sábado, 14 de junio de 2014

La olla.

12 junio 14

Murcia, las doce, en mi camarín, día espléndido. ¿Qué saldrá de “la olla” si la destapo? Es una de estas veces que creo que no saldría nada. Y no es que vaya vacía, que irá llena de recuerdos y cachivaches, pero van durmiendo. Todo duerme en mí. ¿Será que me levanté temprano para ir a la piscina y estoy cansado; y si estoy cansado, mi cerebro duerme? ¿Qué relación guardo yo con mi cerebro?

Si destapo “la olla” no se remueve nada en su interior, y haber cosas tiene que haberlas. Luego despertarán y querrán salir de golpe, y entonces, lo más probable es que yo me encuentre en otro lugar, sin cuaderno donde escribir y sin boli para contarlo. Y entonces, como es natural,  se vayan volando los pájaros que salgan y se pierdan para no volver. ¡Qué misterioso es el cerebro!

Recuerdo que muy temprano me afeité, tomé un café con leche, fui a la piscina, hablé con un amigo, departí con otros en la Sauna, volví a casa, hice mi gimnasia podal, vi “los desayunos” en la tele, desayuné con mamá, mandé la Litesofía a mis contactos… Y así otras cosas que iban surgiendo. Ahora, en mi pequeño escritorio, hago mi ejercicio de inglés, leo un artículo de Selecciones y cuando toca escribir no sé de qué hacerlo. Podría comentar lo escuchado en “Los desayunos” sobre Cataluña; podría hablar de lo leído en la Revista sobre “El Dalai Lama, y la nieve”, podría decir… pero esto se apartaría de mi objetivo de contar –literatura- pasando por el tamiz de mi reflexión –filosofía-. Y yo me entiendo.

Y si algo despierta en mí un poema, ya no lo dejaría hasta darle forma, pero eso no ocurre cuando uno quiere sino cuando avisa, cuando te llama.

Que hace buen tiempo lo dejo para Brasero; que en el Congreso aceptaron ayer por mayoría la abdicación del Rey, lo dejo para Antonio Jiménez en el Cascabel; que el mundial de fútbol comienza ya, que lo cuente Matías.

-Sobre la abdicación del Rey, ¿no da qué pensar el alto porcentaje que quiere que abdique? Yo si fuera el Rey pensaría que quieren que me vaya. “¡Ahora me quedo!”. Diría a la vista de los resultados. Hay preguntas que mejor sería no hacerlas: Si dicen que no, ya tenemos otra Isabel de Inglaterra; y si dicen que sí, puede haber una lectura sospechosa.

En cuanto a los mundiales de Brasil, yo futbolista me lo pensaba, que no sabemos en qué puede quedar la cosa. Como hay necesidad como en España, los cariocas no ven bien esos despilfarros  en atenciones balompédicas. Y es que ven más  los gastos que van a generar dichos juegos, que los beneficios que les puede reportar.
  

 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 12 de junio de 2014

Abdicación II.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 12 junio 2014
Fragmento –por ayer-

Murcia, las doce y media del mediodía. Los Diputados votan en el Congreso si aceptan la abdicación del Rey.
-¿Y si no aceptaran su abdicación, Benigno?
-Se da por hecho que la acepten, Calixto. Es un puro trámite para que el nuevo Rey tome posesión del trono el próximo día diecinueve.
-Pero si hay más noes que síes en la votación, ¿qué ocurriría?
-Se trata de ceder el Rey la Corona a su hijo Felipe.
-Ya, ya, pero si se vota será por algo, ¿no? El Rey, tras cuarenta años ininterrumpidos de reinado, sorprende al pueblo con que va a abdicar la corona en su hijo el Príncipe don Felipe. Y el pueblo vota en el Congreso si admite o no semejante decisión. A la Reina Isabel de Inglaterra, por lo visto, no le aceptan la abdicación en su hijo Carlos. Tiene noventa años y sigue gobernando. ¿No podría ocurrir lo mismo aquí?
-En el caso poco probable de que los noes ganaran a los síes, el Rey tendría que seguir, como la Reina Isabel, hasta que muera o lo pidiera el pueblo.
-No sé, no sé, Benigno, que el Rey parece muy seguro de que va a dejar de ser Rey en breve. Ha dicho categóricamente: “¡Abdico la Corona en mi hijo don Felipe, para que me suceda en el trono!”. ¿Quién va a querer seguir reinando, Calixto, como está físicamente y con Urdangarín de yerno?
-No me quieres contestar o no me has comprendido, Benigno. Yo no digo que quiera o no quiera seguir; digo si quiere el pueblo que siga o quiere que se vaya. En una Democracia, los votos son los que mandan. A él lo nombró el Caudillo y punto pelota; pero ahora es distinto. Suponte que el pueblo quiere que acabe la dinastía borbónica, ¿qué le tocaría hacer a  don Juan Carlos sino hacer las maletas y buscarse casa para ver los toros desde la barrera?
-Si le dejaban, que estas cosas no se sabe cómo pueden acabar. En tantos años gobernando pudo herir con alguna decisión a un pariente o amigo, hasta sin saberlo, y ahora quiera tomar represalias. No se sabe. En estos casos, lo mejor es coger un vuelo Chárter con la mujer y cuatro objetos personales y buscarse otro país.
-A donde fuera lo encontrarían. ¿No ves a Juan A. Chaos que huyó de la Justicia y lo han encontrado en Venezuela con Maduro?

