jueves, 19 de junio de 2014

Casualidades.

Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 19 junio 2014,  jueves,  San Romualdo
           
Casualidades

La casualidad nos deja a veces perplejos. Que vayas al teatro en Madrid no tiene nada de particular; que a la misma función vaya aparte un paisano tuyo, casi tampoco; pero que a los dos, y sólo a los dos, os toque un premio en una rifa, ya es casualidad. Que estés en Francia no tiene importancia hoy; que preguntes  algo a un señor que pasa, tampoco; pero que este señor sea español y de tu mismo pueblo, ya es casualidad. Para mí la casualidad es el hado, el albur, el destino,  que juega con nosotros. "¡Qué casualidad!", exclamamos cuando vemos a una persona que buscamos en una multitud.  "¡Qué casualidad, que me haya tocado la lotería!".

            Hay detrás de toda casualidad algo extraño y misterioso que actúa sin que nos demos cuenta. Vemos el resultado y nos sorprende, pero apenas reparamos en el fenómeno taumatúrgico del asunto. El tema de la casualidad entra en la materia ultrasensorial de la catalepsia, de la hipnosis, de la clarividencia, de la adivinación; en el terreno de la parapsicología, de los sueños y del más allá. Un mundo que está ahí,  que nos sacude con violencia, y que no llegamos a comprender.

            La telepatía es un hecho de la vida corriente, y, sin embargo, espera su turno.  El hombre sabe que  lo ha experimentado, pero lo desborda.  Es inaccesible todavía. Con la casualidad ocurre como con la telepatía o la premonición. No llegamos a saber qué la produce, qué hay detrás de la misma. Yo pienso en alguien y, en seguida, me encuentro con esa persona. "¡Qué casualidad!", me digo. Pero detrás de esa casualidad hubo algo misterioso que la produjo, algo que provocó la coincidencia de pensar en una persona que se encontraba allí.

            Nos vamos acostumbrando a ver como natural lo que está fuera aún de toda comprensión. Puede ser que pronto podamos entender estos hechos y hasta conducirlos como ha ocurrido con la corriente eléctrica.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 18 de junio de 2014

Relevos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 junio 2014, miércles
Relevos

El día último de cada mes es para mí un día de despedida. No sé si a ti te pasa lo mismo, pero en esa fecha veo a un amigo que se marcha. Igual me ocurre con los años. El último de diciembre es un día triste para mí. Iba a decir que cada día por la noche es otro amigo que me deja.

¿Reparamos en estos compañeros? Un día tiene entidad propia, no es nunca como el vecino, es él y sólo él, no hay dos iguales. Pero a fuerza de vivir con ellos, los confundimos. Sí, cada veinticuatro horas hay un real relevo, un nuevo invitado.  Llega y quedamos indiferentes, sin despedir al que se va ni darle la bienvenida al que llega.

Podríamos decir luego: "El veinte de enero me ocurrió tal cosa". Es una referencia para fijar nuestros hechos cotidianos, nuestra historia personal. Los días son como armarios para guardar nuestras acciones. ¿Se servirá Dios luego de ellos para ver nuestro paso por la tierra? "Este vacío, este vacío, este sucio, este sin nada de valor". ¿Mirará el Señor estos armarios a la hora de juzgarnos?
           
-Pero, ¿en qué quedamos, los días son compañeros o baúles para guardar cosas?
            -Lo uno y lo otro. Cumplen esa doble función: estos buenos amigos guardan todo lo habido y por haber. ¿Pensamos que el Señor nos lleva minuciosamente controlados?: Un Comandante nos acompaña cada año. A su servicio hay doce Capitanes, uno para cada mes. Y cada Capitán dispone de treinta Sargentos.

            Resumiendo: Por cada año de nuestra vida hay pendientes de nosotros: un Comandante, doce Capitanes y trescientos sesenta y cinco Sargentos. Todo lo archivan. Hasta los pensamientos más ocultos quedan registrados. Inmenso ejército para vigilar nuestra vida, para archivar nuestros actos y pensamientos.
           
Al final, cada ejército se presenta ante el trono del Señor con el sujeto que va a ser juzgado.  Cada Coronel recibe de sus Comandantes los registros que estos reciben de sus Capitanes y Sargentos. Todo lo presentan al Sumo Juez, que observa al reo. El Juicio es inapelable.


   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 17 de junio de 2014

Compartimentos del cerebro.

