jueves, 16 de enero de 2014

Razón.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 enero 2014, jueves, San Fulgencio
Fragmentos
Razón
            La razón debe ser nuestra guía. Si hay desacuerdo entre la razón y los sentimientos, no dudemos en hacer lo que nos dicte la primera.
La razón marca caminos; sea ella nuestra mejor consejera. Por ella el hombre se diferencia de los demás animales.
Contra avaricia, lujuria, ira, soberbia y demás pecados capitales, debe imponerse la razón, ayudada por la voluntad. Aunque vencer sea difícil, heroico
muchas veces, en el triunfo está la felicidad.

            Día otoñal habemus. Mas lo de menos es que sea fresco o que fuera caluroso. Lo importante es que es un día irrepetible.  Un día que pasará a la historia como una estrella fugaz.
¿No causa pavor pensarlo? Un día que se perderá para siempre en el camino, en el polvo de los espacios. Un día, con vida de un día, que nos ha correspondido a nosotros, solo a nosotros, a los que somos  aquí y ahora.
Saludémoslo con alegría, hagámosle grata su vida corta para que tenga el mejor recuerdo. Un día, tan importante para él sus veinticuatro horas, y que dependa de nosotros su felicidad.
¿Hemos pensado que nosotros, todos, cada uno, somos también, como los días, únicos e irrepetibles en el tiempo? 

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 15 de enero de 2014

Casualidades.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 enero 2014, miércoles, S. Cosme
Casualidades

Murcia, las ocho, en mi retiro. Voy a mi Taco Calendario, que me ayuda a empezar cuando las ideas duermen. “La imaginación es el ojo del alma”, dice su Pensamiento.
-Yo escribí ayer sobre las ideas en mi Soflama. Decía que van en la cabeza y salen como los pájaros de la jaula, si se les abre la puerta; como los toros de los toriles. Y decía que a veces escribes de un tema y te surge otro sobre la marcha. Era la “inspiración”, que llegaba cuando no la esperabas.
-Cuántas obras de la literatura nacerían así, de pronto, cuando el autor no pensaba escribir.
-¿Casualidad?
-Llámalo como quieras, pero nació sin ningún mérito: tropezó en su discurso, reparó en ella, la levantó y la siguió cuando echó a andar de nuevo. ¿Hubiera sido algo la idea sin el atento escritor que salió en su ayuda? No, ella hubiera seguido su camino y se hubiera perdido por la intrincada selva del cerebro.
-¿Mérito del autor? Tampoco. La idea iba en él, pero verla no fue crearla; vestirla no fue producirla. Podía haberla presentado a alguien que no sabía de su existencia: “Te presento a un amigo que nos conocimos ayer”. “¡Hola!, ¿pero es hijo tuyo?”. “No, qué va; lo saqué del maremágnum de lianas, bejucos, enredaderas y matas del bosque cerebral. Pero hijo no es: yo no lo he creado, él existía en mí sin saberlo yo.
-Sin él, yo no sería –protesta el ser rescatado-, él me ha alumbrado. Yo andaba perdido y él me ha sacado a la luz, me ha alumbrado.
-Pero yo no he sido su creador, él existía en mí. ¿Fue acaso Colón el creador de América? El continente existía cuando Colón dio con él y con sus gentes. ¿No sería vanidad desmedida por su parte  pensar que había creado las tierras que encontró? Y yo lo mismo: si encuentro casualmente el germen de una novela, no puedo decir que la creo. Cervantes un día topó con don Quijote, que deambulaba por su cabeza, reparó en él, lo siguió y contó luego lo que le vio hacer. ¿Quién creó a quién? Ninguno sin el otro se hubiera distinguido. Uno, que ya existía, nació por el otro, que lo descubrió; y este no lo hubiera rescatado de no haber existido antes.

-Complicado lo que traes hoy a tu Litesofía. Pienso que quieres transmitir que nadie ha inventado los libros que llevan su nombre pomposamente en el frontispicio.
-Exacto. No hubieran existido si antes no hubieran estado en la cabeza del que los sacó de su mundo.
-O sea que son fruto de la casualidad.
-Tú lo has dicho, tanto como nosotros al nacer. Si yo existo es porque mis padres se conocieron. ¿No es casualidad que entre tantos millones de hombres y mujeres se conocieran ellos para que yo naciera? ¿Buscaban ellos que yo, Yo, naciera? No, nací por casualidad. Mis padres no fueron mis creadores; quizás mis rescatadores de otro mundo que existía, donde yo estaba. Y el cerebro es copia de ese misterioso mundo donde existimos potencialmente y alguien por casualidad nos rescata.
-Vale, vale ya, Jenaro, que te pareces a Platón. ¿Qué dice la hoja del Taco?
-Interesante. Frases de éxito: muchas gracias, por favor, buenos días, te quiero, te felicito… Son oportunas y de efecto inmediato.
-Hasta mañana.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 14 de enero de 2014

