sábado, 9 de mayo de 2015

Floridablanca.

Fumarolas : 9 mayo 2015, sábado, San Gregorio
Fragmento

-El domingo pasado estuve en la Iglesia del Carmen, por Floridablanca. Mañana iré con mis nietos a la Romería del Cristo, en Jumilla.
-¿Te refieres al Parque de Floridablanca?
-Sí, en honor al Conde de ese nombre, que nació en Murcia en el siglo XVIII, se doctoró en Leyes a los veinte años y se trasladó a Madrid, donde instaló su bufete.
-Háblame de este personaje murciano, Zacarías.
         -Su nombre era José Moñino, y nació en 1728. En Política llegó a ser Secretario de Estado. Tuvo una vida agitada en extremo, por la época en que vivió -la Revolución Francesa- y la situación del país con Carlos IV.
         Colaboró con Aranda en la expulsión de los Jesuitas. Cuando en 1773 consigue la disolución definitiva de la Compañía de Jesús, el Rey, en premio a sus servicios, le nombra CONDE DE FLORIDABLANCA.
         Quiso dimitir de sus cargos, dimisión que no le fue aceptada. En 1790 sufrió un atentado del que salió ileso. Cayó en desgracia y fue procesado bajo la doble acusación de abuso de poder y sustracción de fondos públicos. Murió en 1808. ¿Qué más quieres que te diga?
-Lo de la sustracción de fondos públicos, por lo visto, no es solo de nuestro tiempo, Zacarías.


Francisco Tomás Ortuño. Murcia

miércoles, 1 de octubre de 2014

Fumarolas.

Fumarolas: 1 octubre 2014 
-Por el garaje, yo sé si queda gente en Murcia, Benigno. Si hay pocos coches, es que se han ido de viaje: unos al mar y otros a la montaña. ¡Con lo bien que se está en casa y  salir con un sol de justicia!
-Se van de vacaciones, Junípero.
-¿Y qué mejores vacaciones que estar en casa con buenos libros, con buena música y hasta con aire a la medida?
-Pues es verdad, no lo había pensado.


                            Francisco Tomás Ortuño. Murcia

viernes, 27 de junio de 2014

El barranco.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 junio 2014
Fragmento
Murcia, las siete y media, en mi estudio o camarín. Raso el cielo, pájaros a mogollón cerca.
-¿Serán vencejos o golondrinas, Valerio?
-Por la fecha serán vencejos, Julián, pájaros de unos dos decímetros desde el pico a la cola, con alas largas y puntiagudas; plumaje blanco en la garganta y negro en el resto del cuerpo. Es ave de temporada en España, se alimenta de insectos y anida en los aleros de los tejados.
-Gracias por la información. De todas formas, se parece a la golondrina.
-“No me pidas, Cristina, -nadar más veces; -para nadar, Cristina, -ya está los peces. –Ni me pidas volar –como las aves; para volar, los pájaros, –como bien sabes. –Tú pídeme, Cristina, -correr en tierra firme –como las liebres, etc., etc., escribí  hace unos días.
-¿Cómo llevas la víspera, Julián?
-Preocupado, Valerio, preocupado, que veo que el tiempo vuela: mañana son ya ochenta y uno; ¿qué se puede esperar de tantos años sino caer al precipicio cuando menos lo esperes? Somos como los coches: “Va bien”, decimos; pero si tiene quince años, ¿qué puedes esperar de él? Cualquier día se para y te deja en la carretera. Con las personas lo mismo: “Me encuentro bien”; pero el día menos pensado, te da un vahído y te caes al suelo. 
Mi madre, que por lo visto se preocupaba por estas cosas -¿y quién no?- solía repetir: “El joven puede morir, pero el viejo no puede vivir”. Es una regla sin excepción, Valerio. Nadie ha logrado superarla. Un poco antes, un poco después, pero todos llegan al precipicio y caen: pobres, ricos, reyes, papas…
-Como Rubalcaba, el político.
-Como Rubalcaba y como el Rey Juan Carlos o como el papa Benedicto. Surgimos de pronto, hacemos nuestro papel, cortito siempre, y llegamos al despeñadero.
-Allí nos espera Dios para empezar otra vida. Mira, hoy celebra la Iglesia el Sagrado Corazón de Jesús, para recordarnos que Dios es Amor y que no debemos temer al barranco que tú decías.
-Siempre se teme, Valerio, porque no se sabe cómo será de grande la caída.

                             Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 26 de junio de 2014

Aforado.

Litesofía –entre “lite” y “filo”, 26 junio 2014, jueves
-Veo, Claudio, que la Política pone de moda palabras que permanecían ocultas o apenas se usaban. Ya lo observé con algunos términos antes: Un día oí “obsoleto” y luego todos lo repetían, hasta sin venir a cuento. Lo mismo con “evento”: desde que alguien importante lo dijera, todos a decir evento por activa y por pasiva. Son palabras que se vuelven vulgares con el uso desmedido. Saltan a la palestra de manera fulminante y hay cazadores al acecho para repetirlas y darse importancia.
-Eso ha ocurrido con las palabras “aforar” y “aforamiento”. Llevamos unos días que no se dejan de oír en todos los foros y tertulias, y antes ¿quién empleaba la palabra aforado? Fue decir el Rey don Juan Carlos que dejaba el Trono y la palabra se puso de moda.
-¿Qué tuvo que ver la abjuración del Rey con la palabra “aforamiento”? Abjurar es renunciar a algo que se posee, como en el caso del Rey, que cedió la Corona a su hijo Felipe.
-Aforar es otra cosa, Basilio, y no precisamente baladí sino más bien delicada y peligrosa. Aforar es conceder fueros y aforado es quien goza de algún fuero o privilegio.
-Por eso en España hay tantos aforados silenciosos: no quieren que los vean ni los oigan. Por miles se cuentan, Julián. Y el que puede se cuela a disfrutar del aforamiento.
-¿Y qué beneficios otorga dicha protección?
-Pues que no vas a los Tribunales para que te juzguen si quebrantas la Ley.
-Ah, ah, ah, ya comprendo. Los enemigos reales se frotarían las manos para acusarlo de acciones que no les gustaron como tener por yerno a Urdangarín, por hija a la infanta Cristina o haber cazado elefantes en Botswana.
-Exacto, querido Watson, cuando tantos gozan de tales privilegios y podían ir a “la trena”, piden que al Rey no se le afore, no se le conceda la gracia de ser impune a las faltas que pueda cometer o que haya cometido.
-¡Pobre Rey, después del susto que se llevó el 23 F y de pedir perdón como un niño cogido en falta, por haber cazado un elefante! ¡Qué injusta es la Política!
-Yo ¿sabes qué?, lo pensaba esta mañana, si Rajoy fuera valiente, como tiene mayoría absoluta, quitaba la Ley de Aforamientos: “A partir de hoy –diría- dejan de estar aforados los que gozan de este privilegio. Se suprime a todos los efectos la prerrogativa del aforamiento, incluidos su Majestad el Rey, la Reina y las Infantas.
-Yo apoyaría la propuesta, Julián, que veo que aquí cada cual mira por él y no por los otros. No solo tomaría medidas contra aforados y aforamientos sino contra lucros sin justificar. Que muchos se piensan que entrar en Política es ganar un premio en la Lotería.
-O que ser Diputado es engañar a cuantos confiaron en él; o  que dirigir a los trabajadores era comer bien y viajar mejor con sus cuotas.
-No, hombre, no: les miraría con lupa los bolsillos cuando entraran  a ocupar sus cargos y luego cuando dejaran su cometido. Y fuera del sueldo ni un euro sin justificar, que a nadie le llueven las cuentas en Suiza del cielo, ni apartamentos en la playa sin conocer su origen, ni pisos en Nueva York con dudoso origen.
-Ay, cuánto por hacer con efecto retroactivo. Yo revisaría desde el año primero del nuevo milenio, que como sabes es el año 2001. Enterraría el pasado para olvidar, aunque fueran culpables, y a lo hecho pecho, que la tumba ya próxima se apiade de ellos.
Pero desde este año primero de siglo y de milenio, revisaría uno por uno a cuantos ocuparon cargos importantes en la vida nacional y tú me entiendes. Y el que la hizo que la pague, y el que obtuvo mal que devolviera. Y en adelante, pues eso.

                            Francisco Tomás Ortuño, Murcia 

miércoles, 25 de junio de 2014

Refranes de lluvia.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 25 junio 2014, miércoles, San Próspero
Por ayer
Murcia, la una. Oigo el piano y la tele está encendida, Melecio: algo raro percibo en el ambiente, que tocar el piano a estas horas y ver dibujos animados, no es habitual en esta casa a la una del mediodía.
-Investiguemos, Tolomeo... Ya está claro: son tus nietos, que han invadido la casa. Como han terminado las Clases y los papás aún trabajan, en algún sitio tenían que estar: Ayer con el tío Miguel, hoy con los abuelos y mañana Dios dirá.
-En junio terminan las actividades. Yo mismo el jueves próximo acabo con mis baños en Inacua. Y así. Ya en julio vacaciones para todos.
-Hoy amaneció lloviendo en Murcia, Melecio. Tuve que ir con el paraguas abierto a la piscina. En el baño turco se comentó:
-¡Qué noche de llover! -dijo uno.
-Ya estaba haciendo falta el agua -respondió otro.
Y yo, que ayer oí un refrán a Mónica, la mujer del tiempo, seguí:
-Pues agua por San Juan quita vino y no da pan.
Se quedaron mudos. Por fin, alguien dijo:
-O sea, ¿que perjudica a las vides y a los cereales? Me miraron interrogantes.
-Eso dice el refrán –seguí-, y los refranes son la sabiduría de los pueblos.
Siguieron callados.
Luego se reanudó la conversación. Una señora dijo en voz alta a su compañera:
-Y yo que regué ayer mi huerto y luego se pone a llover. Como en el mapa pusieron un sol en la región, ¿quién iba a pensar que llovería?
-No te puedes fiar, Juana: a Murcia no la tienen en cuenta.
-Felicidades, por el santo –dijo el señor que había al otro lado.
-Muchas gracias, caballero -le respondió amable ella.
Pero el que estaba a su lado seguía pensando en la lluvia y saltó:
-Podía denunciar el caso, que haber regado por no avisar podía causarle perjuicios.
Justo entonces me creí en el deber de decir otro refrán:
-Agua del cielo no quita riego.
-¿Qué quiere decir con eso ahora? –dijo molesto el de enfrente.
Todos me miraron expectantes.
-He dicho y repito –seguí tranquilo- que agua del cielo no quita riego. Es otro refrán que significa que aunque llueva se puede regar, que unas aguas no perjudican a las otras.
-Pues si hubiera sabido que iba a llover, no me molesto en regar –terminó la primera visiblemente enojada.
Nadie volvió a abrir la boca.

                          Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 24 de junio de 2014

Isán, el nómada.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 junio 2014, martes, San Juan

Fragmento
Yo vi la procesión del Corpus entre la Plaza del Cardenal Belluga y la Gran Vía. Cerca había un Monumento con la Custodia, ante la que se  inclinaban los procesionistas, con el Señor Obispo, en señal de respeto y pleitesía. Justo enfrente cantaba una Coral de jóvenes cantoras dirigidas por su Director.
A la vuelta, me detuve en el Plano de San Francisco, donde se monta un Mercadillo los domingos con toda clase de objetos: relojes, monedas, cuadros… Compré un libro sobre Reflexología, que, según el vendedor, era la ciencia que curaba los  dolores del cuerpo con masajes en los pies.
Ya los chinos, siguió mi informante, supieron antes de Jesucristo, que los órganos del cuerpo están relacionados unos con otros, y que en los pies se encuentran sus terminaciones nerviosas. Con un buen masaje  en los mismos se podía aliviar el dolor de cualquier parte del cuerpo. “Por probar que no quede”, me dije. Y compré el ejemplar.
Me dirigía a casa cuando vi en el parque del Malecón un banco con sombra y me senté a ojear el libro que había comprado. Un libro nuevo me pide a gritos que lo examine. A ti te pasará lo mismo. En el banco con sombra había un joven sentado. “¡Hola!”, saludé. Y hablamos.
Me dijo que era marroquí, pero que vivía en Málaga. Hablaba español perfectamente. Tenía veinticinco años. Dijo saber inglés y francés. ¿Cómo aprenden tantos idiomas los extranjeros y a nosotros nos cuesta tanto superar el nuestro? Los rumanos, rusos o magrebíes no se conforman con su idioma y aprenden otros con suma facilidad.
-“What is your name?”, le pregunté. Y enseguida me dijo en inglés que se llamaba Isán y que su madre estaba separada. Cuando su padre se casó con otra mujer –puede hacerlo hasta con cuatro si las puede mantener- ella decidió salir de casa con su hijo.
-Más tarde, mi madre se volvió a casar con otro musulmán y tuvo más hijos. “Entonces fui yo quien no quiso seguir en la misma casa con mis hermanastros”, dijo. Y se fue a vivir su vida como Alá lo encaminara.
Ahora él se hablaba con una chica de Casablanca, que había conocido, pero que lo tenía difícil ya que ni tenía oficio ni casa donde vivir. Pensé en la difícil situación de estos jóvenes nómadas que tienen que vivir con un maná incierto y que duermen en los bancos de los parques. Le di diez euros para que comiera y me despedí. “¡Adiós, Isán, y suerte!”, le dije. 

                          Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 23 de junio de 2014

Tú no hagas ruido.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 junio 2014

Fragmento

Murcia, las ocho menos cuarto, en mi despacho o camarín. Comienza su andadura el nuevo verano, Filiberto. Más relevos a la vista. ¡Vaya serie de cambios que llevamos!
-Es verdad, Roberto, faltaba la estación; que si el Rey, que si el Papa… “Renovarse o morir”, que dice el adagio.

-“Nadie se baña dos veces en las mismas aguas”, dijo ya Heráclito. O sea, que todo cambia constantemente, todo fluye y pasa para que su puesto lo ocupe otro.

-No quería ser tan drástico, Filiberto, aunque vea que Heráclito tenía razón, que ni un breve segundo se detiene. Yo hablaba de los cambios esporádicos, ocasionales, que se ofrecen en la vida: a la primavera sigue el verano; al rey Juan Carlos, su hijo Felipe; al Papa Benedicto, el Papa Francisco; al campeón mundial de fútbol, otro campeón…

-Pero tantos cambios juntos pocas veces se dan, Roberto.
-Estos fenómenos, con perspectiva, deben anunciar algo, Filiberto. Como preparados para un milenio nuevo. Que entre los cambios entra el milenio, Roberto, no te quepa duda, como la aparición del móvil y el internet.

-Cierto, que ha sido un cambio fenomenal. ¿En qué se parece el siglo pasado al nuevo, Filiberto? La Iglesia se renueva; el Rey cambia; ahora el verano… Como si la Tierra se sacudiera para dejar lo caduco y empezara de nuevo.

-Tú lo has dicho, Roberto, como si de un camaleón se tratara. Tú no hagas ruido, Roberto, que pasemos desapercibidos más tiempo aquí, que lo que vemos no estaba previsto para nosotros. A ver si duramos un poco más y eso que tenemos. Pocos han tenido la suerte de conocer lo pasado y el presente Ni los hijos vieron el pasado reciente ni los padres han visto el presente. No hagas ruido que no reparen en nosotros, Roberto. Aunque somos de otra época, lo gozamos como preparado para nosotros. Tú no hagas ruido.

Francisco Tomás Ortuño

Doctor por la Universidad de Murcia