martes, 11 de diciembre de 2012

Por el sueño podemos conocer la salud de una persona.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 11 diciembre 12,  martes
 DORMIR
            Por el sueño podemos conocer la salud de una persona. Cuando se duerme mal, algo no va bien. Nadie puede vivir sin dormir. Es el descanso del organismo, del cerebro. Así de simple.  Cuando dormimos bien nos mostramos alegres. Cuando nos sentimos irritados, crispados, coléricos, puede ser que estemos faltos de un sueño reparador.
          A muchos que gritan o se excitan sin motivo aparente, yo les diría en confianza: "¡Vete a dormir!". Y es que el cuerpo debe segregar alguna hormona traviesa que nos pone enfermos de cansancio, y necesita del sueño para librarse de ella.
             Niños que duermen, niños felices; mayores que no duermen, mayores preocupados. El sueño guarda, sin duda, relación estrecha con la vida de la persona: forma parte del vivir como el comer o el respirar. Es el cuerpo como una máquina: después de cierto tiempo de trabajo, necesita reposar; de lo contrario su mecanismo se resiente.
           Unas máquinas necesitan menos horas de reposo que otras. A las personas les ocurre igual: Seguir sus ritmos de trabajo y de descanso, su marcha particular, es lo más prudente y lo más rentable. Somos como máquinas. No cabe sino seguirlas según vayan pidiendo. Ni exigir más de lo que puedan dar ni abandonarlas en un irracional descanso prolongado.
             Según esta idea, que coincide con los ritmos biológicos, cada persona es distinta de las demás. Y cada persona debe ir por la vida a su ritmo. De lo contrario puede forzar su funcionamiento, puede estar perjudicándola o destruyéndola poco a poco.
¿Será tan importante lo que digo que tengamos la solución de la vejez en nuestras manos? ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué se destruye nuestro cuerpo? ¿No será que desde muy temprano le hacemos que funcione mal? Yo haría una prueba: Contratos de trabajo, no horarios por igual para todos los trabajadores.
El mismo Colegio puede ser perjudicial en este sentido. Habría que pensarse en otro tipo de escuelas, en otras estructuras sociales en las que cupiera acoplar los ritmos personales a los trabajos a realizar. Vivimos en un mundo sujeto a revisión, y este punto es tan importante que bien puede valer la pena de considerarlo en serio.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Hay enfermedades que se resisten a la medicina.


LITESOFÍA –entre literatura y …-,  8 DICIEMBRE 12          
 ENFERMEDADES   
Hay enfermedades que se resisten a la medicina. No me refiero al cáncer, al sida y otras lacras así. Me refiero a los pecados capitales.
¿Qué médico cura la soberbia, la lujuria o la pereza? Y, sin embargo, son enfermedades tan corporales como el sarampión. Cuando la ciencia extirpe la ira o la avaricia como los cálculos renales, habrá adelantado mucho.
La envidia es una enfermedad. Decimos que es pecado, pero es enfermedad del cuerpo. El hombre padece enfermedades que no tiene por tales. La ciencia médica debe afrontarlas y curarlas desde otra perspectiva distinta de la moral.

El hombre en España es sencillo por encima de todo.


Litesofía, 10 diciembre 12
            AGITADORES
            El hombre en España es sencillo por encima de todo. Quiere paz y tranquilidad. ¿Cómo es que luego grita y va a la huelga? ¿Cómo es que mata incluso? ¿No será que es manejado por cuatro agitadores?
El obrero español es tranquilo. No quiere la guerra. Huye de ella. Son los cuatro desalmados, que no se ven, los que alborotan y consiguen alterar el orden. Los que prenden la mecha en los disturbios callejeros.
El obrero español, uno por uno, es noble, sencillo, quiere la tranquilidad. La gran masa de españoles ni entiende ni quiere la política. Un campo, un taller, una iglesia y una escuela. No quiere más.
Ciertas políticas, ciertos políticos, están consiguiendo que España no sea la nación que es, el país que todos quisiéramos que fuese.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Lo peor que puede ocurrir a un niño...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 diciembre 12 
UNA FIESTA
            Lo peor que puede ocurrir a un niño, a una niña, es que sienta terror, pánico, pavor,  por la escuela, cuando esta debe ser una fiesta de sonidos y colores para ella, para él.
¡Ay, qué importante es el maestro! El niño, la niña, lo es sobremanera por su inteligencia natural, que manda; pero el maestro, cual jardinero,  es el artista que hace que se desarrolle debidamente.
El mal maestro aborta voluntades, anula inteligencias. El buen maestro viste de fiesta el aula: la ilumina con bellas luces, la inunda de música; pone alas en los pequeños: les hace soñar, correr, saltar, sentirse en una casa encantada.
El maestro es el artista que, como si no hiciera nada, conduce a cada niño, según naturaleza, por los caminos de la ciencia y de la virtud. Esto no lo comprenden los que gritan ni los tristes; los que, en definitiva, hacen que los niños y las niñas amen “los puentes”.

¿Es igual decir chicharras que cigarras?


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 marzo 12, lunes
Fragmento
-¿Es igual decir chicharras que cigarras?
-Lo mismo da que lo mismo tiene. ¿Conoces la fábula de “La cigarra y la hormiga”?  Fue a pedir comida a la hormiga y ésta se la negó. “Tanto cantar y tan poco trabajar, os lleva a esta lamentable situación. Sois unas holgazanas”.
La chicharra es un músico fenomenal. Como no tiene voz produce un sonido con el cuerpo. Su canto puede escucharse a más de quinientos metros de distancia. Si no temiera cansarte te hablaría de estos hemípteros.
-¿Por ejemplo?
-Los machos emiten sonidos diversos, cambiando la intensidad, el ritmo y la velocidad, para atraer a las hembras. Y éstas contestan con otros sonidos. O sea que, ahí donde las ves, tienen su lenguaje.
-¡Vaya con las chicharras!
-¿Sabías también que hay más de mil clases distintas de cigarras?
-Juanita, que te llaman.
-Lo sé, pero no es mi tipo.
-Es como la cigüeña blanca que llega de visita al nido de otra cigüeña. Lo primero que le dice es que viene en son de paz: alarga el cuello y lleva para atrás su cabeza hasta tocarse el lomo con ella horizontalmente. Es decir, que se comunican lo mismo. Creemos que somos nosotros los únicos que hablamos, cuando cualquier animal, grande o pequeño, le pide relaciones a una hembra, o se pelea por ella, para ganar su aprecio, cuando hay varios pretendientes.
-¿Me quieres a mí?
-Es que me rondan otros tres galanes. Me quedaré con el más fuerte.
-Convócanos esta noche en tu puerta y saldrás de dudas, amada mía, yo soy el mejor.
-Demuéstralo, valiente mancebo; no es por mí que es por mis cigoñinos y por la especie, compréndelo.

jueves, 6 de diciembre de 2012

En nuestros días, el médico de cabecera va desapareciendo.


LITESOFÍA –entre literatura y filosofía-,  6 diciembre 2012
             PACIENTES
            En nuestros días, el médico de cabecera va desapareciendo. Con él se marcha toda una institución, una época: el tiempo de la medicina humanizada. Quizás menos científica, menos técnica que la actual, pero más personal y entrañable.
El médico escuchaba al enfermo y departía con él como amigo. Le hacía hablar de sus gustos y sentirse persona. Le hacía confiar en su pronta curación. Eran curas psicológicas las suyas, de sugestión si quieres, pero efectivas.
Ahora se ve al paciente como algo impersonal; se estudia objetivamente el mal que padece y se trata sin apenas fijarse en la persona que lo sufre. Se deja a un lado al sujeto del mal, con todos sus sentimientos –deseos, súplicas, temores-, que son para él lo más importante del mundo.
            Creo que el médico actual, aparte su ciencia nueva, efectiva, de aparatos, ha de ser humano con el enfermo. Si le inspira confianza y le hace sentir optimismo, habrá conseguido un buen tanto por ciento de la curación. El médico debe ser padre y amigo del enfermo, que le habla y le infunde confianza.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Día otoñal tenemos hoy.


Litesofía, 5 diciembre 2012 
 IRREPETIBLE
             Día otoñal tenemos hoy. Mas lo de menos es que sea fresco o que fuera caluroso,  húmedo o seco. Lo importante es que es un día irrepetible.  Un día que pasará por la vida como una estrella fugaz.
 ¿No causa pavor pensarlo? Un día que se perderá para siempre en el camino, en el polvo de los espacios. Un día con vida de un día que nos ha correspondido a nosotros, a nosotros sólo, a los que vivimos hic et nunc, aquí y ahora.
 Saludémoslo con alegría, hagámosle grata su vida corta para que se lleve el mejor recuerdo. Un día, tan importante para él sus veinticuatro horas, y que dependa de nosotros su felicidad.
 ¿Hemos pensado que nosotros, todos, cada uno, somos también, como los días, únicos e irrepetibles en el tiempo?