lunes, 18 de febrero de 2013

Hay toses...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 febrero 2.013
Fragmento
-Hay toses, Julián, que salen disparadas con su ruido característico, y se pasan. Son toses normales. Pero las hay que no acaban, que se suceden y no terminan, y ves que los pulmones se agotan de aire. Estas toses asustan. Para estos casos, el cuerpo debía tener, como los coches, una rueda de recambio. Hasta que se pasara la tos impenitente, utilizar otro medio para que los pulmones siguieran respirando. Y una vez normalizada la situación, volver a la que había dejado.
-Lo mismo debía de ser para los alimentos que se van por lo vedado. Que si en vez de ir al estómago, toma el camino de los pulmones, te ahogas sin poder hacer nada. Lo que comes cambia de ruta y luego no sabes qué hacer para que vuelva y eche por donde debía haber echado. Hay niños que han muerto así.
-Y personas mayores, Cirilo, que más de cuatro han muerto por perder el camino los alimentos. ¿Qué te dije ayer de las ovejas que pastando por el cielo se alejaban del rebaño y no sabían volver? Que atraídas por la Tierra acababan siendo devoradas. Pues lo mismo: de lo que comes, alguna migaja se cuela por donde no debía, se desorienta, no sabe qué hacer sola y se agarra al tubo como un náufrago a una tabla salvadora.
-Dios debía haber repasado su obra mejor, Julián. ¿Qué hacen los fabricantes  de coches? Antes de sacarlos al mercado, los revisan. No los venden al albur de que alguna pieza funcione mal. En el cuerpo humano hay ciertos fallos imputables al que lo hizo. Si los hubiera examinado antes de dejarlos de su mano, no habría ahogos por no tener otro medio de salir del apuro, o disponer de otro tubo para los casos de tos. Y no sigo, pero hay más situaciones en que echas de menos un recambio temporal para trances ocasionales.

sábado, 16 de febrero de 2013

Pobres.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 febrero 2.013, Sábado.
            POBRES
            Estoy leyendo un libro sobre la vida de San Francisco: "Sabiduría de un pobre", de Eloi Leclerc. Francisco estuvo "desposado con la pobreza", y hasta fue despreciado de sus discípulos. "Francisco no es el hombre de Dios que tu crees", dijo Rufino a León. "¿Qué tengo yo que ver con el hermano Francisco", le respondió éste. La doctrina de San Francisco de Asís, es elevada: "Si a ser pobre te acostumbras, cuando no tienes nada, te sobra todo".

viernes, 15 de febrero de 2013

La frase me baila en la cabeza.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 febrero 2.013
DESCONFIAR
            La frase me baila en la cabeza. En una entrevista que hicieron a Monseñor…  decía que había aprendido una cosa de la gente: "Es buena pero no te puedes fiar de nadie". Es cierto. Yo lo he pensado también. Somos buenos en el fondo, pero poco de fiar en algunos momentos. Circunstancias particulares hacen obrar de forma que ni nosotros después pasamos a creerlo. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Ayer fueron al mismo Congreso de los Diputados...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 febrero 2.013.

Fragmento
-Ayer fueron al mismo Congreso de los Diputados a protestar estos vecinos por el desahucio, y el Presidente de la Sala, nervioso,  ordenó que los expulsaran.
-Yo, Julián, en favor de estos “desposeídos”, diría que ellos no se merecen nada. Cuando pidieron un préstamo, ilusionados, para comprar una vivienda, tenían un trabajo para responder. Si les cerraron la fábrica y se quedaron sin empleo, ¿qué se merecen ellos? ¿Es justo que los echen a la calle, con la familia, en pleno invierno? Habrá que distinguir entre los que no tienen otra vivienda y los que compraron su segundo o tercer piso para venderlo y ganar dinero.
-Tanto monta, monta tanto.
-Creo que no, Julián. Dadas las circunstancias que concurren con la funesta crisis que padecemos, no es lo mismo reclamar un piso que está vacío porque el dueño tiene otro, que pedir que salgan a los que viven sin tener a dónde ir.
-¿Y…?
-A los que pensaban ir pagando su vivienda con su trabajo y se quedaron de la noche a la mañana sin él y sin sueldo, como cogidos en una trampa, en una ratonera, les debía ayudar el Gobierno a salir de su apuro, con el compromiso formal de pagar cuando puedan.
-Hay que darle solución al problema de los desahucios, Julián. Lo último es decir: “¡A la calle!”, como si fueran perros o delincuentes. Hay que estudiar cada caso como en familia: El Banco, sin apremios; el Gobierno, con ayudas; el que pueda, que se vaya; y el que no tiene a donde ir, darle una moratoria y que se comprometa a pagar cuando tenga trabajo. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Coser y bordar


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 febrero 2.013
COSER Y BORDAR
Fragmento              
            Mamá tiene una máquina de coser. Creo que su final será dormir el sueño de los justos. "Cuando mis nietas sean mayores...", piensa ilusionada. Ese día llegará, pero los tiempos habrán cambiado.
Nuestra hija la guardará, quizás, porque la compró su madre. Hasta la pondrá en un lugar preferente de la casa. Más allá no pasará la máquina. Un golpe involuntario -¿quién sabe?- acabará con ella. "¿Qué hace aquí este mamotreto o cachivache, que no sirve para nada?", dirán. Y la máquina de coser, con una copa y otros objetos, irá a parar al cementerio de cosas inservibles.               
            No van siendo ya los nuestros tiempos de máquinas de coser. Recuerdo que mi madre, por las noches sobre todo, usaba la suya, no tan elegante como ésta. Era sin pie y la tenía que mover a mano. "Enhébrame la aguja", me decía. "Que Dios te conserve la vista", seguía después. La máquina de coser era necesaria, imprescindible entonces.
Cuánta ropa por remendar: camisas, pantalones, sábanas… Las niñas aprendían a coser a máquina como hoy se aprende a manejar un ordenador. Hasta aprendían a bordar. Ahora son otros tiempos. Nadie remienda, nadie cose. La gente usa y tira, que es más cómodo.
            Nuestra hija es de mañana, nosotros de ayer. La máquina de coser es del pasado. Querer arrastrarla contra viento y marea, es locura. Cada época tiene sus necesidades y sus modos. No nos empeñemos en mantener lo que es obsoleto, lo que  está condenado al olvido. La flamante máquina de coser y bordar será, eso sí, un objeto de adorno, una pieza de museo, pero nada más.

martes, 12 de febrero de 2013

Inhibiciones.


Litesofía –entre literatura y filosofía-,  12 febrero 2.013
            Fragmento
INHIBICIONES
            En la escuela, el niño debe hablar delante de sus compañeros, participar en coloquios dirigidos por el profesor. Hay que enseñar a hablar, a dialogar, a convencer, a dirigirse al público sin miedo.
Cuántas veces el temor al ridículo nos inhibe y dejamos de decir algo que debiéramos haber dicho. En reuniones, algunos no abren la boca -la mayoría silenciosa- y no porque no tengan algo que decir. Es por miedo. Un miedo cerval que les impide hablar. Hay que enseñar desde pequeños a expresar, sin preocupaciones necias, nuestros pensamientos.
            En el libro "¿Cómo ganar amigos?" de Dale Carnegie, se cuenta que un médico participó con el equipo de fútbol local en un banquete. Le pidieron hablar -¿quién mejor?- y no pudo. El miedo se lo impidió. Luego pensó en lo sucedido y estudió la forma de vencer su timidez, llegando pronto a destacar como orador.
Hay que hablar delante de un público para perder el miedo. El niño en la escuela debe hablar delante de sus compañeros, aprender a exponer ideas con orden y con firmeza. Quien sabe hablar -¿lo habías notado?- gana en las discusiones aun sin llevar razón.

El Quijote.


Litesofía –entre “lite” y “filo”-,11 febrero 2.013

 EL QUIJOTE
           
Entre los libros que guardo en casa, prefiero con mucho el Quijote de mi niñez. Uno de los cien mil ejemplares que lanzó la editorial Sopena de Barcelona en su "Cuarta edición especial", para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Cervantes. Quiere esto decir que el libro es de 1916.
La importancia para mí de este Quijote la tiene el hecho afectivo de recordar, cuando era pequeño, leerlo a mi padre, junto al fuego, en las noches de invierno. Tengo otros Quijotes, pero ninguno me evoca como él a mi padre reír con las ocurrencias de don Quijote y de Sancho Panza.
Me son familiares sus dibujos, su tipo de letra, su tamaño. Y es que las cosas que vemos de niños se nos graban de una forma especial. Su lectura ahora me transporta a aquellas noches junto a la lumbre. ¡Cómo no lo voy a preferir, si con él y sus historias vuelvo a la niñez!