jueves, 1 de mayo de 2014

Nimiedades. Psicología.

LITESOFÍA –entre literatura y filosofía-,  30 abril 2014, miércoles
Fragmentos

 NIMIEDADES
            Sigo leyendo a Azorín. Su prosa es delicada, de encaje. Cuenta cosas como un abuelo a su nieto. ¿Siempre sería así don José? Pienso que sí: las personas cambian poco. Azorín sería de pequeño tranquilo, introvertido, amante de la soledad. De joven lo mismo.
Yo lo adivino alto, delgado -cenceño diría él-, pausado, escribiendo pierna sobre pierna en un banco del jardín, o paseando solo, con un bastón en la mano, cortés siempre, educado.
La persona cambia poco con el tiempo. Es una unidad de ser y de  actuar. Podrá sufrir cambios de fortuna, profesionales, políticos o sociales, debidos a circunstancias. Pero,  como fuera en su niñez, piensa y se gobierna de mayor.
            El libro “María Fontán” quiere tener argumento, pero es todo lo mismo: capítulos cortos, repetitivos, morosos. La vida de María Fontán es absurda, zonza que diría él. Tiene poco sentido una vida tan vacía y al mismo tiempo tan llena de nimiedades. Una amiga, un amigo y un marido que fue marqués.
Las lecturas de Azorín no perturban. Otras, más apasionadas, más vivaces, aceleran los pulsos. Baroja es de éstos: un mundo lleno de personas el suyo, como una colmena que bordonea en tus oídos.
            El escritor se retrata en sus obras. Ortega, por ejemplo, es inquieto, suficiente, maestro, consciente de su clase superior. Azorín es cortés y sencillo. Baroja,  nervioso, desordenado, sin ley.

PSICOLOGIA
            Se echa de menos hoy, en todos los ambientes, una preparación seria para tratar con las personas. En una palabra, se descuida la Psicología o ciencia del comportamiento humano.  Por qué se obra así en muchos casos, por que se reacciona como lo hacemos, por qué no nos comprendemos más,  por qué la agresividad, etc. En la vida diaria, la relación personal es tensa, difícil. No sólo en las profesiones, entre compañeros, sino en la calle y en el mismo hogar.

La Psicología debe entrar en nuestras escuelas como asignatura obligada. Enseñar a comprendernos es fundamental. La Psicología debe enseñarse en los centros educativos con las matemáticas, la historia y las ciencias naturales.

            Nuestras acciones obedecen a hechos concretos. Un niño está triste porque el amigo lo abandona por otro; en casa le gritan por verlo distraído; el niño se encierra en su habitación; el padre le obliga a que salga; el niño llora… Puede ser una entre mil situaciones que se dan a diario. Si aprendiéramos de niños a actuar por las causas reales que motivan nuestras acciones, todo sería distinto. Hay que comprenderse, hay que estudiar Psicología.        
                                              

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

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