Litesofía –entre lite y filo- 17 junio 2014-06-17
Alifafes –fragmento-

Cuando me bañaba esta mañana en la piscina de Inacua, saludé a un compañero: “¿Cómo estás?”, le dije. “Yo bien, ¿y tú?”, me contestó. Le confesé que me levanto con dolor de hombro. Se rio para decirme que a él unos días le duele la espalda y otros días los pies; pero que no hacía caso; que había visto que el dolor desaparecía solo. “Lo último es ir al médico a contarle tus alifafes y que te mande píldoras, que si alivian el dolor fastidian el estómago”, dijo al final. 

-Es que tengo ochenta años –seguí. Y él me dijo que era mayor que yo, que había cumplido ochenta y tres. “Nací en el año treinta del siglo pasado. Tú nacerías en el treinta y tres”.

-Efectivamente –le dije-, en tiempos de la República. Sentí alivio sabiendo que me las había con alguien mayor que yo. Recordé los versos de Campoamor: “Cuentan de un sabio que un día…”

Este recuerdo, sin duda, me llega de alguna parte del cerebro donde guardo mis objetos personales. El cerebro debe ser como un baúl donde vamos depositando cosas. Y el dueño echa mano sin darse cuenta, cuando algo necesita.

-O se ofrece misteriosamente él y te muestra lo que buscas. Hay una relación estrecha entre el cerebro y la persona que lo posee:  se entienden hasta sin hablar. Y esa puede ser la prueba: “Busco tal cosa”. “Aquí la tienes”. Porque fuera del cerebro estoy yo.

-Deben ser compartimentos del mismo cerebro, Julián. Lo que llamas “yo” debe ser una parte que reside más allá. Serán vecinos como las naciones del globo. Ninguna está fuera del planeta, siendo tan diversas unas de otras.

- Será eso… 


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 16 de junio de 2014

Tarzán.

Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 16 junio 2014, lunes
Fragmento -por ayer-.

     Santana, las ocho a.m. Por la víspera se conoce el día, que pronto será verano. Mamá lee en la puerta de la cocina y yo escribo aquí, en el comedor, con las puertas abiertas, como Tarzán en la selva.

     -¿Sería siempre verano para Tarzán? Siempre lo vi ligero de ropas, Julián. Es la imagen que todos tenemos de él. Con pantalón, camisa, corbata y chaqueta sería otro.

     -Cómo nos gustaban a los niños las películas de Tarzán! Lo recordamos gritando y saltando con lianas por entre los árboles. Era el defensor de la selva contra sus depredadores. Siempre ha caído bien el que lucha contra el invasor. Y la selva se convierte en un país invadido.

     -¿No eran los países americanos otras selvas, que defendían sus tierras cuando otros iban a quitárselas? Con caballos y flechas, con uñas y dientes protegían lo que era suyo. “¡Fuera de aquí”, gritaban. “¡Esto es nuestro!”. Moctezuma, Atahualpa y tantos otros caudillos, murieron defendiendo sus territorios. “¡Os vamos a civilizar! ¡Traemos otra religión! ¡Os enseñaremos nuestra lengua!”. “¡Fuera de aquí!”, era su respuesta. Y si cedían era por la fuerza.

     -Tarzán es el símbolo de la resistencia a ser ocupados por el hombre blanco. La propiedad privada ha debido respetarse siempre. Si tú tienes un territorio que te pertenece porque lo has ganado con el sudor de tu frente o te han dejado tus ancestros, no debe haber Ley que te impida conservar. Tu hogar, por ejemplo, donde crías a los hijos, debe ser sagrado, y no atropellado por la fuerza.

     -Ya te has metido en harina de otro costal, Renato. De la selva o de los indios te has colado en otras políticas. ¿Vas a hablar de los desahucios?

     -Perdona, Eleuterio, sin querer me he metido en la Política y esta debe tocarse con mucho tiento.

     -¿El que ocupa una vivienda deshabitada, debe desalojarla por la fuerza?

     -Mira, yo de Leyes no entiendo, pero la razón me dice que mejor ocupada que deshabitada. Si el que la ocupa no es dueño pero llueve, hace frío y no tiene donde estar, mejor que esté dentro que fuera. En una sana convivencia, quien disponga de vivienda –de playa, monte o ciudad- que no necesita, debería ponerla a disposición de quien no tenga para dormir. “Me la pides y yo te la dejo, que no te la doy; la propiedad es mía”.

     Lo que no se puede hacer, Julián, es ocuparla porque está vacía y no querer salir de ella. Las casas que tienen dueño deben poder dejarse, pero sin perder la propiedad. No sé si está claro mi pensamiento. Habría para todos. Por encima de las casas están las personas, pero que estas actuaran como tales.


