lunes, 7 de abril de 2014

Caminos. Libros. Coser y bordar.


Litesofía -entre literatura y filosofía-, 7 abril 2014, San Juan Bautista de la Salle
Fragmentos
CAMINOS 
-Hay toses, Julián, que salen disparadas con su ruido característico, y se pasan. Son toses normales. Pero las hay que no acaban, que no terminan, y ves que los pulmones se agotan. Estas toses asustan. Para estos casos, el cuerpo debía tener, como los coches, una rueda de recambio. Hasta que se pasara la tos impenitente, utilizar otro medio para que los pulmones siguieran respirando; y una vez normalizada la situación, volver a la que había dejado.
-Lo mismo para los alimentos que se van por lo vedado. Que si en vez de ir al estómago, toma el camino de los pulmones, te ahogas sin poder hacer nada. Lo que comes cambia de ruta y luego no sabes qué hacer para que vuelva y eche por donde debía haber echado. Hay niños que han muerto así.
-Y personas mayores, Cirilo, que más de cuatro han muerto por perder el camino los alimentos. ¿Qué te dije de las piedras que rodando por el cielo se alejaban del rebaño y no saben volver? Que atraídas por la Tierra acaban siendo devoradas. Pues lo mismo: de lo que comes, alguna migaja se cuela por donde no debía, se desorienta, no sabe qué hacer sola y se agarra al tubo digestivo como un náufrago a una tabla salvadora.
-Dios debía haber repasado su obra mejor, Julián. ¿Qué hacen los fabricantes  de coches? Antes de sacarlos al mercado, los revisan. No los venden al albur de que alguna pieza funcione mal. En el cuerpo hay ciertos fallos imputables al que lo hizo. Si los hubiera examinado antes de dejarlos de su mano, no habría ahogos por no tener otro medio de salir del apuro, o disponer de otro tubo para los casos de tos. Y no sigo, pero hay más situaciones en que echas de menos un recambio temporal para trances ocasionales.

LIBROS
            Un amigo me regaló por mi Santo un libro precioso de Antonio Machado. Creo que con este libro se descubrió a Machado en mi casa. Todos lo leímos y desde entonces nos fue más familiar la figura y la obra del gran poeta sevillano.
No es que Machado estuviera ausente en nuestra biblioteca: lo tenemos en varias colecciones y editoriales. Pero ocurre que los libros que están ahí se convierten en mobiliario, como las sillas y las mesas: a fuerza de verse no se repara en ellos. Hace falta que nos llegue un libro nuevo -como una luz en la oscuridad- para que lo veamos  distinto.
            Recibir un libro puede tener esa virtud de hacernos reparar en él, en su contenido, aunque antes lo tuviéramos. Comprar un libro, lo mismo. Si adquieres una biblioteca repleta de volúmenes, lo más seguro es que no los leas. Si recibes uno,  lo más probable es que te pongas a leerlo.

COSER Y BORDAR
Mamá tiene una máquina de coser. Creo que su final será dormir el sueño de los justos. "Cuando mis nietas sean mayores...", piensa ilusionada. Ese día llegará, pero los tiempos habrán cambiado.
Nuestra hija la guardará, quizás, porque la compró su madre. Hasta la pondrá en un lugar preferente de la casa. Más allá no pasará la máquina. Un golpe involuntario -¿quién sabe?- acabará con ella. "¿Qué hace aquí este mamotreto, trasto o armatoste, que no sirve para nada?", dirán. Y la máquina de coser, con una copa y otros objetos, irá a parar al cementerio de cosas inservibles.                 
            No van siendo ya los nuestros tiempos de máquinas de coser. Recuerdo que mi madre, por las noches sobre todo, usaba la suya, no tan elegante como ésta. Era sin pie y la tenía que mover a mano. "Enhébrame la aguja", me decía. "Que Dios te conserve la vista", seguía después. La máquina de coser era necesaria, imprescindible entonces.
Cuánta ropa por remendar: camisas, pantalones, sábanas… Las niñas aprendían a coser a máquina como hoy se aprende a manejar un ordenador. Hasta aprendían a bordar. Ahora son otros tiempos. Nadie remienda, nadie cose. La gente usa y tira, que es más cómodo.
            Nuestra hija es de mañana, nosotros de ayer. La máquina de coser es del pasado. Querer arrastrarla contra viento y marea, es locura. Cada época tiene sus necesidades y sus modos. No nos empeñemos en mantener lo que es obsoleto, lo que está condenado al olvido. La flamante máquina de coser y bordar será, eso sí, un objeto de adorno, una pieza de museo, pero nada más.
                                                                       Francisco Tomás Ortuño
Doctor por la Universidad de Murcia

viernes, 4 de abril de 2014

Indicios. Relojes. Filosofías.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 abril 2014, viernes,  San Isidoro

