domingo, 8 de diciembre de 2013

Serpas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 diciembre 2.013
Serpas
Acabo de leer un libro sobre el origen de la aviación. Me imagino cuánto gozarían los hermanos Wright –Wilbur y Orbille- con su Flyer haciendo pruebas en solitario; era la ilusión de sus vidas desde que arreglaban bicicletas  en un modesto taller de Dayton.
He leído la historia de un Serpa –cargadores en las expediciones al Himalaya- que soñó con llegar antes que nadie a la cima del Everest. Es asombroso ver cómo, tras varias tentativas, lo consigue.
Se trata de Tenzing, montañero de Nepal, que acompañó a suizos e ingleses para terminar él y su inseparable amigo Hillary con la gloria de la conquista del techo del mundo (29 de mayo de 1953). “Hillary sacó su cámara fotográfica, yo desaté las cuatro banderas que llevaba; y Hillary me tomó una fotografía. Le hice señas de que yo tomaría la suya, pero él, por razones que ignoro, me dijo que no con la cabeza. Lo que más sentí cuando nos aprestábamos a descender fue la gran presencia de Dios. Le di las gracias”.
Los hermanos Wright soñaron con volar y lo lograron; los amigos Tenzing-Hillary quisieron con ilusión alcanzar su meta y lo consiguieron. Y es que el misterioso sueño que nos mueve a cada uno señala caminos de dicha si vamos por él y terrenos de tristeza si lo dejamos.
El tema de las vocaciones es el tema de los sueños. Hay que respetar inclinaciones naturales: Hay que dejar obrar a la maestra naturaleza.

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia  

sábado, 7 de diciembre de 2013

¡Hay que hablar!

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 diciembre 2.013
¡Hay que hablar!
-En la Obra ocupan bien el tiempo; han visto que hay muchos minutos en un día.
-Mil cuatrocientos cuarenta, ni uno más ni uno menos.
-¡Menudo arsenal! Repartiéndolos bien, sacan para leer, para rezar, para trabajar, para dormir, para todo. A otros se les escapa por entre las manos.
-Más de mil cada día y les falta tiempo… ¡Son listos estos “obreros”.
-Es bueno que las cosas se digan, Jenaro. Hasta Jesús dijo a sus discípulos: “Id a predicar por todo el mundo”, que era como decir: “Id por los pueblos diciendo lo que habéis visto: Anda por encima de las aguas, cura a los enfermos, multiplica los panes y los peces, resucita a los muertos…”. ¿Tú crees que si los que vieron estas cosas se hubieran callado, nosotros las sabríamos? Hay que hablar. Si San Josemaría hizo el milagro de multiplicar el tiempo para que un día diera para tanto, hay que decirlo. “No tengo tiempo”, se oye. ¡Sí lo tienen, Jenaro! ¡Que hagan lo que hizo el Fundador!
-¿Qué hizo el Fundador?
-Un horario; simplemente un horario. O mejor, un minutario: “Me levanto a las siete; de siete a siete y cuarto, desayuno; de siete y cuarto a siete y media, lectura; de siete y media a ocho…”. Verías cuántas cosas te salen.
-Voy a probar desde mañana.
-Prueba y verás, que resulta hasta divertido. Muy cómodo decir: “No tengo tiempo”, cuando lo tienes de sobra. Hay que gritar por el mundo la doctrina para que se conozca. ¿Tú crees que si los amigos del Maestro no dicen lo que vieron hubiera llegado a nosotros el milagro de la resurrección de Lázaro, o la suya propia, que fue la madre de nuestra fe?
-¿La madre de nuestra fe?
-Sí, Jenaro, que el Señor quiso dejar para el final el milagro de los milagros: su Resurrección y Ascensión a los Cielos, lo que no dejaba duda de su paso por la Tierra y al mismo tiempo de que era Hijo de Dios. Si luego los que le acompañaban se hubieran callado, ¿quién lo hubiera sabido? Hay que hablar, hay que pregonar lo que queremos que se sepa. Si San Josemaría dijo que el hombre podía ser santo donde trabajara, que había tiempo para rezar cuando otros no lo encontraban, y dijo cómo hacerlo, habrá que decirlo.
-¿Y quién fue San Josemaría?
-Un sacerdote como fueron los apóstoles. Este sacerdote dejó su pensamiento escrito en libros por si luego alguien decía que nunca había dicho tal cosa. Ató bien los cabos. Con todo, nos dejó la misión de comunicar su pensamiento a los que vinieran después, de llevar su evangelio a todas partes. Así, pues, hay que hablar, Jenaro, hay que contar la verdad.
Francisco Tomás Ortuño,  Murcia  