……

                    Francisco Tomás Ortuño,

                    Doctor por la Universidad de Murcia

miércoles, 11 de junio de 2014

Hipocorísticos.

Litesofía –entre lite y filo-, 11 junio 2014, miércoles, San Bernabé

Murcia, las seis de la tarde –por ayer-. Fragmento

Como estoy en vena, o me parece, te copio mi último engendro poético. Hace unos días estuvo en Murcia Antonio Jiménez y su equipo con su programa “El Cascabel”. Hablaron del agua, tan necesaria en Murcia, y del frustrado trasvase Ebro–Segura, permitiendo, en cambio, que las aguas excedentarias fueran al mar.

LOS RÍOS

La sangre de los cuerpos
Circula  por las venas
Sin descansar;
Y a nadie que esté cuerdo
Le pasa por la testa
Paralizar.

Da vida a cuantos órganos
Encuentra en el camino
Por donde va;
Que su función es solo
Cuidar de los tejidos
De los demás.

No sabe de colores,
No tiene más razones
Que hacer el bien;
Lo mismo que los ríos
Con abundantes aguas,
De enorme señorío,
Deben hacer.

Mi idea es que no se deben parar las aguas de los ríos o llevarlas al mar, como locura sería querer detener la sangre del nuestro cuerpo. Ahí lo dejo.

Francis acaba de salir de casa con su hijo Fran. Francis y Fran son hipocorísticos de Francisco, como Pepe es de José, Lola de Dolores o Concha de Concepción. Dice el Diccionario de la Real Casa o Academia que el término hipocorístico viene del griego y significa cariñoso. “Se dice de los diminutivos o alteraciones de los nombres, en lenguaje familiar, como apelativos cariñosos”.

-Y quién no aplica con sus hijos un “hipoclorito” de esos cuando son pequeños? A Florencio le llaman Flor, a Saturnino, Satur y a Severiano Seve. Y al que se llama Crescenciano, Churri.
-No te pases, que ciertos nombres no admiten hipocorísticos.
-¿Hasta en eso hay clases? O todos o nadie, Basilio. Yo suprimía esos “hipocrísticos”, y así, muerto el perro se acababa la rabia.
-Para mí que se abusa de los hipòcorísticos con los niños, llamándolos con esos términos pseudocariñosos que luego cuesta quitar o no se quitan en la vida. Te contaría historias que conozco en que los pobres niños tuvieron que sopoprtar de mayores el capricho que los padres le colgaron. Que un hombre se llamara “Chuchi” ya era incómodo, pero si era Capitán del Ejército de Tierra, figúrate cómo lo llevaría cuando lo tuvieran que llamar los soldados. Y así cientos de casos.

-Ahora que se va el Rey debería de aprovecharse la ocasión para enterrar costumbres viejas y empezar de cero para una nueva sociedad del siglo XXI. Esta mañana, en los “Desayunos de la Primera”, hablaba como invitado el Presidente de la República mejicana. Él mismo dijo que se consideraba de los nuevos tiempos como el Príncipe Felipe, futurísimo Rey de España si nadie lo impide, al que solo le llevaba un año de edad. Es decir, reconocía que el siglo XXI venía a marcar la división de una Era caduca por otra nueva.
Y es así, no es que despreciemos lo hecho por el Rey Juan Carlos y antecesores suyos; ni que tiremos por la borda, como inservible, lo que descubrieron, inventaron o produjeron las generaciones anteriores, sino que se hace necesaria una revisión profunda de lo que tenemos en todos los campos: Lengua, Historia, Política, Economía… para permanecer, para cambiar o para tirar como arcaísmo de la Historia.


                            Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 10 de junio de 2014

Nadal.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 junio 2014
Fragmentos
8 junio 14
Santana, domingo, las siete y media. Los pollos de la vecina cantan abajo; algunas tórtolas responden con los patos de Esmagi. ¡Vaya guirigay! ¿Qué animal será el que grazna como si lo mataran? Sus gritos los oirán los frailes. Y lo hace cada pocos minutos, justo cuando menos lo esperas. Para enfermar de los nervios. Cuando pensabas que venías a disfrutar de paz y silencio, te encuentras con una jaula de grillos.
      Miguel trajo su telescopio para ver la luna. Por la noche le acompañó su amigo Noguera, que subió a la fiesta espacial.
      -¿Cómo se lo dijo?
      -Hoy los jóvenes se comunican con el móvil. Hablar para ellos es tan fácil como respirar. “Te espero esta noche en mi casa a ver la luna en creciente con mi telescopio”. “De acuerdo, colega”. Hay quien se acuesta con el móvil y no lo suelta ni para comer. “¿Cómo me voy a desconectar? ¿Y si me llaman?”. Los jóvenes hoy no se explican la vida sin el móvil.
      Cuando miraban la luna, sobre las once de la noche, me llamaron. Vi los cráteres como si los tocara. Y pensé: “¿Qué pasaría si por la superficie del satélite viera a gente deambular? “¿Cómo se vive por ahí?”. “Bien, ¿y vosotros?”. “¿Cómo cruzar el mar de aire que nos separa?”. “Es nada, solo un segundo de luz. Te montas en un rayo de energía y llegas antes de abrocharte el cinturón”. “¿A qué esperamos, pues?”. “El primer paso es el que más cuesta. El siguiente es más fácil. En todo, lo difícil es el comienzo”.
      -¿Viste el fútbol anoche?
      -Fue un partido de preparación al mundial que se juega en Brasil. Ganó España al equipo del Salvador por dos goles a cero.
      -¡Cuántos padres sueñan con que sus hijos lleguen tan arriba en la fiesta del balompié, Genaro!
      -¡Y cuántos descalabros, Mateo! Mejor es no empezar que quedarse en el camino, como quien dice perdidos en la selva. No están preparados para otra cosa.
-Así es, Genaro. Pero los pocos que llegan tuvieron que empezar.

9 junio 14
El sol viene de camino por entre nubes que quieren cerrarle el paso. Tengo Jumilla enfrente, el Carche a mi derecha y detrás de mí –que no mío- el Convento de los frailes, guardianes de una joya que esculpió un tocayo mío en el siglo XVIII.
En la Sierra del Buey, sobre su cima, destacan las siluetas de unos molinos que giran con el viento.  Producen lo que se llaman energías renovables para cambiar por las minas de carbón. Si don Quijote volviera, diría sin duda, con ojos de extrañeza, como solía, que este no era su Juan, que lo habían cambiado.
También hay en la misma sierra, pero más abajo, placas solares, que forman parte de las nuevas energías, más limpias e inextinguibles que los pozos de grisú.
En lo deportivo, tuvimos ayer un acontecimiento singular: El tenista Nadal, ya nos tiene acostumbrados, ganó de nuevo la Copa “Roland Garros” en París.
-¿De nuevo?
-Creo que ha ganado ya este trofeo ocho o diez veces.
-¿Quién fue la víctima?
-¿Y qué más da? El de turno, el que llegara a la final. Es que al manacorí no hay quien le gane. Por eso, yo deseo en mi interior profundo que gane el contrario. ¡Cómo lo celebraría! “¡He ganado a Nadal, he ganado a Nadal!”. Sería una fiesta en su familia y en su pueblo. “¡He ganado a Nadal!”.
Yo me siento a ver el partido y cada vez que el juego es para el contrario lo celebro. Y hasta lo animo: “¡Venga por el set, gana la Copa, Coplovich!”. Pero veo que Nadal carece de sentimientos. Mucho teatro con la mano a la nariz, a las cejas y a la frente, pero tirando a ganar como si en vencer le fuera la vida.
El tío de Nadal, que dicen que es también su entrenador, me resulta antipático. Vive cada partido como el sobrino: parece que se jugara él la vida.
-Hombre, su misión es esa, ganar, ganar siempre.
-¿Dónde está la empatía que debe existir en el ser humano? Por empatía, Julián, por empatía debería perder  Nadal de vez en cuando, y no vencer siempre con esas ansias que terminan por molestar. En el partido de ayer con el serbio, nadie deseaba que ganara Nadal menos él y su tío.


                           Francisco Tomás Ortuño, Murcia. 

domingo, 8 de junio de 2014

Revisar la maquinaria de la nación.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 junio 2014, San Norberto y viernes

Murcia, las siete, donde suelo escribir a esta hora.

-¿Por dónde irán los tiros de tu soflama o perorata this morning, colega?
-El futuro Rey no duerme ante la enorme responsabilidad que le viene encima.
-No es para menos, que hasta que las aguas se calmen, tendrá la vista de millones de personas puesta en él. Luego irá y vendrá y cada cual a lo suyo, pero hasta que eso ocurra, no solo de España sino del mundo entero.
-Creo que lo que más le preocupa y ya ha tratado con Letizia, es la Economía de la Nación.

-No hay derecho, Letizia, a que unos derrochen en comilonas y otros busquen en contenedores restos de comida para sobrevivir.
-Tienes razón, Felipe, que la Nación debe ser como un hogar y una familia: lo que haya, mejor o peor, mucho o poco, debe compartirse entre sus miembros.
Tenemos dos hijas, ¿podríamos ver que una de ellas tuviera caprichos de toda condición y la otra se muriera de hambre? Fuera la que fuera, que para mí las dos serían igual. Solo de pensarlo me dan escalofríos.
Y la Nación debe ser así. Para un Rey de todos los españoles, igual deben ser los andaluces que los gallegos: todos hijos de la misma sangre.
-Eso pienso yo, querida. Y veo la solución en el reparto y en la vigilancia, no sea que alguien se olvide de lo más elemental o tenga la tentación de esconder lo que no es suyo.
-Me tranquilizas, Felipe, que no quería oír de ti otra cosa. No olvidemos que Leonor y Sofía deben ser iguales en el disfrute de lo que haya como en la privación de lo que no tengan.
-Estoy haciendo una lista de cargos de la Nación, de donde se puede obtener riqueza para que otros puedan vivir. Y veo, sorprendido, que hay de sobra para todos.
-¿A quién llevas ya en tu lista, Felipe de mi vida?
-A tantos que sobrecoge el alma, Letizia.
-Dime algunos que me tranquilice, mi vida, que de pensar en mis hijas no podré dormir.
-No se trataría de reducir cargos en la Administración del Estado, sino de cuidar mejor lo que se pierde. Es, ¿cómo te diría yo?, como una máquina perfecta y compleja, que no funcionara por desajustes en algunas piezas. No sé si me explico: cuando fuera perfecto su engranaje, sus conexiones,  para que no se perdiera un ápice del contenido, se obtendrían tantos beneficios que asusta solo pensarlo.
La maquinaria es muy buena, pero tiene fallos en su funcionamiento. Es compleja, pero la hacemos más difícil nosotros. Es cuestión de revisarla y mantenerla en perfecto estado de trabajo. Tapar donde haya fugas innecesarias y cuidar que no se desvíen fondos por donde no deban ir.
-Confío en ti, Felipe. Si estás seguro de lo que quieres para el bien de los españoles, ponlo en práctica cuanto antes.
-Creo que es más sencillo de lo que parece, Letizia, aunque el mal en algunos puntos se ha solidificado y costará Dios y ayuda de reparar. Empezaré llamando a los dirigentes sindicales; luego… Todo está necesitado de revisión, querida.


                            Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 5 de junio de 2014

Unirse en las decisiones comprometidas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 junio 2014, jueves, San Bonifacio
Fragmento
     El aún Príncipe don Felipe, viendo que se precipitan los acontecimientos, llama en secreto a los jefes de los dos partidos mayoritarios en España. A puerta cerrada, en un saloncito del Palacio de la Zarzuela, los recibe amistosamente.
-Se estarán preguntando para qué les hago venir –dice de entrada don Felipe.
-Yo, si digo otra cosa miento –contesta don Mariano-, como no figuraba su llamada en mi Agenda… Aunque debo confesarle, Alteza, que me figuro por dónde van los tiros.
-De tiros, nada –se apresura a decir el Príncipe-; nada más lejos de mi intención; esta reunión es amistosa.
-Yo tampoco sé lo que nos va a decir –sigue don Alfredo-, pero, como Rajoy, pienso que está relacionado su requerimiento con la abdicación de su Majestad el Rey don Juan Carlos.  
-Pues sí, de eso se trata, amigos míos.
Rajoy y Rubalcaba no saben a dónde mirar. El Príncipe, con barba, les inspira temor y respeto. Los cuadros de las paredes, los muebles oscuros de roble, estilo castellano, y las lámparas del techo, los coartan. 
Por fin, don Felipe se pone serio y habla enigmático:
-Saben que a partir del dieciocho de este mes seré el Rey de todos los españoles.
Se hace un silencio que se puede cortar. Luego continúa:
-Como los demás Partidos, numméricamente hablando, cuentan poco al lado de los suyos, quiero que hablemos de problemas serios, importantes, trascendentes.
Se hace otro silencio largo.
-Mantenerse en el poder es vital para los tres. Si Cayo Lara se une a las Izquierdas emergentes como “Podemos”, “UPyD” y otros, sería peligroso, si no mortal, para el PP, para el PSOE y para el Rey.
Así que ojo don Mariano, ojo don Alfredo, ¡hay que unirse en las decisiones comprometidas, aun a costa de los propios intereses o deseos. Hoy por ti, mañana por mí. Ya ven que los republicanos están pidiendo en las grandes ciudades un Referéndum para votar por la República.
¿Qué me dicen? ¿Están de acuerdo con mi propuesta? Yo les apoyaría como Rey en lo que pudiera para mantener la paz en España.
-Yo -dijo don Alfredo- estoy de acuerdo, pero le recuerdo que, como el Rey don Juan Carlos, tengo mis días contados en el Partido.
-Pues yo, que también suscribo sus palabras y deseos, Alteza, hablaré con el sucesor o sucesora en el cargo de la Presidencia del Partido socialista y si fuera necesario repetiríamos esta Asamblea –dijo don Mariano. 
-No se hable más, aquí ni fuera, con nadie, de lo acordado entre nosotros –terminó el futuro Rey.
Y como entraron salieron de nuevo los insignes mandatarios.
                            Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 4 de junio de 2014

Abdicación.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 junio 2014, miércoles, San Bernabé

Abdicación   -fragmento-

-Hijo, quiero hablar contigo.
-Te escucho, papá, ¿qué quieres decirme?
-Llevo varias operaciones, como sabes, pero bien no puedo andar.
-Ya te veo, papá: un día te vas a caer en el salón del trono, delante de tus invitados.
-No te rías, Felipe: veo que no puedo seguir con mis obligaciones.
-Con el bastón te manejas bien. Has ido a China y a Qatar y hasta has hecho negocios millonarios por aquellas tierras. Eres un crack, papá. Tienes cuerda para rato.
-Por fuera quedé tocado en mi viaje a Botswana, con lo que habré estado allí y lo que gozaba cazando elefantes. Y por dentro quedé maltrecho con Urdangarín y tu hermana Cristina. Ya no soy el que era, Felipe, los años no perdonan.
-Estás hecho un chavalote, papi, no te pongas triste.
-Lo he pensado bien y voy a dimitir.
-¿Cómo? ¿Qué vas a dimitir? ¡Qué bromista estás, papi!
-No, Felipe, hablo en serio: te voy a pasar “los trastos” usando términos taurinos.
-No hablarás en serio, papá, yo no estoy preparado aún y tú puedes seguir unos años más, ¿no ves a tu colega Isabel, la reina de Gibraltar?, con noventa años y tan fresca.
-No es lo mismo, Felipe. Anoche no me dormía pensando en la familia: Mi padre no llegó a ser rey; mi abuelo tuvo que dejar el trono; mi bisabuelo, ya sabes; mi tatarabuela tuvo que salir de España…
-Olvida la historia de la familia y sigue recibiendo embajadas en tu despacho, que los españoles te quieren, papá. ¡Qué ocurrencia, decir que quieres dimitir! Se lo diré a mamá y verás que piensa como yo.
-Tu madre ya lo sabe, pero no hay manera de convencerla. Dice que su hijo es joven todavía, que lo deje disfrutar más tiempo.
-Claro, papi, ¿qué va a decir? ¿No ves a Carlos de Inglaterra, ya llegará su momento. Hoy estás bromista, papá, descansa y sigue gobernando, que estás hecho un roble.
-Cuando me aplauden, hijo, no sé si es por mí o porque creen que me despido.  
-¡Papá, no me dejes!
-¡Que tengas suerte, hijo!


Francisco Tomás Ortuño, Murcia