Fragmentos

INDICIOS
            Hablar mucho puede ser una forma de disfrazar la propia ignorancia. Lo vengo observando en algunas personas. Cuando alguien habla y habla, no deja hablar a los demás, y de esta suerte, sólo dice lo que sabe, lo que repite como un loro. Suele ocurrir que estas personas deslumbren a algunos oyentes. "¡Qué bien habla! ¡Cuánto sabe!", dicen luego.
Hablar sin desmayo, sin dejar hablar, puede ser indicio claro de poca seguridad, de miedo o temor a que el oyente suscite cuestiones que no domina. La persona segura de sí, plena de ciencia, suele ser sencilla, de poco hablar; observa y apostilla si conviene; cuando habla lo hace con claridad y concisión.
            En la mujer, sobre todo, la mucha palabrería repele. La mujer que quiere deslumbrar, no habla; sólo aprueba. El hombre que tiene de pareja a una mujer que no discute, lo sabe.

RELOJES
            Son las nueve de la mañana, pero en mi vida son... Lo aclaro: de ocho de la mañana, cuando uno se levanta, a doce de la noche, que se acuesta, hay dieciséis horas. La vida media de la persona dura ochenta años.
            En esta proporción de dieciséis horas del día y ochenta años de vida, cada hora corresponde a cinco años. Puede ser interesante no perder de vista nuestra hora biológica, ya que cada día es la viva representación de una vida.
Quien pasa de los ochenta años, ha cubierto cumplidamente la etapa de su vida: pasar de esa hora -doce de la noche- es solo para dar gracias y rezar como campeones que han llegado a su meta.

FILOSOFIAS
            Sabia filosofía es contentarse con lo que nos ocurre, como esperar con ilusión la sorpresa de cada momento. ¿Resignación? No. Más bien saberse gobernado por un Ser superior y confiar en Él.. "A ver qué tengo reservado para hoy". Aceptar alegres lo bueno y lo malo que nos ocurra.


                                  Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 3 de abril de 2014

Rouco.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 abril 2014, jueves, San Ricardo

-Fragmento-

-¡Vaya la que armó el cardenal Rouco en su homilía!
-¿Qué dijo?
-Pues que podemos volver a la guerra civil.
-¡¡No!!
-Sí, Amancio, y delante de todos los gerifaltes y líderes  políticos de la nación.
-¡Qué atrevimiento! Sería como encender fuego junto a un polvorín.
-Exacto, todos pusieron cara de asombro.
-¿Y por qué dejó caer esa “peladilla” el cardenal?
-Por lo que está pasando cada día, Gregorio.
-¿Qué es lo que pasa?
-Pregúntaselo a los vecinos de la Puerta del Sol: huelgas, gritos, peleas… El cardenal recuerda lo que pasaba en los años que abocaron en una guerra civil.
-Pero hoy es distinto, ¿cómo se va a llegar de nuevo a semejante barbarie?
-Pues yo, Amancio, veo. como Rouco Varela, que es peligrosa la situación que tenemos.
-¿No es así la democracia, Gregorio?
-Tenemos una democracia consentida, demasiado blanda, por no decir muy débil.
-¿Por qué dices eso?
-Tener una Constitución que no se respeta es como tener una tía en “Graná”.
-No te comprendo.
-Pues es bien fácil de comprender, Amancio. Ser rígidos no es ser tiranos. Yo estoy en contra de la intolerancia, del despotismo, de la dictadura, pero de hacer cumplir a rajatabla lo que manda la Ley. Y esto que te digo, Amancio, en la vida laboral, social, familiar y nacional. Si hay una Ley que debemos acatar, promulgada y aceptada por todos previamente, nadie debe incumplirla sin ser apartado del común. ¿Cómo se puede consentir que a los vigilantes del orden se maltrate? ¿Cómo alumnos de colegio pueden impedir groseramente, impunemente, que el profesor enseñe a los que quieren aprender? ¿Cómo se permite a nadie apropiarse de lo ajeno y no se le exige que devuelvan lo robado? ¿Cómo…? No, Amancio, el cardenal Rouco dice que el enfrentamiento puede ser inevitable si no se pone remedio a ciertas actitudes. La Democracia es buena, conveniente, adecuada, pero aplicada con rigor, Amancio. Cuando algo se quiere porque vale su peso en oro, no se debe abandonar a su suerte: hay que vigilar de día y de noche para no perderlo. Y ese es el miedo de Rouco. Estamos con la libertad que otorga la Constitución, pero no con el libertinaje que proporciona la dejación. Democracia sí, pero aplicada con la firmeza de la Ley. El que la haga que la pague sin contemplaciones; el que se aparte un milímetro, solo un milímetro, de lo que marca la ley debe ser avisado para que rectifique; el sospechoso de querer atentar la ley, debe ser advertido de enmendar.

                                                                       Francisco Tomás Ortuño

Doctor por la Universidad de Murcia

miércoles, 2 de abril de 2014

Cacos. Mascotas. Balneario "La Alianza".

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 2 abril 2014, miércoles, San Francisco de Paula

Como otros días, empiezo mi trabajo leyendo algún artículo de la Revista Selecciones Reader´s Digest. Esta es del mes de abril, con la portada amarilla y un caco con antifaz cogido, por lo visto, en su habitual faena: jersey a rayas, guantes y manos arriba en señal de rendición.

Como leo a su diestra: “Los ladrones más tontos pillados por la policía”, me dejo llevar por mi distinguida amiga Yolanda del Valle en su Editorial, y leo: “¿De qué nos reíamos en los años 50 o de qué lo hacíamos en los 90?”, página 76 de la misma.

El caso, por ejemplo, de quien hacía un trabajo sobre delincuencia juvenil, y llamó a una docena de casas a partir de las nueve de la noche, para saber dónde estaban los hijos en ese momento. Y dejó de llamar cuando vio que contestaban los hijos diciendo que no sabían dónde estarían sus padres.
Pienso yo si hoy tendría respuesta a su llamada en algún hogar, por desgracia, ni de padres ni de hijos.

O aquel que se averió su coche y lo condujo hasta el arcén. Cuando miró bajo el capó por si daba con la avería, vio que otro operaba por detrás y le dijo: “Vale, compañero, para ti la batería y yo me llevo los tapacubos”.
Si esto ocurría en el 64, ¿qué no ocurrirá hoy con la crisis que padecemos?

Otro, que iba en su coche, con un perrito en el asiento del copiloto, se detuvo en la puerta de un supermercado, cuando un señor se le acercó despacio, como suelen hacer los guardias, y señalando al chucho, preguntó: “¿De qué raza es el perro?”. El dueño pensó que lo iban a denunciar y, tartamudeando, dijo: “Pues… la verdad… no lo sé”. Se tranquilizó cuando oyó que le dijo: “Si lo descubre, por favor, llame a este teléfono; yo tengo otro igual y tampoco sé cuál es su raza”.
Nuestro siglo pasará a la Historia como “el tiempo de las mascotas”; quien no tiene un perro, tiene un gato, un hánster o una tortuga.

Unos jóvenes comieron opíparamente en un restaurante y decidieron jugarse el importe de la factura en una carrera de varias vueltas a la manzana. Se lo hicieron saber al dueño del restaurante y le pidieron que hiciera de árbitro dándoles la salida. Divertido el hombre, así lo hizo, pero ya no volvió a verlos cuando partieron.
Mi abuelo me contaba que él vendía alpargatas y fue un gitano a mercarse unas zapatillas. Cuando las tuvo puestas le dijo serio: “Maestro, ¿ha visto usted correr a un gitano?”. “Pues, no”, repuso, y lo siguió hasta la puerta. “Pues lo va a ver ahora mismo”. Y salió corriendo.

Hubo una época en que las mujeres iban cubiertas en la playa hasta los tobillos; después hasta las rodillas; más tarde hasta las caderas, y luego no se veía el bañador.
En Alicante, en la playa del Postiguet, había, siendo yo niño, un balneario llamado “La Alianza”. En los baños que se ofrecían, había compuertas de madera en el suelo por donde las señoras más recatadas bajaban al mar por unas escaleras. Mi familia, pudorosa en extremo, solo iba a este balneario por salir al mar las mujeres por sus trampillas.

Una señora montó en un autobús y no quedaban asientos libres, teniendo que ir de pie durante varias paradas sin que nadie le cediera su asiento. Hasta que un caballero se le acercó y muy bajito le dijo: “Esté atenta, que a la tercera me bajo”.
Me recuerda un caso parecido, pero ella más avispada, que viendo que nadie se levantaba, se fue a un señor y le dijo: “Por favor, podría dejarme su asiento, que estoy embarazada?”. “Claro, faltaría más”, y le dejó su asiento. Pero viendo que La señora le miraba con cierta picardía, le volvió a preguntar: “¿Me puede decir de cuánto tiempo está usted embarazada?”. “Eso importa poco”, repuso ella ya en su asiento.   

                                                                       Francisco Tomás Ortuño

Doctor por la Universidad de Murcia

martes, 1 de abril de 2014

Optimismo.

 OPTIMISMO
            Sacudid, maestros, en casa, las tristezas, los temores; quedaos sólo con las ansias de vivir que habéis de contagiar a los niños; con el optimismo que habéis de generar en cada uno; con el amor que habéis de llevar a sus almas.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 31 de marzo de 2014

Cada oveja...

Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 31 de marzo de 2014-03-31, lunes, San Amós


CADA OVEJA…

Cuento breve que dedico a mi nieto Gabriel, que ya participa en Concursos literarios


Érase una gata encantadora que vivía, muy feliz, con sus papás. Tan linda era que las mismas diosas del Olimpo la hubiesen envidiado. Ella, como un encanto más, no lo sabía; o no aparentaba saberlo.
 
           Un día salió de casa y un hermoso perro le salió al camino. Se miraron, rieron y hablaron mucho. El perro la pidió en matrimonio, y ella aceptó dichosa. Y se casaron...

            Pero, ay, sus bellas ilusiones se disiparon pronto: el perro era bueno, muy bueno, y hermoso; pero ella era gata y no podía soportar los ladridos de su compañero. Tenía collares y lazos muy bonitos y hasta cojines para dormir. Pero todas las noches, cuando nadie la veía, salía a su jardín y, con los ojos perdidos, lloraba.

                                                           FIN

                                                                       Francisco Tomás Ortuño

Doctor por la Universidad de Murcia

domingo, 30 de marzo de 2014

Barak y Vladimir.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 marzo 2014, domingo, San Régulo   -Fragmento-.
-Las noticias de la tele, Luis, me hacen pensar que la Política es necesaria.
-¿Qué dicen las noticias, Juan?
-Que Vladimir Putin ha llamado a Obama, el americano, para hablar de Ucrania y de Crimea.
-Mejor así; que si, por un calentón, echan los tanques a la calle… Y con la Política pueden hablar y tomar acuerdos.
-Que pasara en tiempos de los romanos o los egipcios… pero en el siglo XXI es inconcebible.
-Pues el siglo XX no está tan lejos y hubo dos guerras mundiales, Juan.
-El planeta, con las nuevas tecnologías, se va quedando más pequeño, Luis, y las naciones más próximas unas de otras. ¿Quién no puede preguntar hoy al más lejano de sus vecinos qué tiempo hace allí o cómo ha dormido 
Estados Unidos irá a Rusia un día de estos a dialogar:
-Vamos a ver, Putin, ¿tú crees que está bien lo que has hecho? Si Crimea forma parte de Ucrania, ¿tú puedes ir a quitársela así como así? ¿No piensas que puedes armar una gorda si nos liamos a tortas? Eso no se puede hacer en el siglo XXI, Putin, a no ser que estemos más locos que Hittler el siglo pasado.
-Por eso te he llamado, Obama, porque he pensado que no estaba bien lo que hice.
-Eso te honra, amigo Vladimir, que la razón está para algo encima de los hombros. Yo no me lo creía y me mantuve. “¡Vamos por ellos!”, dijo alguien. Pero en caliente no se deben tomar decisiones serias, Putin. Es como si una mujer te invita a llevarla al huerto, ¿qué debes hacer mejor que esperar a ver el asunto en frío? Esperar, Vladimir, esperar, aunque sea atándose de pies y manos con cadenas. 
-Eso he hecho yo, Barak, que, en contra de mi voluntad, me puse una semana por medio antes de dar un paso.
-Y me has llamado para ver qué hacemos entre los dos.
-He visto que en la Tierra somos como diez países poderosos: Rusia, China, Estados Unidos, Japón, Europa y alguno más, que podemos acabar con la vida del Planeta, y que debemos estar en buenas relaciones los unos con los otros por el bien de todos.  
-Muy razonable, Putin, veo que eres inteligente.
-Te quería proponer, amigo Obama, que le hagamos llegar mi pensamiento a los jefes de estas naciones poderosas para hablar como personas de nuestro siglo. Si acabamos con bombas y armamentos peligrosos, habremos dado el paso más firme para la paz que se conoce en la Historia.
-Dame un abrazo, Vladimir, que lo que propones es lo más sensato que he oído en mi vida. Yo también lo había pensado: “¿Qué sacamos con destruirnos? La Tierra está en peligro, y con la Tierra nosotros y nuestros hijos. ¿Hemos pensado seriamente en lo que somos por el espacio a más de mil por hora? Un milagro, Putin, que nos mantengamos tanto tiempo en esta nave de tsunamis y terremotos, para que encima nos destruyamos nosotros mismos. ¿Qué pensará el que nos hizo “mejores que el resto de su creación”? Vergüenza sentirá cuando vea lo que hacemos: “Yo que pensaba que solo amor habría en la Tierra y veo que sois lobos que queréis desteruir lo que os di hasta venir conmigo”.
-Me vas a hacer llorar, Obama.
-Enséñame Rusia y luego vienes conmigo a la Casa Blanca. A ver si hoy fuera el comienzo de una Era nueva de paz en la Tierra por los siglos de los siglos.
-Así sea.
Francisco Tomás Ortuño

Doctor por la Universidad de Murcia