martes, 12 de febrero de 2013

Inhibiciones.


Litesofía –entre literatura y filosofía-,  12 febrero 2.013
            Fragmento
INHIBICIONES
            En la escuela, el niño debe hablar delante de sus compañeros, participar en coloquios dirigidos por el profesor. Hay que enseñar a hablar, a dialogar, a convencer, a dirigirse al público sin miedo.
Cuántas veces el temor al ridículo nos inhibe y dejamos de decir algo que debiéramos haber dicho. En reuniones, algunos no abren la boca -la mayoría silenciosa- y no porque no tengan algo que decir. Es por miedo. Un miedo cerval que les impide hablar. Hay que enseñar desde pequeños a expresar, sin preocupaciones necias, nuestros pensamientos.
            En el libro "¿Cómo ganar amigos?" de Dale Carnegie, se cuenta que un médico participó con el equipo de fútbol local en un banquete. Le pidieron hablar -¿quién mejor?- y no pudo. El miedo se lo impidió. Luego pensó en lo sucedido y estudió la forma de vencer su timidez, llegando pronto a destacar como orador.
Hay que hablar delante de un público para perder el miedo. El niño en la escuela debe hablar delante de sus compañeros, aprender a exponer ideas con orden y con firmeza. Quien sabe hablar -¿lo habías notado?- gana en las discusiones aun sin llevar razón.

El Quijote.


Litesofía –entre “lite” y “filo”-,11 febrero 2.013

 EL QUIJOTE
           
Entre los libros que guardo en casa, prefiero con mucho el Quijote de mi niñez. Uno de los cien mil ejemplares que lanzó la editorial Sopena de Barcelona en su "Cuarta edición especial", para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Cervantes. Quiere esto decir que el libro es de 1916.
La importancia para mí de este Quijote la tiene el hecho afectivo de recordar, cuando era pequeño, leerlo a mi padre, junto al fuego, en las noches de invierno. Tengo otros Quijotes, pero ninguno me evoca como él a mi padre reír con las ocurrencias de don Quijote y de Sancho Panza.
Me son familiares sus dibujos, su tipo de letra, su tamaño. Y es que las cosas que vemos de niños se nos graban de una forma especial. Su lectura ahora me transporta a aquellas noches junto a la lumbre. ¡Cómo no lo voy a preferir, si con él y sus historias vuelvo a la niñez!

domingo, 10 de febrero de 2013

Punks.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 febrero 2.013
PUNKS
En un programa de televisión, esta semana, preguntaron a los concursantes qué era la palabra “punk” entre varias opciones. Recordé enseguida lo que nos ocurrió a don Francisco Sarabia y a mí en el Colegio de “San Andrés” de Murcia. Entró un joven a pedir un Certificado de haber sido alumno del Centro. Llevaba el pelo largo y ropas  un tanto extravagantes, o nos pareció a nosotros.
            -Venía a recoger un título -dijo.
            Don Francisco se le quedó mirando con atención.
            -No te había conocido –le dijo al fin.
            Había sido alumno suyo dos años antes.
            -Es que con pendientes y ese pelo... -se atrevió a continuar don Francisco después-. ¿Cómo se llama este movimiento?
            -Se escribe “punk” y se pronuncia “pank” -replicó el muchacho displicente.
            Cuando quedamos solos, echamos mano de un diccionario inglés. Sí, estaba allí la palabreja, pero quedamos sorprendidos al ver que significaba "basura" en español.
-Tal vez los componentes del grupo "punk" no saben esto", pensamos.
-O quizás sí, que se sientan orgullosos de ser distintos a lo que encontraron ellos, y su timbre de gloria sea el cambio que exteriorizan. 

sábado, 9 de febrero de 2013

Filosofías.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 febrero 2.013
Fragmentos
FILOSOFIAS

            Sabia filosofía la de contentarse con lo que nos ocurre: "Tendría que ser así". Esperar con ilusión la sorpresa de cada momento: "Lo que haya de ser será". ¿Resignación? No. Más bien saberse gobernado por una fuerza sabia y confiar en ella. "A ver qué tengo reservado para hoy". Aceptar alegres lo bueno y lo malo que nos ocurra.

viernes, 8 de febrero de 2013

Relojes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 febrero 2.013
            RELOJES
            Son las nueve de la mañana, pero en mi vida son... Lo aclaro: de ocho de la mañana, cuando uno se levanta, a doce de la noche, que se acuesta, hay dieciséis horas. La vida media de la persona dura ochenta años. Los veinte años corresponden a cuatro horas del día. Ochenta es a dieciséis como veinte es a cuatro. Clarísimo. Ergo, desde las ocho que se levanta, cuatro horas más son las doce del mediodía. El sol calienta fuerte. Está en su plenitud. En cambio los sesenta se corresponden con las ocho de la tarde.  Son horas las que restan de salir a pasear, de ver la tele, de esperar con calma el momento de acostarse.
            En esta proporción de dieciséis horas del día y ochenta años de vida, cada hora corresponde a cinco años. Puede ser interesante no perder de vista nuestra hora biológica, ya que cada día es la viva representación de una vida. Decir que son las diez de la mañana es hablar de hora de trabajo; hablar de las doce es hablar de fuerza y de vigor; las ocho de la tarde es hora de balances y recuentos.
            Si hacemos números resulta que cada minuto equivales a un mes: si una hora son cinco años de vida, sesenta minutos equivalen a sesenta meses, o, lo que es lo mismo, un minuto equivale a un mes. Un año, pues, son doce minutos. Quien pasa de los ochenta años, ha cubierto cumplidamente la etapa de su vida: pasar de esa hora -doce de la noche- es solo para dar gracias y rezar como campeones que han llegado a su meta.
Francisco Tomás Ortuño

jueves, 7 de febrero de 2013

Indicios.


 INDICIOS
            Hablar mucho puede ser una forma de disfrazar la propia ignorancia. Lo vengo observando en algunas personas. Cuando alguien habla y habla, no deja hablar a los demás, y de esta suerte, sólo dice lo que sabe, lo que repite como un loro. Suele ocurrir que estas personas deslumbren a algunos oyentes poco dados a ciertas sutilezas del espíritu. "¡Qué bien habla! ¡Cuánto sabe!", dicen luego.
Hablar sin desmayo, sin dejar hablar, puede ser indicio claro de poca seguridad, de miedo o temor a que el oyente suscite cuestiones que no domina. La persona segura de sí, plena de ciencia, suele ser sencilla, de poco hablar; observa y apostilla si conviene; cuando habla lo hace con claridad y concisión.
            En la mujer, la mucha palabrería repele. La más zafia puede ser interesante callando. La mujer que quiere deslumbrar, no habla; sólo aprueba. La mujer no es interesante nunca por hablar mucho. El hombre que tiene de pareja a una mujer que no discute, lo sabe.
 Francisco Tomás Ortuño

miércoles, 6 de febrero de 2013

Optimismo.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 Febrero 2.013


Fragmento
            OPTIMISMO
            Sacudid, maestros, en casa, las tristezas, los temores; quedaos sólo con las ansias de vivir que habéis de contagiar a los niños; con el optimismo que habéis de generar en cada uno; con el amor que habéis de llevar a sus almas.

Francisco Tomás Ortuño
Doctor por la Universidad de Murcia