Ideas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 enero 2014, martes, San Félix
Ideas
La inspiración revolotea sobre nosotros; mejor, sobre el mundo cerebral, donde se mueven las ideas.
Escribir significa salir de caza para apresar ideas; mirar profundamente nuestro entorno, observar con pasión  acciones cotidianas.
Las ideas surgen, cuando menos se espera, de entre los recovecos de la mente, por el ejercicio a que está sometido el espíritu.
A veces, escribiendo sobre un tema, se da con otro que buscábamos tiempo ha sin encontrarlo, y  se ofrece generosamente. 
El trabajo tiene su recompensa, y el premio del trabajo mental, qué duda cabe, es la inspiración.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 13 de enero de 2014

Petos sin camisa.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 12 Enero 2.014, Domingo



Petos sin camisa



-Murcia, las nueve, aquí de nuevo; el cielo quiere llover.

-Lo dijo ayer el sustituto de Brasero.

-¿Y dónde está Brasero?

-Estará constipado o de vacaciones.

-Las vacaciones acabaron, Julián; debe de ser que ha cogido la baja por enfermedad; hay epidemia de gripe en varias regiones de España.

-¿Y no se libran “los del tiempo”?

-¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino, Julián? Una cosa es decir si va a llover mañana y otra coger un constipado.

-Sí, pero sabiendo que va a hacer frío o que va a llover, podía quedarse en casa.

-Que no, hombre… Si coge el virus, a guardar cama y que se vaya pronto, ya sea Brasero, Urdangarín, el Rey o Méndez el sindicalista. Todos pueden sufrir el ataque del invisible.

-Claro, estos bichos juegan con ventaja, como no se ven, se cuelan por donde quieren. Yo si pudiera hacía un pacto con ellos.

-¿De qué pacto hablas?

-Como hoy, por lo visto, lo que se piensa puede hacerse, daría a estos virus lo que pidieran si atacaban solo a los malos; si fueran aliados del arcángel San Miguel en su lucha contra el demonio: “¡Atacad esa fortaleza!”, y ellos, a una, que atacaran al individuo.

-¿Piensas en alguien en particular?

-Como has nombrado a Méndez, pensaba en don Cándido, que ya está bien de gastar en langostinos los dineros de Cursos que no se dan. “¡Ahí van cinco millones de euros para formar a los trabajadores!”. Y luego va y se los gasta en relojes y francachelas.

-Pero igual su compañero Toxo: “Diez millones para los obreros pobres de Andalucía”. Y el cara se los gasta en Cruceros por el  Caribe con la señora.

-Pues anda que el yerno real pidiendo para Empresas fantasmas en nombre de su Majestad el Rey y luego gastando en amueblar sus chalés de Mallorca… A esos sí que debería atacar la gripe y no dejarlos salir de casa.

-Pero hasta no haber pagado el último langostino. Nada de cinco años de cárcel y a la calle Tú devuelves lo gastado que no era tuyo o te pudres en la trena.



-Japón, como sabes, es un país modélico, donde antes es el colectivo que el individuo. Así Tokio y otras grandes ciudades, son un modelo de limpieza, orden y seguridad. En Alemania fue lo mismo siempre. Se rehízo pronto de las dos grandes guerras, habiéndolas perdido, porque los ciudadanos tenían conciencia de Patria y trabajaban horas sin cobrar por levantar el país. Pero en España, si no te ven te acuestas, antes que trabajar por otro.

-Y si puedes, a gastar lo que no es tuyo.

-Esto viene de largo, Julián. Ya en los tiempos de Cervantes y la Santa de Ávila, en el Siglo de Oro que llamamos, usaban los caballeros petos, cuellos y puños sin camisa por engañar, presumir y aparentar que se tenía lo que no se tenía.

-La novela picaresca es un retrato de la sociedad que había.

-Y eso de que el sol no se ponía en los dominios de Felipe II, ¿no sería otra fanfarronada?

-Hombre, no desbarres, cada cosa en su sitio. No vas a dudar que el descubrimiento de América fue una gesta española.

-¿No era genovés su descubridor?

-Es broma, Julián: España es así y debemos estar orgullosos de ser españoles. Es el carácter que recibimos cuando Dios nos hizo.