Murmurar.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 diciembre 2.013, viernes
Murmurar
Baltasara –nombre ficticio- habla mucho; demasiado quizás. Las personas deben cuidar en extremo lo que dicen, que las palabras pueden hacer daño. Son nuestros pensamientos y sentimientos los que afloran en el lenguaje, y debemos mirar mucho si conviene airearlos.
 Callar es siempre una virtud. Hablar más de lo debido, necedad. Baltasara dijo cosas que rayaban en la calumnia: que si esta chica pasaba las horas en la discoteca; que si fulano se divorció dos veces; que si…
La murmuración es siempre odiosa: revela podredumbre interior. La calumnia es peor aún. Murmurar es exponer a los demás defectos de nuestros semejantes; calumniar es inventarlos, decir falsedades de ellos.
Baltasara debiera callar lo que reparte como semilla lanzada al aire. Lo cristiano es buscar remedio en secreto; no divulgarlo como vulgar pregonero.
Es canallesco y ruin hablar de esta guisa de nadie; como ruin y canallesco escucharlo sin rebelarse. Lo correcto ante la maledicencia sería protestar: “¡No sigas, por favor, que estás murmurando!”.
Cuánta irresponsabilidad en los comentarios de corrillos. “¿Te has enterado…?”. “¿No sabes que…?”. Hay que obrar con amor, amiga Baltasara,   sin que nadie se entere, no destruir sin piedad con ropas de comentario.
MURMURACIÓN

Tiré una piedra al azar
Sin saber dónde tiraba,
Y a un pájaro que pasaba
La piedra vino a matar.
Lo mismo suele pasar
A los que van murmurando,
Que por doquier van tirando
con la mejor intención,
sus buenas piedras que son
mortales de cuando en cuando.


                                                                       Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 5 de diciembre de 2013

Ilusiones.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 diciembre 2.013, jueves
Ilusiones
Hay que tener ilusión por un futuro próximo: una carrera, un proyecto. Cuando se logra aquello por lo que hemos  luchado con tesón, debemos poner nuevas metas por las que vivir ilusionados.  Vivir sin aspiraciones es un vivir triste, sin sentido.
“Los jubilados no tienen porvenir: Han llegado,  y a esperar”, se oye.
-¿Han llegado a dónde? ¿A esperar qué? Pues no: se ha terminado una labor y se debe empezar otra. La sociedad bien montada, estudiaría muy mucho el empleo de los que llaman mayores.
Creo que lo necesitan tanto o más que los propios jóvenes. Nunca debe ser uno considerado viejo para empezar un trabajo, si tiene ilusión de verlo terminado. Y esa debe ser la estructura para una  sociedad justa con estas personas .

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Amistades.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 diciembre 2.013, miércoles
Amistades
Mi amigo es un buen amigo. Sin paliativos. Es la nuestra una amistad que viene de largo. Lo mismo diría de muy pocos más. Los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y sobran dedos. Habrá conocidos, muchos; pero amigos, grandes amigos, muy pocos.
Esta amistad honda y duradera surge sin buscarse, sin pretenderlo, por afinidad de sentimientos. Un encuentro casual, fortuito, una relación cordial, una sensación clara, evidente, de que la amistad prendió para siempre.
Con la pareja, ocurre lo mismo: Se descubre, cuando menos se espera, sin buscarlo, al compañero o compañera ideal para la unión perfecta por el resto de la vida. El destino, sin duda, favorece este encuentro. Lo que procede entonces es aceptarla como la mejor, la tuya, la única que corresponde desde el comienzo de los tiempos.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 3 de diciembre de 2013

Querer es poder.

Para mis “Diálogos con Benedicto XVI”
Litesofía-entre literatura y filosofía-, 3 diciembre 2.013,

Murcia, las doce.
-Dice un refrán que “querer y poder, hermanos vienen a ser”, ¿tú qué piensas, Benedicto?
-Quiere decir que si uno se empeña en conseguir algo, lo consigue; que la voluntad puede mucho.
-Pues yo no estoy de acuerdo: quiero tantas cosas que no puedo conseguir…
-Deja quieto el refrán, Francisco, que no dejen los jóvenes la lucha por alcanzar sus sueños.
-Pero, entre nosotros, ¿puedo yo cambiar el rumbo de las estrellas?, ¿puedo alcanzar la luna?, ¿puedo detener el tiempo? Y, en cambio, cómo lo deseo…
-El refrán tiene otro sentido: Si quieres ir a Santiago y no desmayas en tu empeño, terminarás llegando. Y no es lo mismo Santiago de Compostela que compóntelas como puedas, Santiago. No se trata de querer algo a lo loco y que salga el sol por Antequera. Hay que querer algo racionalmente, con cordura. Si quieres ir a Roma, por ejemplo, a conocer de visu el Coliseo y la fontana de Trevi, no te vayas a Portugal o a Gran Bretaña, que irás equivocado. Para eso Dios nos dio una luz que se llama inteligencia.  ¿No ves lo que dijo el sabio: “Potuit, decuit, ergo fecit”, que quería decir en castellano: “Pudo, convino, luego lo hizo”. Haz tú lo mismo: ¿Quieres conseguir una meta?, ¿te conviene alcanzarla?, pon los medios adecuados y lánzate en pos de lo que sueñas. Te pondría el ejemplo de los buenos estudiantes que obtuvieron carreras brillantes. ¿Se las regalaron? No. ¿Las consiguieron sin esfuerzo? No. Supieron lo que querían y emprendieron el viaje hasta tocar la meta soñada. Y si, con todo, no consiguen lo que quieren, que no desesperen, Francisco. Dios querría que fuera así, que no les convenía que llegaran.
-Sabia filosofía, Benedicto. Yo la aplico conmigo hace tiempo. Comprendí que era lo más sensato, lo más prudente y razonable. ¿Quién sabe si por otro camino estaba la perdición? ¿Qué le pasó a aquel viajero que no pudo volar y luego se estrelló el avión y los viajeros perecieron?
-Debemos saber que lo que de verdad cuenta es la voluntad de quien todo lo sabe. Si la nuestra se adapta a la suya, eso que tenemos; si no se adapta, aceptemos el fracaso.
-Nos hemos desviado del principio. Decía el refrán que querer y poder, hermanos vienen a ser. Tú dijiste, Benedicto, que el que quiere una cosa y pone gran empeño, lo consigue. Yo, en cambio, dije que no siempre es posible conseguir lo que se quiere por mucho que se desee. Y me mantengo en lo que dije, que termina el refrán que querer y poder actúan a veces como hermanos y los hermanos no siempre se llevan bien: discuten y hasta se matan como los hijos de Adán. Todos de un vientre pero no de un temple., o sea que pueden no parecerse. Pero vamos a dejarlo, que nos desviamos del carril otra vez.
-¿Y si cortamos hasta mañana, Francisco? Por hoy va bien la cosa, que ya me estoy cansado.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 2 de diciembre de 2013

A ordeño y a vareo.

Litesofía –entre literatura y filosofía, 1 diciembre 2.013
Para mis “Diálogos con Benedicto XVI”

Santana de Jumilla, las diez, en el salón. Día “horríbilis” fuera, que aquí, con brasero, que se lo digan a mi gata Sara, que encima de la mesa camilla duerme boca arriba lo larga que es.
Mamá y yo cogimos ayer la oliva de cuatro oliveras; hoy, tras el desayuno, queríamos seguir, pero el viento no nos deja. Oí un refrán en la tele, creo que al hombre del tiempo, que dice: “La oliva, en noviembre, debe estar cogida”, o algo así. Por eso las prisas. Pero tendrá que esperar. Además, que son en total doce oliveras y dos, por lo que sea, no han dado aceituna ni para muestra.
-¿La lleváis a una almazara?
-Eso haremos cuando la cojamos; no toda, que siempre quedará alguna en el árbol. Se esconden entre las hojas y cuando repasas siempre ves más; crees que ya no quedan, vuelves y ves de nuevo. Es curioso.
Leí en el libro de Agricultura de Magisterio, hace ya muchos años, que la oliva se recogía de dos maneras: a ordeño y a vareo. Igual han inventado otras formas nuevas de hacerlo. A ordeño es coger la aceituna a mano, como hemos hecho nosotros, que se van echando en un capazo. Como tienen un peciolo largo, a veces se cogen racimos con cuatro o cinco olivas a la vez. Si se hace la operación con las dos manos, parece que ordeñas una vaca. ¿Vendrá el nombre de la recogida por el parecido? A vareo es dando golpes a las ramas del olivo con una vara. La oliva entonces cae al suelo, donde se han colocado antes esteras.
-Pobres árboles. Cuando llega el tiempo de la recogida, se dirán unos a otros: “A ver si tenemos suerte este año y no nos cogen a varazo limpio, como si hubiéramos hecho algo malo”. Pero, ya digo, a lo mejor han inventado otro modo de coger la oliva. Que ahora vendimian con máquinas, y fíjate lo que será cortar racimos de uvas sin el hocete tradicional.
-A todo llega el progreso humano: calculadoras, ordenadores, móvil…,  y en el campo los tractores para labrar y las máquinas para recoger las cosechas. No me extrañaría que en el olivar haya otra forma de recoger la aceituna. Sobre todo por el vareo, que sin merecerse nada, se castigue a las olivas de ese modo.
-Confidencialmente, te lo voy a decir, Benedicto: Muchas olivas tienen gusano dentro.
-¿Cómo? ¿Qué me dices?
-Sí, sí, hay plagas de bichos que viven chupando sus jugos. Como el fruto no puede defenderse, “aquí estoy para lo que quieras hacerme”.
-Pero, entonces, ¿qué aceite queda para la almazara?
-A muchas llegan gusanos en vez de olivas, no se lo digas a nadie, Benedicto. Allí fue Troya. Allí mueren Sansón y los filñisteos. Claro que buena parte de la cosecha va al mercado para su venta. Por eso yo prefiero ir al Mercado de Verónicas, que tengo enfrente de casa, y comprar un kilo de gordas aceitunas, que esas se libraron de los palos y de los bichos chupópteros. Por lo que la suerte de la oliva es no haber nacido, no haber sido pudiendo ser, porque el viento se llevó la flor antes de devenir en fruto.
-No seas catastrofista: no valoras la vida, Francisco.
-Es que nacer para que vengan los gusanos a comerte en vida y no poder salir corriendo…
-Todos no tienen esa mala suerte.
-Y a los que tienen suerte, que vengan a cogerte con una vara hasta despegarte de las ubres de su madre…
-Puedes librarte de la vara y ser una mano delicada la que te arranque del árbol.
-Y te lleve al molino a triturarte entre piedras para que te salga la sangre…
-No todas, no todas, que otras van al mercado.
-Pero a muchas antes les sacan los huesos, una tortura.
-No a todas, que muchas quedan enteras.
-Con suerte en las aduanas, el final es siempre triturarte entre los dientes de una boca ansiosa por devorarte. Poco más o menos, como todos los seres que vienen al mundo: nacen para sufrir y en el mejor de los casos para acabar muriendo, siendo pasto de los gusanos.
-No desbarres, Francisco: el hombre tiene alma y nace para gozar del Cielo.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia