jueves, 8 de noviembre de 2012

La familia se dispersa pero no se rompe.


Litesofía, 8 julio 12, jueves.   
 La familia se dispersa pero no se rompe, si hemos inculcado en los hijos, desde muy pequeños, principios de sana ética. Escribo sin convicción lo que precede. ¿Los principios que se inculcan a los niños, determinan su manera de ser luego? La familia se dispersa, pero no se rompe, independientemente de las ideas que hayamos  metido en las cabezas de nuestros hijos. La sangre tiene tanta fuerza que por siempre el hijo vuelve a los padres, como el bumerán.
 ¿Quiénes forman la familia? Hijos y padres, la cosa es clara. Los demás escapan a ese clan o núcleo familiar irrompible. Quiero decir  que los hijos y los padres son uno mismo, y se quieren aunque no quieran, y se buscan sin pretenderlo, y se necesitan. Son una misma cosa: nos duele el hijo y a éste le duelen sus padres. Es una vida que ha brotado de ellos y que ha sido moldeada por unas manos y unas voces, que lo marcaron para siempre.
 En las dehesas hay reses marcadas. Son propias. En las personas la marca es más profunda, indeleble. El hijo es de sus padres quiera o no quiera; y donde esté, de por vida se acordará de ellos. Es su impronta, su marca, que reclama su origen, su manantial.
 ¿Será que la vida es el segundo de venir al mundo? ¿Será que el resto de la existencia depende de ese momento de ver la luz? No pienso tanto, pero cada vez me inclino más por los trascendentales momentos de los comienzos para ser de una u otra forma. El idioma se ordena en el cerebro ya; como el lenguaje los demás aspectos de la persona. Somos, pues, fruto de los comienzos de la vida, de los primeros días. Nuestra existencia será conforme a ese comienzo virginal.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Hay que tener ilusión por un futuro próximo.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 noviembre 12

Hay que tener ilusión por un futuro próximo: una carrera, un proyecto. Cuando se logra aquello por lo que hemos  luchado con  afán, debemos poner nuevas metas por las que vivir ilusionados.  Vivir sin metas es un vivir triste, sin sentido.

“Los jubilados no tienen porvenir: Han llegado,  y a esperar”, se oye.
-¿Han llegado a dónde? ¿A esperar qué? Pues no: se ha terminado una labor y se debe empezar otra. La sociedad bien montada, estudiaría muy mucho el empleo de los que llaman mayores.

Creo que lo necesitan tanto o más para seguir viviendo que los propios jóvenes. Nunca debe ser uno considerado viejo para empezar un trabajo, si tiene ilusión de verlo terminado. Y esa debe ser la estructura para una  sociedad justa con estas personas .

Hay dos posturas antagónicas en la selvática vida nuestra.


Litesofía, 6 noviembre 12
Fragmento

Hay dos posturas antagónicas en la selvática vida nuestra: o todo es idílico, bueno, donde se vive para ayudarse los unos a los otros; o, por el contrario, nadie debe fiarse de nadie porque cada cual es lobo para los otros.

La naturaleza animal, incluyendo al hombre, tiene dos caras: unas veces se ofrece amable, dulce, placentera; otras maligna y perversa. ¿Es uno mismo quien la hace ser de una u otra guisa según la situación anímica del momento? Duro dilema el de nuestra existencia: somos buenos y somos perversos; el mundo que nos rodea es bueno y es malo; todo lo existente tiene dos caras. Veo bien, por tanto, que inculquemos sentimientos de amor y generosidad en los pequeños, pero también que les enseñemos que la vida es lucha y que deben saber defenderse.

martes, 6 de noviembre de 2012

Mi amigo equis es un buen amigo.


Litesofía, 5 Noviembre 12

Mi amigo Equis es un buen amigo. Sin paliativos. Es la nuestra una amistad que viene de largo. Lo mismo diría de muy pocos más. Los amigos se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos. Habrá conocidos, muchos; pero amigos, grandes amigos, muy pocos.

Esta amistad honda y duradera surge sin pretenderlo, por afinidad de sentimientos. Un encuentro fortuito, una relación cordial, y un saber que la amistad prendió para el resto de la vida.

Con la pareja, ocurre lo mismo. Descubrimos, cuando menos lo esperamos, sin  pretenderlo, a la compañera, al compañero, que nos parece ideal para la unión perfecta por el resto de la vida. El destino favorece estos encuentros. Y lo que procede entonces es aceptarla como la mejor, la tuya, la única, la que te correspondía desde el comienzo de los tiempos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Sin duda que mi amigo añora los tiempos de su juventud.


Litesofía, 2 noviembre 12


Sin duda que mi amigo añora los tiempos de su juventud. Como él muchos. La juventud se echa de menos siempre, cierto; pero es que, si fue tan atractiva como mandar en campamentos y desfilar con boina roja y camisa azul, se recuerda aún más si cabe.

Ayer me hablaba con calor de aquellos años. ¿Cómo no, amigo mío? El hombre no está preparado para ir cambiando de lugar, de profesión o ambiente. Lo ideal es seguir donde se nace, donde se crece. Por eso, quizás –habría que estudiarse mejor esta suposición-, antes se vivía con más sosiego, con menos infartos y enfermedades nerviosas. Las prisas, los cambios constantes, nos someten a tensiones difíciles de aguantar.

No es un vulgar cambio de chaqueta; más bien un difícil acoplamiento a la nueva situación. Unos no sólo no han sucumbido con el hundimiento de su época y de su ideario político, sino que han sabido destacar en la oposición. Otros no. Recuerdan su pasado con nostalgia y no viven el presente. ¡Qué de recuerdos en el desván de su memoria!

¿La vida manda en el hombre o al revés? Yo veo que los cambios sociales dependen de nosotros: sin hombres no habría vida social. Sin embargo, observo que nos vemos arrastrados por ese vendaval, que no sabemos cómo nació pero que nos arrolla. Nos vemos envueltos en la barahúnda, y sufrimos las consecuencias de situaciones que nos son ajenas.

Los niños viven bien lo nuevo –es lo suyo- y ni aceptan ni comprenden otro modo de ser; pero los mayores, apenas si pueden con las formas que se presentan nuevas. No es que lo vean mal, no; sino que no soportan el cambio, no pueden adaptarse a situaciones tan diferentes. Los desborda. Hay personas que –quizás aparentemente- se hacen con la nueva situación sin deterioro; pero los más, como mi amigo, se quedan en los recuerdos de sus años mozos.


El cuerpo es un modelo de democracia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 Noviembre 12, Sábado.


El cuerpo es un modelo de democracia: Si duele el estómago, el resto se resiente; lo mismo si es un pie o es una muela. Es un todo que funciona de acuerdo con un plan. ¿Qué es el Universo? Muchos elementos que trabajan por el bien y la prosperidad del conjunto. Si algo fallara, el sincronismo se rompería.

La familia, si te fijas, es también, como el cuerpo, como el universo, un ejemplo de vida comunitaria, donde si algo falla, el conjunto se deteriora. Si la familia no funciona se nota pronto por su falta de alegría. Hay por desgracia familias tristes –tristes familias-, que necesitan de una revisión.

Las familias tienen sus gangrenas que van poco a poco minando su salud. Si no se curan a tiempo puede llegar su destrucción. Gangrenas pueden ser celos, envidias, rencores, avaricias. Cuando aparece el mal, deben todos acudir a remediarlo.

Hay veces que es difícil descubrir el origen de una situación adversa. Cuando una persona actúa por sistema en contra de la unidad grupal debido a imponderables –tiempo atmosférico, humor visceral, temperamento-, hay que aceptarla como conveniente, aun cuando perjudique.

Ya viene de lejos la disputa: Caín mató a su hermano. ¿Cómo encajarían el golpe Adán y Eva? O sea, que las luchas fratricidas han existido siempre. No veo mejor solución en estos casos que aceptar los hechos como inevitables, y tratar de curarlos con amor. Debe haber siempre caridad más que pasión y servicio.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Hasta no hace mucho tiempo...

Litesofía, 1 noviembre 12

Hasta no hace mucho tiempo, los niños no iban de viaje de estudios con los compañeros del Colegio. Y era fácil adivinar que llegarían estos viajes, por lo educativos que son. Sabrían siempre mejor lo que es un pantano viéndolo que con explicaciones en el aula. Aparte, lo que conlleva el viaje para estos niños de relación, de diálogo, de compartir, de conocer a otras personas, otros paisajes, etc.

Lo mismo ocurría con las piscinas y las playas. Por entonces, se echaban de menos estos lugares de reunión que hay ahora. Se intuía que llegaría el momento en que la gente se lanzaría en tromba al agua limpia y vigilada de lugares concurridos. Es la prospectiva de la vida, lo que se adivina por evidente.

¿Cómo iba a ser normal ir a charcas de aguas estancadas? ¿Cómo iba a ser lógico permanecer en un campo sin salir durante años? No podía ser. Por lógica se adivinaba que estas situaciones tenían que dejar paso a otras más propias de personas civilizadas. Es la madurez social, no de la persona, que va alcanzando metas en su desarrollo.

En las personas es fácil saber lo que sigue a cada momento: su ciclo vital nos es archiconocido. Pero de la Humanidad, o río humano, conocemos solo el que nos lleva en volandas y no del todo. Ni sabemos cómo fue durante millones de años ni podemos conocer un futuro que no se ha visto. Como  un niño que se viera solo en el mundo: ni sabría cómo vino a la jungla, ni menos lo que aún estaba por llegar.

La humanidad como grupo se pierde en conjeturas y misterios. Con todo, por hechos recientes nos atrevemos a pronosticar el futuro. Como quien ve una piedra lanzada y enfrente un cristal y prevé, décimas de segundos antes, que la piedra va a alcanzarlo y a romperlo en añicos. Esta es la ciencia que llamamos Prospectiva: Conocer lo que va a
ocurrir por hechos evidentes.

¿Serían los profetas grandes prospectivistas, Isaías, Ezequiel, Joel, Amós y tantos otros, de quienes cuenta la historia que profetizaron hechos que ocurrieron en la vida del pueblo de Israel? ¿Personas con razonamiento superdesarrollado que  enfebrecidos por un deseo común, a la vista de injusticias e iniquidades, soñaron con un  caudillo que
los librara de la esclavitud?