jueves, 8 de mayo de 2014

Herencias. Mafias.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 mayo 2014, jueves,  San Benito
Fragmentos

Herencias
            ¿Has reparado en que cada persona cuando muere deja una herencia espiritual? Algo que dijo, o que hizo, permanece. Ella parte, pero de ella queda un recuerdo, una vivencia.
            El tiempo es lo mismo: Un año pasa, pero queda su historia. De él quedaron hechos importantes, trascendentes muchas veces, que no mueren. Es su herencia espiritual.

Mafias
La mafia la define el diccionario como "Asociación de malhechores que existen en Sicilia". Me refiero a un diccionario de principios de siglo ("Alfonso XIII, actual rey de España"). He leído un artículo sobre la mafia y los narcotraficantes; veo que esa "asociación de malhechores siciliana" de que nos habla el diccionario, se ha extendido a otras naciones y a otros continentes.
El tráfico de droga es un mercado internacional de tal calibre hoy que en él están implicados países de todo el mundo. En su día, la policía americana llamó en su auxilio a sus colegas de Sicilia, y éstos operaron aquí con heroína sin despertar sospechas.
De esta forma nació el negocio más grande del siglo, exportando droga a todos los rincones del globo. Los sospechosos eran detenidos, pero la policía se veía impotente para llegar a todas partes; el fuego se hizo devastador en todos los países. La cúpula permanecía escondida y operaba en todos los mercados, abriendo puntos de venta en los sitios más insospechados: hoteles, pizzerías, grandes comercios.
            Seguir la pista hoy de los narcotraficantes se ha convertido en la carrera más apasionante para el cuerpo policial de todo el mundo. Descubrir focos de droga y apresar a los traficantes de heroína es labor primordial de gran parte del planeta.       


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 7 de mayo de 2014

¿Qué hay detrás del universo?

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 mayo 2014
Nuestro planeta gira como un trompo, confiado, alrededor del sol, con otros compañeros, Venus, Marte, Saturno… Nos hemos acostumbrado a verlo como la cosa más natural, si bien da vértigo si lo pensamos despacio.
Viendo con los ojos de la mente nuestro mundo, la Tierra, y mirando ese espacio pequeñísimo llamado España, que emerge de los mares, ¿qué significa desplazarse un avión de España a América? De lejos se ven juntos los continentes, sin solución de continuidad, como se dice en los libros. Y es que si la Tierra es diminuta, las distancias en ella tienen que ser exiguas por fuerza.
            ¿Y el universo?, ¿cómo ha logrado su perfección tan acabada?, ¿de dónde le viene el impulso que genera movimientos tan precisos?, ¿cómo, después de millones de siglos, sigue en pie? La mente se pierde con tales elucubraciones.
Si el sistema solar es una maravilla de perfección, ¿qué me dices de una galaxia? Miles, millones de sistemas como el nuestro. Espanto produce pensarlo. ¿A quién no asombra esta máquina tan perfecta?, ¿quién no se admira de semejante ingenio que nos mantiene. 
Y si es de maravilla una galaxia, ¿qué diremos de los miles y millones de galaxias existentes? ¿Te lo puedes imaginar? Cierra los ojos e intenta abarcar el universo. Marea, ¿verdad?  Los espacios siderales producen vértigo.
Pero hay algo que nos asombra más, si cabe. Si desconcierta la grandiosidad del universo, ¿cómo nos deja la idea, inconcebible, de que ser tan descomunal flote en la nada? Porque el mundo, concebido como conjunto de astros, no es un archipiélago sino una isla: un vaso con agua en el que flotan partículas. Gigantesco, descomunal,  grandioso, pero uno.
Y más allá de todo, ¿qué hay? Al final del convoy, ¿qué se encuentra? ¿La nada? ¿Te imaginas el mundo sin ser sostenido? Ahí está el gran misterio del universo: Si es uno, por grande que sea, tendrá que flotar en el vacío. Y eso escapa a nuestras luces, pero demuestra que Dios existe.

   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 6 de mayo de 2014

Bríos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 mayo 2014
A mi amigo Francisco Rubio
BRÍOS
Nota: El vencejo tiene plumaje blanco en la garganta y negro en el resto del cuerpo.; se alimenta de insectos y anida en los aleros de los tejados. Se parece a la golondrina. Vive en  España desde comienzos de la primavera hasta principios de otoño.

Antes, a mí me ilusionaban los viajes. Ahora también, pero menos. Los ímpetus  se adormecen. Cuando otros hablan de viajes largos,  yo prefiero quedarme en casa. Son los años, que nos aquietan, que nos duermen en un presente de paz.

Recuerdo que en otro tiempo quedar en casa era motivo de graves preocupaciones para mí: Era como una obligación salir, aunque fuera a ninguna parte.

Con los años nos hacemos moderados en el pensar, en el sentir, en el soñar. Lo que antes nos preocupaba, nos deja indiferentes; lo que alteraba nuestros pulsos,  nos resbala; lo que nos hacía ilusión, nos deja fríos.

            ¿Es mejor así?; ¿es peor? No sé. Los ardores juveniles crean sueños; la mesura y el reposo, sin embargo, nos hacen ver las cosas más objetivamente, más reales, pero menos coloristas. El joven corre tras un sueño; el mayor vive con menos sueños por los que correr.

Contemplo los vencejos que pasan cerca, escucho los mil ruidos que me circundan, siento la brisa sobre mi piel, saboreo la tranquilidad que me proporciona mi estudio, lejos del “mundanal”, con un libro entre las manos, y no deseo grandes cosas ni me inquietan otras. Soy feliz así, tranquilo, sin prisas, sin deseos vehementes. Es, quizás, la paz precursora de otra vida.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 5 de mayo de 2014

Voz perifrástica.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 mayo 2014

     Ayer se celebró el “Día de la Madre”. Los grandes almacenes se encargaron de recordarlo por activa, por pasiva y por perifrástica, como se dice en los medios últimamente. Quieren decir de todas las formas posibles.

     No quiero dudar que estos comunicantes saben conjugar los verbos como decir el padrenuestro. Por si las moscas, se lo recuerdo. En la voz activa de los verbos, el sujeto realiza la acción: Yo amo, yo he amado, yo amaba, yo amé, yo amaré, yo ame, yo amara o amase, yo amare, etc.
     En la pasiva, con el verbo ser, el sujeto recibe la acción  verbal: yo soy amado, yo he sido amado, yo era amado, yo fui amado, yo seré amado, yo sea amado, yo fuera o fuese amado, yo fuere amado…

      Pero, ¿y la perifrástica? Perífrasis consiste en expresar una idea por medio de un rodeo: acaba de llegar, va repartiendo estampas… Y existe una conjugación, llamada perifrástica, formada por los verbos haber o tener, seguidos de “de” o “que” y el infinitivo del verbo que se trate: Yo he de leer o yo tengo que leer; yo tenía que leer; yo tuve que leer; yo tendré que leer; yo tenga que leer; yo tuviera o tuviese que leer; yo tuviere que leer; y así sucesivamente.

     Pienso que los que dicen eso de “lo dijo por activa, por pasiva y por perifrástica” sepan que el futuro perfecto de subjuntivo del verbo andar, por ejemplo, en la voz perifrástica, es yo hubiere habido de andar o yo hubiere tenido que andar, y si no lo saben que lo estudien.


                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 4 de mayo de 2014

No hagas mal por mal.

Litesofia –entre literatura y filosofía-, 4 mayo 2014 Fragmento

Murcia, las nueve menos cuarto, domingo, en mi estudio. “No intentes curar el mal por medio del mal”, dice un Pensamiento.  ¿Y sabes de quién es? De Herodoto. Herodoto fue uno de los nombres que se me quedaron grabados en la memoria, vaya usted a saber por qué, cuando estudiaba Filosofía en el bachillerato. Herodoto de Halicarnaso, así juntos nombre y topónimo: historiador griego. Era del siglo V antes de Cristo y conoció a Pericles.

Luego Jesús refrendó su Pensamiento: “No hagas mal por mal”, que venía a decir lo mismo. Y es que todo se repite. Creemos que las riñas y conflagraciones humanas son de ahora, cuando ya Herodoto –o Heródoto, que de las dos maneras cabe decirlo- tuvo que huir de su tierra por combatir al tirano Ligdamis creo que se llamaba, vasallo de los persas. Ser vasallo como sabes, es depender de otro y guardarle fidelidad.

Este filósofo no tuvo nada que ver con Herodías, aunque sean nombres parecidos. Herodías era mujer del tiempo de Jesús, o sea, cinco siglos anterior a Herodoto. Era nieta de Herodes el Grande y este sí que tuvo que ver con Jesús. Herodías se casó con su tío Herodes Filipo –la saga de los Herodes- y tuvieron una hija a la que llamaron Salomé. Luego se casó de nuevo con otro Herodes, ahota Antipas.

Juan el Bautista, que andaba cerca, como judío no veía bien tanto matrimonio, tanto incesto y tanto adulterio, y lo criticó en plazas y sinagogas. Entonces Herodías, mujer por lo visto de armas tomar, consiguió de su marido el Antipas que lo detuvieran y lo matasen; y por si fuera esto poco, para estar más segura, que le llevara su hija Salomé su cabeza en una fuente de plata.


                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 3 de mayo de 2014

Informar.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 mayo 2014, sábado, la Santa Cruz.
-Murcia, sábado, en mi camarín, las nueve de la mañana, una mañana radiante con golondrinas sobrevolando la torre.
-¿Podrán decir lo mismo los ucranianos del este?, ¿los de esas casas sepultadas por aludes en Afganistán?, ¿los que quieren saltar la verja por Ceuta y Melilla?, ¿los…
-No sigas, Feliciano, que hay muchos así.
-¡Qué pena, Eusebio, tan hermoso que amanece el día.
-Quizás que estribe la diferencia en que no seamos libres como las golondrinas, Feliciano. Ya dijo Cervantes en el Quijote, Capítulo LVIII de la Segunda parte, que “la libertad es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos”. De la falta de libertad se derivan muchos males, que, a veces, viene disfrazada y no se la conoce.
-En muchos trabajos que se realizan, por incapacidad o gusto, sufre el individuo y no rinde como debiera. Algo así como las mulas que andan a fuerza de palos, que no caminan lo suficiente; lo contrario que aquellas que, sueltas, van alegres porque quieren llegar al pesebre.
-Hay oficios peligrosos, Feliciano; que no todo es la vocación. Puedes querer lo que haces, sentir pasión por tu profesión, y esperar todos los días que te estalle en las manos como si fuera una bomba.
-¿A qué profesión te refieres, Emiliano?
-Nadie parece reparar en ella, pero los que viven de la información y buscan la noticia para los demás en los diarios, sufren acoso y peligro de muerte.
-¿Tan peligroso es informar, Emiliano?
-Muy peligroso, que a muchos no interesa que la verdad se sepa y se difunda. De ahí que su vida corra peligro.
-Yo pensaba que la función del periodista no pasaba de contar lo que viera para que otros no tuvieran que molestarse. Por ejemplo: “El volcán Etna ha entrado en erupción y la población siciliana ha tenido que emigrar”; “El Banco Micenas fue asaltado por unos ladrones, llevándose cien millones de euros”; “El torero Miguelín, cogido ayer en la Maestranza, se recupera de las heridas”; “Se han alcanzado los cinco millones de euros en la Colecta para enfermos de sida”; “Deciden en el Parlamento por unanimidad, apoyar las propuestas, vinieran de donde vinieran, en pro de la paz y el bienestar de los españoles”…
-No sigas, que lo tuyo son utopías. Hoy hay pocas profesiones tan peligrosas como la del informador. Es un blanco fácil para los gobiernos que buscan perpetuarse en la poltrona.


                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia   

viernes, 2 de mayo de 2014

Fútbol.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 2 mayo 2014
Les dedico mi Litesofía de hoy a mi hijo Miguel y a mi nieto Francisco Tomás Muñoz
Murcia, las nueve. El día irá transcurriendo sin novedades, si no aparecen inesperadamente en algún momento.
-Como el Valencia anoche. ¿Quién iba a decir que perdería un partido con el Sevilla en el último segundo del encuentro?
-Cuenta, cuenta, ¿cómo fue?
-El fútbol es así, como ha sido y será siempre; de ahí su interés y su altísima cota de afición.
-¿Qué pasó ayer?
-Vino el Sevilla al Mestalla con dos goles a cero en su haber, en un partido jugado antes en casa. El campo estaba a rebosar de gente: no cabía una naranja. Los valencianos esperaban remontar y los sevillanos mantener el resultado. ¡Qué emoción! Los gritos se oirían a kilómetros del estadio. Fue marcar un gol el equipo de casa y el campo se venía abajo: “¡Valencia, Valencia, hala Valencia, que se puede remontar!”. Los jugadores se contagiaron en el césped y dominaban en todos los frentes: tiqui taca, tiqui taca y a portería. Los jugadores sevillanos estaban asustados, acoquinados.
El segundo gol valenciano era confirmar su victoria. El campo se hundía de los gritos. “Sí se puede, sí se puede” era el bramido unánime que más se escuchaba. El Sevilla estaba perdido en el campo, anulado. Solo le quedaba defenderse ante el vendaval que se les venía encima en todo momento. recordando a sus jugadores que sí se podía remontar el resultado que traían del Sánchez Pidjoán.
En el descanso, los entrenadores animarían a su equipo con arengas y discursos que creyeran oportuno. “¡Seguid así, que ya son nuestros!”, dirían por una parte. “¡Aguantad como podáis el chaparrón, que el empate nos favorece!”, dirían los sevillanos.
Como se esperaba, el segundo tiempo comenzó con el mismo signo que acabara la primera parte: Tiqui taca y tiro a puerta. El once sevillano estaba perdido en su papel de víctima propiciatoria. “¡Aguantad, aguantad, ya queda menos!”, se oían los pensamientos del entrenador andaluz y se veían por sus gestos incesantes.
El tercer gol de los blancos fue como la puntilla a un toro moribundo que se defendiera de la muerte tiempo ha. “¡Valencia, Valencia, sí se puede!”, aullaban los seguidores.
El partido parecía sentenciado. El griterío de las gradas aumentaba. Los sevillanos pedían que acabara su tortura.
Pero los coletazos de los moribundos pueden ser letales. Mira por dónde, en los cinco minutos de la prórroga, que a todos parecían insufriblemente largos, se lanza un córner en la portería “che”, y una cabeza sevillista, salida de no se sabía dónde, con energía acumulada de rabia contenida, se levantó sobre las demás, y lanzó un cabezazo al balón que entró a la red para asombro de todos.
Era justo el gol que daba la vuelta al partido. Por “golaverage”, el empate daba vencedor del encuentro al equipo sevillano. ¡Qué emociones tan fuertes se vivieron en el campo y fuera del campo! ¿Qué salto no darían en la ciudad de la Giralda los sevillanos! No me lo puedo ni imaginar, que estas emociones en las que juegan tantos sentimientos son imprevisibles, como una olla a presión que estallara. ¿Habría algún infarto? El campo de Mestalla enmudeció. Los jugadores lloraban por el césped.


                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia