro patas cortas con cinco dedos de afiladas uñas; piel con laminillas a manera de escamas  -blancas en el vientre y verde-amarillo-azul en el resto-; inofensivo y muy útil por la cantidad de insectos que devora.
            lagartija: diminutivo de lagarto, 7 - 9 cm.; asustadiza, vive por escombros y paredes.
            salamandra: cuerpo alargado, cola larga, cuatro patas laterales, piel sin escamas de color negro con manchas amarillas, inofensiva, huidiza, casi sorda y ciega; se alimenta de insectos y lombrices. La salamandra puede ser acuática y terrestre: la acuática se denomina tritón y la terrestresalamanquesa.
            Podríamos seguir con más ejemplos, pero la idea está ahí, y basta.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 21 de mayo de 2014

Tiempo.

Litesofía –entre filosofía y literatura-, 21 mayo 2014
Fragmento

Murcia, miércoles, las ocho y media, en mi escritorio. Aparentemente, un día como los demás. Digo aparentemente porque Brasero y demás hombres –y mujeres- del tiempo, anuncian lluvias y borrascas generalizadas: “Tiempo inestable y bajada de temperaturas”.
Aquí y ahora, que es lo más fiable, el cielo es azul, la ropa tendida no se mueve, y el fresco de la mañana se agradece. ¿Qué venga luego?, no lo sé; aunque daría tiempo a tomar medidas en un hipotético cambio; que el tiempo meteorológico no es traidor: avisa para que te vayas preparando.

No es como los volcanes, los terremotos o los tsunamis, que se presentan de golpe y ¡zas! muerte ven por este. Como ocurrió con el Vesubio, en Nápoles, por los años sesenta de  nuestra Era cristiana, que enterró a las ciudades de Pompeya y Herculano, dejando a sus habitantes en actitudes diversas de la vida cotidiana.

Pasados muchos años y desenterrados que fueron los cadáveres, se vio que no escaparon con miedo a lo que se les venía encima, sino que fue un instante que no les dio tiempo a pensar: donde y como les cogió, así y allí se quedaron.

De la cuesta, dice el Calendario que vamos por el escalón sin retorno número 141 y que nos quedan por subir 224.

El Pensamiento es de Unamuno: “El progreso consiste en el cambio”, él sabrá por qué lo dijo. ¿Pensaría que la vida es como un enorme paquidermo que no cesa de caminar? Indudablemente se cambia constantemente, aunque no siempre se progresa.

Celebran su santo los que se llaman Valente, Paterno, Teobaldo y muchos más. ¿Por qué no se asigna una hora para cada uno? Así los que se llaman Paterno podrían decir: “Mi santo se celebra el 21 de mayo, de nueve a diez de la mañana; y los llamados Teobaldo: “Mi santo es el 21 de mayo de cuatro a cinco de la tarde. Menos temporalidad, pero más intensidad en la celebración. Más igualdad, que llega San José y nadie se acuerda de San Apolonio.

                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia


Peces.

Litesofía -entre literatura y filosofía-, 20 mayo 2014, martes, San Bernardino de Siena

A mi hermano Amós Tomás Ortuño

Peces  -fragmento-

   El domingo, en el camino de vuelta a casa, cruzando la pasarela sobre el río, sujeta por gruesos cables de acero, vi que un señor mayor pescaba con caña.  Me detuve a su lado. “¿Pican?”, le pregunté. Abajo solo se veían patos nadando o tomando el sol en pequeños islotes. “De vez en cuando”, me respondió atento. Luego siguió: “Ya me iba, pero voy a pescar otro para que lo vea”.

   De una cesta sacó el cebo, lo pinchó en el anzuelo, al final de un hilo largo de la caña de pescar y lo lanzó al agua. “No esperaba ver una pesca tan a lo vivo!, pensé. Enseguida vimos que se movía el extremo de la caña. “¡Ya han picado!”, dijo el hombre contento. Recogió el hilo suavemente y vi que de las aguas del río salía un pez tan grande como mi brazo.

-¡Pobre animal! -exclamé.

-Puede estar fuera del agua más de una hora -dijo el pescador.

-¿Es que lo va a soltar de nuevo? -dije aliviado.

-Sí, estos peces no se comen; el agua puede estar contaminada.

Pudimos verlo de cerca. Nos miraba asustado y suplicando que le quitáramos el anzuelo de su boca. Mi compañero se enfundó la mano izquierda con una bolsa de plástico, cogió el pescado por la barriga, me pidió que tirara del hilo mientras que él ayudándose de una cucharilla lo libraba del alambre que tenía clavado en su boca.

   En la operación se habían congregado varias personas con niños viendo cómo el animal se revolvía inquieto. “¡Qué hermosa es la libertad!”, pensé. El pescador lanzó de nuevo el pez al agua y lo vimos nadar, veloz, con la corriente como huyendo del mismo demonio, a contar, quizás, a sus amigos la aventura.

   En mi camino, recordé que los peces son vertebrados, que respiran por branquias, que su cuerpo fusiforme tiene escamas, que su corazón se halla debajo de la cabeza junto al aparato respiratorio y que el número de especies es superior a veinte mil.

   Los primeros cristianos  empleaban la figura del pez para conocerse porque pez en griego era Ikhthius y su acróstico daba “Hijo de Dios Salvador” –Iesus – Khristos – Theos – Vios – Soter.

   Hace muchos años, cuando mis hijos eran pequeños,  compré una caña de pescar. Ninguno la quiso y menos se utilizó, por cuanto suponía sacar del agua a los peces para morir. La caña de pescar la colgamos en la pared de la casa del monte, donde permanece,  como un adorno o recuerdo de nuestra estancia un verano en la playa del Mar Menor.

   Faltaba lo que vi el domingo en la pasarela, sobre el río Segura, para aborrecer este instrumento de tortura o de muerte. No se me va de la cabeza el gesto del pobre pez pidiendo clemencia. Pendía en el aire, como un malhechor, queriendo soltarse, suplicando que lo dejaran en libertad. Lo vi llorar, Godofredo. En sus ojos vi el dolor, la rabia y el miedo que sentía.    

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Termómetros.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 mayo 2014, lunes

TERMOMETROS

            ¿Quién vio primero que el mercurio se dilataba y pensó en marcar los grados  de calor? Hoy quedó superado el invento con la electrónica, pero todos conocemos el clásico termómetro para saber la temperatura ambiental o la fiebre  que tenemos.
            Pues si, fue por el siglo XVII cuando el holandés Drebbel inventó el aparato, y tuvo que pasar tiempo para que se perfeccionara. Primero era aire lo que se dilataba; luego alcohol; después agua. Farenheit, en 1720 pensó que la dilatación regular del mercurio hacía de este metal lo más indicado para el termómetro. Y así quedó. Luego todo fue hacer cambios accidentales.
            Antes de inventarse el termómetro, la gente decía: "Hoy hace más calor que ayer". Pero no podía decir: "Hoy hace justo la mitad de calor que ayer". Medir con precisión el calor atmosférico o corporal fue como reducir al enemigo o cronometrar el tiempo.
            Es de admirar cómo el hombre fue inventando cosas para vivir mejor, por su  curiosidad y su capacidad creadora. Aunque no hubiera querido, hubiera inventado: en su inevitable madurez, la razón investigaba y él aplicaba sus descubrimientos.
            Los orígenes del hombre serían de poquísimas necesidades. Una de estas primeras necesidades sería construir armas para defenderse de los animales. Cuando tuviera frío, pensaría en cubrirse el cuerpo y en hacerse viviendas.
Con el calor, lo mismo: “Deseo estar a veinticinco grados y tres décimas". El calor ha sido domesticado. A voluntad. Más ya no puede hacerse. El frigorífico moderno, el aire acondicionado en todas sus modalidades, es la perfección suma en el campo de la térmica.
            ¿Estaría en los cálculos del Creador que el hombre hiciera y deshiciera a su antojo sin provocar enfados en la cúpula? 


Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

domingo, 18 de mayo de 2014

Somos Europa.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 mayo 2014, domingo


De Murcia a la piscina “Inacua”, hay un aparcamiento de coches, al otro lado del Malecón, donde unos negros vigilan. ¡Pobres negros! Los persigue la policía. ¿Por qué no pueden ganarse unos euros de guardacoches? Veo últimamente que se presenta la policía y los negros huyen o se esconden. ¿Qué mal hacen con estar allí, donde otros dejan su coche para ir a trabajar?

-Yo no distingo a los negros, Calixto. Para mí todos son “africanos”. En cambio, unos serán de Etiopía, otros de Zimbabwe, otros de Mozambique.Estos vendrán de Nigeria y los otros de Sudán. ¿Se distinguirán entre ellos?

-¿Cómo van a distinguirse, Zacarías? ¿Acaso lo llevan escrito en alguna parte? Suponte que van europeos allí: de España, de Italia o de Bielorrusia, ¿tú crees que los van a conocer?

-¿Y cuando hablen?

-Como en Europa, Zacarías.

-Igual que tienen una moneda común podía haber una misma lengua, ¿No te parece, Calixto? Para dentro de casa, cada país la suya; y para fuera la de todos.

-No estaría mal, que me parece, Zacarías, que mucha Comunidad Europea pero seguimos siendo países independientes.

-Es verdad, que si somos todos Europa, ¿por qué los alemanes dicen lo que tenemos que hacer en España, en Grecia o en Portugal? ¿Por qué esas deudas millonarias? Para ser una Nación, Calixto, debían de borrarse las fronteras y los débitos. Varios paises pero un solo Estado. Entonces sí podríamos decir que éramos Europa, con más de diez millones de kilómetros cuadrados y setecientos millones de habitantes. En España no es igual la huerta de Valencia que las Hurdes extremeñas, pero ¿qué se merecen sus habitantes? En una casa un hijo puede más que otro por circunstancias de salud, de suerte o de inteligencia, ¿vamos a echar a los leones a los que rindan menos? ¿No será más justo ayudarles?

-Lo de Europa da qué pensar, Calixto: o somos o no somos una Nación. Si lo somos, como dicen, moneda única, fronteras fuera y a empezar de cero con un erario común.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 17 de mayo de 2014

San Pascual.

Litesofía –entre filosofía y literatura-, 17 mayo 2014, sábado, San Pascual -¡Felicidades, mamá!, ¡Felicidades, hijo!-.
-Murcia, las ocho, en mi estudio o camarín. Aún oigo los ecos del debate, entre Cañete y la señora Valenciano. Dirigía el cotarro María, la de los “Desayunos de la mañana”.

-¿Y qué tal?

-María es joven, guapa y desenvuelta: muy en su papel.

-No me refería a la presentadora sino a los combatientes.

-Ni que fuera una guerra.

-Debate y combate es lo mismo, Julián. “Debate”, según el Diccionario de la RAE, es una controversia sobre algo entre dos o más personas; y “combate”, una pelea. Combatiente es el que combate; el que debate es debatiente, participio presente del verbo debatir, en la acepción de discutir o disputar sobre algo.

-Sí, sí, ya veo que es lo mismo, pero ¿quién ganó?

-El señor Cañete estaba nervioso; en algunos momentos lo vi vencido, sin poder continuar; luego surgía otra vez de sus propias cenizas, como el ave fénix, y atacaba con nuevos bríos.

La señora Valenciano estaba más tranquila, con más aplomo. Se había propuesto, estaba claro, hundir a su adversario con golpes bajos sin descansar. A cuanto decía Cañete, respondía ella con una risa sardónica, afectada. Era el suyo un juego preparado para vencer al contrario por desgaste, por agotamiento, como hacía Casius Clay en sus tiempos de boxeador.

-Es que debatir con una mujer debe ser complicado.

-Muy difícil, Julián. Creo que el señor Arias Cañete no lo pensó antes; pero ya en el ring no podía hacer otra cosa que resistir sin darse por vencido. ¿Qué pasaría por su cabeza cuando se vio acorralado por una dama que se crecía? ¿Pensaría en sus colegas, que habían confiado en él? ¿En su familia, que sabía de su historia y su buen hacer en foros europeos? Todo ello le obligaría, quizás, a seguir cuando estaba a punto de caer.

-Pero al final ¿quién fue vencedor?

-Todo en debates es opinable, Julián, no como en un partido de tenis donde se cantan los juegos. En un debate, cada combatiente se cree vencedor. Para sus Partidos, lo mismo. Los periodistas se reparten la victoria: “Cañete ha vencido a su oponente”, por una parte. “Elena Valenciano, vence a su rival”, por otra.

-Estos debates son incruentos. Así debían de ser las guerras que se libran entre las naciones: bla, bla, bla y luego que los juzguen. No estaría mal un Debate para dilucidar cuestiones de Estado.

-Eso es la Democracia, Julián. ¿O es que crees que se ha  inventado la pólvora? Cuando hay que elegir se vota, y el que más votos tiene gana.

-Pues viva la Democracia, Senén. Pero que se cumpla con leyes rigurosas, sin fisuras ni concesiones. Con tal firmeza que al que la incumpla se saque de la circulación. En una autopista no debe dejarse que un conductor circule en sentido contrario; sería un peligro potencial para su vida y para los demás.

-Queda dicho y hasta mañana.



                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 16 de mayo de 2014

Venganza.

Litesofía –entre filosofía y literatura-, 16 mayo 2014, viernes, San Honorato
Fragmento
-¿Qué más vas a contarnos hoy?
-Que hace calor, pero un calor de julio o agosto, que no es normal para la fecha.
-Siempre se repite la canción: cuando el tiempo cambia, da que hablar.
-Se dislocan las cabezas; ¿será por eso que hubo una muerte por León un tanto extraña? Dicen que una diputada iba a un mitin de su partido cruzando un puente cuando le dispararon cuatro tiros a bocajarro.
-¿Cómo? ¿Y quién fue el criminal?
-Para mí mejor el loco, que uno en su sano juicio  no comete ese crimen.
-¿Pero lo han cogido?
-¿Tú qué crees? No se puede matar a tiros impunemente. Antes de diez minutos lo habían atrapado, que en este caso eran dos mujeres.
-¿Dos mujeres?
-Una madre y su hija.
-¿Las dos perdieron la cabeza?
-Con estos cambios temporales, hay muchas cabezas perturbadas. Dicen que se la guardaban tiempo ha. La víctima ocupó o arrebató en su día el puesto de trabajo a la que ha disparado el arma.
-O sea, que fue por venganza.
-Eso parece: madre e hija lo fueron preparando hasta que lo ejecutaron.
-No sé entonces la teoría del cambio de tiempo dónde queda. Si fue por revanchismo, largo tiempo pensado, ¿qué tenía que ver  que hiciera un calor más propio del verano?
-Ay, Fermín, no te metas en honduras. Que ha ocurrido es evidente; los motivos son difíciles de conocer. Hay un hecho cierto: tuvo su origenel mal en la mente por alguna razón real o imaginaria; la idea se fue desarrollando, y estalló un día. Así pasan los males de este mundo: que ocurren no cabe duda; luego el juez lo interpreta y acierta o no acierta con la causa. Lo malo es que su veredicto es inapelable, y cuántas veces se equivoca; cree que fue por unos motivos y fue por otros. El verdadero juicio está después.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia