viernes, 23 de noviembre de 2012

Los niños se buscan unos a otros.

Litesofía, 6 oct. 12 -fragmento-

> ¡Ay, los niños!

> Los niños se buscan unos a otros. Su mundo son ellos y sus juegos. Los mayores no contamos. Vivimos cerca y lejos; con ellos pero aparte. El mundo de los niños está próximo y tan distante del nuestro que no se vislumbran.

> Repito lo que he dicho ya otras veces: el niño recorre en pocos años la historia de la humanidad –paralelismo entre ontogenia y filogenia-; el adulto ha llegado. Así que, entre un niño y un adulto hay siglos de distancia, aunque vivan juntos. Y esto a veces no se tiene en cuenta y se trata al pequeño como a un mayor.

> Los padres, los adultos en general, deben de saber que los niños no comprenden nuestros problemas. Cuando observo que les hacemos participar de nuestro sofisticado mundo, creo que estamos cometiendo con ellos una gran injusticia.

> Ellos deben vivir en niño, ver cosas de niños y hacer cosas de niños. Pero por abuso de fuerza y de autoridad, la sociedad está montada por mayores y a la medida de los mayores, y queremos que los pequeños vivan a gusto en ella aunque no puedan.


Me imagino que a los hombres primitivos les hubiera ocurrido lo mismo> si los trasplantan a una gran ciudad. Aquellos rudos seres de cuevas y hachas de piedra, se hubieran asfixiado con nuestra civilización.

> Todo a su debido tiempo. “Que aprendan pronto”. Tremenda equivocación. “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Los niños son niños y deben ser niños; querer para ellos cosas de mayores es no comprenderlos y no quererlos.

> Al niño juegos, palabras, alimentos y hechos de niños. “¿Cómo quiere que comprenda lo que no está en mí comprender?”. “¿Cómo quiere que corra si no sé andar?”. “¿Cómo se empeña en que haga lo que no es tiempo de hacer?”.

> Los niños viven con nosotros pero en otro mundo. Un mundo,
> geográficamente próximo, confundido con el nuestro, pero distante, alejado, tan alejado que no se puede distinguir.

> ¿Qué piensan los niños? Todos lo fuimos antes, pero pasó tan deprisa la edad, como un meteoro en la noche, que apenas se recuerda. ¿En qué piensan los niños? El adulto lleva una marcha lenta porque ha llegado. Si quieres, va al paso de la humanidad. Pero el niño vuela, va deprisa, corre vertiginosamente. En pocos años recorre siglos de vida.

> ¿Cómo pueden pensar los niños? ¿Se puede dar mayor milagro? Su vida es un disparo hasta que llega arriba, con los mayores. Un milagro cada niño. Si pudiéramos entrar en ellos un instante, creo que nos asustaríamos. Respeto y asombro para los niños.

> Escribir para niños es empresa ardua, nada fácil. Llegar al niño con acierto, pura casualidad. Se expone el escritor a pasarse o a no llegar a su terreno. Quizás lo mejor fuera ofrecer, simplemente ofrecer, y que él recoja lo que necesite. Darle “porque es lo suyo” me parece demasiada presunción por nuestra parte.

¿Quién no ha tenido sus ídolos?


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 Noviembre 12, Viernes.
            ÍDOLOS
            ¿Quién no ha tenido sus ídolos? Cándido fue para mí un ídolo. De niños, la ilusión hace soñar, ser idealistas, ver las cosas de otro modo a como son en realidad. Así nacen los ídolos. Son éstos las personas que quisiéramos llegar a ser nosotros. Son como dioses. A nuestra vista se ofrecen sin ningún defecto.
Cándido fue para mi el mejor portero que se pueda imaginar. Mis ojos lo devoraban cada domingo con entusiasmo, con devoción, cuando salía al campo botando la pelota. Recuerdo sus rodilleras, sus guantes, su jersey marrón, sus movimientos bajo los palos.
¡Cómo gozaba yo viéndole saltar, indiferente al público, haciendo ejercicios de calentamiento! No es posible imaginarlo. Me reía pensando en el equipo contrario de turno, que indefectiblemente se estrellaría en la barrera infranqueable que era Cándido.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Mi equilibrio orgánico me produce paz...


EQUILIBRIOS
            Mi equilibrio orgánico me produce paz, alegría, lucidez. Mi equilibrio orgánico es la fuente de mi bienestar,  de mi buen juicio, de mi voluntad; el motor de mis acciones, el que rige mi moral. Mi equilibrio orgánico lo es todo en mi. De él dimana cuanto hago, cuanto pienso y cuanto digo.
 Lo triste es que no está en nosotros guardar ese equilibrio. Somos juguetes de la naturaleza. Obramos, a veces, en contra de nuestros deseos. Nos convertimos en lobo cuando sale la luna. La luna es un símbolo: un cambio de tiempo, un accidente temporal…  
            ¿Merecemos premio o castigo por nuestros actos? Al santo poco le costó serlo; hubiera sido más bien un héroe no siéndolo. El sabio nació para sabio, y la razón fluye de su persona como el agua del arroyo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

¿Quién dirige mis pasos?


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 Noviembre 2012, San Octavio
            ¿Quién dirige mis pasos? ¿Quién prepara mi camino? ¿Mi razón, Dios, el destino? No lo sé, pero es indudable que “alguien”, “algo”, dispone las cosas de la mejor manera. Yo, luego, me asombro de que hayan ocurrido, y casi vislumbro a ese personaje misterioso que va delante preparando mi futuro.

Marañón hablaba del miedo cósmico.


MIEDOS
            Marañón hablaba del miedo cósmico. El hombre siente miedo al vacío y necesita compañía para estar seguro. Esta tranquilidad no se la proporciona el vecino que pasa y no mira; tampoco una masa de personas que lo desconocen. El espíritu detecta cuándo está acompañado y cuándo no lo está. Es muy sensible.
 Se habla de soledad en compañía. Se puede estar solo entre miles de personas, y se puede estar acompañado con un buen amigo. Un vecino bueno vale más, en este sentido, que cien parientes lejanos. La compañía es necesaria para sentirse bien, para no tener ese miedo del que hablaba Marañón.  Su espíritu rehúye la soledad. Dios proporciona inigualable compañía.
             La muerte de los padres es algo más que perder a personas queridas. Es  dejar una puerta abierta al vacío, es perder un apoyo que nos sostiene. Si se es niño, la pérdida puede ser mortal. Nadie puede llenar su vacío ni con las más íntimas de las uniones. Su alma siente  miedo. Un miedo trascendente sin aparente justificación.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Encima del armario hay una copa.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 Noviembre 2012, Lunes.
 Encima del armario hay una copa. Me la concedieron en un Certamen de Poesía. La copa irá dando tumbos con el tiempo, porque no es un papel que pueda perderse entre las hojas de un libro.
 -“Esta copa la ganó el papá en un Concurso”, dirá uno de mis hijos. “¿Quién se la lleva? ¿La rifamos? E irá a parar a la casa de uno de ellos.
 -“Esta copa la ganó tu abuelo en un Concurso de Poesía”, dirán luego a mis nietos. Y la copa se irá arrinconando en el cuarto de cosas inservibles.
 “¿De dónde saldría “esto”, que parece un frutero?”. Y con la chatarra irá al pudridero común de la localidad, a perderse en el reino del olvido, destino fatal de las cosas de este mundo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

"Hemos de aprovechar lo que tenemos..."


Litesofía, 18 noviembre 12, Domingo

“Hemos de aprovechar lo que tenemos, hasta lo más pequeño, y no pensar tanto en lo que deseamos”, pensé. Luego leí en una Revista: “¡Cuántas veces la felicidad se encuentra en lo más insignificante,  en lo más próximo, en lo que tenemos y no en los grandes sueños de riqueza, de gloria o de fama”. Venía a decir lo mismo: el hombre que se siente satisfecho con lo que tiene es feliz. Es absurdo buscar uno mismo el desequilibrio vital con aspiraciones necias, con deseos que producen desorden interior e infelicidad.