                                                                                    Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Memoria.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 Enero 2.014, Lunes, San Hilario
Memoria
Cuando oigo las campanas de la iglesia, las mismas que oyera de niño, siento las sensaciones de entonces, que me llenaban de alegría. El tiempo vuelve atrás. Yo mismo vuelvo a la niñez. Su tañido quedó grabado en mí memoria para siempre.
¿Memoria del oído? Qué duda cabe. Los recuerdos nos transportan a momentos vividos antes. Lo que escuchamos entonces -risas, voces-, se fundió, se amalgamó con un mundo de emociones. Y ahora, al escuchar de nuevo estos sonidos, llevan a aquel instante con toda su carga de sentimientos.
Ocurre otro tanto con los olores. En la escuela, yo olía los lapiceros: eran cilíndricos, sin pinturas, de Johan Sindel. Su olor penetrante me agradaba en extremo. Lo mismo con las gomas de borrar, verdes o rosas, cuadradas o rectangulares.
Ahora, cuando llega a mis manos uno de estos objetos escolares, cierro los ojos y los huelo con delectación. Aquel mundo de emociones infantiles, vuelvo a revivirlo. Y es que, como digo, no es solo el olor lo que recuerdo, es todo lo que había mezclado,   imposible de separar, lo que me llega en su recuerdo.
Quiero pensar que todos los momentos de nuestra vida quedan grabados en el cerebro, y al evocarlos, vuelven mezclados con cuanto hubiera entonces a nuestro lado. No hay recuerdos puros, aislados. Son recuerdos, donde se juntan sentimientos y emociones.
Por ello, con algunos recuerdos nos sentimos tristes y con otros alegres. Corresponden a momentos felices o infelices de nuestra vida.

                                             Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 12 de enero de 2014

Diarios.

Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 11 Enero 2.014
Diarios
Hay varias clases de Diarios. Cabe anotar el tiempo meteorológico, lo que se hace cada día, lo que se quiere alcanzar...
De cualquier forma, un Diario deja para el recuerdo, inmóvil, detenido, un instante del tiempo en procesión.
Momentos de nuestra vida grabados, como fotografías, para luego contemplar de nuevo, en sus acciones o en sus anhelos.
Es divertido y curioso: Cuando se escribe un Diario, late en el subconsciente un deseo de permanecer, un ansia de quedarse.
¿Es, quizás, la guerra contra el tiempo? ¿Esa lucha callada, sorda, que nos rebela contra la marcha inexorable de los días?

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

viernes, 10 de enero de 2014

Servet y Galileo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 Enero 2014, viernes

Murcia, las nueve, donde ayer. Ya tendré tiempo de cambiar. Aquí, con calor de brasero eléctrico, se está muy bien.
Por vez primera, lo confieso, abro mi Taco calendario del dos mil catorce. Veo, sin asombro, que llevamos andados diez días del año y que quedan trescientos cincuenta y cinco por andar. “Largo camino”, dirá el altanero diez, que lleva de pedestal o peana un Pensamiento de Larra: “Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”. Efectivamente, don Mariano.
Hoy celebran su Santo los que se llaman Nicanor, Guillermo, Aldo, Patronio y Domiciano.
Y nos cuenta la hoja, por detrás, que Miguel Servet descubrió la circulación de la sangre en el siglo XVI; pero sus coetáneos lo creyeron tan peligroso que lo ejecutaron en la hoguera.
-Algo parecido a lo que ocurrió a Galileo con sus descubrimientos siderales.
-Por suerte se salvaron unos libros y, casi cien años después, otro científico resucitó la idea de Servet: “La sangre circula por el cuerpo, y el corazón es el motor encargado de bombearla a través de las arterias”.
-¡Qué pena, Samuel, que estos descubridores no gozaran de sus hallazgos!

-Como les pasa a la legión de no nacidos por creer sus madres que no eran seres como los que llegaban a la meta. Ahí están esperando que el Señor los juzgue un día.
-¿Y de qué los va a juzgar? ¿Ellos qué se merecen de que los eliminaran en el camino?
-Son tantos que han formado una corporación, la mayor con diferencia, llamada de los no nacidos, para defender su causa.
-¿Y qué piden los pobres?
-Que los juzguen pronto, que si fueron creados para nacer y no alcanzaron su objetivo, no fue por ellos sino por la ignorancia de unos o la inquina de otros, que mejor no recordar. Seguro que Dios los tendrá en cuenta a la hora de repartir su Gloria. ¿Cómo va a dejar fuera a tantos seres que eran para nacer y alguien se lo impidió?

Unos que escuchaban exclamaron: “A mí me hicieron picadillo con escalpelos y bisturís cuando más confiado estaba, sin haber hecho nada para merecerlo.
-Y yo –dijo otro-, que celebraba mi próxima salida, cuando ya vislumbraba la luz al final del túnel, vienen unos desalmados y me trituran.
-A mí –terció otro- entraron a saco con hachas y sierras y del primer golpe me liquidaron.
-Y en el juicio, si lo hay, que no dudo que lo habrá, donde se pronuncien los “carreristas fallidos”, como se os llama, o los “hijos de madres sin piedad” como os llaman otros, ¿qué vais a pedir para vuestros asesinos?
Se sonrieron mirándose unos a otros, y respondieron:
-Lo tenemos bien pensado; estamos de acuerdo en pedir compasión por ellas. Al fin y al cabo son nuestras madres y las queremos como los que llegaron con vida al reino de los nacidos.
-Que sea pronto y favorable el juicio: No hay mal que por bien no venga.
Y se despidieron.
-¿Sabes una cosa, Samuel, que sí le encuentro parangón a la historia de los no nacidos con la de Servet y Galileo: Murieron unos y otros por ignorancia de los jueces que los juzgaron.


      Francisco Tomás Ortuño, Murcia