                            Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 14 de junio de 2014

La olla.

12 junio 14

Murcia, las doce, en mi camarín, día espléndido. ¿Qué saldrá de “la olla” si la destapo? Es una de estas veces que creo que no saldría nada. Y no es que vaya vacía, que irá llena de recuerdos y cachivaches, pero van durmiendo. Todo duerme en mí. ¿Será que me levanté temprano para ir a la piscina y estoy cansado; y si estoy cansado, mi cerebro duerme? ¿Qué relación guardo yo con mi cerebro?

Si destapo “la olla” no se remueve nada en su interior, y haber cosas tiene que haberlas. Luego despertarán y querrán salir de golpe, y entonces, lo más probable es que yo me encuentre en otro lugar, sin cuaderno donde escribir y sin boli para contarlo. Y entonces, como es natural,  se vayan volando los pájaros que salgan y se pierdan para no volver. ¡Qué misterioso es el cerebro!

Recuerdo que muy temprano me afeité, tomé un café con leche, fui a la piscina, hablé con un amigo, departí con otros en la Sauna, volví a casa, hice mi gimnasia podal, vi “los desayunos” en la tele, desayuné con mamá, mandé la Litesofía a mis contactos… Y así otras cosas que iban surgiendo. Ahora, en mi pequeño escritorio, hago mi ejercicio de inglés, leo un artículo de Selecciones y cuando toca escribir no sé de qué hacerlo. Podría comentar lo escuchado en “Los desayunos” sobre Cataluña; podría hablar de lo leído en la Revista sobre “El Dalai Lama, y la nieve”, podría decir… pero esto se apartaría de mi objetivo de contar –literatura- pasando por el tamiz de mi reflexión –filosofía-. Y yo me entiendo.

Y si algo despierta en mí un poema, ya no lo dejaría hasta darle forma, pero eso no ocurre cuando uno quiere sino cuando avisa, cuando te llama.

Que hace buen tiempo lo dejo para Brasero; que en el Congreso aceptaron ayer por mayoría la abdicación del Rey, lo dejo para Antonio Jiménez en el Cascabel; que el mundial de fútbol comienza ya, que lo cuente Matías.

-Sobre la abdicación del Rey, ¿no da qué pensar el alto porcentaje que quiere que abdique? Yo si fuera el Rey pensaría que quieren que me vaya. “¡Ahora me quedo!”. Diría a la vista de los resultados. Hay preguntas que mejor sería no hacerlas: Si dicen que no, ya tenemos otra Isabel de Inglaterra; y si dicen que sí, puede haber una lectura sospechosa.

En cuanto a los mundiales de Brasil, yo futbolista me lo pensaba, que no sabemos en qué puede quedar la cosa. Como hay necesidad como en España, los cariocas no ven bien esos despilfarros  en atenciones balompédicas. Y es que ven más  los gastos que van a generar dichos juegos, que los beneficios que les puede reportar.
  

 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 12 de junio de 2014

Abdicación II.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 12 junio 2014
Fragmento –por ayer-

Murcia, las doce y media del mediodía. Los Diputados votan en el Congreso si aceptan la abdicación del Rey.
-¿Y si no aceptaran su abdicación, Benigno?
-Se da por hecho que la acepten, Calixto. Es un puro trámite para que el nuevo Rey tome posesión del trono el próximo día diecinueve.
-Pero si hay más noes que síes en la votación, ¿qué ocurriría?
-Se trata de ceder el Rey la Corona a su hijo Felipe.
-Ya, ya, pero si se vota será por algo, ¿no? El Rey, tras cuarenta años ininterrumpidos de reinado, sorprende al pueblo con que va a abdicar la corona en su hijo el Príncipe don Felipe. Y el pueblo vota en el Congreso si admite o no semejante decisión. A la Reina Isabel de Inglaterra, por lo visto, no le aceptan la abdicación en su hijo Carlos. Tiene noventa años y sigue gobernando. ¿No podría ocurrir lo mismo aquí?
-En el caso poco probable de que los noes ganaran a los síes, el Rey tendría que seguir, como la Reina Isabel, hasta que muera o lo pidiera el pueblo.
-No sé, no sé, Benigno, que el Rey parece muy seguro de que va a dejar de ser Rey en breve. Ha dicho categóricamente: “¡Abdico la Corona en mi hijo don Felipe, para que me suceda en el trono!”. ¿Quién va a querer seguir reinando, Calixto, como está físicamente y con Urdangarín de yerno?
-No me quieres contestar o no me has comprendido, Benigno. Yo no digo que quiera o no quiera seguir; digo si quiere el pueblo que siga o quiere que se vaya. En una Democracia, los votos son los que mandan. A él lo nombró el Caudillo y punto pelota; pero ahora es distinto. Suponte que el pueblo quiere que acabe la dinastía borbónica, ¿qué le tocaría hacer a  don Juan Carlos sino hacer las maletas y buscarse casa para ver los toros desde la barrera?
-Si le dejaban, que estas cosas no se sabe cómo pueden acabar. En tantos años gobernando pudo herir con alguna decisión a un pariente o amigo, hasta sin saberlo, y ahora quiera tomar represalias. No se sabe. En estos casos, lo mejor es coger un vuelo Chárter con la mujer y cuatro objetos personales y buscarse otro país.
-A donde fuera lo encontrarían. ¿No ves a Juan A. Chaos que huyó de la Justicia y lo han encontrado en Venezuela con Maduro?

……

                    Francisco Tomás Ortuño,

                    Doctor por la Universidad de Murcia

miércoles, 11 de junio de 2014

Hipocorísticos.

Litesofía –entre lite y filo-, 11 junio 2014, miércoles, San Bernabé

Murcia, las seis de la tarde –por ayer-. Fragmento

Como estoy en vena, o me parece, te copio mi último engendro poético. Hace unos días estuvo en Murcia Antonio Jiménez y su equipo con su programa “El Cascabel”. Hablaron del agua, tan necesaria en Murcia, y del frustrado trasvase Ebro–Segura, permitiendo, en cambio, que las aguas excedentarias fueran al mar.

LOS RÍOS

La sangre de los cuerpos
Circula  por las venas
Sin descansar;
Y a nadie que esté cuerdo
Le pasa por la testa
Paralizar.

Da vida a cuantos órganos
Encuentra en el camino
Por donde va;
Que su función es solo
Cuidar de los tejidos
De los demás.

No sabe de colores,
No tiene más razones
Que hacer el bien;
Lo mismo que los ríos
Con abundantes aguas,
De enorme señorío,
Deben hacer.

Mi idea es que no se deben parar las aguas de los ríos o llevarlas al mar, como locura sería querer detener la sangre del nuestro cuerpo. Ahí lo dejo.

Francis acaba de salir de casa con su hijo Fran. Francis y Fran son hipocorísticos de Francisco, como Pepe es de José, Lola de Dolores o Concha de Concepción. Dice el Diccionario de la Real Casa o Academia que el término hipocorístico viene del griego y significa cariñoso. “Se dice de los diminutivos o alteraciones de los nombres, en lenguaje familiar, como apelativos cariñosos”.

-Y quién no aplica con sus hijos un “hipoclorito” de esos cuando son pequeños? A Florencio le llaman Flor, a Saturnino, Satur y a Severiano Seve. Y al que se llama Crescenciano, Churri.
-No te pases, que ciertos nombres no admiten hipocorísticos.
-¿Hasta en eso hay clases? O todos o nadie, Basilio. Yo suprimía esos “hipocrísticos”, y así, muerto el perro se acababa la rabia.
-Para mí que se abusa de los hipòcorísticos con los niños, llamándolos con esos términos pseudocariñosos que luego cuesta quitar o no se quitan en la vida. Te contaría historias que conozco en que los pobres niños tuvieron que sopoprtar de mayores el capricho que los padres le colgaron. Que un hombre se llamara “Chuchi” ya era incómodo, pero si era Capitán del Ejército de Tierra, figúrate cómo lo llevaría cuando lo tuvieran que llamar los soldados. Y así cientos de casos.

-Ahora que se va el Rey debería de aprovecharse la ocasión para enterrar costumbres viejas y empezar de cero para una nueva sociedad del siglo XXI. Esta mañana, en los “Desayunos de la Primera”, hablaba como invitado el Presidente de la República mejicana. Él mismo dijo que se consideraba de los nuevos tiempos como el Príncipe Felipe, futurísimo Rey de España si nadie lo impide, al que solo le llevaba un año de edad. Es decir, reconocía que el siglo XXI venía a marcar la división de una Era caduca por otra nueva.
Y es así, no es que despreciemos lo hecho por el Rey Juan Carlos y antecesores suyos; ni que tiremos por la borda, como inservible, lo que descubrieron, inventaron o produjeron las generaciones anteriores, sino que se hace necesaria una revisión profunda de lo que tenemos en todos los campos: Lengua, Historia, Política, Economía… para permanecer, para cambiar o para tirar como arcaísmo de la Historia.


                            Francisco Tomás Ortuño, Murcia