martes, 12 de febrero de 2013

El Quijote.


Litesofía –entre “lite” y “filo”-,11 febrero 2.013

 EL QUIJOTE
           
Entre los libros que guardo en casa, prefiero con mucho el Quijote de mi niñez. Uno de los cien mil ejemplares que lanzó la editorial Sopena de Barcelona en su "Cuarta edición especial", para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Cervantes. Quiere esto decir que el libro es de 1916.
La importancia para mí de este Quijote la tiene el hecho afectivo de recordar, cuando era pequeño, leerlo a mi padre, junto al fuego, en las noches de invierno. Tengo otros Quijotes, pero ninguno me evoca como él a mi padre reír con las ocurrencias de don Quijote y de Sancho Panza.
Me son familiares sus dibujos, su tipo de letra, su tamaño. Y es que las cosas que vemos de niños se nos graban de una forma especial. Su lectura ahora me transporta a aquellas noches junto a la lumbre. ¡Cómo no lo voy a preferir, si con él y sus historias vuelvo a la niñez!

domingo, 10 de febrero de 2013

Punks.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 febrero 2.013
PUNKS
En un programa de televisión, esta semana, preguntaron a los concursantes qué era la palabra “punk” entre varias opciones. Recordé enseguida lo que nos ocurrió a don Francisco Sarabia y a mí en el Colegio de “San Andrés” de Murcia. Entró un joven a pedir un Certificado de haber sido alumno del Centro. Llevaba el pelo largo y ropas  un tanto extravagantes, o nos pareció a nosotros.
            -Venía a recoger un título -dijo.
            Don Francisco se le quedó mirando con atención.
            -No te había conocido –le dijo al fin.
            Había sido alumno suyo dos años antes.
            -Es que con pendientes y ese pelo... -se atrevió a continuar don Francisco después-. ¿Cómo se llama este movimiento?
            -Se escribe “punk” y se pronuncia “pank” -replicó el muchacho displicente.
            Cuando quedamos solos, echamos mano de un diccionario inglés. Sí, estaba allí la palabreja, pero quedamos sorprendidos al ver que significaba "basura" en español.
-Tal vez los componentes del grupo "punk" no saben esto", pensamos.
-O quizás sí, que se sientan orgullosos de ser distintos a lo que encontraron ellos, y su timbre de gloria sea el cambio que exteriorizan. 

sábado, 9 de febrero de 2013

Filosofías.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 febrero 2.013
Fragmentos
FILOSOFIAS

            Sabia filosofía la de contentarse con lo que nos ocurre: "Tendría que ser así". Esperar con ilusión la sorpresa de cada momento: "Lo que haya de ser será". ¿Resignación? No. Más bien saberse gobernado por una fuerza sabia y confiar en ella. "A ver qué tengo reservado para hoy". Aceptar alegres lo bueno y lo malo que nos ocurra.

viernes, 8 de febrero de 2013

Relojes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 febrero 2.013
            RELOJES
            Son las nueve de la mañana, pero en mi vida son... Lo aclaro: de ocho de la mañana, cuando uno se levanta, a doce de la noche, que se acuesta, hay dieciséis horas. La vida media de la persona dura ochenta años. Los veinte años corresponden a cuatro horas del día. Ochenta es a dieciséis como veinte es a cuatro. Clarísimo. Ergo, desde las ocho que se levanta, cuatro horas más son las doce del mediodía. El sol calienta fuerte. Está en su plenitud. En cambio los sesenta se corresponden con las ocho de la tarde.  Son horas las que restan de salir a pasear, de ver la tele, de esperar con calma el momento de acostarse.
            En esta proporción de dieciséis horas del día y ochenta años de vida, cada hora corresponde a cinco años. Puede ser interesante no perder de vista nuestra hora biológica, ya que cada día es la viva representación de una vida. Decir que son las diez de la mañana es hablar de hora de trabajo; hablar de las doce es hablar de fuerza y de vigor; las ocho de la tarde es hora de balances y recuentos.
            Si hacemos números resulta que cada minuto equivales a un mes: si una hora son cinco años de vida, sesenta minutos equivalen a sesenta meses, o, lo que es lo mismo, un minuto equivale a un mes. Un año, pues, son doce minutos. Quien pasa de los ochenta años, ha cubierto cumplidamente la etapa de su vida: pasar de esa hora -doce de la noche- es solo para dar gracias y rezar como campeones que han llegado a su meta.
Francisco Tomás Ortuño

jueves, 7 de febrero de 2013

Indicios.


 INDICIOS
            Hablar mucho puede ser una forma de disfrazar la propia ignorancia. Lo vengo observando en algunas personas. Cuando alguien habla y habla, no deja hablar a los demás, y de esta suerte, sólo dice lo que sabe, lo que repite como un loro. Suele ocurrir que estas personas deslumbren a algunos oyentes poco dados a ciertas sutilezas del espíritu. "¡Qué bien habla! ¡Cuánto sabe!", dicen luego.
Hablar sin desmayo, sin dejar hablar, puede ser indicio claro de poca seguridad, de miedo o temor a que el oyente suscite cuestiones que no domina. La persona segura de sí, plena de ciencia, suele ser sencilla, de poco hablar; observa y apostilla si conviene; cuando habla lo hace con claridad y concisión.
            En la mujer, la mucha palabrería repele. La más zafia puede ser interesante callando. La mujer que quiere deslumbrar, no habla; sólo aprueba. La mujer no es interesante nunca por hablar mucho. El hombre que tiene de pareja a una mujer que no discute, lo sabe.
 Francisco Tomás Ortuño

miércoles, 6 de febrero de 2013

Optimismo.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 Febrero 2.013


Fragmento
            OPTIMISMO
            Sacudid, maestros, en casa, las tristezas, los temores; quedaos sólo con las ansias de vivir que habéis de contagiar a los niños; con el optimismo que habéis de generar en cada uno; con el amor que habéis de llevar a sus almas.

Francisco Tomás Ortuño
Doctor por la Universidad de Murcia

martes, 5 de febrero de 2013

En torno al cuento.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 Febrero 13

EN TORNO AL CUENTO

A mi buen amigo don José Jiménez López
En general, el Cuento requiere dos aspectos para ser catalogado como tal: que sea breve y que sea imaginario.  Es una de las formas de literatura popular más antiguas: Las Mil y una noches, Alí Babá y los cuarenta ladrones, Simbad el marino, Pulgarcito, Blancanieves, Barba Azul, la Cenicienta, etc.
Cuentos podrían considerarse numerosas manifestaciones literarias de la antigüedad: “Historia de Sinuhé el egipcio” o la “Historia de Rut” en el Antiguo Testamento. Sin duda, son Cuentos algunos relatos del “Libro de Buen Amor”, del Arcipreste de Hita, o del “Conde Lucanor”, de Juan Manuel.
Sin embargo, hasta el siglo XIV, con el “Decameron”, de Boccaccio, no se consolida la idea de Cuento en el sentido moderno de la palabra. Italia utiliza el término “Novella” para designar estas narraciones breves. Y en Francia “Nouvelle”. Cervantes llama “Novelas ejemplares” a las suyas, que todos conocemos. Se trata más bien de lo que hoy conocemos como “Novela corta”.
En el siglo XVII, La Fontaine llama Cuentos (Contes) a unas narraciones versificadas suyas de cierta vinculación con la literatura folklórica.
El Romanticismo da una nueva vida al elemento maravilloso como soporte fundamental del Cuento: Nodier, en Francia; Hoffmann, en Alemania; Poe en Estados Unidos; Bécquer, en España...
Con el periodismo se difunde el Cuento fácilmente, sin necesidad del libro que requiere la Novela. Así, por este medio, casi todos los prosistas importantes lo cultivan: Stendhal, Gautier, Pushkin, Dickens, Walter Scott, Fernán Caballero, Alarcón, etc. Y hay escritores famosos sólo por sus Cuentos: Mérimée, Trueba, Gógol, el argentino Echevarría y otros.
En la primera mitad del siglo XIX, el género cuentístico se mezcla con el “costumbrismo” de la época. En la segunda mitad, el Cuento adquiere plena carta de naturaleza en la literatura. Destacan en España: Clarín, Valera, Pereda, Pardo Bazán; en Francia: Flaubert, Maupassant; en Rusia: Turgueniev, Tolstói, Dostoievski, Chéjov.
En América latina, el Cuento conoció un apogeo que llega a la actualidad: Lastarría y Vallejo, en Chile; Milla, en Guatemala; Palma, en Perú...
A fines del XIX, el Cuento se desentiende de sus significados primigenios para ponerse en un plano de igualdad con la Novela; aunque muchos autores sigan con sus características tradicionales. Es el caso de Daudet, Stevenson, Gutiérrez Nájera o Rubén Darío.
En líneas generales, la misma situación se da en el siglo veinte. Todos los prosistas, en general, han dejado Cuentos o novelas cortas: Somerset Maugham, O´Henry, Horacio Quiroga... Los norteamericanos (short story) lo han introducido incluso en grandes novelas suyas: Hemingway. Lo mismo vemos en Italia –Pirandello-; en Gran Bretaña –Kipling, Joyce, Chesterton-; en Alemania –Kafka- .
En España, después de la guerra civil, el Cuento ha conocido un gran florecimiento: Cela, Laforet, Zunzunegui, Matute, etc.